TÓCAME

Summary

Han Sanghyuk era bastante extraño por el hecho de que rechazaba todo tipo de contacto físico con cualquier persona, incluso de Lee Hongbin, a pesar de que fueran grandes amigos.

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VACACIONES

Pasaban de las nueve de la noche, Hongbin estaba sentado en su pupitre, con el codo derecho sobre la paleta del mismo y parte de su mentón recargado en la palma de su mano. Veía a sus compañeros de clase despedirse, los últimos que quedaban en el salón junto con él, algunos guardaban su vestuario navideño, otros se tomaban la última selfie antes de irse por completo, pues ya había iniciado el periodo vacacional. Y él solo estaba ahí, sentado, aún con su vestuario puesto, observando distraídamente el dibujo de un pene en el pizarrón, esperando por su mejor amigo.

-¡Eh, Sungjae! –Al escuchar esa voz, sus ojos rápidamente fueron a la puerta del salón, mirando a Sanghyuk parado ahí, con la mitad del cuerpo adentro y la otra fuera. –Come pene, estúpido. Feliz navidad ¡me saludas a tu mamá! –Por dentro, Hongbin rió ante la idiotez de su amigo, sonriendo de medio lado cuando vio cómo presumía el dedo medio de su mano izquierda para luego ingresar por completo al salón de clase.

Fue entonces que se levantó de su pupitre y comenzó a cambiarse el patético vestuario de Santa Claus por ropa normal que guardaba en una mochila pesada. Mientras tenía el torso desnudo, de espaldas al salón y mirando a la pared, su mente volvió a analizar su estado actual de amistad con Han Sanghyuk, o simplemente Hyuk, como solía llamarlo. Su amigo en cuestión y aquél dichoso sujeto “Sungjae” eran mejores amigos desde, tal vez, la cuna, a lo que conllevaba que su sentimiento era unilateral, pues había creído llamar a Hyuk como mejor amigo alguna vez, pero no sería correspondido de esa manera jamás.

Lee Hongbin era tan patético, que siquiera tenía un mejor amigo.

-Irás a mi casa ¿verdad? Lo prometiste. –Fue la voz de su amigo quien lo sacó de su pensamiento, acomodándose la playera de manga larga antes de ponerse encima un suéter.

-Me invitaste y avisé en casa que me quedaría contigo, creo que es obvio. –Rodó los ojos para ignorar el hecho de que Hyuk se despojaba con rapidez de su poco elaborado traje de reno y se acomodaba el cabello que había teñido de un rubio cenizo.

-Solo hay un problema, están mis padres esperando por nosotros en el auto, así que nada de groserías.

-Tú eres el que anda diciendo “come pene, estúpido”. Yo soy un alma buena a tu lado. –Rió el castaño, terminando de quitarse ese horrendo traje para acomodarse el pantalón.

-Hm... Sigo creyendo que algunas veces eres demasiado bueno.

-Soy un ángel a comparación tuya, no por nada te decimos Satanhyuk.

-Si eres un ángel ¿por qué carajo no te tocó ese disfraz entonces?

Aquellas idioteces, sin más, provocaron burlas y risas entre ambos, siendo ya los últimos en salir del salón.


Lee Hongbin y Han Sanghyuk se encontraban en tercer año de preparatoria, buscando especializarse en un futuro para la carrera de Artes Visuales, eran grandes amigos, pero no los mejores por la simple existencia de Jung Sungjae, a pesar que este tercer chico en cuestión cursaba en otro grupo, siempre creaba aquella atmósfera en Hongbin que era él quien sobraba.

-Estoy tan cansado. –Berreó Hyuk al acomodarse en el asiento trasero junto a su amigo, derritiéndose en su lugar para descansar.

-¿Puedo omitir la cena y simplemente llegar a dormirme? –Murmuró Hongbin en secreto con su amigo.

-No lo sé, mi madre te va a lanzar lava en la cara si no cenas con nosotros. –Le secreteó del mismo modo, pasando desapercibidos gracias a que el señor Han había encendido el radio.

-Cocina muy rico pero tengo sueño.

-No te duermas, “frijolito”.

-No me digas así. –Quejumbró Hongbin antes de darle un codazo para empujarlo, como reproche, aunque en parte era broma, abriendo grande sus ojos cuando sintió cómo Hyuk se apartaba rápido. –Lo siento, perdón... Lo... Lo olvidé.

-No hay problema.

Y ahí estaba de nuevo esa sensación asquerosa de que la había cagado en grande.

Sanghyuk era un gran amigo, era bastante inteligente, tenía una agilidad mental espléndida, tenía talento para la actuación, cantaba muy bien, sabía bailar, era carismático, incluso algunas veces parecía un niño pequeño y tierno, de pronto, también podía lucir como el típico chico de 18 años sexy y popular, pero el único y gran defecto que tenía era que no le gustaba ningún tipo de contacto físico.

Jamás. Ni de broma.

Y no era fobia, porque lo había visto abrazarse con Sungjae algunas veces, no lucía incómodo cuando los profesores le palmeaban la espalda para elogiarlo, podía realizar sin problema algunas actividades escolares donde se requería contacto físico, y recordaba las pocas veces que lo vio tratar con infantes de preescolar, abrazarlos, besarlos incluso y jugando con ellos como si fuera un pequeño por igual. Era simple y sencillamente que...

“Si yo no te toco primero, tú no tienes por qué tocarme.”

Recordaba esas palabras como un tatuaje en sus oídos una vez más, golpeándose mentalmente por ser un estúpido, por haber tocado a Hyuk sin su consentimiento, sin haber sido tocado antes, o sin haber pedido permiso.

-Ya llegamos... Ya llegamos. –Cantaba al ingresar a su casa, siendo seguido por Hongbin.

-Ya ni me contaron cómo les fue. –Quejumbró la señora Han en lo que caminaba a la cocina para alistar la cena.

-De maravilla, señora Han.

-Me alegro por ustedes, chicos.

-Saldremos en el periódico de mañana, mamá… Primera plana, o al menos eso nos dijeron. –Su sonrisa se fue desvaneciendo un poco, girando sobre sus talones para ver al castaño de frente. –Puedes dejar tus cosas en mi habitación, iré al baño.

Hongbin solo asintió antes de llevar sus pertenencias a la poco conocida habitación del rubio, pues apenas había estado de pijamada en esa casa unas dos veces cuando mucho, sin embargo no le fue problema llegar a la habitación, la cual irrumpió como si fuera a cometer un robo y regresó a la cocina para platicar un poco con la madre de su amigo. Hyuk sin embargo, dejó su vestuario, su mochila y el desorden en general por toda la sala, refugiándose en el cuarto de baño para descargar su urgencia.

La cual no era fecal ni urinal.

Cuando cerró la puerta con llave, se recargó contra ésta, cerró la ventanilla del baño y la puerta de la regadera, observó a todas partes como si temiera ser visto y luego avanzó a paso lento hacia el lavabo, se observó en el espejo y sonrió antes de apartarse, volviendo a recargarse contra la puerta, tocando el mismo lugar donde Hongbin le había codeado, cerró los ojos y sonrió como estúpido, sonrió amplio, feliz y no se contuvo a desbordar de su pecho la inmensa felicidad que sentía. Ahí solo, sin que nadie lo viera, sin que nadie lo juzgara, simplemente acompañado de su imaginación, recreó el tacto de Hongbin en su cuerpo, pensando en cómo sería si, en vez de un codazo de broma, fuera su mano tocándolo gentilmente, como si fueran algo más, si Hongbin no fuera tan serio, tan cerrado de mente; una vez más imaginó un beso de él y entonces negó con la cabeza, se lavó la cara, las manos y salió hacia el comedor.


Su primer momento de vacaciones había sido estupendo, la cena había estado deliciosa, los padres de su amigo eran atentos y la hermana mayor de Hyuk era tan divertida como nadie, sin embargo todo lo bueno debía acabar al momento de dormir, cuando insistió en que dormiría en la sala solo para no incomodar a Hyuk, aunque claro, eso último no lo explicó, lo dejó dentro de sus pensamientos. E incluso acostado en el sofá, siguió pensando en ello, en el problema que tal vez nadie o todos sabían, y se preguntaba por qué Sungjae sí podía tocarlo y él no; porque sí, estaba celoso, él también quería un abrazo de Hyuk, desde que había hablado por primera vez con él durante su primer mes en primer grado de preparatoria, debido a un trabajo en grupo, fue que prestó atención a ese chico callado, algo tímido, pero con una sonrisa tan linda que iluminaba todo a su paso junto a sus preciosos ojos. Recordar el momento en que habían hablado le agitaba el corazón, pues una imagen mental de los labios de Hyuk se sostuvo firme en su cabeza, la forma de éstos y cómo estaban perfectamente creados, con la enorme necesidad de conocer su sabor, su textura, su suavidad, parecían algo irreal y aunque escondía con perfecto desinterés que Sanghyuk le gustaba mucho, estaba orgulloso y, hasta cierto punto, satisfecho con ser su amigo, pues pudiera ser que “un simple abrazo” era demasiado pedir.

-Tonto... Me asustas. –Hongbin cerró los ojos al momento de llevarse la izquierda al pecho, retrocediendo un paso inconscientemente y al abrir los ojos encendió la luz del baño, lugar de donde había salido.

-Lo siento, no fue mi intención. –Sonrió apenado antes de palmear los hombros de Hongbin.

El castaño se apartó para darle privacidad e incluso estuvo en la sala a los pocos segundos, aunque se sentía aturdido por aquél tacto en sus hombros. ¿Hyuk lo había tocado, en verdad? Regresó rápidamente al baño de aquella casa, y esperó por Hyuk en el pasillo hasta que salió, asustándolo por igual a lo que ambos rieron.

-Te vengaste.

-Sí, eh... Hyuk, me está dando demasiado frío en la sala... ¿Puedo dormirme en tu habitación?

-Ah... –El pánico se lo guardó con rapidez en el pecho, y solo arqueó una ceja, fingiendo pensar con severidad ese asunto. –No lo sé, es un desorden... Dame un minuto para darte espacio.

-Gracias, iré por la cobija y las almohadas que me prestó tú mamá.

-Claro.

Las piernas de Hongbin temblaron sin remedio cuando regresó a la sala y quería una respuesta lógica para ello, pero no había nada lógico ni disparatado en su cabeza, solo la idea de que podía morir en manos de Hyuk si se atrevía a tocarlo una vez más y que él solo se había metido en ese lío. Sanghyuk por su parte se había tirado boca abajo en su cama, respirando con frenetismo por la idea de que compartiría cama con Hongbin aquella noche, le causaba delirios que no podía controlar, fantaseando con dormir abrazado a él, con besar al fin su boca, con tomarle la mano, con confesarle que le gustaba y mucho, muchísimo, decirle que había hecho jurar a Sungjae que nunca le traicionaría a lo sucedido el primer día del primer año de preparatoria con su estúpida confesión: “no te miento, ese chico es tan lindo y tan guapo que creo que me moriré si llega a hablarme”. Porque sí, Hyuk se sentía estúpido al lado de Hongbin desde el primer día y todo lo guardaba herméticamente en su pecho, en su mente, refugiándose con la excusa de ser un tonto introvertido que odiaba ser tocado, guardando el verdadero secreto de que detestaba tener contacto físico por cualquiera que no fuera Lee Hongbin y que solo otras personas podían tocarlo si él accedía a ello primero.

-¿Hyuk? –Se asomó con miedo al interior de la habitación, encontrándose a oscuras y, claro, era lógico, eran las 3:17 de la madrugada y al parecer solo ellos seguían despiertos.

-Mh. –Se fingía adormilado, acostado de lado en la cama, en el extremo derecho que estaba contra la pared y le daba la espalda a la puerta. –Cierra con llave. –Fue lo único que se atrevió a decir antes de cerrar fuertemente sus ojos.

-… Ok.

Hongbin cerró la puerta como le había sido ordenado y avanzó a oscuras hacia la cama, acomodando apropiadamente la almohada y la cobija para posterior, subir a ese colchón que era sumamente suave, sintiendo cómo el calor le invadía el rostro. Prefirió despojarse de los nervios, pues en el absoluto silencio, comprendió que Hyuk se había quedado dormido y lentamente el sueño se apoderaba de él por igual, sintiendo sus párpados pesados.

-… ¿Ya estás dormido? –Preguntó el rubio después de largos minutos, girando un poco su rostro. -Bin... –Murmuró, terminando por darse la media vuelta en la cama y aunque quería ver a su entorno, la oscuridad se lo impedía con autoridad. –Buenas noches. –Sonrió amplio cuando no recibió respuesta alguna y eso le indicaba solo una cosa; se abrazó suavemente a él, con su pierna y brazo derecho, y admiró el aroma de Hongbin, con todas esas ganas que siempre guardaba y reprimía sin piedad, pues al estar dormido, sabía que nadie iba a reclamarle sus acciones... Claro, si tan solo Hongbin no hubiera fingido dormir.

El pulso del castaño se disparó veloz, nunca creyó que Hyuk hiciera algo como eso y estaba confundido pero feliz. Quería abrazarlo por igual pero se mantuvo inmóvil, sin poder asimilar que estaba siendo abrazado de esa manera, en ese lugar, por esa persona, en ese momento... Sus ganas de besarlo crecían sin control pero seguía firme, sin mover un músculo.

-Hueles tan rico. –Susurró Hyuk, siendo confidente, y fregando suavemente su nariz en su hombro acercándose cuidadoso para admirar su aroma con absoluta felicidad. -¿Sabes algo? –Dijo en un susurro delicado para luego sonreír con alegría. –Soy bastante estúpido por ponerme nervioso, lo sé. Debería relajarme, pero no puedo. No me puedo calmar por tu culpa... Perdón, pero moría por abrazarte, Hongbin, ojalá un día pueda hacerlo. –Confesó antes de cerrar los ojos con fuerza y suspirar profundamente. –Soy un cobarde, ¿cierto? En vez de decirte la verdad.

-… Hyuk, me gustas. –El mencionado abrió bastante los ojos y se apartó rápido del castaño, pasando saliva y sintiendo que su corazón iba a salirse de su pecho por la potencia de sus latidos. -¿Hyuk?

Hongbin se incorporó de su lugar y se quedó sentado en la cama, entre la oscuridad, buscó a tientas al contrario y se sorprendió cuando lo sintió acorralado en la esquina de la cama, contra la pared y permaneciendo en absoluto silencio, comprendiendo así la idiotez que había ocurrido... Hyuk nunca confesó nada, él fue el único que había dicho sus sentimientos y ahora... Estaba en un lío terrible.

-¿Por qué no me dijiste que estabas despierto? –Se notaba la frustración en su voz, y pasó saliva con nerviosismo, manteniéndose contra la pared.

-No estaba tan despierto a decir verdad... ¿Hyuk? –Avanzó lentamente por la cama hasta encontrarlo de nuevo, sintiendo la posición en que estaba Hyuk, arrinconado y abrazando sus rodillas, a lo que buscó abrazarle por igual, ser él quien rodeara su cuerpo con ambos brazos. –No sé si me escuchaste pero... T-tú me gustas, mucho.

-E-estás bromeando. –Rió con el nerviosismo timbrando en su garganta, sin poder moverse.

-No. No lo hago.

-¿Sungjae te ha dicho algo?

-¿Qué? No... Apenas y hablamos un poco, ¿qué cosa podría decirme?

-Nada. –Respondió rápidamente, sintiendo nuevamente su corazón latir con violencia.

-Hyuk.

-Es que... No, no es nada, esto es absurdo.

-Lo siento... Perdón, soy un tonto, ¿verdad?... Creí que podía gustarte. Perdón, Hyuk.

-¿No has hablado con Sungjae? –Preguntó con cierto temor temblando en su corazón, y alzó su vista hacia Hongbin, queriendo ver sus ojos dentro de aquella espesa oscuridad en su habitación.

-Ya te dije que no, no lo entiendo. –Sus cejas se curvaron sin comprender la insistencia sobre Sungjae, aunque tardó pocos segundos en hacerlo, pues la idea parecía clara ahora en su cabeza. –Oh, perdón. Ya comprendí... ¿Ustedes dos son novios?

-¿Eh? –Las cejas de Hyuk se alzaron en un gesto que Hongbin hubiera catalogado de genuino asco si lo hubiera visto.

-P-perdón en verdad. –Suspiró herido, soltando a Hyuk para quedar sentado a su lado, mirando el abismo que se creaba en la oscuridad de esa habitación. –Me alegro por ti, supongo. –Susurró perdido, sin saber cómo sentirse al respecto.

-Qué asco, no me gusta Sungjae y nunca sería su novio.

-¿Qué?

-Me gustas tú, Hongbin.

A pesar de haberlo dicho, nunca creyó que lo pronunciara con cierta frustración, incluso nunca llegó a imaginarse la confesión en sí, nunca lograba idealizar algo lindo, unas palabras dulces, una situación romántica… Duró años torturándose con escenas mentales en las que todo pudiera salir mal, pero lo que estaba ocurriendo en ese momento no encontraba dónde catalogarlo.

-… ¿Ah?

-Ya lo dije. –Dijo entre dientes, frunciendo el ceño, cerrando los ojos y tomándose un respiro hondo.

-Es… Broma… ¿Es broma? –Abrió bastante los ojos, con un genuino gesto de sorpresa dibujado en su rostro.

-Si estás sordo no es mi problema. –Rodó los ojos, sintiendo un repentino ardor en sus pómulos.

-Pero… Hyuk… Es que tú…

-¿Yo qué?

-Es que… Yo no bromeo, tú me gustas.

-¿Y qué te hace creer que yo bromeo? –Preguntó herido.

-Tu comportamiento. –Respondió con obviedad. –Es… Difícil entenderte… Ha sido difícil… Con Sungjae pareces incluso otra persona.

-No hables de él, lo conozco desde que estábamos en la cuna, nuestros padres son mejores amigos de toda la vida pero no me gusta ni nada… Ya te dije que me gustas tú.

Hongbin buscó con torpeza su móvil, que se había quedado atorado dentro de la funda de la almohada que le fue prestada y al tomarlo encendió la lámpara del aparato, dejando que la luz se reflejara contra una de las paredes de la habitación y ésta se iluminó de manera tenue al estar pintada en un color uva intenso. Hyuk miró sus acciones sin entender y pasó saliva en cuanto sus ojos se encontraron, sintiendo que su corazón se estaba volviendo loco, haciéndose hacia atrás cuando Hongbin parecía penetrar su alma con su mirada, aunque claro, las paredes no le permitían retroceder demasiado.

-¿Puedes decirlo de nuevo? –Preguntó el castaño, sintiendo que sus nervios empezaban a apoderarse de su cuerpo.

-Me gustas, Bin. –Murmuró en un trance que le brindaba un nuevo golpe de calor en las mejillas y le impedía parpadear, comenzando a respirar con cierta necesidad sofocante.

-También me gustas, Hyuk… Desde el primer grado.

-¿Es broma? –Sonrió avergonzado, con el corazón acelerándose aún más cuando se percató de las intenciones de Hongbin al acercarse lentamente y enlazó sus dedos cuando sintió una de las manos contrarias tomar una de las propias.

-No bromearía con esto.

-Es que también me gustas desde el primer grado. –Confesó, sonriendo avergonzado cuando vio esa genuina sorpresa en los bonitos ojos de Hongbin. –Incluso, desde el primer día de clase. Se lo dije a Sungjae a la hora del descanso, y platicamos de eso durante el camino a casa, le hice jurarme que no te dijera nunca, por eso no me gustaba que ustedes dos se conocieran ni se hablaran mucho, tenía miedo que te dijera algo porque es un bocota y donde él se atreviera a decirte algo yo iba a…

Las palabras salían de su boca con la misma velocidad con que su corazón latía nervioso, a pesar de que su boca se calló, su corazón solo pudo palpitar más fuerte y más emocionado cuando Hongbin acortó la distancia entre ambos, usando su mano libre para tomar a Hyuk por el mentón en una caricia igual de suave que el beso que plantó en sus labios.

Ambos continuaron con ese acto, sin volverse carnal o con mayores intenciones, era simplemente un beso fresco, nuevo, que morían por probar, que duró años encerrado en una jaula, pero ahora era libre y se paseaba entre los labios de ambos con extrema dulzura y fascinación, disfrutando del sabor, olvidándose del tiempo. Ambos sonrieron como unos tontos cuando se apartaron del beso, otorgándose unos ocho más que fueron muy cortos pero llenos de ternura, jugando un poco con roces en sus narices y haciéndose algún mimo en las mejillas o el cabello.

-¿En verdad te he gustado desde el primer día? –Preguntó después de aquellos besos que le supieron a magia, mientras se abrazaba a Hyuk para esconder su rostro recargado en uno de sus hombros.

-Sí, en verdad.

-Soy muy idiota por no haberlo notado, ¿cierto?

-Bastante… Aunque yo tampoco lo había notado, algunas veces… Lucías muy serio o indiferente.

-Eran celos.

-¿Ah? ¿Celos?

-He vivido dos años y medio celoso de Sungjae… Siempre quise abrazarte, siempre quise quitarle su puesto de ser tu mejor amigo.

-No lo necesitas.

-¿Perdón? –Se apartó un poco de su hombro, lo suficiente para verlo a la cara.

-Ser mi mejor amigo, no necesitas eso… Puedes… Ser mi novio, por ejemplo. –Sonrió algo avergonzado, evitando la mirada de Hongbin en ese momento, quien sonreía con total plenitud.

-Quiero serlo… ¿Puedo?

-Claro que sí… Yo también quiero que lo seas.

En un pequeño berrinche, Hyuk le dio un codazo a Hongbin, igual al mismo que había recibido en el auto y ambos rieron por lo bajo. Cuando sus risas cesaron, volvieron a perderse en sus miradas y nuevos besos comenzaban a desprenderse de sus bocas, con calma, con determinación y con ese sentimiento que había permanecido reprimido en ambos corazones por tanto tiempo.

Apenas comenzaban sus vacaciones, pero para ellos eso ya no era importante ni interesante, sino que apenas comenzaban sus corazones a latir felices, juntos por fin.


FIN