La hacienda de las flores

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Summary

"La hacienda de las flores" es una novela que se desarrolla en el exuberante Ecuador a finales del siglo XIX. Este relato fresco y cautivador empieza cuando, un siglo después una joven recibe el diario de su tatarabuela el cual describe la vida de las mujeres de su familia, quienes lucharon contra la envidia, maldad, prejuicios, y conspiraciones para buscar su felicidad. Está obra llena de misterio, romance y esperanza resucita a aquellos valientes que desafiaron las sombras de la opresión, de una revolución e inclusive de una supuesta maldición. ¿Podrán la valentía y el amor vencer todas las adversidades?

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3
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n/a
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18+

DIARIO


Si pudieras sentir lo que mi alma te extraña,

vendrías y me abrazarías,

pero prefiero tenerte, en mis pensamientos...

Porque aún no tengo la fortaleza,

para aceptar mi realidad;

aunque estoy segura de que eso me dolería menos,

que seguir soñándote...



Diario


Mi nombre es Fabiola, tengo veintiséis años. El día que mi bisabuelo me entregó el diario de mi tatarabuela, sentí que me confió un tesoro invaluable que trasciende el tiempo y las generaciones.

El diario pasó de ella a sus hijos, después a sus nietos y a cada miembro de la familia. Cuando lo recibí, me encontraba inmersa en un periodo de tristeza, que había nublado mi visión del mundo. Estaba atravesando problemas en la relación con mi novio, y al mismo tiempo tenía inconvenientes en mi trabajo.

Hubo gente que me hizo tanto daño que a ratos sentía que iba a perder mi rumbo. Mi corazón se estaba volviendo oscuro y me dolía el alma.

También necesitaba solucionar muchos aspectos de mi vida en los que, como cualquier persona había podido fallar.

Observaba como a personas aparentemente malas les iba bien, mientras que yo, a pesar de mis esfuerzos, seguía sintiendo dolor y tristeza. En medio de todo esto, me sentía perdida y confundida, sin saber qué camino tomar para ser feliz.

La primera vez que tomé el diario con mis manos, sentí una emoción y energía especial. Era de color azul oscuro y tapa dura, fue el mejor regalo, no solo por la conexión con mis raíces familiares, sino también porque se me reveló como una lección de vida inesperada.

Al hojear cada página que visiblemente había sido blanca, pero ya estaban amarillentas por los años, al ver la escritura con tinta negra tan fluida y natural y el poder tocar los relieves de flores que eran adornos elegantes y hermosos en algunas de las hojas, era como adentrarse en un rincón oculto de la historia familiar, donde los recuerdos del pasado se fusionaban con las vivencias de mi presente.

Las experiencias de mi tatarabuela Blanca se convirtieron en un faro de sabiduría, iluminando mi camino en medio de la oscuridad emocional que me rodeaba. A medida que sus palabras cobraban vida en mis manos, descubría la fortaleza que las mujeres de mi linaje habían llevado consigo a lo largo de los años.

Fue un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la luz de la esperanza siempre llega a nuestras vidas.

Pero a pesar de eso, habían dudas en mí. Cuando recién empecé a leer su diario, vi tanto sufrimiento que empecé a dudar. “¿La gente mala es la que triunfa?”.

Así, el diario se convirtió en más que un simple relato; se transformó en mi refugio, mi consejero silencioso y mi confidente a medida que avanzaba por las páginas llenas de experiencias, amores, y desafíos superados. En cada palabra, encontré consuelo y entendimiento, permitiéndome sanar poco a poco de las heridas del pasado y, finalmente, ver más allá de la tristeza que nublaba mi corazón y empezar a tomar decisiones sobre mi vida.

En la vida de todos a veces se dan ciertos sucesos que causan tanto dolor que parece que todo pierde sentido,aunque para algunos el sufrimiento es más manejable que para otros.

También depende de la situación. Pero la mayoría coincide en que en el instante en que pasa algo terrible para una persona, la mente hace jugadas sucias debido a la ansiedad del momento, y a veces esto nos vuelve incapaces de hilvanar un pensamiento coherente justo en el momento en que más necesitamos pensar fríamente y no sentir con el corazón.

Al mismo tiempo hay heridas tan profundas que causan que el alma se llene tanto de tristeza a tal punto de solo querer evadir la realidad que llega a abrumar, porque lo certero empieza a doler. Yo me sentía así antes de leer el diario.

Entonces, el ser humano al principio se desahoga llorando, pero llega un punto en que debe decidir por un momento, dejar el llanto atrás y tratar de no pensar en el sufrimiento, para poder seguir adelante y respirar, aunque el pecho y el corazón duelan infinitamente.

Para sobrevivir se empiezan a realizar acciones rutinarias por inercia, como si una fuerza invisible estuviera controlando cada movimiento. Es como estar a la deriva, manejados por un piloto automático que dicta órdenes y da los indicadores para comer, vestirse, dormir, etc.

Después de mucho sufrimiento se decide renunciar a las lágrimas, pero contradictoriamente, esto también trae consigo un vacío desolador, una mezcla de agotamiento, alivio y temor,una preocupación permanente sobre el futuro y la vida que no será la misma debido a los acontecimientos por los que se está travesando.

Esa sensación se convierte en algo peor que el dolor mismo, nuestro mundo se envuelve en una niebla gris, nuestra vida se convierte en un limbo helado en el cual estamos perdidos caminando sin rumbo, nos acostamos en la noche tristes y amanecemos con escalofríos y angustia.

Pero para bien o para mal, tal como decía mi tatarabuela Blanca, ese sentimiento no es eterno, es solo como un ciclo. Leer eso me aliviaba el alma.

Ella en su diario lo describía de esta forma: “Después de aguantar las ganas de llorar por mucho tiempo, los ojitos se llenan de nuevo de agüita”, es decir que las lágrimas reaparecen a pesar de los intentos de evasión de la realidad y la tristeza, este es un regreso forzado a la vulnerabilidad o fragilidad humana y esto acaricia el corazón.

Mi tatarabuela experimentó esa sensación en contadas ocasiones: Cuando murió su primer perrito, Tito, porque fue su primera mascota y como lo tuvo desde joven nunca pensó acerca del día en que llegaría su muerte, también el día en que se enteró sobre el devastador futuro de Enrique, cuando su hermana y sus padres murieron y la última vez sería el día en que el médico le entregó la peor noticia de su vida.

Cabe recalcar que ella habla mucho en su diario sobre las penas de amores y por eso también me sentí demasiado identificada cuando empecé a leerla.

En el diario describía el corazón herido de esta forma:

“Duele el pecho, duele el corazón, la cabeza y te quedas inapetente, no puedes dormir porque te dan escalofríos y, cuando lo logras sueñas con esa persona a la que extrañas, pero te despiertas y el dolor es más fuerte porque te das cuenta que solo era un sueño, nada más que eso”.

“Lloras mucho y aunque por ratos te calmes, el dolor en el corazón persiste”.

Me di cuenta que en cualquier época o siglo el corazón duele igual.

Pero esta no es solo su historia; el relato de mi tatarabuela se entrelaza con mis orígenes, si ella no hubiera arriesgado todo en su momento, yo no estaría aquí.

Su valentía para amar a pesar de las consecuencias, incluso arriesgando su propia vida, es el fundamento de mi existencia.

El pasado de una mujer a menudo es un compendio de secretos que muchas veces prefieren descansar en silencio por siempre, por eso le agradezco haber relatado la historia encerrada en su corazón a través de su diario entregado a su mejor amiga, Elena, con el fin de que esta se lo diera a sus tres hijas: Marcela, Rita, Olivia y a su hijo Luis, al momento de su muerte, después ellas fueron traspasando este tesoro al resto de generaciones.

Me habían contado muchas cosas de mi tatarabuela, pero una vez escuché algo, que llamó mucho mi atención. Se decía que cuando ella era joven, y pudo tener dinero,lo primero que hizo con urgencia fue firmar un contrato con una funeraria en donde compró su tumba para algún día utilizarla junto a mi tatarabuelo.

¿Por qué compró su tumba antes que cualquier otra cosa? En el contrato tenía indicaciones muy específicas que debían seguirse para que ella sea sepultada. Al momento de su muerte, primero, su familia debía de abrir una carta que estaba en un diario que se encontraba guardado en un cajón de su casa, el mismo que tengo ahora en mis manos, solo la gente de la funeraria sabía en donde estaba ese cajón y tenía la copia de la llave para abrirlo, pero eso era en caso de muerte súbita, como sus hijas y su esposo ya tenían el contrato de lo que sería su última morada, el día de la muerte de Blanca ellos lógicamente llamarían a la funeraria y los empleados les indicarían ciertas cosas que debían hacerse al pie de la letra para enterrarla, su ropa y sus accesorios, todo había sido perfectamente planeado por ella, a escondidas.


Yo no comprendía por qué ella había calculado tan fríamente el día de su muerte, pero después de leer su historia entendí todo.

Aunque la situación cambió a último momento, entonces ella decidió que la funeraria ya no se haría responsable por el diario. Inclusive fue a visitar el lugar meses antes de morir y cuentan que escogió su ataúd, lo cual me parece escalofriante.

Por eso al final Elena, su mejor amiga fue escogida para entregar a la familia el cuadernillo. ¿Pero por qué ella decidió compartir sus secretos más íntimos con todos?

Entre las páginas secretas, Blanca dejó constancia de un oscuro pasado familiar que encerraba una supuesta maldición lanzada por una tía lejana, en contra de todas las mujeres de la familia, llena de envidia y resentimiento de la cual les contaré más adelante.

Ella no lo quería creer, yo tampoco lo hubiera creído, pero habían sucedido demasiados eventos que se vincularon con algo muy maligno. Mi tatarabuela lo describía como una sombra que envolvió su vida y la de su familia durante su juventud, sembrando desdicha, por lo que casi logra limitar su destino.

Hay ciertos sucesos que he leído en el diario que me hacen pensar y casi estar segura que, en definitiva, las maldiciones existen, porque la maldad es algo muy real.

Sin embargo, mi tatarabuela nunca recurrió a amuletos ni rituales mágicos para contrarrestar esto, aunque se lo habían recomendado. Solo hizo algo muy específico para evitar que esta supuesta maldición afectara a más personas y todo eso estaba escrito en la carta que debía ser leída al momento de su muerte.

Ella también dejó enseñanzas sobre la comprensión y compasión, recetas de cocina que hasta ahora preparamos con mi familia, sus secretos más íntimos que pidió que leyéramos para conocerla y nunca olvidarla, y una cadena de oro metida en el sobre en donde estaba la carta, ahí explicaba que era imperativo ser enterrada con esa joya.

En sus escritos, hablaba sobre superar la envidia y los malos ratos con la comprensión, la compasión y el olvido, convirtiendo esa energía negativa en una motivación para alcanzar metas máselevadas y ser feliz.

Proponía un legado de sabiduría y resistencia para contrarrestar el peso de los días difíciles, llenándose de motivación para crecer, prosperar y, sobre todo, vencer el miedo.

El diario de Blanca se convirtió así en un testamento de empoderamiento femenino, en una guía de resiliencia y unidad entre las mujeres de su sangre, desafiando las sombras con laluz de las decisiones propias.

El día de la muerte de mi tatarabuela después de su entierro, sucedieron eventos extraños que trajeron temor a todos, por lo cual decidieron bendecir la casa y también hacer la promesa familiar de que nunca más obligarían a ninguna niña de la familia a escoger un destino que no quisiera.

Me fascina leer y contar la historia de mi tatarabuela, porque siento que tenemos muchas cosas en común, a pesar de la diferencia de tiempo. Descubrí también que ella había sido una mujer de elegancia innata, no solo por su vestimenta, sino por la manera como que se relacionaba con los demás, fue un ejemplo en todo sentido.

Ella en su diario nos explicaba que la verdadera elegancia no residía en la riqueza material, sino en la sencillez, la bellezay la humildad.

Tenía una fortaleza y carácter único, me hubiera encantado conocerla en persona.

No estoy segura por dónde empezar a relatar su historia.

Creo que es importante contarles que antes de recibir el fatídico diagnóstico del que hablaré más adelante, mi tatarabuela había celebrado su sexagésimo cumpleaños sin saber que sería el último.

El festejo fue muy grande, reunió a sus nietos y toda la familia en la casa que amaba desde niña. Aquel lugar, que alguna vez fue una pequeña hacienda en las afueras de la ciudad de Guayaquil, ahora se alzaba como una hermosa y espaciosa residencia. Con los años, ella junto a su esposo la convirtieron en un espacio acogedor rodeado de un exuberante jardín en el que, entre hortensias, rosales y variadas flores de estación, compartían su espacio con un majestuoso árbol de mangos y otros frutales como la naranja y el limón.

El jardín era su santuario. Se dedicaba horas a cuidar cada planta, lo cual la relajaba, y los olores de la menta y la albahaca sembradas la transportaban a su niñez, recordándole los momentos con su madre.

Había también muchos árboles de Guayacán, que cuando florecían, le otorgaban una belleza única al jardín. Bajo la sombra de uno de esos árboles que ella había marcado, reposaba su amado perrito Tito, su compañero más fiel y querido.

Gracias a las páginas de su diario, pude conocer cómo fue el primer encuentro, muy dulce y tierno, con Tito, que trajo luz en esa etapa oscura en la que, en cambio, ella se encontraba a sus dieciocho años, por situaciones familiares.

“Hoy estaba paseando por el campo, me había alejado lo que más pude de casa, necesitaba respirar aire fresco. Me sentí muy cansada y me recosté en donde encontré pasto. Me entristece mucho ver la situación en la que está mi madre, solo pensaba en eso, en qué más podía hacer para ayudarla. De pronto, de unos arbustos salió un pequeño cachorro, tenía un mechón negro con blanco, y ojos negros y brillantes. ¡Parecían dos canicas! Estoy segura de que lo abandonaron porque está sucio y delgado, se me lanzó a la cara a lamerme, y jugué mucho con él, hacía meses nada me causaba tanta felicidad, así que por eso decidí traerlo conmigo a casa, lo bañé y le di comidita. A mi padre le gustó y a mis hermanas también. Ahora está durmiendo aquí conmigo con su cabecita en mi almohada mientras yo escribo”.

Tito marcó un cambio en su vida. Con sus travesuras se convirtió en su alegría, su razón y aliciente para seguir adelante. Lo amó desde el primer momento en que lo sostuvo en brazos.

Cuando Blanca dejó su hogar paterno, no se preocupó por tomar sus pertenencias, solo se llevó consigo a Tito. Él se convirtió en su fiel compañero en su nueva vida. Tito y ella compartieron dieciséis años juntos. Ese pequeño animalito presenció cada giro de su existencia.

Fue un día doloroso cuando, tras esos muchos años de complicidad, la vejez y la implacable llegada de la muerte se extendieron hacia él, como lo hace hacia todos, incluso hacia los seres humanos más queridos. A pesar de los esfuerzos de mi tatarabuela por retenerlo, llegó el día en que Tito tuvo que partir, dejando un vacío en el corazón de Blanca que ningún otro perrito pudo llenar.

Ella amó a todas sus mascotas, pero la conexión que tuvo con él fue muy especial.

Mi tatarabuela tenía la teoría de que, cuando ella muriera,todos sus perritos estarían esperándola, y el primero sería Tito.