Lados Contrarios - Kagekuni

Summary

Haikyuu AU. - Yo... quería hablarte un momento, tengo algo que decirte y... - en realidad Kageyama improvisaría conforme la situación, pero eso no tenía porqué saberlo Kunimi. - ¿Ah sí? - empezó Kunimi mientras se zafaba de su agarre a la fuerza. Se enderezó lo más que pudo y lo miró a los ojos - yo también tengo algo que decir y quiero que te lo grabes muy bien. Nuevamente nos encontramos en la cancha, en lados contrarios y no sólo me refiero al equipo, ¿sabes? ahora mi lado es el del ganador y tu lado el perdedor. ¿De qué te ha servido esforzarte?

Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

El único sonido que hizo eco en esa tarde, fue el cerrar de su casillero en los vestidores del gimnasio de su universidad. Recientemente había entrado a una de las mejores universidades de la región: Universidad Nacional de Japón, y adicional a eso pudo entrar al equipo de voleibol, tal cual lo había hecho en la secundaria y preparatoria; y se sentía realmente orgulloso de ello, una de las pocas decisiones de las que podía sentirse de ese modo si le preguntaran, al fin y al cabo no siempre había sido bueno con las decisiones en el ámbito personal, por eso las que toma en el ámbito académico, serían las que más resaltan para él después de todo.

Distraídamente recogió sus cosas y cerró con llave la puerta de los vestidores, como usualmente pasaba, él siempre era el último en salir. Le gustaba esa paz que sentía al quedarse en los vestidores en total silencio después de un duro entrenamiento; pensaba mejor y reflexionaba algunas cosas después de su agotamiento físico. O eso quería creer.

Una vez fuera de la universidad notó que aún había compañeros de su entrenamiento reunidos socializando, no le importaba demasiado pues siempre había sido de muy pocos amigos, hasta podría decirse que casi nulos. Siguió su camino directo a su departamento, aún tenía que pensar en qué iba a cenar. Esto de ser hombre de sociedad, independiente y estudiante era difícil en ciertas ocasiones. Así en medio de sus pensamientos y desgracias universitarias escuchó un nombre que pensó no volver a escuchar más en lo que le restaba de vida, a ser posible.

Paralizado, se detuvo y aguzó el oído para escuchar mejor lo que un grupo que había dejado atrás por un par de metros decía.

– ¿… seguro que escuchaste eso?

– Sí, me lo contó un amigo que estudia turismo en esa universidad.

– Entonces Tobio Kageyama quedó en la Universidad del Oeste y también entró al equipo de voleibol. En realidad eso no me sorprende, dicen que es un colocador genio, pero eso significa que en algún momento nuestro equipo tiene que jugar contra el de él.

Sí, no había duda, estaban hablando de Kageyama. Poco a poco se fue acercando más para no perderse nada de lo que esos chicos dijeran. De hecho, ahora que los veía mejor, uno de ellos estaba en su misma clase.

– ¿En serio? ¿Y eso por qué? – Preguntó el chico de su clase.

– Es la universidad más cercana que hay a la nuestra, por lo que en la mayoría de los partidos amistosos y oficiales están ellos como contrincantes.

Así que contrincantes, pero ¿de nuevo?” Pensó Kunimi mientras escuchaba la conversación.

Es como si estuviera en el mismo bucle durante cada etapa escolar en su vida. Parecía ser que el nombre de Tobio Kageyama lo iba a seguir persiguiendo durante un buen rato.

– Sí, eso tiene sentido, pero… Oye, Kunimi, ven con nosotros, ¿no ibas tú con él en la secundaria? Y también jugaste contra él en la preparatoria, ¿no? – Mierda, se había acercado demasiado. Ahora ¿qué podía hacer?, fingir que no estuvo escuchando su conversación ya no era una opción; tenía que contestarles. Con lo que le gustaba hablarle a la gente.

– Pues… – ¿Cómo podía decirlo sin trabarse? – Sí, íbamos juntos en la secundaria, pero no éramos amigos, sólo compañeros de equipo. Después estuvimos en preparatorias diferentes y cortamos la comunicación.

Intentó hacer sonar esa respuesta lo más normal y tranquila posible. Pero realidad su cuerpo delataba el nerviosismo que sentía: el corazón latiendole en los oídos, sus manos sudando frío y un nudo empezaba a formarse en su garganta.

– Oh, así que no eran cercanos – Continuó el chico de su clase, la verdad ni siquiera recordaba cuál era su nombre – Pero seguramente sabes cómo juega, ¿no? Ya sé que yo no juego en el equipo de voleibol como tú, pero oye, soy un gran fan y animador. Sólo quiero tantear el terreno para nuestros próximos partidos.

– Sí, Kunimi, deberías de informar al equipo de su técnica al jugar. Yo también soy fan y nuestra escuela ha sido la mejor por años – Dijo el otro chico. A él no lo conocía de nada, pero parecía amable y por supuesto un gran fan del voleibol.

– Ahhh, sí, lo haré. – Respondió con gran urgencia por salir de ahí lo más pronto posible – Bueno mucho gusto y adiós. Gracias. Nos vemos. Hasta mañana, o hasta que nos volvamos a ver, no sé – Se despidió Kunimi nervioso y trastabillando.

Sí, definitivamente esa no fue una buena despedida ni una salida triunfal, pero no podían pedirle mucho en esa situación.

En algún momento de los siguientes 20 minutos pudo llegar a su departamento, lo hizo por inercia más que nada, aún no se recuperaba de la impresión de lo que acababa de escuchar.

Se preparó unos fideos instantáneos, se duchó nuevamente intentando calmar así su ansiedad e intentó leer un libro para adelantar sus clases del día siguiente, después de todo, estudiar Derecho era algo que no debía tomar a la ligera. Y exactamente esa fue la palabra clave: Intentó.

Él simplemente no podía dejar de pensar y hacerse preguntas, como: ¿Por qué tanto alboroto por el nombre de algún jugador cualquiera de la universidad vecina? Después de todo, ¿no habían jugado juntos y luego habían pasado a jugar en equipos contrarios?, ¿no debieron haber desarrollado el típico lazo de hermandad deportiva? Pues no a las dos preguntas anteriores. No sólo habían sido jugadores y compañeros, y definitivamente lo que tuvieron no fue “hermandad deportiva”, habían sido más que eso. Mucho más. Y ahí estaba el problema de sus nervios.

Así pues, luego de horas de recordar los momentos a su lado, las lágrimas, los besos y los suspiros, terminó dándose por vencido a las 4:00 am, pensando antes de cerrar los ojos: “Kageyama… quisiera no recordarlo nunca más. Pensé que por fin me había librado de él, pero ¿cómo podría? No después de lo que nos pasó”.