Capítulo 1: El comienzo del final
La noche era fría, el viento azotaba las ventanas del pequeño café en el que Yu Jimin esperaba nerviosa. Había llegado temprano, como siempre hacía cuando estaba ansiosa. Su mirada iba de su teléfono al reloj colgado en la pared. Cada segundo que pasaba la hacía dudar más de si esta había sido una buena idea.
—No te preocupes, Jimin. Es solo una cita a ciegas, ¿qué puede salir mal? —le habían dicho sus amigas entre risas, convencidas de que descargar Flower Delivery era lo mejor que podía hacer para “romper su rutina”.
Pero ahora, mientras esperaba en esa mesa apartada, no estaba tan segura. Aunque el perfil de Lee Heeseung en la aplicación era prometedor—un chico de 23 años, trabajador, con una sonrisa que parecía sacada de un comercial—algo en su pecho se sentía extraño. Una sensación de que algo no encajaba.
—¿Jimin? —Una voz masculina la sacó de sus pensamientos.
Levantó la mirada y lo vio. Lee Heeseung estaba ahí, de pie frente a ella, con la misma sonrisa encantadora que había visto en su foto de perfil. Vestía sencillo, pero con estilo, y parecía relajado, como si esta cita fuera lo más natural del mundo.
—Sí, soy yo. —Jimin se levantó rápidamente, extendiendo la mano.
Heeseung la tomó, cálido y seguro. —Es un gusto conocerte.
La conversación comenzó con fluidez, llena de bromas y pequeñas anécdotas. Jimin empezó a relajarse, pensando que quizás sus amigas tenían razón; tal vez esto era justo lo que necesitaba. Pero entonces, un comentario aparentemente inocente de Heeseung cambió el ambiente.
—¿Sabías que Flower Delivery tiene una cláusula extraña en sus términos y condiciones? —preguntó él, mientras revolvía su café.
Jimin frunció el ceño, confundida. —¿Cláusula? No leí mucho cuando me registré.
—Pocas personas lo hacen —respondió él, sonriendo, pero sus ojos parecían analizarla. —Dicen que a veces emparejan a las personas por razones… poco convencionales.
La incomodidad regresó de golpe. El café, que antes parecía un lugar acogedor, ahora se sentía opresivo. Jimin intentó desviar la conversación, pero algo en la mirada de Heeseung la inquietaba.
Al final de la noche, salieron juntos del café. La lluvia había comenzado a caer, y las luces de la ciudad se reflejaban en los charcos del suelo.
—Gracias por venir, Jimin. La pasé bien. —Heeseung la miró, pero su tono era diferente, como si supiera algo que ella no.
Ella forzó una sonrisa. —Igualmente.
No sabía que esa sería la última vez que alguien la vería con inocencia.
Horas después, en el pequeño departamento de Jimin, todo se desmoronó. La cita, que había empezado con risas y tímidos coqueteos, terminó con gritos, sangre y un cuchillo en el suelo.
—¿Qué he hecho? —susurró Jimin, con las manos temblorosas mientras miraba el cuerpo sin vida de Lee Heeseung.
El sonido de las sirenas a lo lejos marcó el inicio de un caos que cambiaría su vida para siempre.
Y esa noche, mientras el reloj marcaba la medianoche, Jimin deseó con todas sus fuerzas poder retroceder el tiempo.
No sabía que, a veces, los deseos más oscuros pueden cumplirse… pero a un precio.
Continuará.








