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...LO ARRUINASTE RAN...
Eras la amada esposa de Ran. Su matrimonio estaba próximo a cumplir cinco años, pero llevaban prácticamente toda la vida conociéndose. Incluso mantenías una relación cordial con su hermano menor, Rindou. Tu vida estaba rodeada de lujos, viajes y regalos; la sociedad te veía como una “esposa trofeo”.
Sabías perfectamente a lo que se dedicaba tu esposo. Ran era un alto mando ejecutivo de Bonten, involucrado en múltiples negocios, incluidos clubes nocturnos. A pesar de la naturaleza de su trabajo, confiabas plenamente en él. De hecho, solía invitarte a sus reuniones de negocios o a los clubes, asegurándote siempre un lugar en su vida.
Un día, comenzaste a sentirte mal: náuseas constantes y un malestar que no cesaba te
llevaron de urgencia al médico. Ran no estaba en casa, ocupado en una de sus “misiones”. La noticia fue inesperada, pero te llenó de felicidad.
—¡Felicidades! Estás embarazada de ocho semanas —dijo el doctor con una sonrisa.
Estabas eufórica. Habían estado intentando formar una familia, y ahora que finalmente lo habían logrado, no podías esperar para sorprender a Ran con la noticia. Con los resultados en la mano, regresaste a casa emocionada, pero al llegar, una escena desconcertante te detuvo en seco.
El auto de Ran estaba estacionado afuera, pero algo estaba mal. Al entrar, notaste ropa femenina tirada en el suelo. Una sensación de náusea te recorrió, pero esta vez no tenía nada que ver con tu embarazo.
Inconscientemente llevaste una mano a tu vientre, como si quisieras proteger al pequeño ser que crecía dentro de ti.
Mientras avanzabas por el pasillo hacia la habitación que compartías con Ran, los sonidos se hicieron claros: gemidos femeninos que se intensificaban con cada paso. Tu cuerpo temblaba; tu corazón y tu mente peleaban. Querías huir, pero tus pies se movían hacia adelante.
Frente a la puerta, respiraste profundamente. Tus manos se aferraron al jarrón decorativo del pasillo, lleno de flores frescas. Sabías que lo que estabas a punto de hacer no tendría vuelta atrás, pero algo dentro de ti clamaba justicia.
Con un movimiento brusco, abriste la puerta. La escena frente a tus ojos fue devastadora: Ran estaba en la cama con otra mujer, ambos completamente ajenos a tu presencia. Sin dudarlo, arrojaste el agua del jarrón sobre ellos. Los gritos de la mujer resonaron al sentir el agua helada, mientras tú lanzabas el jarrón al suelo, haciéndolo añicos.
Ran, aún aturdido, se incorporó rápidamente. Tomó su camisa con prisa, pero no podía ocultar su culpa. La mujer, buscando su ropa, trató de escabullirse.
—¡No te acerques, Ran! —gritaste con furia.
El intentó acercarse, pero tu ira era implacable. Dirigiste tu atención a la mujer, la tomaste del cabello y, sin importarte su estado, la arrastraste fuera de la habitación y por el pasillo.
—¡La próxima vez que te acerques a él, te mato! —gritaste mientras la arrojabas fuera de la casa, desnuda. Cerraste la puerta con fuerza, tratando de contener las lágrimas.
Ran te miraba, paralizado. Su rostro reflejaba vergüenza y arrepentimiento, pero también desesperación.
—No es lo que parece... —comenzó a decir con voz rota.
—¡No me toques, Ran! —lo interrumpiste. La furia en tu voz era palpable—. ¡Aquí! ¡En mi casa, en mi cama! Ran intentó explicarse, pero cada palabra suya solo alimentaba tu dolor.
Subiste las escaleras ignorándolo, el olor a perfume barato impregnaba el cuarto.
Abriste el armario, sacaste una maleta y comenzaste a empacar.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó con nerviosismo, siguiéndote.
—A un hotel. No voy a quedarme ni un minuto más en este lugar.
Ran intentó detenerte, incluso tomó tu brazo, pero lo apartaste con brusquedad.
—¡No puedes irte! ¡Por favor, escúchame! —su voz temblaba, reflejando su desesperación. Lo miraste con los ojos llenos de lágrimas.
—¡¿Qué voy a escucharte, Ran?! ¡¿Cómo la trajiste a nuestra cama?!
Mientras guardabas tu ropa, te acercaste a la caja fuerte. Sacaste varios fajos de billetes y los colocaste en la maleta. Ran observaba impotente, sintiéndose cada vez más hundido.
Cuando intentó sujetarte nuevamente, tu respuesta fue contundente: le propinaste una bofetada que resonó en la habitación.
—¡Cinco años, Ran! ¡Cinco malditos años para que lo arruines todo por un maldito acostón!
Las lágrimas brotaron de tus ojos.Habías dado todo por él, y ahora sentías que todo había sido en vano.
Quitaste tu anillo de bodas, aquel símbolo de unión y amor eterno. Con un movimiento brusco, lo arrojaste hacia él.
—Deberías darte asco, Ran.
Y sin mirar atrás, tomaste tu maleta y te marchaste, dejando atrás no solo una casa, sino una vida que ya no reconocías como tuya.
Ran permanecía inmóvil tras recibir la bofetada. Observó cómo te quitabas el anillo y se lo arrojabas con una fuerza que no solo era física, sino emocional. Dio un paso atrás mientras el objeto caía en su mano, consciente del significado que cargaba. Sentía que todo se desmoronaba frente a él.
—¿Vas a dejarnos? ¿Vas a terminar con todo lo que hemos construido juntos? —preguntó con un hilo de voz, mirando el anillo como si este pudiera darle las respuestas que buscaba.
Tu respuesta fue firme, aunque cada palabra llevaba consigo un peso emocional enorme.
—Sí. Voy a dejar todo: los lujos, el dinero, los viajes... y a ti también.
Tus lágrimas continuaban cayendo, pero ya no eran solo de tristeza. El enojo y la ira ardían en tu interior, mezclándose con el dolor que sentías.
Ran recibió tus palabras como si fueran dagas. Su cuerpo temblaba ante la cruda verdad.Había arruinado todo. En su mente, se daba cuenta del motivo de sus actos: el aburrimiento,la tentación, una debilidad imperdonable. Pero saberlo no hacía más fácil el golpe de la realidad.
—Por favor... no me dejes —suplicó, su voz rota y llena de desesperación.
Ignoraste sus palabras y, con la maleta en la mano, comenzaste a caminar por el frío pasillo de la mansión. Cada paso era una lucha interna por mantenerte firme.
Mientras descendías las escaleras, llevaste una mano a tu vientre, buscando consuelo en el pequeño ser que ahora era tu única fuente de esperanza.
—Tranquilo... todo estará bien- murmuraste en un intento por calmarte,ignorando las súplicas de tu esposo, o mejor dicho, tu exesposo.
Ran, consumido por la desesperación, sintió que el suelo bajo sus pies desaparecía. No podía perderte, no podía dejar que te fueras. Te siguió hasta el pie de las escaleras y, en un último intento por detenerte, tomó tu brazo. Su agarre era fuerte, desesperado, como si su vida dependiera de ello.
—Por favor... por favor, no te vayas... —rogó con voz temblorosa, luchando por no
derrumbarse.
—¡Ran, me estás lastimando! ¡Suéltame! —gritaste, jalando tu brazo para liberarte.
Pero cuanto más lo intentabas, más fuerte se volvía su agarre.
Ran parecía no escuchar. Su mente estaba nublada por la desesperación, y su agarre reflejaba su miedo a perderte para siempre.
—No te dejaré ir... no puedo perderte... —su voz se quebró mientras sus ojos se llenaban de lágrimas contenidas.
—¡Ran, suéltame! —gritaste nuevamente, sintiendo cómo el dolor en tu brazo aumentaba.
Tiraste con todas tus fuerzas, pero él seguía aferrándose a ti, cegado por su propio miedo.
Cada quejido y llanto que salía de tus labios parecía atravesarlo, pero no lograba detenerlo.
—¡No voy a dejarte! ¡No voy a permitirlo! —exclamó, su voz llena de desesperación y un miedo palpable.
Finalmente, lograste soltar tu brazo de su agarre con un tirón desesperado. Lo miraste, tu expresión reflejando el dolor, el enojo y la decepción que te consumían.
—Ran... lo arruinaste todo.
Con esa última frase, cargaste tu maleta y te dirigiste hacia la puerta. Ran no pudo moverse.
La impotencia lo inmovilizó, y solo pudo observar cómo salías de su vida,llevándote no solo tu amor, sino también todo lo que había significado algo para él.
Hola nenes y nenas déjame dejar unas cuantas aclaraciones
• El inicio de la historia no es mío, sólo me ayudo a darle un inicio a esta historia
•Soy nueva escribiendo, tengo unas cuantas historias por hay guardadas y créanme que al fin tuve valor para poder subir una de las muchas
•Pido con mucho cariño que por favor apoyen mis historias, di quieren dejar comentarios con gusto las estaré leyendo, si piden una historia no dudare en dárselas
Y eso seria todo muchas gracias y hasta aqui mi reporte KIM