Sólo un Poco Malvado – HYUNIN

Summary

Está seguro de que nunca se enamorará de un hombre... Cuando llueve, diluvia. Después de perder su prestigioso trabajo, Hyunjin descubre que su novia lo engañó. Enojado y herido, está decidido a encontrar a su amante y enseñarle una lección. Cuando descubre que su amante es bisexual, simplemente lo enoja más. Criado por una familia extremadamente homofóbica, Hyunjin está convencido de que es hetero y no siente nada más que desprecio por las personas que no lo son. Pero a veces el desprecio y la ira pueden convertirse en obsesión, y luego en algo completamente diferente, algo que Hyunjin siempre ha considerado enfermo e incorrecto. Está seguro de que nunca se enamorará de un matón homofóbico... Jeongin es un exitoso modelo coreano que siempre detestó a los matones. Cuando un hombre aparece en su puerta acusándolo de dormir con su novia, Jeongin no está interesado en convertirse en una bolsa de boxeo. Sin embargo, provocar a un homofóbico no es probablemente la mejor idea... ni la más segura. Pero, de nuevo, Jeongin nunca ha sido bueno jugando a lo seguro. ADAPTACIÓN!

Genre
Erotica/Romance
Author
Milu
Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Había un condón usado en el piso cerca de la cama.


Esto no sería particularmente digno  de  mención  si  no  fuera por el hecho  de  que  Hyunjin  había  estado  ausente  varias  semanas  y el preservativo definitivamente no le pertenecía.


Hyunjin miró fijamente al condón, sintiendo la bilis subir hasta su garganta. Su mirada se desplazó hacia la imagen de la mesita de noche, una foto de un día en el parque. Él y Yuri parecían tan felices, su pequeño cuerpo parecía diminuto en sus brazos mientras la abrazaba por detrás.


Volvió a mirar el condón y se sintió mal del estómago.


Tras de él, Yuri seguía parloteando distraídamente, diciendo lo feliz que estaba de que hubiera regresado a casa, de Suiza, antes de lo planeado.


Hyunjin siempre se había enorgullecido de nunca golpear una mujer. Era un tipo alto, con un trabajo peligroso, un temperamento excitable y puños a juego, pero nunca había golpeado a una mujer.


Nunca había estado tan tentado en su vida.


Y había pensado que esta semana no podría empeorar. Aparentemente no era suficiente  que  hubiera perdido su trabajo y la confianza del hombre al que había considerado un amigo. Descubrir que su novia había traído a otro hombre a su propia casa para follar, y engañarlo en su propia cama, no era otra cosa que la cereza arriba de todo ello.


— ¿Quién es? —Se oyó decir Hyunjin, con la voz llana. El parloteo constante de Yuri finalmente se detuvo.


— ¿Qué?


Hyunjin se dio la vuelta y apuntó con el dedo hacia el condón. — ¿Quién es el hijo de perra con el que me estás engañando?


Los enormes ojos de Yuri se ensancharon. Sus labios temblaban. —Hyunjin, no es lo que...


— ¿No es lo que parece? —Gruñó Hyunjin—. ¿Estás jodiendo conmigo, Yuri?


Ella se estremeció, alejándose de él.


—No sé de qué estás hablando —dijo ella con voz llena de confusión.


No era una mala mentirosa. Demasiado malo para ella que Hyunjin fuera un ex agente federal y reconocía a la gente que mentía para ganarse la vida. Solía ser uno de ellos.


— ¿Quién es? —preguntó.


No sabía por qué de repente era tan importante. No, sabía por qué: él no creía que fuera capaz de golpear a una mujer, ni siquiera ahora, sin importar cuan mentirosa y puta engañadora fuera. Con un hombre sería un asunto diferente. El cuerpo de Hyunjin picaba por una pelea, había estado ansioso por encontrar una salida para su frustración y rabia reprimida desde que Chris lo había despedido de su cargo de jefe de seguridad. Si Hyunjin era honesto consigo mismo, necesitaba encontrar una salida para su ira desde que ese  joven coreano, Lee Yongbok, había conseguido tener al jefe de Hyunjin envuelto en su dedo meñique.


Hasta el día de hoy, desconcertaba y disgustaba a Hyunjin cómo el pequeño chupapollas habría logrado engañar a un hombre como Chris. Hyunjin nunca había pensado que Chris fuera gay. Todavía estaba convencido de que Chris no lo era. Todo era culpa de Lee Yongbok: el mocoso tenía los labios más obscenos que jamás había visto. Incluso Hyunjin, un hombre completamente recto, no pudo evitar mirar un poco.


— ¿Quién es? —preguntó Hyunjin. Le  dolía el pecho más de  lo que le hubiera gustado admitir. Yuri había sido su novia oficial por dos años. Era inteligente, divertida y hermosa. La había querido genuinamente, a veces incluso pensaba que la amaba. Habían tenido algo bueno entre ellos. O eso había pensado. Al parecer, Yuri era de una opinión diferente si había caído en la polla de otro hombre en las pocas semanas que había estado fuera.


No es que pensara que su relación fuera perfecta. Se peleaban bastante a menudo, principalmente debido a sus viajes de trabajo por todo el mundo.  El sexo no había sido perfecto tampoco, pero de nuevo, nunca lo fue. Hyunjin siempre se sintió vagamente insatisfecho y desinteresado durante el sexo, sin importar a la mujer que se follara.


Hyunjin estaba acostumbrado a ello, considerándolo como “su bajo deseo sexual”. En realidad estaba muy orgulloso de que nunca dejara que su polla dominara su cabeza, como lo hacían muchos otros hombres.


— ¿Importa? —preguntó Yuri, trabando la mandíbula obstinadamente. Sus ojos brillaban. Ya no parecía asustada y culpable; ahora parecía molesta y defensiva—. ¿Por qué estás sorprendido? ¡Nunca estás en casa! ¿Se supone que debo ser una monja mientras viajas por todo el mundo, follando mujeres en Inglaterra y Corea?


—Nunca te he engañado —dijo, ignorando su incredulidad.


Ella nunca le creyó—. Te pregunto por última vez, ¿Quién es él?


Yuri apretó los labios. —No te lo diré. Le harías daño.


El hecho de que ella protegiera al hijo de puta era un golpe adicional.


—Eso es jodidamente cierto, lo haré —dijo—. Ahora junta tu mierda y sal de mi casa.


Yuri se congeló. —No puedes hacer esto —dijo—. ¡No puedes echarme! ¡No tengo a dónde ir en Moscú!


—Deberías haber pensado eso antes de echarte encima de la polla de otro hombre —dijo Hyunjin en voz calma.


Yuri se sonrojó.


— ¿Tienes que ser tan vulgar? —Hyunjin soltó una risita.


—Sólo estoy llamando “espada” a una “espada”. O, en este caso, “puta” a una “puta”.


Volviéndose de un rojo brillante, ella lo fulminó con la mirada.


— ¿Sabes qué? ¡Sí, te engañé y disfruté  cada  segundo!  ¡Era mucho mejor que tú! ¡Fue el mejor  que  he  tenido!  Le dije  lo patético y egoísta que eras en la cama y nos reímos juntos…


—Fuera —Hyunjin dijo entre dientes—. Voy a  salir  ahora  y  es mejor que te hayas ido para cuando regrese—Con los puños apretados, salió luego de espetar por sobre su hombro—.  Deja tu llave en el escritorio de seguridad.


Afuera, golpeó la pared y apoyó su frente contra ella, respirando con dificultad y tratando de controlar su temperamento. No iba a responder a la provocación. No iba a golpear a una mujer. Él no era así, maldita  sea.  Aunque necesitaba como al aire una salida para el dolor, y la rabia que palpitaba bajo su piel, su objetivo no iba a ser una mujer débil. Yuri no era la única que lo había humillado. Ella había tenido un cómplice.


Hyunjin levantó la cabeza, con la mandíbula en una línea determinada.


No necesitaba a Yuri para decirle el nombre de su amante. Podía descubrirlo por sí mismo. Había video vigilancia en el edificio. La última década como jefe de seguridad de uno de los oligarcas más despiadados e influyentes de Asia le había dado muchas conexiones útiles. Al final del día, tendría el nombre y la dirección del mierda que había hecho un tonto de él.


El hijo de puta iba a pagar.


* * *


Le tomó menos tiempo de lo que esperaba encontrar la información que quería.  Lo  que descubrió  lo  molestaba  aún  más. El hombre con el que Yuri lo había engañado era coreano.


Hyunjin sabía que era irracional disgustarse con una nación entera a causa de una sola persona, pero después del fiasco de Lee Yongbok había desarrollado una fuerte aversión a cualquier cosa coreana. Se preguntó si sería una broma cósmica que un coreano hubiera arruinado su vida profesional y otro coreano hubiera arruinado su vida personal. Bueno, Lee Yongbok estaba fuera de su alcance, pero Yang Jeongin no lo estaba.


Hyunjin llamó a la puerta de la habitación de hotel, su cuerpo vibrando por la  tensión  y  la  agitación.  Mientras  esperaba,  pensó en lo que sabía del hombre. Yang Jeongin tenía veinticinco años, siete años menos que  él, y era un  modelo  exitoso  que  vivía en Seúl. Un puto modelo. Hyunjin todavía no podía creer que Yuri lo había engañado con  un  modelo.  Ella  normalmente volvía  la nariz hacia arriba, diciendo que no le gustaban los  hombres que eran más bonitos o más delgados que ella.


La puerta se abrió.


Yang Jeongin no era particularmente delgado, pero era indudablemente bonito.


Era alto, casi  tan alto  como el propio  Hyunjin, aunque  era atlético y delgado, mientras que Hyunjin era más tonificado y firme. Los hombros de Yang estaban cubiertos con  algunos  músculos decentes, pero el ojo  entrenado de Hyunjin rápidamente evaluó que el otro hombre no era rival para él. También era el polo opuesto de Hyunjin, en lo que se podía ver.


Hyunjin no tenía baja autoestima. A las mujeres les  gustaba. Aunque no tenía una estereotipada  apariencia rusa ya que tenía ancestros asiáticos que le daban su aspecto, sus ojos negros rasgados, mandíbula angulosa y cabello negro rapado. Sabía que se veía muy bien. De todos modos, no se suponía que un hombre fuera hermoso. Francamente, hombres hermosos con rasgos refinados siempre hacían que Hyunjin se sintiera incómodo por algún motivo.


Este tipo... era uno de esos.


El cabello rubio y ondulado de Jeongin era un poco demasiado largo y estaba casualmente peinado hacia atrás, enmarcando un rostro fuerte y hermoso con pómulos altos, cincelados y rosados. Grandes ojos oscuros miraban a Hyunjin con una expresión inquisitiva. ¿El tipo llevaba delineador de ojos? Sus ojos eran demasiado bonitos para que fueran naturales.


Los generosos labios de Jeongin estaban fruncidos, su color rojo contrastaba con la pálida y perfecta tez del hombre. El idiota era precioso, Hyunjin le daría eso. De alguna manera, conseguía lucir bello sin parecer afeminado.


— ¿Puedo ayudarte, amigo? —dijo Jeongin. Su voz era profunda, su expresión un poco somnolienta, como si hubiera estado tomando una siesta.


Su acento marcado rayó los nervios de Hyunjin, provocándole una nueva oleada de ira. Este hombre había estado dentro de su novia. Había follado a la mujer de Hyunjin en la propia casa de Hyunjin, en  la propia cama de Hyunjin. Había fotografías de Hyunjin y Yuri por todas partes; no había manera  de  que  el  tipo no  hubiera  sabido  que Yuri estaba tomada.


—Sabes quién soy, así que corta la mierda.


Reconocimiento se apoderó del rostro del chico. Jeongin se echó hacia atrás, cautela y  un  toque  de  incomodidad apareciendo en sus ojos.


—Eres el novio de Yuri. Hyunjin, ¿verdad?


—Encantado de conocerte —Hyunjin dijo, avanzando sobre él.


—Mira, no sabía que Yuri tuviera novio —dijo Jeongin rápidamente—. Sólo vi tus fotos después —Le dio una media sonrisa torcida, torpe—. Ella no me dejó exactamente husmear alrededor cuando llegamos a su piso…


En un movimiento rápido, Hyunjin empujó al idiota contra la pared.


— ¿Esto es jodidamente divertido para ti, maldita mierda? ¿Fue divertido para ti joder la relación de otro hombre?


Jeongin alzó ligeramente las cejas.


—Estoy diciendo la verdad: no  lo  sabía.  Además,  creo  que estás poniendo la culpa en el lugar equivocado. No es mi problema si su relación era tan débil que tu novia me invitó a su casa luego de media hora de baile…


Hyunjin le dio un puñetazo en la mandíbula.


Jeongin gimió, la sangre goteaba de su boca. La limpió, perdiendo un punto en sus labios.  Algo como miedo parpadeó en la cara de Jeongin, pero un momento después, se había ido. Levantó la barbilla, su expresión se endureció.


— ¿Golpeé un nervio, tipo grande?


—Cierra la puta boca —dijo Hyunjin, golpeando la cabeza de Jeongin contra la pared y envolviendo sus dedos alrededor de su garganta—. ¿No tienes nada de auto-preservación, mierda estúpida? He matado gente por menos.


El chico se rio entre dientes.


— ¿Esta charla estúpida y machista realmente te funciona con otra gente, amigo?


Increíble. El idiota pensaba que Hyunjin tenía una postura machista.


—No tienes idea de lo que soy capaz, amigo —dijo Hyunjin con voz apagada—. Puedo cortarte a la mitad con una mano —No era una amenaza vacía. Él podría. Hyunjin apretó su garganta. Le  trajo una cantidad ridícula de satisfacción cuando Jeongin comenzó a jadear por aire. Pero no planeaba matar al tipo; Yuri no valía la pena. Así que cuando el rostro estúpidamente bello del modelo empezó a volverse morado, Hyunjin a regañadientes aflojó su agarre en su cuello.


Jeongin empezó a toser, tomó varias bocanadas de aire.


—Deberías estar agradeciéndome, ¿sabes? —dijo con voz ronca.


¿Este tipo hablaba en serio?


— —¿Agradecerte por follar a mi novia?


—Por comprobar el grado de su lealtad —Jeongin lo miró—. ¿De verdad necesitas a una mujer que le contó a un perfecto desconocido cuán mierda eres en la cama?


Los ojos de Hyunjin se estrecharon en rendijas.


—No soy una mierda en la cama.


Jeongin se encogió de hombros. —Sus palabras, no las mías. ¿Cómo iba a saberlo? —dio una mirada evaluativa a Hyunjin—. Claro, eres bastante caliente, pero no significa nada si el tipo no sabe lo que está haciendo.


Hyunjin sintió que se le apretaba el  estómago. ¿Bastante caliente?


— ¿Eres un maldito maricón? —Maldito infierno, últimamente parecía que había maricones en todas partes.


Jeongin parpadeó.


—Bien —dijo débilmente—. Sí que resultaste  ser un sol... Si no supiera que sólo eres el producto de  la propaganda anti-gay que predomina en tu país, estaría muy ofendido. Estoy tratando de no sentirme ofendido, pero no estás haciendo que me arrepienta de dormir con tu novia, ¿sabes?


—Entonces eres un maricón.


—Si necesitas saberlo, me identifico como bisexual, pero sí, generalmente prefiero a los hombres —dijo Jeongin con orgullo—. No me avergüenzo de ello.


Hyunjin se burló. —Por supuesto que no. No esperaría nada diferente de un hombre que no ve nada malo en tomar lo que pertenece a otro hombre.


Jeongin inclinó la cabeza hacia un lado.


—Está  bien,  me  molesta  profundamente  tu  insinuación  de que ser bisexual o gay es algo de lo que estar avergonzado y que no tenemos moral. Mierda homofóbica aparte, te tengo noticias hombre de las cavernas: estar en una relación no significa que tu pareja sea tu propiedad. Tu  novia  no  te  pertenece.  Ella  es  su propia persona. Si ella decide dormir con otro hombre, ese es su derecho, no importa lo mierda que sea de parte  de  ella.  ¿Has pensado alguna vez que es tu propia culpa que no tuviera ningún incentivo para permanecer leal a ti? Por lo que he visto, tu personalidad no es exactamente brillante. O tal vez tú sí eres una mierda en la cama…


Gruñó de dolor cuando Hyunjin lo empujó contra la pared.


—Cállate —gruñó Hyunjin—. Un marica que toma por culo no puede juzgar la destreza sexual de los hombres normales.


Jeongin se rió en su rostro.


— ¿No crees que un “marica” esté mejor preparado para juzgar tu destreza que los hombres “normales”? —rodó sus caderas.


— ¿Qué demonios crees que estás haciendo, jodida mierda? —preguntó Hyunjin, con el cuello encendido.


— ¿Algún problema? —dijo Hyunjin y rodó las caderas de nuevo, moliéndose contra Hyunjin.


—Para eso —ordenó Hyunjin, apretando de nuevo la garganta de Jeongin—. No me asustarás con esta mierda repugnante.


—Repugnante, ¿eh? —Dijo Jeongin suavemente, mirándolo a los ojos—. Entonces, ¿por qué estás medio duro?


No estaba...


Mierda.


Hyunjin lo miró furioso.


—No soy un homo.


Jeongin sonrió de nuevo, algo parecido a la diversión apareció en su rostro.


—Dile eso a tu polla. —Hyunjin apretó los dientes.


—Cualquier hombre recto se pondría algo duro si alguien crea fricción contra su pene. Eso no me convierte en un homo.


—Por supuesto.


—Deja de frotarte contra mi polla, pervertido. —Hyunjin sonrió más.


— ¿Por qué no te apartas si esto te repugna tanto?


—Porque un pequeño maricón como tú no me asustará —dijo Hyunjin, sintiéndose demasiado nervioso para su gusto—. La gente como tú son monstruos de la naturaleza. No  deberían  ser llamados hombres.


La expresión de Jeongin se oscureció.


—Sabes, he cambiado de opinión: me estoy ofendiendo, después de todo.


Hyunjin resopló. — ¿Se supone que eso me asuste?


Algo parpadeó en los ojos de Jeongin antes de que sus labios se convirtieran en una sonrisa.


—Deberías estarlo—dijo suavemente, y apretó los labios contra Hyunjin.


Hyunjin se puso rígido. Esto era enfermo, equivocado, y repugnante, pero, por alguna razón, estaba dolorosamente duro, y quería…


Se apartó bruscamente y se limpió la  boca furiosamente  antes de empujar al maricón contra la pared.


— ¿Qué diablos? —Gruñó, apretando el antebrazo contra la garganta de Jeongin—. Te dije que no era un homo. ¿Tengo que escribirlo en tu cara?


Jeongin gruñó, luchando por respirar, y sin embargo continuó mirándolo con desafío.


— ¿Qué dice de ti que a tu novia le guste un homo más que tú?


La estúpida mierda realmente tenía deseos de morir. Un golpe en el estómago de Jeongin lo hizo doblarse. Otro en sus costillas lo arrojó de rodillas, sin aliento y con dolor.


Hyunjin agarró un puñado de pelo negro y jaló la cara de Jeongin hacia arriba.


—Debería golpearte hasta la muerte por tu gran boca.


Jadeando, Jeongin le sonrió antes de gruñir: — ¿Por qué no das a mi boca un mejor uso? —Antes de que pudiera reaccionar, Jeongin apretó  los  labios  entreabiertos contra el contorno de la polla dura de Hyunjin.


Los músculos de Hyunjin se cerraron. No podía moverse,  no podía respirar, no podía hacer otra cosa que mirar a Jeongin mientras arrastraba sus rojos labios sobre su polla vestida, mientras miraba a Hyunjin.


—Deja eso —se oyó a sí mismo decir, su cuerpo vibrando con tensión contenida, su polla tan dura que era doloroso. ¿Por qué estaba tan duro, maldita sea?


Mirándolo a los ojos, Jeongin se frotó la mejilla contra la erección de Hyunjin como un gato hiperdesarrollado, murmurando: — ¿Cómo te sientes al saber que un homo te provocó una erección, chico hétero?


Y Hyunjin se quebró. Tiró de su cremallera hacia abajo, agarró su polla y la empujó en la boca del maricón. Jeongin gruñó, atragantándose con la gruesa longitud en su boca, sus ojos se volvieron cómicamente anchos. La vista era inmensamente satisfactoria. Claramente el tipo había estado de fanfarrón. Esperaba que Jeongin luchara y se liberara ahora que Hyunjin lo había desafiado en su propio terreno, pero Jeongin no lo hizo. Miró a Hyunjin, apretó sus labios alrededor de la polla de Hyunjin, y chupó.


Los ojos de Hyunjin rodaron hasta la parte de atrás de su cabeza, un gemido bajo se deslizó de su boca. El calor, la humedad, la cantidad perfecta de succión, eran demasiado, y de repente ya no se trataba de una faroleada de un maricón, sino sobre una boca calientehúmeda, húmeda, húmeda, envuelta alrededor de su dolorida polla.


Antes de que Hyunjin pudiera detenerse, sus caderas se empujaban dentro y fuera de la boca del chico, la repugnancia y la abrumadora necesidad de follar esa boca haciendo estallar una guerra dentro de su cuerpo.


Quería decir, “Detente”, pero no salió nada. Quería empujar al maricón lejos, pero su cuerpo no obedecía. No podía hacer otra cosa que apretar su polla en la garganta del chico, gruñendo lentamente ante la sensación mientras lo follaba por  varios minutos, tal vez por horas; no tenía ni idea. La boca de Jeongin era perfecta alrededor de la polla de Hyunjin, y Hyunjin se estaba perdiendo, empujándose como un hombre poseído, acunando el rostro de Jeongin en sus manos, necesitando… joder.


Antes de darse cuenta, estaba gimiendo y corriéndose en la garganta del chico.


Durante un largo momento, sólo hubo silencio y un placer abrumador.


Y entonces su cerebro volvió a ponerse en marcha.


—Eso no sucedió —dijo con voz ronca, con los ojos muy abiertos y sin aliento.


Jeongin se limpió la boca, observándolo con una mirada pensativa que habría hecho que Hyunjin se sintiera incómodo si ya no estuviera jodidamente fuera de su mente.


—Claro —dijo Jeongin amistosamente. Se puso de pie y sonrió—. Gracias por la visita. Fue... interesante. Ya sabes dónde está la puerta.


Hyunjin no necesitaba que se lo dijeran dos veces. Estaba casi fuera de la habitación cuando Jeongin dijo: —Me disculparía por darle a tu novia un orgasmo, pero ahora ella y tú están a la par.


Hyunjin cerró la puerta de golpe.


Salió del edificio con náuseas rodando en su estómago. Con la mandíbula apretada, mirando  directamente  al frente, evitando ver a los ojos de los demás. Nunca se había sentido tan inhibido  y enfermo en su vida. ¿Podría la gente verlo y saber lo que había pasado? ¿Estaba escrito en su rostro que había follado  la  boca de otro hombre? ¿Eso lo hacía también un maricón?


Pidoras, pidor, goluboy, pedik, sinónimos rusos para decir “marica” resonaban en su mente con una voz mordaz, disgustada. Sonaba muy parecida a la de su tío, y le traía recuerdos medio olvidados de su infancia.


Hyunjin había crecido en un pequeño pueblo ruso lejos de las principales ciudades. El pueblo era tan anticuado que parecía atascado en la primera mitad  del siglo XX, en muchos aspectos. Con sólo una televisión en blanco y negro en todo el pueblo, todos estaban básicamente aislados del resto del mundo. Hyunjin no se sentía mal por ello; simplemente no sabía nada.  Él  y sus hermanos pasaron su infancia trabajando duro en su pequeña granja bajo el severo y atento ojo de su tío. Un ex sargento del ejército, el tío Hyunwook no creía en los “perezosos”.


—No sean jodidos maricones y pongan sus culos a trabajar —El tío Hyunwook les gritaría cuando los chicos estuvieran cansados y quisieran jugar para variar.


“Maricón” había sido un sinónimo de “débil” durante tanto tiempo como Hyunjin podría recordar. Originalmente, ninguno de los muchachos había sabido exactamente lo que la palabra significaba, pero todos sabían que no querían ser maricones.


Cuando los muchachos se quejaban de tener frío o estar hambrientos, el tío Hyunwook les grutaba para que dejaran de ser pequeños maricones y empezaran a ser hombres de verdad. Los maricones no eran hombres reales por lo que al tío Hyunwook concernía, y los muchachos nunca habían cuestionado la autoridad o el conocimiento de su tío.


Cuando Hyunjin cumplió once años, la palabra tuvo otro significado.


Había una nueva familia en el pueblo, algo casi nunca oído. Los recién llegados se habían mudado de Moscú y tenían un adolescente varios años mayor que Hyunjin. El nombre del chico era Theo y no se parecía a ningún otro niño que Hyunjin hubiera visto en su vida: piel suave, ojos de ciervo y bastante inútil en la agricultura; o en cualquier cosa, para el  caso. Y,  sin  embargo, Hyunjin no podía resignarse a despreciarlo. El chico era lindo.


Él tenía una sonrisa agradable y un montón de historias divertidas que contar. A Hyunjin le gustaba mirarlo. Así fue como un día capturó a Theo besando a Jiung, otro chico de su pueblo. Hyunjin estaba completamente atónito. Habiendo vivido en una aldea muy protegida, pasada de moda toda su vida, Hyunjin ni siquiera había sabido que los muchachos podían besar a otros muchachos. Confundido, fue a su tío y le preguntó acerca de eso.


Las consecuencias no fueron nada menos que explosivas.


Hyunjin recibió la paliza de su vida por preguntar “una pregunta jodidamente estúpida y extraña”. Theo y su familia abandonaron el pueblo apresuradamente la misma noche. Jiung, el niño que Theo había besado, fue golpeado hasta la muerte por su propio padre.


—El maricón se lo tenía merecido —tío Hyunwook había dicho con sombría aprobación—. Abominaciones, todos ellos. No se les debe permitir mezclarse con la gente normal.


Los hermanos de Hyunjin habían murmurado su asentimiento mientras un Hyunjin de once años se sentaba allí, sintiéndose enfermo del estómago. ¿Fue la muerte de Jiung su culpa  por haber dicho a su tío lo que había visto? Había conocido a Jiung. El muchacho había sido fuerte y capaz, y no parecía una abominación o un débil. ¿O había sido corrompido por Theo?


¿Era realmente contagioso?


—No te sientas mal, chico —el tío Hyunwook dijo bruscamente, dándole palmaditas en la cabeza a Hyunjin—. Esos monstruos no son nada como tú y tus hermanos. Son una vergüenza  para  los hombres y se les debe dar caza y matarlos como perros rabiosos para que no difundan su enfermedad.


Más de veinte años después, cuando Hyunjin salió del hotel en el que había jodido la boca de otro hombre, pensó en las palabras de su tío y sintió náuseas en el estómago. No, ya no era un niño desvalido de once años. Sabía que la homosexualidad no era en realidad una enfermedad. Su tío había muerto hacía tiempo, y ahora Hyunjin sabía que el odio del tío Hyunwook por los hombres gay había sido... bastante radical. Pero era imposible erradicar por completo todo lo que había creído.


Él no era un maricón. Él era normal.


Lo que había sucedido en el hotel fue una casualidad; nunca volvería a suceder.


Nunca.