El despertar del destino
"No hay luz sin sombra. Pero, ¿qué sucede cuando la sombra es la que te elige?"
Las palabras flotaban en mi mente cuando desperté. No eran mías, pero tampoco venían de alguien más.
La oscuridad me envolvía, densa y opresiva, como si un manto invisible apretara mi cuerpo contra un vacío sin fin. El aire estaba cargado, frío como el filo de un cuchillo, y un cosquilleo inquietante recorría mi piel. Intenté moverme, pero mis extremidades se sentían pesadas, inmóviles, como si fueran parte del mismo abismo.
Un sonido rompió el silencio, suave como el roce de hojas caídas.
"¿Ethan?"
Mi nombre. Mi corazón dio un salto, y la voz se deslizó en mi mente como un eco, familiar y ajena a la vez. No era mi madre, ni mi hermano. Tampoco era Elara. Era... mía, pero diferente.
El aire a mi alrededor se agitó. La penumbra que me rodeaba comenzó a desmoronarse, como si una fuerza invisible la arrancara en jirones. Entonces lo vi. Una figura emergió de entre las sombras, su contorno envuelto en un resplandor dorado que quemaba mis ojos, pero su rostro seguía oculto tras una cortina de luz.
No habló al principio. Solo se quedó ahí, inmóvil, mientras el peso de su presencia se apretaba contra mi pecho como un puño cerrado.
"Lo que buscas no está donde piensas encontrarlo." Su voz resonó, profunda, como un trueno contenido en un susurro.
Mi garganta estaba seca, pero logré forzar una pregunta:
"¿Quién eres?"
La figura levantó un brazo. Su mano, brillante y espectral, señaló un punto más allá del horizonte de luz. Instintivamente, traté de mirar, pero una presión invisible me obligó a apartar la vista. Algo acechaba allí, una sombra más oscura que las demás, algo que no debía ver.
"¿Lo sabías, Ethan?" La voz ahora era más cercana, más tangible, como si se hubiera infiltrado en mi mente. "Que tu destino está sellado en una palabra... en un fragmento olvidado."
Un frío agudo se hundió en mi pecho. Era como si el aire hubiera desaparecido, y cada intento de respirar se transformara en un espasmo.
"Fragmentos..." Mi voz salió quebrada. "¿De qué estás hablando?"
La figura inclinó ligeramente la cabeza, y aunque no tenía rostro, pude sentir que sonreía, una sonrisa cargada de ironía.
"Es tarde para las preguntas, joven príncipe. El reloj ya ha comenzado a correr, y los reinos ya sienten el peso de tu elección."
Antes de que pudiera responder, la figura se desvaneció. Su luz se apagó en un parpadeo, dejándome nuevamente a solas con la oscuridad.
Abrí los ojos de golpe, jadeando, mi cuerpo cubierto de sudor frío. La luz del amanecer entraba tímidamente por las ventanas de mi habitación, pero algo en ella parecía apagado, menos cálido de lo habitual.
Me senté al borde de la cama, frotándome el rostro con las manos. La voz de la figura resonaba aún en mi mente. "Fragmento olvidado. El reloj." No tenía idea de lo que significaba, pero cada palabra me pesaba como una advertencia.
---
Escena con la madre:
El salón principal siempre había sido un lugar de calma, pero al cruzar sus puertas, una inquietud punzante me invadió. Mi madre estaba sentada al final de una larga mesa, inclinada sobre un mapa que cubría casi toda su superficie. La luz de las lámparas bañaba su rostro con un brillo suave, pero sus ojos, fijos en el mapa, estaban cargados de tensión.
"Siéntate, Ethan." Su voz era firme, pero contenía un matiz que me puso en alerta.
Me senté frente a ella, sintiendo el peso de su mirada, como si quisiera medir mi reacción antes de hablar.
"Lo que no te han contado aún sobre la academia es que no estarás solo." Su dedo trazó líneas en el mapa, deteniéndose en diferentes puntos marcados con sellos dorados. "Ahí, en ese lugar, estarán los herederos de los cinco reinos."
Sus palabras encendieron mi curiosidad. Los herederos. Rivales. Hasta ahora, los conocía solo por historias.
"Kael." Mi madre señaló un sello verde en el mapa. "Heredero de los reinos naturales. Fuerte y estratégico. No confíes en su rostro amable; siempre piensa diez pasos por delante."
Mis pensamientos se detuvieron un momento en Kael. Había oído hablar de su habilidad para controlar a las multitudes con solo unas palabras.
"Luego está Aria." Su dedo se movió hacia el oeste, hacia un símbolo oscuro. "Hija del reino demoníaco. Es tan impredecible como las sombras que la rodean. Pero no te dejes engañar; detrás de su calma hay una mente peligrosa."
La imagen de una princesa rodeada de penumbra se formó en mi mente, alguien cuya sola presencia podría ser intimidante.
"Lyra," continuó mi madre, con una leve pausa. "Una prodigio de la magia. Inteligente, calculadora, y siempre guardando secretos. Será la más peligrosa de todos."
Cada palabra aumentaba el peso en mi pecho. Las historias de Lyra hablaban de su habilidad para doblegar a los demás con un simple movimiento de mano.
Finalmente, su dedo apuntó al este. "Dax. El heredero de la tecnología. No parece gran cosa al principio, pero no subestimes su capacidad para manipular todo a su favor. Su inteligencia es su arma más letal."
Un silencio pesado cayó sobre nosotros.
"Y tú, Ethan," dijo finalmente, sus ojos buscando los míos. "Tienes un papel que jugar. Pero recuerda, en la academia, nadie es amigo. Y puede que uno de ellos sea quien te haga enfrentar lo que más temes."