Rutina compartida ✨
Para Jimin y Jeon Jungkook, la amistad siempre había sido lo más importante. Desde su niñez, habían sido inseparables. Jimin, un chico tímido de apariencia angelical, con una hermosa cabellera rubia que lo hacía destacar, era el completo opuesto de Jungkook. Este último era extrovertido, atractivo y bastante popular en el instituto. Sin embargo, Jungkook no le prestaba atención a su popularidad; para él, lo único que importaba era pasar tiempo con su mejor amigo y cuidarlo.
—¡Kook, date prisa! Llegaremos tarde —apresuró Jimin mientras ajustaba su mochila al hombro.
Jungkook simplemente lo observó divertido, con una sonrisa perezosa en el rostro. Siempre le resultaba graciosa la obsesión de Jimin por ser el primero en todo.
—Aún faltan 30 minutos, Minnie. Podemos ir al paso —respondió Jungkook con calma.
Jimin se detuvo de golpe y lo miró con los ojos entrecerrados. —¿Acaso olvidaste que tenemos examen de matemáticas?
Jungkook suspiró al escuchar eso y se pasó una mano por el cabello. —¡Ni me lo recuerdes! Creo que me volveré loco.
Jimin rió suavemente y le dio un pequeño golpe en el brazo. —Kook, solo tienes que tranquilizarte y recordar lo que te expliqué ayer, ¿sí?
—Sí, sí… Lo intentaré, profe Jimin —bromeó Jungkook mientras ambos seguían su camino al instituto.
Al llegar al instituto
El día pasó rápidamente, y pronto llegó la hora del almuerzo. Jimin, como siempre, optó por sentarse en un rincón tranquilo del comedor, lejos del ruido y las risas de los demás estudiantes. Disfrutaba esos momentos de calma, aunque siempre esperaba que Jungkook lo acompañara. Sin embargo, ese día, Jungkook estaba ocupado con unos compañeros de clase, dejándolo solo por un momento.
Mientras Jimin comía en silencio, un grupo de chicas se acercó a su mesa. Eran Lisa y su grupo (Jennie, Jisoo y Rosé), conocidas por ser las más populares y problemáticas del instituto.
—Mira quién está aquí —dijo Lisa con una sonrisa burlona, cruzando los brazos—. El angelito del instituto, siempre tan perfecto y… tan aburrido.
Jennie rió suavemente y agregó: —Jimin, ¿por qué siempre estás solo? ¿Acaso Jungkook ya se cansó de ser tu niñera?
Jisoo se inclinó sobre la mesa, quitándole una uva de su bandeja. —Deberías aprender a divertirte más, ¿sabes? No siempre puedes esconderte detrás de tu “mejor amigo”.
Jimin bajó la mirada, intentando ignorarlas, pero sus manos temblaban ligeramente. Sabía que si respondía, solo empeoraría las cosas.
—Déjenlo en paz —dijo una voz firme detrás de ellas.
Las chicas se giraron y encontraron a Jungkook de pie, con los brazos cruzados y una mirada que podía helar la sangre.
—Oh, ahí está el caballero de brillante armadura —dijo Rosé con sarcasmo—. Siempre cuidando a su pequeño Jimin. ¿Qué harías si te lo quitamos?
—Intenten tocarlo y lo averiguarán —respondió Jungkook, dando un paso al frente.
Las chicas intercambiaron miradas antes de dar un paso atrás. Aunque se creían invencibles, sabían que no era buena idea meterse con Jungkook.
—Tranquilo, Jungkook. Solo estábamos bromeando —dijo Jennie con una sonrisa falsa antes de alejarse con las demás.
Cuando quedaron solos, Jungkook se sentó frente a Jimin y lo observó detenidamente.
—¿Estás bien? —preguntó con preocupación.
Jimin asintió, pero sus ojos reflejaban la incomodidad del momento. —Gracias, Kook. No sé qué habría hecho si no hubieras llegado.
—Siempre voy a estar para ti, Jimin. Nadie se mete contigo mientras yo esté aquí —dijo Jungkook con una sonrisa tranquilizadora mientras revolvía el cabello de su amigo.
Esa tarde, de regreso a casa, caminaron en silencio por las calles, disfrutando de la tranquilidad que les ofrecía el vecindario. Jimin miraba de reojo a Jungkook, preguntándose si algún día podría confesarle lo que sentía. Pero ese miedo constante a perder su amistad lo hacía callar.
—¿En qué piensas, Jimin? —preguntó Jungkook de repente, rompiendo el silencio.
Jimin negó rápidamente con la cabeza y sonrió. —Nada importante.
Jungkook lo miró con curiosidad, pero no insistió. Ambos siguieron caminando, sin saber que ese sería uno de los últimos momentos de paz que compartirían antes de que sus vidas cambiaran para siempre.
