Introducción...
"Young and Beautiful"
Vallana Covey nunca había sentido que encajaba en su pequeño pueblo costero. Sus días se dividían entre trabajar en la tienda de discos de su tía, escribir poesía en su cuaderno de cuero y soñar con una vida al estilo de las canciones de Lana Del Rey: amores trágicos, autos descapotables, y noches eternas bajo luces de neón.
Alexandra, su mejor amiga, decía que se tomaba todo demasiado en serio. “No todo es como en Born to Die, Val,” le decía riendo mientras pintaban sus labios de rojo en el espejo del baño. “Tal vez necesitas un verano de locura.”
Y la locura llegó en la forma de Peter Mathias, un chico nuevo en el pueblo, de sonrisa brillante y ojos dorados como la miel. Era el tipo de persona que saludaba a los perros en la calle, que siempre tenía una broma lista y que parecía vivir sin preocupaciones. El problema era que era el mejor amigo de Mathias, el ex de Vallana, un chico de actitud fría que siempre la hacía sentir como si fuera un enigma que debía resolver.
La primera vez que Peter la vio en la tienda de discos, sonrió de una manera que la hizo sentir expuesta. “¿Te gusta Lana Del Rey?” preguntó, sosteniendo un vinilo de Ultraviolence.
Vallana arqueó una ceja. “¿Por qué? ¿Vas a decir que toda su música suena igual?”
Peter se rió. “No, iba a decir que me gusta West Coast, pero creo que mi canción favorita suya debería ser la que tú me recomiendes.”
Y así empezó todo.
Él le enviaba memes tontos de perritos, la llevaba en su bicicleta por la carretera costera, y la escuchaba hablar durante horas sobre poesía y cine. Ella fingía que no le gustaba su risa, que no se derretía cada vez que la miraba con esa expresión de cachorro emocionado.
Pero entonces llegó Mathias. Con su chaqueta de cuero y su actitud distante. Con sus palabras enredadas que aún tenían poder sobre ella.
“¿Así que ahora sales con Peter?” preguntó una noche en una fiesta en la playa. “Pensé que te gustaban los chicos con más... profundidad.”
Vallana sintió que algo se rompía dentro de ella. Como si los fragmentos de la chica que solía ser aún la atraparan.
Esa noche, cuando Peter la encontró sentada sola en la arena, con el sonido de Summertime Sadness flotando en el aire, se sentó a su lado en silencio.
“No tienes que demostrarle nada a nadie, Val,” dijo, con su voz suave y segura. “Pero si quieres correr... yo corro contigo.”
Y en ese momento, bajo el cielo lleno de estrellas, supo que la locura del verano no era solo un delirio pasajero. Tal vez, esta vez, el amor no tenía que doler para ser real.