Almas Prohibido Angel y Demonios

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Summary

Se dice que no hay historia más triste que la de Romeo y Julieta o la más romántica, la de Homero y Morticia. Sin embargo, yo creo que sí la hay, una que une lo peor de ambas, dando así un bello final amargo y feliz. Como les gusta decir a algunos, un agridulce final feliz. Era una historia de amor prohibido, de decisiones tomadas en la oscuridad, de corazones divididos entre el deber y el deseo. Ella, un ángel condenada a vigilar las emociones de los humanos, y él, un demonio que buscaba redención en un mundo donde el odio y el sufrimiento eran la norma. Su encuentro fue un choque de mundos: uno de luz, otro de sombra. Un amor que, aunque imposible, parecía ser la única respuesta a sus almas rotas.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

CAP 1



Se dice que no hay más historia más triste que la de Romeo y Julieta o la más romántica, la de Homero y Morticia, pero yo creo que sí la hay, una que une a las dos, dando así un bello final amargo y feliz. Como les gusta decir a algunos, un agridulce final feliz.

Para mí, no es nada de los dos, sino una condena entre el amor y el odio, el sueño y la realidad, de dos amantes que terminó en una trágica condena, pero con el final que no se puede esperar sin saber la realidad de las cosas.

Las invito a ir al siglo XVIII, donde en ese momento los reinos no tenían límites y todas las deidades teníamos derecho de caminar por todos lados, en el reino mortal para muchos, o el reino de las almas.

Era un primero de enero, como era costumbre entre ellos, nosotros o era así. En esa época se bailaba y tomaba toda la noche para espantar a los monstruos, demonios y maldiciones que rodeaban la tierra. Pero también llamaba a otros seres que vivían en la tierra, como ángeles, hadas y deidades menores.

Pocos eran los que se acercaban a los humanos, los seres que podían estar entre la luz y la oscuridad, pero eso no detenía a un pequeño ser de los cielos. Ella era un ángel tan bello e inocente de todos, aunque para ella estaba prohibido estar allí, cada tanto bajaba a la tierra y disfrutaba del júbilo de las fiestas de fin de año.

Ese año, esta pequeña se acercó a una taberna donde muchos mortales estaban festejando. Desde afuera, la pequeña miraba por la ventana disfrutando cómo era la música de ese momento. Para Anaciel, era lo más bello del mundo. Disfrutaba los bailes, los cantos, la música de esos festivales.

Gracias a sus poderes, ella bailaba y cantaba sin que nadie de esos mortales escuchara su canto o viera su baile, porque tenía prohibido acercarse.

Aun así, Anaciel bajaba y se divertía sin malicia en su momento cuando estaba cerca de ella. Guardaba un poco de música y se iba al bosque a bailar esa canción, deseando que algún día pudiera disfrutar esos lindos bailes y cantos de los mortales sin esconderse a través del manto de la deidad del viento.

Como era costumbre, cantaba y bailaba, solo era oída por los animales, los seres de la tierra, deidades menores y las deidades mayores, como el viento.

Pero como el viento es caprichoso y divertido, dejó que esa linda voz se retumbara en todo el bosque. La deidad del bosque, que disfrutaba con el canto, había sentido otras presencias que llegaban todas las noches en su reino.


-Eole, vamos, querida, no deberíamos dejar que su voz se escuche por todo el bosque –dijo una joven con los cabellos verdes llenos de flores, con rasgos de árbol y de musgo.

-Vamos, Artio, no pasará nada, nadie más que ella y los deidades menores vienen para estas fechas –dijo una joven con una gama de colores en azules y celestes, con toques amarillos, que bailaba como una leve brisa.

Siempre ten la ligera, querida mía, dejó que varias deidades de muchos reinos nos visiten, como sabes, muchos de ellos viven en otros reinos –dijo Artio, tomando un poco de agua que había dejado la deidad del agua.

Eole, que siempre veía algo divertido, se acercó a su amiga y se rió. –Vamos, querida, no creo que lleguemos a un caso en el día de hoy, el primer día del año, el día en que los portales de los mundos se abren, y solo hasta que el solsticio de otoño se cierre, los seres viajarán por todos los mundos. –Sonrió al ver a su querida amiga sonreír. –Disfrutemos que todos están de fiesta.

Pero la deidad del bosque temía. Sabía eso y sabía que debía tener cuidado. No solo las deidades buenas salían a disfrutar esos meses, sino también las deidades malvadas.

Sabía que no había nada que cambiara la ideología de esta deidad, pero en parte tenía razón. Eran días festivos para todos y nadie iba a cerrar ni causar un problema en esos días, así que tomó su copa hecha de hojas y dio un sorbo a la ambrosía que la diosa de las tierras del norte había traído en esa bella noche. Miró al ángel que seguía bailando y cantando cuando una presencia apareció a unos metros.

-Eole, por favor... Quédate con ella, debo encargarme de algo –la deidad del bosque se levantó y caminó lentamente hacia donde estaba esa presencia.

Eole solo movió la cabeza y se acercó al ángel para bailar con ella. Mientras, Artio se adentraba más en la profundidad del bosque para encontrarse con ese ser.

Perdió un cigarrillo. A pesar de que ella era feliz, jamás iba a imaginar que lo que pasara esos días iba a ser su perdición. Claro, nadie lo sabía, o quizás sí. –Lanzó el humo de él.

-No es normal que tú hagas eso –dijo Artio mientras veía una parte más oscura del bosque.

-Pues no estás sola –dijo una voz muy varonil.

Eso hizo reír a la deidad y hacer una mueca.

–Pues, jamás te molestó que esté con Eole –mirando cómo esa figura observaba donde la fiesta estaba.

—Eole no es problema, es más la que los acompaña —dijo su voz—, pero no puedo decir que la voz de ese ser me agrada—, generando aún más la sonrisa de aquellas palabras—. Pero dudo que ella quiera verme.

Suspiró la deidad y se acercó a ese ser.

—Si viene tranquilo, ella no dirá nada y si cambias tu apariencia, no te notará.

Algo en esas palabras sonaron en ese ser y mostró su sonrisa para transformarse en un sátiro y acercarse al grupo de la fiesta.

Cuando todos vieron venir a esa deidad y al sátiro, sonrieron y siguieron la fiesta mientras aquel ser se sentaba cerca de las deidades. Cuando la deidad de agua, Tlaloc, notó la presencia del sátiro, sonrió.

—Tiempo sin verte, querido —dijo, dando un poco de ese néctar mágico—. Ven y bebe con nosotros, estaremos festejando el solsticio de verano hasta el equinoccio de otoño.

El sátiro sonrió, tomó la copa de hojas y levantó para brindar con todos, incluyéndolo al ángel.

—Hace mucho que no te veo, Tlaloc, hace mucho —tomó de ese néctar y sonrió.

—Eso mismo dije yo, ¿te aburriste del infierno, querido? —sirvió más del néctar.

—Jamás me aburro de allá abajo, solo que a veces me encanta la paz de los bosques de nuestra anfitriona —miró serio a la deidad de agua.

Para ese entonces, la deidad de bosque intervino en la charla de ambos.

—Basta, los dos. Nadie acá es o sea, un rey o una deidad, somos conocidos festejando.

Los dos seres masculinos sonrieron y tomaron en calma.

—Es verdad, debemos estar en paz, por las fiestas y por nuestra anfitriona —dijo el sátiro y tomó más cuando vio al ángel que bailaba y cantaba feliz, alegrando todo el ambiente, cuando la deidad de fuego apareció.

—Queridos invitados, gracias a los que nuestra anfitriona hará un espectáculo de luz con la deidad de la luz —sonrió y presentó a la deidad de la luz—. Vamos, Shu, iremos a preparar las cosas mientras nuestra querida ángel nos sigue deleitando con su voz —señaló al ángel, que hizo una reverencia y volvió a cantar (insertar música celta).

Mientras ese ser esperaba ver el espectáculo que Hefesto y Shu harían, la deidad de la tierra se acercó.

—Buenas noches —se frenó al ver la figura de ese ser—. Señor sátiro.

El sátiro miró y sonrió.

—Buenas noches.

El sátiro sonrió e hizo una leve reverencia a ella.

—Puedes tomar asiento —indicó para que se sentara.-Te lo agradezco - y se sentó a su lado - linda música - miró al ángel - ella canta como un ángel - hizo un pequeño chiste, generando al sátiro una leve risa.

-Pues es un ángel, quería cantar bien - tomó más de su copa.

-Los demonios también cantan bien - dijo, tomando una copa, mientras el ángel se acercaba al sátiro para bailar y cantar cerca de él. Este solo contestó:



-Sí, pero nada se compara con su canto - dio una sonrisa amable al ángel, y esta solo sonrió cantando más bello para él. Cuando la voz de Artio se escuchó:



-Amigos, conocidos y desconocidos, vamos a abrir el festival del solsticio de verano y vamos a festejar con unos juegos de luces.

Todos miraron al cielo y vieron cómo Hefesto y Shu hacían un bello baile de luces y fuego que iluminaba el cielo estrellado y reflejaba una bella luz en los que miraban. Esa luz era la que generó un bello resplandor en ese ángel que miraba emocionada cómo ese juego de luces hacía una noche especial. Al igual que el sátiro, que miraba a ese ángel y sonrió.

Continuará...

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