Capítulo 1: La traición
Capítulo 1: La Traición
Kazuto, un joven de carácter fuerte y ambición desmedida, medía 1.70 metros. Su cabello era completamente negro, y sus ojos café claro. Estaba acompañado de su mejor amigo, Takeshi Narihana, quien destacaba por ser físicamente más grande y fuerte, con una altura de 1.93 metros, ojos verdes y cabello castaño. Ambos habían pasado por innumerables batallas juntos, ayudándose mutuamente para salir victoriosos. Pero ese día, algo en el aire era distinto.
Mientras caminaban por un denso bosque, conocido por ser hogar de feroces goblins, Kazuto comenzó a notar un cambio en la actitud de Takeshi. Su usual sonrisa confiada se desvaneció, y sus palabras comenzaron a ser frías, distantes. Kazuto, sin embargo, ignoró las señales, confiando ciegamente en su amigo, creyendo que todo era una simple sensación.
Después de haber derrotado a algunos goblins, una presencia abrumadora los rodeó. Un goblin mucho más grande que los demás, con un poder devastador, apareció ante ellos. Kazuto sabía que no podría derrotar a ese monstruo por sí solo, pero aún tenía la esperanza de que con la ayuda de Takeshi podrían enfrentarlo juntos. Miró a su amigo, buscando su apoyo, pero lo que vio fue la cruel realidad: Takeshi no tenía intención de pelear a su lado.
Takeshi: —Kazuto, lamento mucho tu caso, pero fuiste demasiado ingenuo al pensar que yo te ayudaría a vencer a semejante monstruo. Así que... te deseo suerte, amigo
Takeshi, sin ningún remordimiento, se alejó rápidamente, girándose para susurrar en voz baja:
Takeshi: —Te ordeno que lo acabes.
Kazuto sintió cómo su corazón se hundía. La confusión, el dolor y la traición lo envolvieron. Su mejor amigo, la persona en quien más confiaba, lo había dejado en el momento más crítico. El dolor de la traición era insoportable.
El goblin, con una furia incontrolable, lanzó un ataque feroz a gran velocidad. Kazuto, desenvainando sus viejas dagas oxidadas, trató de bloquear el golpe, pero apenas logró detener el primer impacto. Cuando intentó contraatacar, se dio cuenta de que sus golpes no tenían ningún efecto. La piel del goblin era tan dura que ni las dagas más afiladas podían perforarla.
Cuando finalmente logró conectar un golpe directo, las dagas se partieron al impactar la piel del monstruo. Las piezas de metal volaron por los aires, cayendo pesadamente al suelo. Antes de que pudiera reaccionar, el goblin lo atacó con un puñetazo brutal, lanzándolo varios metros lejos. Kazuto cayó al suelo, gravemente herido, con un brazo sangrando y su cuerpo incapaz de mantenerse erguido.
Kazuto: —Mierda... si sigo peleando en estas condiciones, no llegaré lejos.
Desesperado, con sangre manchando su ropa y una sensación de fatiga extrema, Kazuto utilizó las últimas fuerzas que le quedaban para escapar. Corrió a través del bosque, adentrándose cada vez más en sus profundidades, hasta que encontró refugio en una oscura cueva, aislado de todo. Exhausto, tropezó con una piedra, cayendo de rodillas al suelo. Sin embargo, logró levantarse, arrastrándose con dificultad. Fue entonces cuando una presencia imponente lo rodeó.
Dentro de la cueva, en lo profundo de las sombras, apareció una figura demoníaca, sentada sobre un trono que parecía estar formado completamente por sangre. Los ojos rojos de la figura brillaban con una intensidad sobrenatural.
Figura Demoníaca: —Eres un ser insignificante. Puedo sentir tu debilidad sin siquiera acercarme a ti.
Kazuto: —¿Quién... o qué eres?
Figura Demoníaca: —Ante ti soy un ser omnipotente. Pero lo único que necesitas saber es que puedo sacarte de este lío... si me liberas de este basurero.
Kazuto, desconcertado y asustado por la presencia de la criatura, se mantuvo en silencio por un momento, analizando la situación. No tenía más opciones, no podía luchar contra el goblin, y el dolor que sentía era insoportable.
Kazuto: —¿Por qué debería confiar en ti?
Figura Demoníaca: —Viendo tu situación, no creo que tengas muchas opciones. Si sigues en tu estado actual, morirás aquí, sin dejar rastro. Pero... si aceptas mi oferta, podrías obtener el poder para vengarte de todos aquellos que te han hecho daño. Yo te daré fuerza, y tú, a cambio, me darás lo que más te pertenece.
La figura demoníaca comenzó a manipular la sangre que la rodeaba, moviéndola con una fluidez y poder tan aterradores que Kazuto sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Figura Demoníaca: —Te ofrezco una salida. Una oportunidad para vengarte y obtener el poder que tanto anhelas. Pero el precio es alto: deberás entregarme parte de tu alma y permitirme vivir dentro de tu subconsciente.
El silencio llenó la cueva mientras Kazuto consideraba la oferta. No tenía otra opción. Su deseo de obtener poder para vengarse de Takeshi y del goblin era más fuerte que su miedo. Aceptó el trato, sellando el pacto con el demonio.
En ese momento, un torrente de energía oscura recorrió su cuerpo. Sintió cómo sus heridas se cerraban rápidamente, cómo sus fuerzas volvían con renovada intensidad. El poder que recibía era indescriptible, y su cuerpo, aunque aliviado, comenzaba a experimentar cambios drásticos.
Kazuto observó cómo su piel se oscurecía, su cabello negro adquiría mechones rojos, y sus ojos se volvían completamente rojos, resplandeciendo con una luz siniestra. Su aspecto físico había cambiado, y con él, algo en su interior había despertado.
Con la nueva fuerza otorgada por el demonio, Kazuto volvió a la batalla. La furia en su interior se desató como nunca antes. Usó su habilidad recién adquirida para manipular su propia sangre, reconstruyendo sus dagas oxidadas en cuestión de segundos. Moviéndose a una velocidad aterradora, cortó con facilidad la cabeza del goblin, destruyéndolo sin piedad.
Kazuto, transformado por el poder oscuro, se sintió diferente, como si ya no fuera el mismo de antes. La venganza que había jurado ahora estaba más cerca que nunca. La figura demoníaca, observando todo, parecía complacida.
Kazuto: —Juro que te mataré, Takeshi... aunque sea lo último que haga.