La Iglesia

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Summary

El poema es una inmersión en un mundo oscuro y onírico, donde el protagonista atraviesa una serie de escenarios góticos cargados de simbolismo y angustia.

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Chapters
1
Rating
n/a
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13+

La iglesia

Mi mente, confusa,

repleta de memorias,

tiembla desesperanzada

al contar esta historia.


Tras cada paso que he dado,

un potente eco resuena,

mientras en las bancas rezan

multitud de almas en pena.


Subo escaleras sin fin;

mi cuerpo desespera

por llegar al campanario

donde la campana suena


con tan tremendo estruendo,

con un sonido tan estridente

que atraviesa mis huesos

y quita la fe del penitente.


Por un momento, un mareo

me provoca fuertes náuseas,

me eleva en el aire

mientras todo queda en pausa.


Un espíritu malévolo,

carente de inocencia,

me sacude, rabioso,

arrojándome con violencia.


Escaleras abajo

voy cayendo fuertemente;

caigo en la desesperanza

de haberme vuelto demente.


Pero, al caer al suelo,

veo el reloj y sus agujas;

con sangre en la pared

una señal se dibuja.


Es una flecha que apunta

a un altar negro,

de oro y ónix,

rodeado de sombras y cuervos.


Detrás de las sombras

se esconden viejos tesoros

y, encima del altar,

se muestra un cáliz de oro:


receptáculo de un vino

color sangre, casi negro,

que sólo los espíritus

son aptos de beberlo.


Veo una puerta de marfil

escondida tras el altar,

con imágenes talladas

que me hacen temblar.


Empiezo a pasar,

aunque no sin recelo,

a otra parte de la iglesia,

la que era un subsuelo,


donde el calor

y un hedor insoportable

me inundan de temor

a la vez que me roba el aire.


Empecé a repudiar

aquella atmósfera sofocante,

y, al mirar mis manos,

supe que yo era un alma errante.


Ahogado, sólo quise

volver a ver mi cuerpo,

pero me vi rodeado

de sombras color negro;


noté que eran monjes

de negra sotana

que hacían santo sacrificio

a una deidad extraña.


Ella tiene en su cuerpo

millones de arañas

que, con su picada,

envenenan almas extraviadas.


En esa iglesia, en lo hondo,

se impuso como monstruo,

buscando sus presas

entre tumbas y escombros.


Angustiado y con asombro,

aquella noche desperté;

me levanté a anotarlo

con lápiz y papel.


Mas no existía eso,

sólo almas y cánticos

que hacían eucaristía

por mi final trágico.


Mi alma, aturdida,

se inunda en tristeza,

angustia, pavor y vacío al estar en esa iglesia...