Bonhomía

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Summary

Ese ha de ser el dolor del ser humano

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

"El Silencio de Dios"

1518... okàn tó sùn.

Jamás creí que aquellos ojos miel que irradiaban felicidad cada vez que se me acercaban, me miraran de forma penetrante, sin vida, de un color blanco mientras que de su nuca la sangre caliente y espesa se esparcía descontroladamente en el piso.

Antes de morir, mi madre me encerró junto a mi hermana de 7 meses en aquella choza, prometiéndome que iría a buscar a mi padre y volveríamos a ser una familia.

Todo va a salir bien — pero, en lo único que acertó fue en lo que más le costó decir — Vive.

Solo me asomé a la ventana, sin perderla de vista, en medio del revuelo. Y ocurrió. Escuché un disparo seco y la vi desplomarse. Los españoles estaban decididos. Nos eliminarían como las ratas.

Fueron los segundos más largos de toda mi vida. ¿Tan malos somos? ¿Qué les hemos hecho? Estaba contra la espada y la pared. ¿Acaso… debería esperar a que la muerte tocara mi puerta y dejar que drenen este pobre mundo, o correr a través de la desgracia y lograr eludirla descaradamente? Levanté a mi hermana y corrí a esconderla.

Mi padre era el carpintero. Fue el primero. No debí dejar que mamá saliera, pero cuando vi su rostro... Supe que ella también lo sabía. ¿Tanto nos aferramos a no estar cerca de la soledad?

Me escondí en la carretilla de madera con mi hermana en brazos y nos tapé con una sábana. Lo único que tenía en mente era el sol; todos los días, cuando el cielo se torna anaranjado, entra el mismo español y se lleva la madera. No pasó ni una hora cuando sentí cómo los gritos se intensificaban afuera, el horror de escuchar a un niño llorar por sus padres, o a una madre gritar ahogada una y otra vez...

¿DÓNDE ESTÁ ORIXA? — Junto al cuerpo de su madre.

Orixá era nuestro espíritu de salvación, pero con la llegada de los españoles, me atrajo más la idea del llamado “Dios”, omnipotente creador de todo lo que nos rodea, que nos observa desde más arriba de las nubes. Dicen que es capaz de salvar cualquier alma, ser un refugio donde podemos pedir perdón por todos los errores. ¿Podrá perdonarme a mí?

Me había atraído tanto su descripción que me convertí en su mayor creyente. Rezaba todas las noches, con lágrimas en los huesos, del cansancio, implorando su perdón por ser, como nos dicen los españoles, un “animal”. Sin previo aviso, escuché cómo la puerta era pateada de forma brusca. Sentí cómo mis piernas dejaban de funcionar por los nervios, mientras la adrenalina recorría mi cuerpo. No... me había orinado.

Era aquel español, que repetía una y otra vez la misma oración, como una plegaria.

- ¿Dónde estáis perra? Ya llegó tu salvador. Te juré que volvería y te mataría a ti y a tus inmundos crios.

¿Realmente no vio su cuerpo a dos metros de la casa? No. Ese hombre estaba cegado por otra cosa y al ver que nadie respondía desató su furia contra todo, tiraba y maldecía los objetos inanimados como si esperara un quejido por parte de ellos.

Justo cuando creí que las cosas no podrían empeorar, ella comenzó a llorar. Amaba a mi hermana y que sus ojos me viesen balbucear de la rabia, no quería... El papel de la muerte, ¿Me vas a salvar?, intente calmarla, creanme, le tapé la boca de forma delicada para que se detuviera, pero intensificó su llanto

La asfixie.

Todo había pasado tan rápido que no me había percatado de que aquel hombre se había ido. Salí de aquel hueco, la arropé en su cuna y la vi, la vi. Solo se durmió.

Salí por la parte de atrás y, sigilosamente, me escabullí por todo el pueblo para poder llegar al bosque. No era la única; más de uno corrió a mi lado. Lastimosamente, cada uno se detenía horrorizado al sentir una punzada en su pecho, dirigiendo su mirada a su vientre y contemplando cómo, poco a poco, la sangre era expulsada de su interior. Mis lágrimas aumentaron a tal punto que no podía ver con claridad. El bosque: todo era oscuridad; las ramas y las hojas impedían el paso y la luz, pero yo solo corría. Vamos es tu momento, resguárdame.

Uno de los muchos que huían casi a mi paso me miró… Su mirada me partió el corazón; sus ojos marrones oscuros percibían una luz, un pequeño fragmento que cada vez se apagaba, pidiendo a gritos ayuda. Pero cuando sintió una bala rozar su pierna, su luz se apagó de repente, como una vela en un viento feroz que arrastra y destruye todo a su paso. Se detuvo, y una lágrima se asomó. Sabía que me diría algo importante, pero… otra le llego al cráneo, logrando que sus palabras solo las conociera el viento.

Me detuve unos momentos para calmarme, fui muy lenta, sentí una mano agarro mi cuello de forma brusca para luego agarrar mi cabello y arrastrarme de regreso al pueblo.

Ese sujeto, de barba tan grande como la de un oso y ojos color azul que lo diferenciaban, demostraba poder en sus gestos y movimientos. Se arrodilló frente a todos, decidido a disparar. Mi único movimiento fue cerrar los ojos y orar.

Dios… ¿Nunca será tu momento, verdad? do lo hermoso que creaste, nunca fue nuestro. ¿Por qué nunca me advertiste que este era el infierno?. Te necesito. ¡Ayúdame! No te veo, no te escucho, ¿Dónde estás? Después de unos segundos de espera, todo seguía igual, lo único diferente que percibí fue la voz masculina dirigida hacia mí en forma de reclamo…

—¿Qué crees que haces?

—Esperando.

—¿Qué? ¿Un milagro?

—Es maravilloso escucharlo, pero es lo único que obtendré de él: un vacío.

—Te aferras a algo que nunca comprenderás.

—¿Eso es lo que me hace diferente a ti? Mi familia murió, mi pueblo fue destruido, mi raza fue humillada... y tú solo te resguardas en saber que, si está a tu lado, realmente nadie puede soportar ese sosiego.

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