Ren un Cliché más
Había una vez el mejor de mis clichés.
Solo uno me puede juzgar por mis acciones inéditas, porque por la locura de vivir hacemos lo que sea para sentir. Él, como una jodida aguja, nos coció; tiró de mí para ser suya. ¿Tú crees que me importó o que al menos tuve el sentido común para decir “no”? Aunque lo tuviera, volvería a su pecho de hoja seca, sus piernas de palo y su cabello largo de telarañas.
Es el fin.
Siento mi corazón bajo de la mesa jugando un reto no correspondido que deseo ganar; el vacío aumenta cada vez que me acerco. Me dirás: ¿No eras tú la que decía “Cuidado porque es peligroso”? La intriga y el peligro deshacen toda conexión de lo bueno y lo malo.
Perdóname mi deseo posesivo, suicida y enfermo.
Es agua venenosa en copa de oro con bordes de diamantes afilados anhelando sangre. Es el riesgo de no huir. Avivar mis instintos más bajos, capaces de quemarme por dentro. Me encuentro tirada, echando la cabeza a los lados, meciendo esta arcilla, esperando a que tome forma con tus manos. Sabes que no sabes, quieres una respuesta, pero odias el conflicto, por eso no conoces mi contraria. Te desprecio tal agua fría en cuerpo tibio, luz en ojos cansados. Crustulum, son los granos de arroz donde paso mis manos al lavarlos, relajante. Nota de la naturaleza, mi armonía constante, pero distes un punto, el ultimátum en mi línea perfecta y otra vez mi sentido común se escapó; mejor dicho, lo escondí, algo más preciso, lo destruí dejando un clavel crecer entre zarzas.
Me encuentro repitiendo tu nombre, hablando contigo, besando la pared, bailando sola, escupiendo en el aire un ¿por qué?
― ¿Por qué decidí saludarte? ― En mi inocencia pregunté.