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INTRUSA

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Summary

“Pocas personas tienen el coraje para enfrentar sus problemas y dar la cara al lado más oscuro de la noche, mientras otros duermen reconfortantemente. Un sólo pétalo puede diferenciar una flor de otra, cada una, única en su clase. Hay vida en lo desprovisto y muerte en lo más común y vano. Sólo algunos han logrado ver esta diferencia para ganar lo más valioso en su vida”. -Ted Glyngade, clan Zenneth.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
13+

La noche de la Corona

AMELIA

Janet terminó de maquillarme, mientras Hannah ponía un collar de diamantes sobre mi cuello, estaba frío y rígido. Mi cara no lograba reflejar alguna emoción, no sabía que sentir en este punto.

El vestido era ajustado, de un azul celeste muy hermoso, mis doncellas habían hecho un buen trabajo al confeccionar un atuendo para esta ocasión. Respiré hondo, tratando de controlar lo que sentía y que no podía describir. Estaba casi lista para el baile, sólo faltaba la corona de oro más formal que tenía guardada en el armario. Janet la puso sobre mi cabeza y la fijó con pasadores a mi cabello, era pesada, tan pesada como la carga que llevaba desde hace cinco años, cuando mi vida cambió. 

-Luce hermosa esta noche su alteza-dijo Hannah al ver su trabajo recién terminado.

-Gracias Hannah, hicieron un gran trabajo esta vez-no despegué la mirada del espejo, mi cabello rojizo caía sobre mi espalda, las joyas hacían resaltar el color de mis ojos esmeralda.

-Es hora su alteza, todos la esperan en el gran salón-la voz de Paul, interrumpió mis pensamientos. De inmediato cambié mi postura y mis gestos, sonreí al ver a Paul por el espejo. -Esta noche no pasará desapercibida su alteza- me regaló un cumplido mientras me acercaba. Continuó con una reverencia a la cual solo pude corresponder.

Ese era el plan. Que no pasara desapercibida esta noche. La publicidad que se había hecho de mí era impresionante. En cada estandarte estaba mi rostro, en cada papel aparecía mi nombre, era como la noticia del año, lo que todos esperaban, incluso mi familia. Sin embargo, ¿qué pasaría cuando todos descubrieran que era parte de un plan mayor? Un plan que guardaba un secreto.

Paul me acompañó hasta la puerta principal de entrada al Gran Salón, podía escuchar la música tan alegre, el murmullo de los invitados, mis padres ya estaban dentro igual que mis hermanos.

Callum apareció desde el otro lado del pasillo, llevaba un traje oscuro, con toques de oro, las insignias resaltaban en su pecho, el corte alto del cuello del traje lo hacía ver más formal. En su cabeza portaba la corona de Hatthew, los diamantes azules simbolizaban a todo su reino, nuestra unión como soberanos representaba el progreso de nuestros reinos.

Paul dirigió las cámaras hasta el lugar para capturar el momento de nuestra reunión antes de entrar al baile, ambos hicimos una reverencia, nos acercamos dando dos pasos cada uno, hasta estrechar nuestras manos y dedicarnos una sonrisa. Pasamos toda la semana, ensayando este saludo para que esta noche, para que todo fuera perfecto.

Las trompetas sonaron y las puertas se abrieron de par en par.

El baile recién comenzaba, todo relucía a mi alrededor, el candelabro alumbraba y llenaba todo el espacio con luz cálida que hacía el ambiente más familiar, no obstante, sentía un gran peso sobre la espalda que me impedía llenar de aire mis pulmones. La música que nos acompañaba de fondo era perfecta para este tipo de reuniones en el palacio, hacía que todos se sintieran cómodos en el Gran Salón. Embajadores y duques internacionales habían viajado hasta Rutherd para empezar una Nueva Era.

Los músicos tocaron un poco más lenta la pieza musical mientras bajábamos las escaleras.

Entre los invitados, había varios embajadores de otros reinos del mundo. No me inquietaban las relaciones exteriores de nuestra nación, era la rutina de cada semana (visitas, periodistas, entrevistas...más papeleo por hacer), pero yo solo deseaba que este baile terminara pronto. Sentía cómo el vestido se ajustaba demasiado a mi cuerpo, me impedía respirar, sólo hacía que me doliera la cabeza.

Sabía que este era mi destino, este plan tan elaborado que yo misma propuse años antes. Sabía lo que debía de hacer, mi educación fue para esto, no podía dejar todo atrás e irme, acepté mi responsabilidad como futura reina de Rutherd y mi compromiso con el príncipe Callum de Hatthew se oficializó hace poco.

Al aparentar estar enamorados uno del otro, saludamos a las cámaras y sonreímos tomados de la mano, una farsa completa. Un plan maestro que se estaba ejecutando tras una cortina de humo. Papá dijo que serviría como distracción al pueblo mientras lograba erradicar la rebelión, lo cual me hacía dudar si realmente la boda con el príncipe Callum serviría o sería en vano.

Los bailes y las fiestas del palacio no eran mis favoritas, disfrutaba la música alegre y algunas charlas con familiares lejanos o viejos amigos, aun así, la chispa de las fiestas ya no estaba, Harriet hacía demasiada falta. Sin Harriet el palacio era más silencioso, más deprimente. Crisis tras crisis, parecía que nunca se acababa mi condena. Rutina tras rutina, problema tras problema, un ciclo vicioso que nunca terminaba. Tenía la esperanza de que esta noche fuera diferente a las anteriores, lo descubriría en poco tiempo.

En cuanto tocamos el piso firme del Gran Salón, la música paró lentamente. Las personas estaban expectantes ante lo que fuéramos a decir.

-Gracias a todos por acompañarnos esta noche, por favor que la fiesta continúe-anuncié con gentileza.

Las personas aplaudieron a nuestro alrededor, la música volvió a invadir cada centímetro del salón. Callum me atrajo hacia sí, colocó una mano en mi cintura mientras yo tomaba su mano y la otra reposaba sobre su hombro. El semblante de Callum parecía mi rescate, su paso firme y seguro, su mirada paciente y cariñosa, parecía que repartía bondad a cada paso que daba. Era la viva imagen de un buen gobernante, uno que estaba al servicio del pueblo. Aunque, en su andar se notaba sutilmente su paso de soldado, tres años estudiando milicia lo volvieron más fuerte pero, sin que su bondad fuera corrompida.

-Es un honor volver a verla su alteza-dijo Callum mientras nos movíamos en círculos en el salón.

-¿Siempre tan formal?- respondí con una sonrisa.

-Sólo si hay tantos ojos sobre nosotros-parecía que me quería decir "Relájate, lo estás haciendo bien"

Bailamos un par de canciones más, dialogamos con varios embajadores, otros nos felicitaban por nuestro compromiso. Sólo se trataba de sonreír, hacer reverencias, beber un poco de vino y dar respuestas a muchas preguntas.

Por otro lado, no pude evitar notar que cierto grupo de miembros de la élite ya portaba símbolos de la rebelión, muy bien diseñados en sus vestidos para pasar desapercibidos. Sólo era un signo más de la putrefacción de los rebeldes en nuestra sociedad, ya habían llegado demasiado lejos. Miré el cancel que daba al balcón, estaba abierto, y con este, mi oportunidad de respirar un poco, antes de seguir con el baile.

-Nos disculparían un momento, quisiera tomarme unos minutos de privacidad con el príncipe – los embajadores hicieron una reverencia y se alejaron con paso firme, hacia la multitud que estaba a nuestra espalda.

Quería alejarme un rato del gran banquete, tratar de respirar aire puro, así que entrelacé mi brazo con el de Callum mientras salíamos al balcón donde, no había invitados solo estaban los guardias del palacio, algo más de privacidad para una breve charla entre amigos o ¿futuros esposos?

El aire fresco de la noche me hacía bien, me ayudaba a pensar, a distraerme del tumulto.

- ¿Puedo tutearte? -preguntó casi en susurro.

-Desde luego, sabes que cuando estamos solos lo puedes hacer Callum-dije mientras me recargaba en el barandal del balcón mientras soltaba un gran suspiro. Era cansado estar tanto tiempo fingiendo, desgastaba cada parte de mí.

-Era para asegurarme- dijo entre risas marcando sus hoyuelos -La boda será en un par de meses, pero, esta noche me gustaría preguntar ¿cómo estás?, oí que las cosas no han ido tan bien desde mi última visita aquí.

-Ni si quiera sé cómo me siento-reí nerviosa- Con los constantes ataques rebeldes no he salido mucho de mi habitación, ni de los bunkers. La boda tal vez se retrase un poco -me paseé por el balcón, ansiosa, nerviosa, las alarmas podrían encenderse en cualquier instante, avisando que los rebeldes habían logrado entrar al palacio nuevamente. Sentía que aún no tenía el control completo sobre lo que me pasaba y que quizá jamás lo tendría, no mientras los rebeldes siguieran sueltos.

-Un pequeño retraso no afectará mucho-me guiñó el ojo- Mañana regresaré a Hatthew y volveré en dos semanas Mel, hasta entonces no te preocupes por la boda, deben mantenerse seguros tú y tu familia.

Asentí levemente.

Tan solo unas semanas antes, el heredero de Hatthew dejó de ser el soltero más codiciado de Rutherd, jamás dudé de esos rumores. Callum, mi mejor amigo, un chico alto con el cabello negro, sus facciones no eran tan definidas pero sus ojos oscuros transmitían serenidad. Su piel era muy blanca, casi tan blanca como la nieve que caía todo el año en Hatthew. Su cuerpo bien entrenado para cualquier batalla le daba la pinta de un soldado de alto rango. Es atractivo sin duda, pero, jamás lo vería como mi esposo o alguien a quien amara de una manera más profunda.

- ¿Sabes algo acerca de los rebeldes? -pregunté mientras centraba mi mirada en el vasto bosque oscuro que rodeaba el palacio.

-No mucho en realidad, sé de los rumores sobre la Intrusa. Según mi padre si logran matarla ya no habrá más revueltas, siendo la líder de los insurrectos no tendrán a quien seguir. Además, los equipos de investigación avanzada no han logrado ubicarlos, tampoco sabemos de dónde sacan las armas o cómo fue que se expandieron tanto en tan poco tiempo. Nadie les ha visto el rostro, no hay descripciones de las personas que atacan lo pueblos, sólo sabemos los hechos, las migajas que dejan a su paso.

Solté un suspiro profundo, cerré los ojos y me llevé una mano al puente de la nariz. Cada estrategia para atrapar a los rebeldes había fracasado rotundamente, siempre estaban cinco pasos delante de nosotros, saben cómo se mueve la Corona, conocen cada centímetro del reino como la palma de su mano. No hay rastros que nos indiquen a dónde se mueven, qué harán después de cada ataque, me sentía atada, como si tuviera que ver la destrucción de mi nación en primera fila. La Intrusa estaba acabando con todo, cinco años atrás había hecho temblar a la Corona, es como si estuviéramos siguiendo una clase de juego.

- Conozco ese gesto, ¿qué pasa Amelia? -preguntó Callum mientras entrelazaba su mano con la mía, abrí los ojos. Estaba preocupado, últimamente todos lo estábamos.

-No es nada, sólo preguntas que formulo en mi mente, todo se ha salido de control los últimos días, no creo que nuestra boda pueda desviar la atención, incluso puede atraer más espectadores a todo este asunto. No lo sé, son muchas cosas en las que pensar y muy poco tiempo para actuar. La Intrusa está ganado terreno de manera inexplicable y no tenemos ni una pista de quién sea ella- solté sin más.

-Tranquila, sólo hay que estar un paso después que ellos, descubrir qué es lo que traman verdaderamente, cuál es su plan. Nuestra boda será una gran distracción para el pueblo, por ahora hay que seguir tratando de ubicar a los rebeldes. No importa cómo, lo lograremos-dijo tratando de tranquilizarme mientras apretaba sus manos con las mías.

-Quisiera que mi hermana estuviera aquí, ella sabría qué hacer, tendría un mejor plan. Callum, ella era perfecta para gobernar Rutherd-dije triste, bajando la mirada por completo. Callum me rodeó con sus brazos.

-También eres y serás una excelente gobernante Mel, debes confiar más en ti- susurró en mi oído.

-Disculpen interrumpirlos, pero, los duques de Sanfordem preguntan por ustedes, quieren felicitarlos por su compromiso- la voz serena de mi padre hizo que me sobresaltara, inmediatamente corregimos nuestra postura y nos separamos.

-Ahora vamos-respondí sonriendo. Papá me sonrió desde lejos y volvió con mamá al centro del banquete

El Gran Rey de Rutherd, mi padre, había evitado una guerra a un costo muy alto. Mi padre no mostraba emociones, parecía ser frío y calculador, pero, como padre, es totalmente diferente. Es generoso y muy protector con todo el mundo, a pesar de sus errores, es un gran rey, pero, esta rebelión lo estaba acabando poco a poco. Su andar era más lento, su rostro reflejaba algo de angustia, las canas empezaban a salir en su barba y en su cabello, había perdido mucha fuerza desde el deceso de Harriet. La corona sobre su cabeza parecía pesarle más que en otras ocasiones.

-Creo que el público nos espera-dijo Callum ofreciendo su mano para que yo la tomara. Parpadeé un par de veces para interrumpir mis pensamientos, entrelacé nuestras manos para volver al banquete.

Por suerte la celebración no se alargó por mucho tiempo, la mayoría de los invitados sólo nos preguntaban acerca de la boda, sobre cómo nos conocimos, nos felicitaban y nos deseaban lo mejor en los siguientes años de gobierno. Ahora creo que Callum tenía razón, nuestra boda sería una buena distracción sobre todo para las pocas familias más ricas del reino, pero, ¿qué pasaba con las demás personas?, la mayoría del pueblo no vivía en lujos, siempre vivieron bien acomodadas. Me preocupaba más el pueblo, nuestros súbditos no querían ver preferencias por las familias ricas, querían soluciones a sus problemas, la primera clase de mi padre para reinar fue esa, buscar solución a cualquier problema. En los próximos meses todo un pueblo dependería de mí y yo no pensaba fallarles.

Bailé con Callum casi todo el tiempo, para ambos era agotador, fingir algo que no somos, siempre sonriendo ante el pueblo, los duques y el Gran Consejo. Me sentí como una pequeña hormiga entre todos los presentes, con una carga demasiado pesada en su espalda. Los concejales habían sido invitados de igual forma. De toda la cámara sólo me agradaba un hombre, el señor Fergus, la mayoría de las veces hacía de conciliador entre la Corona y el Gran Consejo. Los demás concejales eran hombres robustos que buscaban subir precios del mercado, generar nuevas guerras o estar en contra de las propuestas de papá. Las mujeres concejales casi siempre daban su voto a favor del pueblo, trabajaban arduamente con mi madre para enviar materia prima a los pueblos de la capital. Últimamente el Consejo no dejaba de felicitarme por mi compromiso, siempre sacaban el tema de la boda cuando estaba con papá en las juntas o simplemente me asaltaban con preguntas sobre los rebeldes, a las cuales no tenía muchas respuestas concretas, sólo un “estamos haciendo todo para mejorar nuestra nación”.

Paseé mi mirada varias veces por el salón entero, no veía a mis hermanos menores Neil, Ava y Leo por ningún lado, seguramente estarían en la cocina robando algún canapé o haciendo alguna travesura por el palacio. Mis hermanos trillizos y pelirrojos como yo, el color de nuestro cabello lo heredamos de mi madre. En cambio Harriet había nacido con el cabello negro como mi padre, pero con los ojos verdes mamá. Los trillizos daban la alegría que este palacio necesitaba y más aún con lo que sucedió hace cinco años durante el primer ataque de los rebeldes al palacio.

El banquete terminó a la medianoche, después de despedir a cada invitado, ver que el último coche se retiraba y que la puerta real se cerrara, subí las escaleras hasta mi habitación. El vestido seguía estando demasiado ajustado a mi parecer, toda la noche estuve conteniendo la respiración, fue muy agotador. En cada pasillo para llegar a la mi habitación había guardias portando un arma en caso de otro ataque rebelde, extrañaba ver esos pasillos vacíos, sentirme tranquila en mi hogar. Giré la cerradura de la puerta y entré a la amplia habitación de intrincadas molduras.

Tenía tanto en qué pensar, mi vida se volvió más complicada de lo que imaginé en los últimos días. Papá me delegó más tareas, tenía que estar estudiando sobre el reino, preparar la boda, entre otras cosas. Todo eso mientras los rebeldes entran al castillo y atacabn sin piedad a los guardias dejándolos malheridos. Desde que asesinaron a Harriet, papá triplicó la seguridad, los guardias en cada pasillo, cámaras de seguridad por todo el palacio, sensores de movimiento y presión, sin embargo, no eran suficientes para detener a los insurrectos. ¡Cuánto odiaba esta situación!

Al poner un pie dentro de mi habitación sentí el cansancio apoderarse de todo mi cuerpo, de cada músculo. Mis doncellas aparecieron de inmediato, aún no sabía cómo es que seguían despiertas tan tarde, siempre listas para ayudarme.

-Alteza-saludaron con una reverencia.

-Preparen la tina me daré un baño, algo relajante para que pueda dormir.

Janet y Hannah son mis doncellas desde que tengo memoria, me ayudan en todo lo que hago, además que algunas noches puedo desahogarme con ellas, sé que no le contarán nada a nadie. Ambas habían dejado a su familia para trabajar en el palacio, aún eran jóvenes y no estaban casadas, siempre portaban su uniforme y me atendían con gran amabilidad. Eran como mis amigas dentro del palacio.

-Como ordene su alteza-respondió Janet.

Hannah desató el corsé y me quitó el vestido, me vi por un momento en el espejo, tal vez estaba algo pálida, sin duda necesitaba descansar más. Me puse una bata de una tela más fina que la seda y entré al baño. Como era costumbre Janet y Hannah esperaron a fuera a que saliera del baño, con la cama lista para dormir. Las burbujas estaban por toda la tina, la temperatura del agua era perfecta para relajarme, me sumergí lentamente dentro, mientras más cosas llegaban a mi cabeza.

Mis pensamientos se desviaron a mi hermana mayor, Harriet. Nuestra infancia fue hermosa y a la vez hilarante. Mientras que Callum me visitaba a mí en los veranos, Harriet estaba estudiando sobre el reino con papá o tocaba el arpa para mi madre, no recuerdo con claridad si alguna vez visitó Niepze o Hatthew con papá, pero sé que conoció al Heredero de Niepze, el príncipe Evan, de quien no tengo muchos recuerdos. Cuando empezaron las clases formales de Harriet, Evan no la visitaba tan frecuentemente. En realidad, ella ascendería al trono, la soberana más querida por el pueblo de Rutherd, si tan solo esa fiesta de compromiso nunca se hubiera hecho, tal vez mi hermana seguiría viva.

Tras su secuestro, papá pasó meses buscándola por todo el reino, pedimos el apoyo del pueblo para encontrarla, se pusieron todos los recursos en su búsqueda. Papá siempre estaba ocupado en eso y mamá mantenía la esperanza. Todo eso terminó cuando un guardia encontró su cuerpo en el bosque. El reporte forense indicaba que la habrían torturado y después la asesinaron. Esta era la oportunidad perfecta, vengaría a mi hermana y cazaría a cada uno de los rebeldes. Sería yo quien pondría fin a las redadas y establecería la paz. Tendría un aliado en la jugada, Hatthew, una región cercana a Rutherd donde nació Callum, en el norte. Pero no lograría nada sola, necesitaba comenzar a investigar más sobre los rebeldes, papá no podrá interponerse a eso. Después de un rato salí de la tina, me puse mi ropa de dormir, cepillé mi cabello y salí del baño.

-¿Necesita algo más su alteza?-preguntó Hannah al verme.

-No gracias chicas. Nos vemos mañana temprano, descansen buenas noches. -dije mientras sonreía al verlas.

-Buenas noches princesa Amelia-hicieron una última reverencia y salieron de la habitación.

Otra noche más en la que conciliaba el sueño, por más que lo intentara, las imágenes de los pueblos destruidos estaban en mi mente, cada ataque rebelde venía a mí, podía escuchar la alarma resonando dentro de mi cabeza. En cualquier momento podría entrar un guardia o mis doncellas para decirme que huyera, no podía dejar que el miedo se apoderara de mí, no ahora que Harriet ya no estaba, no ahora que estoy tan cerca del trono, no ahora soy vulnerable ante el pueblo.



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