EPISODIO 1. ÁNGELES Y ARCANGELES
Habían transcurrido dos semanas desde el último intento de exterminio en el infierno, marcado por la muerte del líder de los exterminadores y las grandes bajas en las tropas celestiales a manos de los pecadores.
Aquel día, la gran orden de arcángeles había sido convocada con urgencia a la oficina principal de la serafina mayor, Sera. Quien por cuestiones de extrema confidencialidad, prescindió de la compañía de su protegida por aquella ocasión.
Los primeros en llegar fueron los mayores, Gabriel y Rafael, Sera los saludó con cordialidad invitándolos a tomar asiento alrededor de la gran mesa.
Dos minutos más tarde Uriel y Azrael hicieron su aparición.
— Lo siento, tuvimos un pequeño contratiempo con un sacerdote —explicó Uriel haciendo una reverencia junto a Azrael.
— ... No hay problema —asintió la serafín permitiéndoles incorporarse y tomar asiento en sus lugares.
— Pensé que habíamos sido los últimos ¿Y Miguel? —preguntó Uriel en un susurro.
Rafael se encogió de hombros.
— Esto no acabará bien para nosotros... —se quejó Azrael presionando con algo de fuerza el rubí incrustado en su frente —.
Gabriel lo miró intrigado. No era común ver al joven arcángel en ese estado cuando lo acompañaba el castaño.
Uriel acarició levemente las alas negras del niveo, quien reposaba la mitad de su peso en la superficie de la mesa.
— ¿Qué le pasa? —.
Uriel se acercó sutilmente a Gabriel— Se le ha pasado transportando cientos de almas al infierno estas dos últimas semanas. Su humor ha ido en picada hacia abajo desde entonces y el medicamento ya no le hace efecto —.
Rafael estuvo a punto de intervenir, cuando el sonido de las grandes puertas abriéndose llamaron la atención de los presentes. Todos se incorporaron en sus asientos para recibir a los últimos invitados.
— Miguel, Misty... llegan tarde —Sera miró con enfado a Uriel. No era la primera vez que el arcángel mostraba tal falta de respeto a su superiora.
— Fue mi culpa su señoría —la serafín dirigió su atención a la pequeña rubia— Perdí mi cetro y el arcángel Miguel amablemente me ayudó a encontrarlo —Miguel sintió como la más bajita lo atraía hacia ella cariñosamente.
Sera suspiró.
— De acuerdo... Lo dejaré pasar por esta ocasión —ambos invitados asintieron en agradecimiento para luego sentarse junto a los demás.
Sin más retrasos, Sera aclaró su voz iniciando con la reunión. Todos la miraban en silencio, mientras que ella, con su magia, les mostraba imágenes de los últimos acontecimientos. Desde la muerte de Adán hasta la primera alma pecadora redimida; y finalmente, la decisión que había tomado el consejo de Elders.
— Esta misión me fue encomendada por ser la serafín mayor; sin embargo, no puedo llevarla a cabo sola. Por eso solicite esta reunión, necesito que trabajemos juntos por el bien del cielo —.
Los presentes se miraron entre sí, dudosos de mencionar alguna palabra.
— Por favor digan algo... —pidió la serafín con frustración en su voz.
— Les dije que no acabaría bie... —Uriel se apresuró a cubrir la boca de Azrael.
— Lo que Az quiere decir es que, con todo respeto Sera. No creemos que la decisión de los Elders sea la más.... ¿Acertada? —Sera arqueó una ceja poniendo sumamente nervioso al joven castaño.
Gabriel tomó la palabra— Yo apoyo a Uriel. Si el plan de la hija de Lucifer funcionó ¿Por qué no apoyarla en lugar de planear un genocidio? —.
— Además, se te olvida que fui yo quién desterró al enano. ¿Enserio crees que es buena idea enviar al ex prometido del diablo a su reino infernal para traerlo de vuelta? —Miguel se cruzó de brazos negando con la cabeza.
— Para eso está la daga de Enoc —Sera miró a Rafael— Eso debería bastar para que Lucifer no te de pelea —.
— Suponiendo que te permita acercarte lo suficiente para usarla —intervino Azrael.
Uriel sonrió cómplice— Es verdad, si yo estuviera en su lugar no lo culparía de querer torturar tu alma por los siguientes dos milenios —.
— Oh... ¿Y estuvo bien que él me pusiera el cuerno con esa humana en primer lugar? Respóndeme eso —sonrió egocéntrico.
— Bueno, tú no fuiste exactamente el mejor novio de la creación ¿O sí? Lo desvinculaste del proyecto del jardín del Edén aun sabiendo lo ilusionado que estaba por participar, fuiste un patán, egocéntrico, desconsiderado y narcisista que siempre lo menosprecio... —continuó enumerando con sus dedos.
— ¡Pero yo no fui quien destrozó el equilibrio de toda la creación ni liberó la maldad en el mundo! —.
— Se te dio el ángel más hermoso de la creación para tener una larga y prospera descendencia en el cielo y lo arruinaste en... ¿Dos.. Tres semanas? No tomé nota de cuanto duraron —murmuro Azrael apenas asiendo un pequeño esfuerzo por mirarlo.
— ¡Tú no te metas drogadicto! —amenazó Miguel levantándose de su asiento.
— ¡No le hables así! —Uriel imitó su acción.
Azrael apenas se inmutó por la invasión de ambos seres celestiales sobre su espacio personal.
— ¡Basta! —un fuerte golpe sobre la mesa de mármol llamó la atención de los presentes hacia la serafín— Este no es momento para pelear o para culpar a nadie de cuestiones del pasado. Debemos encontrar una solución —.
Todos volvieron a sus lugares en silencio. Meditando individualmente sobre qué hacer.
— Bueno. Yo podría ir —todos miraron desconcertados a Misty— ... ¿Qué? —los cuestionó encogiéndose de brazos.
Miguel la miró con molestia— No es momento para jugar Mistyrel —.
— No estoy jugando amor —murmuró antes de aclarar su voz y dirigirse a los demás— Lucifer no me conoce, podría infiltrarme en el hotel de su hija, ganarme su confianza hasta que baje la guardia, y cuando sea el momento apropiado, usaré la daga para traerlo de vuelta —sonrió segura de sus palabras.
Los presentes parpadearon un par de veces asimilando sus palabras.
— Suena bastante fácil cuando lo dices así —Uriel se cruzó de brazos— ¿Cómo pretendes ganarte la confianza de Lucifer? —.
— Supongo que tendré que decir un par de mentiras —explicó sin importancia— Si voy a estar en el infierno no importará si rompo mi voto de verdad por un bien mayor —.
— ¿Y si el infierno te corrompe? —.
— Podría usar mi bendición para que eso no suceda —esta vez Sera tomo la palabra, levantándose de su lugar para dirigirse hacia la joven ángel— Si lo apruebo, el consejo solo te daría tres meses para completar la misión —.
— Tres meses son suficientes serafín mayor —afirmó la oji-verde.
— Dime, ¿Cuál es tu plan? —.
— Bueno, podría decirle a Lucifer que yo también fui expulsada del cielo. Su parte angelical seguramente se compadecerá de una semejante caída; usaré eso a mi favor para que, eventualmente, baje la guardia —.
— Wao... con esa mente... ¿Segura que eres un ángel? —preguntó Uriel del otro lado.
— Claro. Ya lo dije antes, un bien mayor justifica los medios. Además, todos hacemos lo necesario por cuidar a quienes amamos ¿No lo crees? — le guiñó un ojo mirando a Azrael.
Uriel se sonrojó desviando la mirada, a lo que Misty rio por lo bajo dirigiéndose nuevamente a Sera.
— Se lo suplico serafín Sera. Permítame encargarme de esto y probarle que soy digna de la vida que se me otorgó —juntó sus manos en un ademán de súplica.
El ente superior vaciló por un momento antes de dar su veredicto
— Que así sea entonces —volvió a su asiento para dar instrucciones a los arcángeles antes terminar la reunión.
Gabriel y Rafael fueron los primeros en retirarse de la sala, encomendados en partir lo antes posible al mundo de los vivos para recuperar la daga de Enoc.
Uriel y Azrael se marcharon minutos después. Al no tener ningún papel que cumplir dentro del nuevo plan, Sera ordenó a Azrael que agendara una cita con su psicólogo. Uriel, por su parte, se ofreció a acompañarlo antes de volver a sus labores.
— Esto no me gusta —el niveo se quejó cruzándose de brazos mientras volaba.
— Losé, pero son órdenes directas de Sera. Además, estoy preocupado por ti, cada día comes menos y pierdes más de tus plumas —antes de que Azrael pudiera decir algo, volvió a hablar— Y no trates de excusarte con que “Es una muda de plumas”. Te acicalo a diario y ya tengo todo un cofre lleno de plumas que se te han caído esta última semana —
—Podrías hacerme una almohada con ellas —Uriel lo golpeó ligeramente con su ala antes de apartarse cruzado.
Azrael desvió la mirada avergonzado alcanzando al castaño, quien evidentemente estaba molesto — Lo siento... —pronunció en un susurro apenas audible.
Uriel lo miró apenado, era consciente de la enorme carga que el albino llevaba sobre sus hombros al ser bendecido con el don de la clarividencia.
Sin vacilar detuvo su vuelo envolviendo al contrario en un cálido abrazo— Solo quiero que estés bien... —susurró en su cuello, aspirando sutilmente su característico aroma otoñal a hojas secas. Posteriormente tomó algo de distancia para contemplar su delicado rostro.
El ángel de ojos granate lo miró nervioso, pese a llevar más de tres miles años en compañía del castaño, era la primera vez que lo tenía tan cerca— ¿Qué... qué haces Uriel? —.
Uriel ignoró las palabras de Azrael, llevando sus manos a los pómulos ligeramente enrojecidos del niveo.
— Uriel... ¡Aih! —emitió un sonoro quejido al sentir como el de ojos marrones estrujaba sus mejillas con algo de fuerza.
— ... ¡Se notan demasiado tus ojeras!... —.
— ¡Uriel! ¡Duele!... — intentó liberarse, pero su compañero fue más rápido al sujetarlo de la cintura con firmeza.
— ¿Vas a dormir más? —le cuestionó con seriedad.
— ¡Si! ¡Auch! ¡Para ya! —.
— ¿Y comerás todo lo que te prepare sin dejar nada en el plato? —Azrael dejó de quejarse, pensando su respuesta.
— Az... — Uriel lo miró enfadado — ¡Azrael! — repitió
— B-bueno... —murmuró apenado, consiguiendo finalmente apartarse del agarré de Uriel— Pero no me obligues a comer carne —sonrió dándole un ligero empujón con sus alas en venganza, antes de retomar su vuelo— Quiero dejar la carne por un tiempo —.
Uriel le devolvió la sonrisa negando con la cabeza— Lo que ordene mi ángel — susurró para sí retomando su vuelo para alcanzarlo.
Dos días posteriores a la reunión entre los arcángeles y la serafín mayor, todo había sido preparado cuidadosamente para la caída de la joven ángel al averno.
— ¿Estás segura de que tienes todo lo necesario Misty? —.
— Por quinta vez en estos treinta minutos que llevamos aquí... Si Leo —comentó la rubia guardando una pequeña libreta entre su atuendo de exorcista— No sé cómo le hacen las reclutas para matar pecadores con esto —.
— Escuche por ahí que el atuendo original iba a ser blanco, pero... la sangre pecaminosa era más difícil de remover asique... —señaló la tela grisácea. La chica asintió mirando con curiosidad la máscara— ¿Estás segura de que quieres continuar con esto? —.
Volteó a ver a su compañero alado.
— Claro —sonrió— Yo misma sugerí esta misión para que mi adorado Miguel no se expusiera a desagradables encuentros forzosos con su ex —Leo hizo una mueca de desagrado.
— Okey... pero infiltrarte en el infierno, que está repleto de pecadores, durante tres meses enteros y completamente sola... —arqueó una ceja.
— Te preocupas demasiado. Además, no estaré completamente sola —le guiñó un ojo cómplice— Con la libreta que me diste, no importa donde este... tu y yo siempre estaremos en contacto —.
El peli-negro suspiro en derrota.
— Más te vale escribirme todos los días sin excepción. Si algo sale mal, bajaré allí y te sacaré —.
— Uhh... ¿Eso no va en contra de las leyes del cielo? La serafín mayor y Gabriel se enojarán —canturreó saliendo de la armería.
El joven ángel tragó saliva— ¿Enserio lo crees?... Quiero decir... No, no me importa si recibo el mayor de los castigos divinos. Si estas en apuros, mi deber como amigo es ayudarte —comentó nervioso siguiéndole el paso por los pasillos.
— Con que... deber —murmuró Misty mirando hacia el techo. Un fugaz recuerdo vino a su mente— Es cuestión de deber... Es mi deber servirle... —.
La imagen de la serafín la sumergió en sus pensamientos, acompañado de un canto femenino que hizo eco desde lo profundo de su subconsciente.
—Tu nombre es Mistyrel... —así la había nombrado Sera la primera vez que la vió.
—Mistyrel...—un nombre cuyo significado desconocía por más que buscara en los diccionarios.
—Misty...—un apodo cariño otorgado por Gabriel.
— ¿Misty?...—.
—¡Misty!—.
La rubia parpadeo repentinamente. Leo estaba frente a ella tomándola de los hombros— ¿Qué? ¿Qué... pasa? —tartamudeó al ver el semblante preocupado del joven.
El peli-negro la soltó— Lo mismo te pregunto a ti, llevo un buen rato hablándote, pero parecías fuera de sí. Incluso tu otro juego de alas salió a saludar —.
Misty se sobresaltó volteando bruscamente hacia su espalda. En efecto, un nuevo juego de alas se había liberado— Demonios... Creí que ya las tenía bajo control... —.
— Procura no perderte en tus recuerdos y las alas no aparecerán —se cruzó de brazos guiñándole un ojo.
Su compañera asintió retrayendo su par extra de alas.
— Vamos, mejor nos damos prisa. Sera me espera para darme su bendición antes de caer —el peli-negro la detuvo de los hombros, poniéndose nuevamente frente a ella.
—Si... verás, eso no se va a poder —.
— ¿Qué? ¿Por qué? —.
Volteó su cuerpo con avidez— Porque ya llegamos —rio por lo bajo.
Misty se quedó en silencio por algunos segundos. Sorprendida de que su cuerpo llegara tan lejos durante su “pequeña” desconexión con la realidad.
— Bueno. Será mejor que regrese a la armería. Gabriel se molestará si me ve flojeando durante las horas de trabajo. Escríbeme cuando sea seguro —el joven ángel hizo un ademán con su mano derecha retirándose del lugar.
Misty imitó su acción, agitando sutilmente su mano hasta que el joven se perdió entre las esquinas del pasillo principal.
— Adiós —murmuro con un gaje de tristeza en su voz.
Finalmente volteó hacia la gran puerta dorada que tenía en frente y sin perder más tiempo ingreso a la habitación. Como era de esperarse Miguel y Sera, la esperaban. A quién la joven no esperaba ver era...
— ¿Lute? —balbuceó acercándose— ¿Qué haces...? ¿Qué hace ella aquí? —esta vez se dirigió a Miguel.
— ¿Asustada de verme novata? No te preocupes, no estoy aquí para darte una paliza como la última vez —sonrió descaradamente— Veo que al menos aún te queda bien el uniforme —Misty le encogió de hombros avergonzada.
— Es una invitada —comentó Sera a un lado de la exorcista— Tiene información que podría servirte sobre el grupo de pecadores que se aloja en el hotel de la hija de Lucifer —se dirigió a Lute— Puedes comenzar —.
La exorcista asintió, entregándole a la rubia varios papeles y fotografías. Como si se tratara de un computador, empezó a detallar cada aspecto y característica física de cada individuo. Fue allí cuando Misty noto algo en particular por lo que apartó la mirada de la fotografía que la nívea señalaba.
— Oye... que le pasó a tu braz... —.
— ¡Concéntrate! —la tomó del mentón obligándola a volver su vista hacia las imágenes— Los verdaderos dolores de cabeza son estos dos —señaló con su mano libre.
— ¿Quiénes son? —.
— Este de aquí es conocido como el Demonio de la Radio —.
Misty aprovechó para ojear la información del pecador— Vudú, tentáculos y ¿Sombras?... No parece tener tanto poder como para considerarse una amenaza... —.
— El poder no se mide solo en la fuerza. No lo olvides o te confíes, puede que lo tengamos “controlado” y su poder haya sido mermado en más de dos ocasiones, pero el venado es listo. Si te descubre, podría poner en peligro toda la misión —Misty asintió.
— ¿Qué hay de ella? —.
— Es la mayor amenaza... y tu enemiga. La peor de las escorias por traicionar a su propia raza y manchar nuestra sangre divina al revolcarse con la hijita de Lucifer —la rubia desvió la mirada ruborizada. El sexo no era su tema preferido. Lute por su parte solo suspiró para calmarse— Bien, creo que eso es todo —tomó nuevamente sus papeles.
— Entonces llegó la hora —ambas uniformadas miraron a la serafín— Abriré el portal —.
La rubia se apresuró a colocarse su casco, mientras que Miguel le entregó su lanza— Ahh... no creo que sea necesario amor —la rechazó acercándose al portal que Sera había abierto a sus pies— Caray... sí que esta alto. Tengo mucho por volar —.
— ¿No te lo dijeron?... —mencionó Lute a sus espaldas.
— ¿Decirme que? —.
Miguel la obligó a tomar su antigua lanza de exorcista— No vas a volar hasta allá abajo — Misty arqueó una ceja sin comprender a lo que se refería el peli-negro.
Sin previo aviso el cuerpo de la joven se sacudió violentamente mientras un resplandor dorado la envolvía por completo haciéndola caer de rodillas casi inconsciente— No es personal —rio Lute empujándola con su pierna hacia el portal.
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Fue en ese pequeño instante de lucidez mientras caía, cuando al ver como las siluetas de los dos entes que más amaba se tornaban borrosas, que el corazón de la joven de ojos esmeraldas experimentó por primera vez lo que podría considerarse un torbellino de nuevas emociones encontradas.
Miedo, de alejarse de sus seres amados y del calor de su hogar; curiosidad, por el nuevo lugar al que iría y las almas que encontraría; ansiedad, al pensar que un mal movimiento de su parte bastaría para poner en riesgo toda su misión...
Tres nuevas emociones que jamás había experimentado en su corta existencia en el paraíso. Tres nuevas emociones que poco a poco comenzaban a ser apaciguadas por el peso de sus parpados y el cansancio producido por el amortiguamiento de su cuerpo.
Con sus últimas fuerzas, utilizó sus alas para envolverse a sí misma en un capullo que esperaba la protegiera al momento del impacto. Finalmente, se dejó vencer por la oscuridad de sus parpados.