Hogar prestado [Tododeku]

Summary

Como una forma de lidiar con la muerte de su bebé, Izuku decide donar su leche en el hospital de Musutafu. No esperó encontrarse con Shōto, un héroe en ascenso que lidia con lo que es ser padre soltero y busca lo mejor para su hija. • Omegaverse.

Genre
Romance
Author
Togamichi
Status
Complete
Chapters
30
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

—¡Hecho! —sonríe Izuku con orgullo al ver las bolsas herméticas perfectamente ordenadas y con la fecha, de ese día, anotada.


Las acomoda con cariño dentro del contenedor y mira a lo lejos el pequeño altar de su bebé.


Se acerca con una sonrisa triste.


—Lo estamos haciendo bien, mi amor. Esto va a ayudar a muchos otros cachorros.


Toma el portaretratos y besa la fotografía antes de apegarla a su pecho y sentir su ojos picar.


No, no puede, ¿por qué no puede evitar llorar? ¿Por qué siempre las lágrimas escapan de él? ¿Por qué era tan sensible?


Siente un brazo rodearlo y finalmente sus lágrimas se desbordan mientras se oculta en el pecho del alfa.


—Lo siento.


No responde, aún está enojado, resentido, siente que no vale la pena vivir si su hijo, al que con tanto amor ha esperado, ya no está. Siente que no valió la pena el hecho de que su alfa haya escogido salvarlo a él en vez de a su cachorro.


—Desearía superarlo pronto.


—Apenas han pasado dos meses, los duelos son largos y dolorosos. Ahora lo estás tomando mejor, estoy muy orgulloso de ti.


Izuku se mordió la lengua para no decir que aquello no le servía de nada, pero no quería ser mezquino con su ex esposo, quien a pesar de haber sido echado, despreciado y aborrecido por su lobo, fue quien más lo acompañó y apoyó incluso cuando se divorciaron.


—Se te hará tarde para el trabajo, Hitoshi —suspira retornando la fotografía a su lugar.


—Tengo tiempo para llevarte al hospital.


Asiente, aquello estaba bien.


Su plan para el día de hoy era igual al resto de sus días.


Consistía en extraerse y almacenar su leche, llevarla al hospital como donante y pasar su miserable día haciendo los quehaceres o durmiendo y deseando no despertar nuevamente.


Sigue a Hitoshi hasta el auto, aquel auto que fue el que los llevó a cientos de citas por la ciudad, viajes en carretera en los que cantaban a viva voz algún hit de la radio, fue testigo de miles de besos que compartieron y uno que otro desliz pasional.


Aquel auto que solo presencia la frialdad o tristeza con la que ahora se tratan.


El alfa maneja en silencio con la música a bajo volumen, tiene esperanzas de que, en cualquier momento, Izuku empiece a cantar o tararear tímidamente hasta tomar confianza y gritar con entusiasmo mientras lo sacude, esperando que él también se una.


Observa de reojo a Izuku, su cabeza está recostada contra la ventana, sus ojos verdes observan con desgano la ciudad, sus brazos rodean el cooler con recelo, como si fuese lo más importante en estos momentos.


Le duele su indiferencia, su rechazo, su marca rota, su divorcio, su separación, pero le dolería más un mundo en el que no esté.


Lamentablemente, para Izuku no es el mismo caso, para Izuku, la vida no tiene sentido si no tiene a su hijo.


Pero está bien, Izuku está bien, pronto se recuperará, volverá a ser el de antes, aquel omega ruidoso y alegre e incluso imprudente que trae vida a donde va. Aquel que lo enamoró con su sonrisa.


—Llegamos —sonríe estacionando frente al hospital.


—Gracias —susurra Izuku saliendo con prisa, Hitoshi puede percibir algo de alivio y una ligera emoción en sus feromonas al ingresar al hospital.


Lo observa irse dándole la espalda.


Él odia ese hospital, es el lugar en el que tuvo que escoger entre salvar a su hijo o a su pareja, siente que su vida se desmoronó ahí.


Con un suspiro, retorna su camino al trabajo.


Izuku avanza por los pasillos del hospital con el cooler entre sus manos, apretándolo contra su pecho como si fuera un salvavidas. La rutina de donar su leche se ha convertido en su único propósito, una forma de honrar la memoria de su bebé y evitar ahogarse en el vacío que siente desde lo que debió ser su nacimiento.


Cuando llega al mostrador de la recepción, el enfermero habitual lo saluda con una sonrisa cálida.


—Buenos días, señor Midoriya. ¿Es su donación de hoy?


—Sí —responde con voz baja, depositando el cooler sobre el mostrador. Lo abre con cuidado, mostrando las bolsas perfectamente organizadas, todas etiquetadas con precisión.


—Siempre tan ordenado, es una buena cantidad. Muchos padres se lo agradecerán.


Izuku asiente, pero su mirada se desvía al suelo. Esas palabras, aunque no tienen malas intenciones, solo le recuerdan el hueco en su vida.


Mientras la enfermera registra su donación, un murmullo detrás de él llama su atención. Voltea ligeramente y ve a un hombre, alto, intimidante y de olor áspero. Un alfa.


Sin embargo, a pesar de lo serio e imponente que se ve, también tiene un aire ansioso y desesperado. En sus brazos, una pequeña envuelta en una cobija rosa comienza a inquietarse.


—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlo? —pregunta la enfermera al hombre.


Izuku finge leer uno de los volantes del hospital para quedarse a oír. Lo hace para saber la situación, no porque sea chismoso.


—Buenos días. Estoy aquí para solicitar leche de un donante —responde, directo al punto.


La enfermera asiente y comienza a teclear en su computadora.


—¿Es para la niña? ¿Qué edad tiene?


—Dos meses —responde, su voz se torna más suave al hablar de, la que parece ser, su hija.


—Entendido. Tenemos algunos donantes registrados. Como ya sabe, el proceso puede tomar un par de días así que...


El hombre frunce el ceño, interrumpiéndola antes de que termine la frase.


—Por favor, no puedo esperar, sé que debí haberlo previsto, pero estuve realmente ocupado y no me fijé, hace unas horas se nos acabaron las reservas y en cualquier momento mi hija volverá a tener hambre.


—Entiendo su preocupación, señor, pero hay un protocolo que debemos seguir. La leche donada debe ser analizada y aprobada para garantizar la seguridad del bebé. Es un procedimiento estándar y no podemos omitirlo. Puede usar una fórmula hasta entonces.


—E-ella es intolerante a las fórmulas.


—Lo siento mucho, no podemos ser flexibles respecto a la salud.


El tipo aprieta los labios, sintiendo cómo la frustración crece dentro de él.


Izuku mira a la bebé, que empieza a quejarse suavemente, y siente un nudo en la garganta. Su instinto, ese que se había fortalecido durante los meses de embarazo, se activa al instante.


—Puedo... Puedo ayudar —dice de repente, sus palabras captan la mirada del alfa —Puedo lactarla. Soy un donante registrado. Mis análisis están actualizados, y si no le incomoda, podría alimentarla ahora mismo.


Este expande sus ojos con sorpresa. No esperó encontrar a alguien dispuesto a ayudar de forma tan inmediata.


—¿De verdad harías eso? —pregunta con esperanza.


Izuku asiente enfocando la mirada hacia la pequeña en brazos del bicolor, ella está jugando con sus ojos y ahora los tiene bizcos.


—Es cierto, el señor Midoriya ha sido donante durante un mes, cuenta con muy buena salud, puedo garantizarle que produce leche de calidad —la enfermera corrobora lo dicho —cerca a Obstetricia hay una sala de lactancia.


El hombre sigue observándolo, su mirada alterna entre Izuku y la pequeña, que comienza a inquietarse en sus brazos. Permitir que un extraño alimente a su hija es un paso que nunca consideró, pero dadas las circunstancias, puede permitirse confiar.


—Si estás seguro...


—Lo estoy —afirma Izuku, empezando a caminar hacia la sala de lactancia mientras el bicolor lo sigue de cerca.


Cuando llegan a una sala pequeña y privada, Izuku se coloca en uno de los sillones.


—No sé si agradecerte será suficiente —murmura con timidez el más alto.


—No lo hago por agradecimientos, si puedo ayudar, definitivamente lo haré —responde el omega ajustando su posición en el sofá—. Puede traerla.


Con cuidado, se acerca y coloca a la niña en los brazos de Izuku. Este sonríe con suavidad mientras acomoda a la pequeña, y en cuestión de segundos, ella comienza a succionar con entusiasmo, calmándose casi al instante.


—¿Cómo se llama?


—Todoroki Shōto.


Izuku se queda en silencio y dirige su mirada al bicolor, se aclara la garganta con incomodidad antes de hablar.


—Me... refería a ella.


Shōto parpadea, sorprendido por su boba confusión. Su rostro se torna ligeramente rosado mientras rasca la parte trasera de su cuello.


—Oh, claro. Lo siento... Ella se llama Amai.


Izuku sonríe con ternura al escuchar el nombre. Observa a la pequeña alimentándose con avidez y siente una calidez en su pecho.


—Es un nombre hermoso —murmura, sin apartar la vista de la bebé—. Y dígame, señor Todoroki, ¿cómo es que no se dio cuenta de que ya no tenía reservas?


—Es... complicado. La niñera renunció sin previo aviso hace unos días. He tenido que llevar a Amai a casa de mi hermana todos los días antes de ir a trabajar, y, en más de una ocasión, me ha tocado quedarme más tiempo en las patrullas. Estos últimos días fueron un caos y no me dio tiempo de hacer la solicitud.


Izuku ladea su rostro, lleno de curiosidad.


—Oh, ¿es policía?


—En realidad... soy un héroe.


—¿Un héroe? —pregunta con interés, retornando su mirada a Amai, quien ya comenzaba a quedarse dormida tras alimentarse.


—Acabo de mudarme desde Kamakura, así que probablemente me tome un tiempo ser reconocido acá.


—Seguro no le es complicado, Musutafu no es precisamente grande.


Shōto se mantiene sereno. Tiene veintitrés años, es común no ser tan conocido ya que es joven y no ha hecho una hazaña memorable hasta el momento como su colega Bakugō, quien aceptó el traslado a su agencia, pero eso lo ha estado llenando de trabajo.


—Parece que cayó rendida... —ríe Izuku cuando nota que Amai dejó de succionar y se estiró en sus brazos, con la mirada perdida y el mentón lleno de baba y leche.


—Oh, mi niña... —Shōto sonríe y se acerca a la pelirroja, toma un babero de uno de los bolsillos de su pañalera y limpia su rostro con cuidado antes de tomarla en brazos.


Amai restriega su rostro en el pecho del alfa y ronronea gustosa, cayendo dormida al instante.


—Bueno, me alegro de haberlo ayudado, señor Todoroki... —Izuku se levanta y toma un pañuelo de la caja al lado del sillón para limpiar su pecho.


Shōto, al ver que el omega prácticamente se estaba despidiendo, entra en pánico.


—E-espera... Eh...


—Midoriya Izuku.


—Espera, Midoriya, si solicito leche ahora, las reservas de Amai llegarían pasado mañana a casa... ¿podrías ayudarme hasta entonces?


Izuku levanta las cejas con sorpresa.


—Te pagaré, por supuesto, solo... desearía que puedas hacerme un banco hasta entonces.


—No es necesario un pago, señor Todoroki, con gusto podría ayudarlo —sonríe, a Shōto le pareció ver un ángel reencarnado en el omega.


—Entonces...


—Llegando a casa empezaré a extraerme, le pasaré mi dirección, puede pasar más tarde.


—Claro... Yo debo trabajar así que enviaré a mi hermana —el alfa sonríe con alivio. Genial, tenía todo solucionado hasta que se le distribuya la leche del banco.


Izuku le pasa su dirección y se despide con una sonrisa.


Ha sido un buen día, su lobo interno se siente vigoroso, feliz, completo.


Llega a su departamento y empieza con su labor, lleno de entusiasmo, mentalizándose en producir lo suficiente para la hermosa cachorra pelirroja que conoció.


Su sonrisa se extiende al recordar la sensación de sus ojos celestes mirarlo con concentración mientras succionaba emocionada y sus manitos tocaban su torso, jugando con él.


Pronto se quedó sin leche y logró almacenar lo suficiente para tres bolsitas, las mete instantáneamente al congelador para conservarlas. Al cerrarlo, un amargo sentimiento se instala en su pecho.


Dirige su mirada al altar de su bebé.


Solo pudo cargar y vestir su cuerpo ya frío.


¿Cómo se habría sentido lactarlo? Verlo a los ojos mientras comparten aquella actividad tan natural e íntima entre un progenitor y su hijo. Sentir sus manos tocando todo y comer en sus brazos hasta caer dormido.


Nuevamente, la depresión parece atacarlo.


Aunque su intención fue buena. Quizás alimentar a Amai no fue tan buena idea como pensó.