Sangre Fragmentada

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Summary

En un mundo donde los rebeldes luchan por sobrevivir, Arien es testigo de un brutal ataque de cazadores contra su grupo. En medio del caos, un enigmático joven llamado Lior aparece para salvarla. Unidos por la tragedia y el destino, ambos deberán infiltrarse en los círculos más oscuros del poder para enfrentar las fuerzas que amenazan con destruirlo todo.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

En una aldea al borde del Bosque de Salvargenta, lejos de la vigilancia del Reino Verethia, Arien se movía con cuidado, cuidando que sus pasos no pisaran e hicieran ruido las hojas caídas, un pequeño juego para ella. El campamento rebelde no era solo un refugio; era un lugar de esperanza para quienes habían sido rechazados o perseguidos por el reino.

Arien caminaba por el centro de la aldea, observando a los demás rebeldes. Algunos estaban afilando armas improvisadas, otros conversaban en voz baja mientras se señalaban mapas extendidos sobre mesas de madera desgastada. A pesar de los desafíos, había una sensación de camaradería que unía a todos. Para Arien, estas personas eran más que aliados: eran su familia.

—¡Arien! —gritó una voz conocida.

Era Lika, una joven de cabello oscuro y mirada intensa.

—Ven a ayudarme con estas provisiones. Dicen que podríamos movernos pronto.

—Claro, Lika. En un momento—respondió Arien con una sonrisa.

Mientras trabajaban juntas, intercambiaban bromas y risas. Lika siempre encontraba la manera de aligerar el ambiente, incluso en los momentos más tensos. Cerca de ellas, un grupo de niños jugaba con pequeños palos, pretendiendo ser guerreros. Arien los observó con ternura; eran el futuro por el que todos estaban luchando.

—Arien, ¿crees que algún día podremos vivir en paz? —preguntó Lika en voz baja, su tono ahora más serio.

Arien hizo una pausa, pensando en las palabras de su amiga.

—No lo sé, Lika. Pero mientras podamos luchar, hay esperanza. Eso es lo único que nos mantiene de pie.

El sonido de un cuerno interrumpió la calma. Era una señal de advertencia que todos en la aldea conocían demasiado bien. El rostro de Lika se tornó pálido.

—¡Cazadores del reino! —gritó alguien desde la entrada de la aldea.

El caos se desató de inmediato. Los niños fueron llevados a un lugar seguro mientras los adultos se preparaban para defenderse. Arien tomó su arco y se colocó en posición, su corazón latiendo con fuerza. Sabía que esta no era una simple incursión; los cazadores rara vez venían en pequeñas cantidades.

Desde su posición en las sombras, Arien observó cómo los cazadores del Reino Verethia entraban en la aldea. Vestían armaduras negras que brillaban bajo la luz del sol y capas rojas, portaban armas diseñadas para matar fragmentados y se movían con precisión militar. Liderando el grupo estaba un hombre de cabello rubio y mirada fría.

—Quemen las cabañas. Capturen a los fragmentados. Que esta aldea sirva de ejemplo para los demás—ordenó con voz cortante.

Arien sintió un nudo en el estómago. A su alrededor, veía como los rebeldes intentaban resistir, a pesar de tener cubiertos los ojos, pero los cazadores eran demasiado fuertes. Las cabañas comenzaron a arder, y los gritos llenaron el aire. Arien sabía que tenían que evacuar.

—¡Lika! Ayuda a los niños y a los ancianos a salir por el túnel norte. ¡Rápido! —gritó Arien mientras disparaba una flecha hacia un cazador, derribándolo.

Lika asintió, pero antes de irse, tomó la mano de Arien. —Ten cuidado. Te necesitamos.

Arien no respondió. Sabía que no podía prometer nada. Con pasos rápidos y sigilosos, se movió por el borde de la aldea, atacando a los cazadores aislados. Logró derribar a algunos, pero sabía que no era suficiente.

De repente, un grito desgarrador llamó su atención. Cerca de la plaza central, un joven rebelde estaba siendo rodeado por tres cazadores. Sin pensarlo dos veces, Arien corrió hacia ellos, usando su daga para atacar con precisión. El fragmento en su interior brilló tenuemente, otorgándole una agilidad y fuerza que no eran completamente humanas.

Arien apretó los dientes, y tomo un sorbo de un líquido purpura, sintió como en sus venas radiaba una electricidad sobrehumana, con un movimiento veloz lanzó cuchillas y pedazos de escombros con una agilidad y poder de electricidad que poco se veía la trayectoria de estos objetos hacia los cazadores, como si se teletransportaran a todos los soldados que tenían rodeado al joven rebelde. Le pidió al joven rebelde luego de que estuviera libre de peligro que se fuera en busca de refugio junto a los demás.

Arien sin poder ayudar a todos de esta masacre inesperada fue a la torre más alta de la Aldea Sombralta para visualizar mejor el campo de batalla y saber que hacer en esta situación. Pero su energía esencial se agotaba no estaba preparada para esta batalla.