Raven

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Summary

En un mundo paralelo donde Caos y Éter imponen sus propias reglas, Aria lucha por sobrevivir mientras cuatro hombres la acompañan, cada uno con secretos propios. Atrapada en un cuerpo incompleto, debe buscar sus recuerdos dispersos en perlas y enfrentar la traición que destruyó su mundo. Entre batallas olvidadas, falsa lealtad y una ambición que lo cambió todo, Aria deberá decidir: forjar un nuevo comienzo junto a quienes la acompañan... o dejar que el caos lo consuma todo. Al final de su camino, la última perla la espera.

Genre
Fantasy
Author
JB Risse
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

El mundo se había teñido de rojo.

La nieve caía con violencia, pero ya no era blanca, pues cada copo que tocaba el suelo se volvía carmesí, como si el cielo mismo estuviera desangrándose. Aria corría, o al menos lo intentaba. Sus piernas se hundían hasta las rodillas en la ventisca, mientras cada paso era una agonía. La regeneración no llegaba. El frío le devoraba la carne, pero el verdadero dolor provenía del costado derecho, donde una herida abierta se negaba a cerrarse.

“Solo un poco más... Al final de la luz estaré libre.”

Pero la luz nunca llegó.

El aroma a óxido la golpeó primero. Luego vino el dolor, tan brutal que le arrancó un grito ahogado. Cayó de rodillas. Cuando levantó la vista, el paisaje había cambiado. Ya no había nieve. Solo sangre. Un mar infinito de sangre que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

Estaba suspendida.

Cadenas gruesas le sujetaban las muñecas y tobillos, estirándola en cuatro puntos en el centro de una sala blanca e inmaculada. Desnuda y vulnerable. La sangre que caía de su abdomen en gruesos hilos salpicaba todo bajo ella y desaparecía al instante, como si el mismo lugar se alimentara de su sufrimiento.

Un hombre se acercó lentamente, con una sonrisa que ella conocía demasiado bien.

—Has despertado —murmuró, deteniéndose justo debajo de su rostro—. Mi amada Aria.

“Alex”. Ella lo reconoció al instante.

A su lado, Chloe observaba con ojos brillantes de excitación, casi deleite. La misma Chloe que una vez había sido su aliada. La misma que ahora sostenía una lanza ensangrentada como si fuera un trofeo.

Meses atrás, Aria había huido de Ryan, desesperada por no caer en sus manos. Pero en lugar de libertad, había caído en las garras de algo mucho peor.

Día tras día, hora tras hora, la habían abierto y desgarrado. Sustancias extrañas corrían por sus venas, mitigando el dolor solo para que pudiera sentir con mayor claridad cómo las lanzas y espadas atravesaban su carne. En la soledad entre experimentos, mientras su cuerpo intentaba regenerarse, ella contaba. Memorizaba movimientos, calculaba lapsos en espera del momento exacto.

Porque no pensaba morir allí.

Cuatro días más tarde, el momento llegó.

Cuando la pesada puerta se deslizó y el guardia se acercó con la jeringa, actuó. Navajas de fuego cortaron cadenas y garganta en un solo movimiento. Cayó al suelo, tosiendo sangre, pero consiguió la segunda inyección: la que reactivaba su regeneración.

Se arrastró dejando un rastro carmesí. Se inyectó y esperó. Solo cuando su cuerpo comenzó a responder, escapó.

Pasillos interminables. Alarmas, Executors y explosiones. Sangre. Fuego. Agua. Rayos. Todo se descontroló mientras corría hacia la superficie, dejando atrás un claro rastro de destrucción.

Salió al exterior.

El edificio se derrumbaba a sus espaldas. El domo que ocultaba el complejo comenzó a agrietarse. Y allí, esperándola entre el polvo y los escombros, estaban ellos.

Chloe y Alex.

La pelea fue brutal. Espadas contra dagas. Remolinos de agua contra rayos y veneno corroyendo sus venas. Hasta que, con sus últimas fuerzas, destrozó el domo.

El edificio se vino abajo en una nube de polvo y muerte.

En algún lugar lejano, cuatro hombres sintieron su singular esencia.

Seiran, Ian, Athos y Luka se pusieron en pie al mismo tiempo. Ryan, desde otro lugar, también lo percibió.

Era ella, la persona que tanto anhelaban.

Estaba herida, desesperada y al borde de la muerte.

Y mientras el polvo aún no se asentaba, Aria, cubierta de sangre y con el cuerpo temblando, tomó su última decisión.

“No moriré aquí“.

No en las manos de quienes una vez juraron protegerla...