El bosque de los relojes perdidos
En un pequeño pueblo viví un niño llamado Mateo. Aunque su vida era tranquila, siempre sentía una extraña curiosidad por un lugar cercano que nunca había explorado.
Nadie le había contado mucho sobre él, pero sabía que el bosque guardaba secretos. Un día mientras caminaba por los límites del bosque Mateo vio una luz brillante entre los árboles. Era como si alguien lo estuviera llamando, sin pensarlo se adentró en el bosque siguiendo la luz. Cuánto más avanzaba más profundo se volvía el silencio.
Después de un rato llegó a un claro dónde vio algo asombroso. Cientos de relojes flotaban en el aire suspendidos en un movimiento constante cada reloj marcaba una hora distinta pero ninguno hacía ruido sus manecillas giraban lentamente como si el tiempo fuera diferente en ese lugar
Mateo se acercó fascinado, y vio que uno de los relojes brillaba con más fuerza. Era un reloj de oro con una luz cálida que parecía invitarlo a tocarlo en el momento que lo tocó una extraña sensación lo envolvió, y escuchó una voz suave que surgía de la nada.
~Este es el reloj que marca el tiempo perdido cada reloj aquí representa una oportunidad que nunca se aprovechó un sueño que nunca se vivió.
Mateo sin saber porque sintió que debía hacer algo con ese reloj. La voz continuó
Y le decía
~llévalo contigo pero recuerda, el tiempo es un regalo no dejes que pase sin que lo vivas
De repente la luz se desvaneció y el bosque volvió a quedar en silencio Mateo abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba de nuevo en el borde del bosque con el reloj en sus manos
A partir de ese momento Mateo comprendió que el tiempo no debía ser desperdiciado