La iglesia
Mi mente, confusa,
repleta de memorias,
tiembla desesperanzada
al contar esta historia.
Tras cada paso que he dado,
un potente eco resuena,
mientras en las bancas rezan
multitud de almas en pena.
Subo escaleras sin fin;
mi cuerpo desespera
por llegar al campanario
donde la campana suena
con tan tremendo estruendo,
con un sonido tan estridente
que atraviesa mis huesos
y quita la fe del penitente.
Por un momento, un mareo
me provoca fuertes náuseas,
me eleva en el aire
mientras todo queda en pausa.
Un espíritu malévolo,
carente de inocencia,
me sacude, rabioso,
arrojándome con violencia.
Escaleras abajo
voy cayendo fuertemente;
caigo en la desesperanza
de haberme vuelto demente.
Pero, al caer al suelo,
veo el reloj y sus agujas;
con sangre en la pared
una señal se dibuja.
Es una flecha que apunta
a un altar negro,
de oro y ónix,
rodeado de sombras y cuervos.
Detrás de las sombras
se esconden viejos tesoros
y, encima del altar,
se muestra un cáliz de oro:
receptáculo de un vino
color sangre, casi negro,
que sólo los espíritus
son aptos de beberlo.
Veo una puerta de marfil
escondida tras el altar,
con imágenes talladas
que me hacen temblar.
Empiezo a pasar,
aunque no sin recelo,
a otra parte de la iglesia,
la que era un subsuelo,
donde el calor
y un hedor insoportable
me inundan de temor
a la vez que me roba el aire.
Empecé a repudiar
aquella atmósfera sofocante,
y, al mirar mis manos,
supe que yo era un alma errante.
Ahogado, sólo quise
volver a ver mi cuerpo,
pero me vi rodeado
de sombras color negro;
noté que eran monjes
de negra sotana
que hacían santo sacrificio
a una deidad extraña.
Ella tiene en su cuerpo
millones de arañas
que, con su picada,
envenenan almas extraviadas.
En esa iglesia, en lo hondo,
se impuso como monstruo,
buscando sus presas
entre tumbas y escombros.
Angustiado y con asombro,
aquella noche desperté;
me levanté a anotarlo
con lápiz y papel.
Mas no existía eso,
sólo almas y cánticos
que hacían eucaristía
por mi final trágico.
Mi alma, aturdida,
se inunda en tristeza,
angustia, pavor y vacío al estar en esa iglesia...