Capítulo único
No le gustaba admitirlo, pero era un poco sensible al frío. Intentaba ocultarlo por todos los medios posibles, pero era bastante difícil, pues una vez empezaba a enfriarse el ambiente se quedaba aletargado, somnoliento y eso contrastaba mucho con su habitual estado enérgico. Aun así, como nadie le había dicho nada, confiaba en que no se habían dado cuenta.
Odiaba sentirse tan débil. Él era un soldado entrenado, un guardia real, una máquina de destrucción, no un pobre lagartito que cuando hacía un poco de frío se tenía que ir a dormir. ¡¡¡Tenía que cumplir con su trabajo para con Malleus!!!
Pero este año estaba siendo especialmente horrible. Había llegado una ola de frío polar y, si ya con temperaturas por encima de los 0 grados estaba sufriendo, este año la media había estado en -10 grados. No sabía como había sobrevivido hasta ahora sin desmayarse en mitad de un pasillo andando entre clase y clase, pero se sentía bastante poderoso, la verdad. Esperaba que esto fuera el comienzo de una vida mejor, en la que podría estar entrenando con Silver sin camiseta en el patio (o entrenando con Silver en el patio, para empezar). Se acabó sentirse inferior por este pequeño problema. ¡¡ESTABA CURADO!!.
Pero aunque se sintiera así, hoy no estaba siendo su día. Se había levantado un poco más tarde de lo habitual, ya que, estos días se encontraba muy cansado (esperaba que esto fuera porque IBA A VOLVER A CRECER) y, aparte de que aun así le costaba conciliar el sueño, le dolía todo el cuerpo. No había podido tomar su desayuno calentito porque ya se había enfriado y no daba tiempo a recalentarlo y, además, no había podido ponerse todas sus capas de abrigo antes de salir. Pero la cosa no terminó ahí. Mientras corría para llegar a clase a tiempo (no se podía esperar menos de él), de alguna forma, le cayó nieve encima. Por un lado, eso ya acabó de despertarle, pero por el otro, casi había acabado la jornada y aún sentía el golpe de frío en su cabeza.
Pero tampoco podía quedarse a descansar. Aún tenía muchas cosas que hacer. Completar sus deberes, entrenar con Silver, ayudar a sus compañeros… ya se ducharía después.
Iba camino al patio para entrenar con Silver. Hasta ahora todo había salido bien; había hecho sus deberes, había ayudado a Malleus a arreglar algo de “un aparato electrónico incomprensible” , había evitado que Lilia se pusiera a hacer la cena… Todo un éxito. Solo quedaba la guinda del pastel: entrenar un rato para después volver a su cuarto y darse un baño con agua más cerca de hervir que de estar a temperatura habitable.
Mientras caminaba saludó a Lilia de nuevo, que le miró preocupado, pero no le dio mucha importancia. Es cierto que había comenzado a sentir un ardor extraño en su cuerpo mientras salía del castillo, pero no era nada malo, obviamente. Era el fervor del combate, la pasión, la satisfacción de haber completado un día entero perfectamente a pesar del mal comienzo y haberse superado a sí mismo y sus capacidades. Estaba tan orgulloso que su sangre no dejaba de fluir por su cuerpo creándole una quemazón que se extendía por toda su piel. Seguro que hoy sí lograba vencer a Silver. Lo estaba sintiendo.
O más bien, podíamos calificar estas ideas como un delirio por una fiebre aguda.
Sebek tampoco lo iba a saber en el momento, ya que, mientras llegaba a donde Silver se encontraba parado esperándole, se desmayó. La cara de Silver en el momento fue todo un poema. Saludándole alegremente con la mano mientras se acercaba para pasar lentamente a la angustia al ver como su piel estaba de un tono verdoso extraño, hasta llegar al más puro terror al ver como, de pronto, se caía sobre la nieve y no se volvía a levantar de nuevo.
Corrió hacia él, gritando su nombre, mas Sebek seguía sin responder o levantarse. Una vez llegó, pudo comprobar que efectivamente su piel resplandecía en un brillante color verde y al tacto se encontraba ardiendo, cosa que contrastaba sobremanera con su temperatura corporal habitual y más considerando que estaba tumbado encima de un cúmulo de nieve.
Iba a levantarlo, pero aparte de pesar demasiado (más de lo habitual), le quemaba por donde sus pieles se rozaban. Aun así, con todo su valor decidió cargarlo a una velocidad sobrehumana hasta llegar al edificio. Al menos ahí estaría resguardado del frío y alguien más cubierto podría ayudarle a transportarlo.
Como si lo invocaran, apareció Lilia levitando que pronto se dio cuenta de la situación y llamó a más personas para transportarlo a su cuarto mientras él y Malleus preparaban lo que llamaron “el ataúd de hielo”. Todo esto sonaba absolutamente terrorífico para Silver, pero ellos parecían estar tranquilos, así que decidió calmarse y tratar de ayudar en lo posible. Ya al final preguntaría lo que fuera.
Se colocó una chaqueta más gruesa para ayudar al resto de chicos a subirlo. Efectivamente, ahora pesaba aún más que antes y ardía aún más. Esto no podía ser nada bueno por más que todos estuvieran tan calmados. Al llegar a la habitación pudo comprobar como habían retirado su cama y en su lugar se encontraba una vieja bañera de acero en la que solo había hielo.
Finalmente, dejaron el cuerpo de Sebek en el suelo por orden de Malleus y salieron de la habitación, aunque Silver volvió a entrar al darse cuenta de su error. No iba a abandonar a su mejor amigo en un momento tan difícil para él, fuera lo que fuera lo que estuviese pasando. Siempre se habían ayudado desde pequeños y esto solo era una prueba más, así que abrió la puerta.
Definitivamente no esperó que el motivo por el que habían echado a todo el mundo era porque iban a desnudarlo. Llevaba muchas capas de ropa, entonces estaba siendo un poco complicado poder hacerlo solo entre dos personas, por eso decidió hacerse útil de nuevo. Ya luego gestionaría toda esta situación en la soledad de su habitación.
Cuando notaron su presencia no tardaron en darle instrucciones haciendo muy claro que había que quitarle toda la ropa. Absolutamente toda. No tenía tiempo para pensar en como le hacía sentir esta idea, Sebek necesitaba su ayuda ahora.
Al fin, lograron quitarle todo y solo faltaba introducirlo en la bañera (ataúd de hielo) que, definitivamente, iba a ser la tarea más difícil de todas. Le dieron unos guantes para evitar quemaduras porque probablemente iba a tener que sujetarlo durante un largo periodo de tiempo y su temperatura corporal había aumentado aún más. Malleus propuso hacerse cargo de su torso,mientras Lilia levantaba sus piernas, dejando a Silver en una posición un poco precaria (se preguntó si podría justificar si babeaba sobre esos abdominales con el agotamiento que estaba empezando a sentir). Aunque una vez levantaron su cuerpo para introducirlo dejó de preocuparse por eso. Es cierto que quemaba mucho más, además podía sentir como su cuerpo tenía una textura efervescente, podía sentir pequeñas burbujas de aire explotando, y, además, cerca de su cadera se sentía un tacto áspero que antes no estaba ahí. Lograron meterlo con sudor y lágrimas (por parte de Silver, porque Lilia y Malleus parecían compartir una broma interna muy graciosa, lanzándose miraditas todo el rato aguantando la risa) y le echaron más hielo por encima.
Puede que el par se lo estuviese pasando genial, pero él seguía teniendo muchas preguntas y al no tener nada más en lo que centrarse, simplemente explotó. Se sentía tan antinatural que su mejor amigo estuviese cubierto por el hielo cuando él odiaba el frío, que estuviese ardiendo y que pareciera que de verdad se iba a evaporar. No podía soportarlo más. Se puso a llorar frente al cuerpo inconsciente de su amigo y con esto, al menos, el dúo pareció despertar de su broma eterna para intentar consolarle.
—Silver, mírame. — intercedió rápidamente Lilia poniéndole las manos en la cara — no tienes de que preocuparte ahora. Va a estar bien, es un proceso normal —estaba seguro de que por más que dijera eso, no era un proceso normal. Nunca antes le había pasado algo así ni había visto a otras personas pasando por lo mismo, no era un niño para que le mintieran de esa forma.
—Lilia si se lo mostramos va a ser más rápido. Necesita entender y calmarse — murmuró Malleus acercándose al cuerpo de Sebek, y con mucho cuidado movió un poco los hielos que se encontraban sobre su cadera. ¿Le estaban gastando una broma de mal gusto ahora?
Y entonces las vio. La zona que había tocado antes que se encontraba áspera. Bajo la luz directa podía apreciarlas claramente. Pequeñas escamas de un verde esmeralda brillante.
—¿Ves? No pasa nada. Pronto se le pasará y estará muriendo de hambre. Me muero de ganas de hacerle algo rico cuando se despierte. Ahora vámonos, necesita descansar —dijo Lilia alegremente mientras les empujaba fuera de la habitación y cerraba la puerta con cuidado. Se sentía más calmado y a la vez, aterrorizado por lo que le esperaba a Sebek cuando se despertara.
Rápidamente, se corrió la voz de que algo había pasado con Sebek. Y tampoco es como si pudiera ocultarlo. Lo que pensó que serían unos días metido en el hielo, pasó a ser una semana y luego dos semanas. Iba a visitarlo habitualmente, ya que había que drenar el agua y ponerle hielo nuevo y, mientras, tenía oportunidad de ver como cada vez su cuerpo se encontraba más cubierto por aquellos pequeños puntos brillantes. Según le habían dicho, ahora solo estaban naciendo y, una vez despertara, empezarían a desarrollarse plenamente de una forma mucho menos dramática. Sus compañeros no dejaban de preguntar, pero tampoco sabía si era adecuado hablar de esta situación con ellos (no tenía ni idea de si esto era un tema privado o no y tampoco podía preguntarle a Sebek sobre su preferencia) y, además, tampoco iba a dejar que fueran a verlo. Estaba desnudo en la bañera, por dios.
En este tiempo, había estado aprendiendo a cocinar. Sintió miedo cuando escuchó hablar a Lilia (en un susurro no tan silencioso) del banquete que iba a preparar cuando despertara “la bella durmiente” (que hubiera empezado a llamarlo así mientras creía que Silver no estaba escuchando también le hacía sentir cosas, pero no estaba dispuesto a ahondar en eso ahora). Por eso, decidido, contactó a Jamil. Él, extrañamente, pareció bastante dispuesto (igual percibió su desesperación), pero tampoco iba a pensar en eso ahora. Tenía que centrarse en lo importante. Mejorar sus habilidades culinarias para darle a Sebek el mejor banquete de su vida, porque, por lo que había podido intuir, esto era un asunto muy importante para las personas de su especie y no podía permitir que se echara a perder debido a una comida horrible.
Hasta su familia (que se había pasado la semana pasada a verle) había estado comentando sobre esto. Había sido un momento bastante incómodo estar echándole hielo mientras sus padres y hermanos contemplaban su cuerpo lanzando comentarios como: “a ti también te empezaron a salir por ahí” “sí, debe ser algo genético” “mirad, tiene el mismo diseño que las que tenía el abuelo ahí” mientras se reían. Silver no se había atrevido ni a mirar donde era “ahí”. Y para su máxima vergüenza, al irse sus padres le habían dado las gracias por haberlo estado cuidando tan bien, que seguro que se sentía muy feliz cuando se despertara.
Una vez se fueron, con toda la vergüenza del mundo, entró a su habitación a pensar por primera vez en lo que estaba pasando. Empezaba a intuir algo, pero seguía siendo más útil centrarse en cualquier otra cosa menos eso.
La primera semana Jamil le había estado enseñando mayormente platos salados, que serían los platos principales en el banquete y ahora se habían centrado en los postres. Este día Jamil había propuesto enseñarle a hacer galletas, porque como había dicho literalmente “es algo simple, pero que no falla” y por más que quisiera excederse y hacerle a Sebek una tarta de boda si fuera necesario, solo llevaba practicando un corto periodo de tiempo. Era mejor centrarse en algo fácil que pudiera hacer sin mucha complicación porque también tendría que elaborar otros platos. Sorprendentemente, no le habían salido tan mal para ser el segundo intento (el primero había sido calcinado accidentalmente) y, aunque habían estado merendando juntos las galletas, habían hecho de sobra por si quería compartirlas en el dormitorio o guardarlas para cuando ocurriera, finalmente, el banquete.
Al llegar, decidió pasar directamente a la habitación de Sebek para hacer su rutina habitual de drenar el agua y echar hielo nuevo. Dejando las galletitas en el escritorio, comenzó a prepararse. Aún tenía que usar los guantes por si accidentalmente se quemaba al tocarlo y al final, era menos extraño tocarle así que con sus manos desnudas. Aún quedaba hielo, así que solo abrió el tapón de la bañera para sacar el agua sobrante y fue a por la pala para echarle un poco más. Volvió a poner el tapón y fue a empezar a echarle hielo suavemente (aunque estuviera inconsciente y le habían asegurado que no lo iba a notar, le seguía dando reparo) cuando empezó a oír unos susurros saliendo de la bañera. Tiró la pala a un lugar incierto de la habitación y comenzó a apartar el hielo de su cara. Aparte de poder comprobar que ya no quemaba (lo cual hizo que se sacara los guantes y los tirara al mismo sitio que la pala) el tono verde también había desaparecido y, aunque ahora tenía unas motitas de color que antes no estaban ahí, lucía como el Sebek de siempre. Al retirarle por completo el hielo se cercioró de que, efectivamente, estaba hablando, aunque no era capaz de entender lo que estaba diciendo. Supuso que si bebía agua podría hablar mejor, ya que llevaba dos semanas sin beber, por lo que tomó una botella que habían dejado en su escritorio por si acaso y se la acercó. Este la tomó rápidamente y vació todo su contenido en su boca suspirando aliviado mientras empezaba a abrir los ojos lentamente.
—SILVER, HAZ ALGO HAY DEMASIADA LUZ — no podía creer que acabase de despertar y ya estuviese gritando, definitivamente no había cambiado
Corriendo, bajó las persianas y cerró las cortinas mientras Sebek seguía quejándose de fondo a gritos.
—NO ENTIENDO NADA. IBA A ENTRENAR CONTIGO Y AHORA ESTOY EN UNA BAÑERA CUBIERTO DE HIELO Y ¡¡DESNUDO!! ME VAS A TENER QUE DAR UNA EXPLICACIÓN SOBRE ESTO LUEGO. TENGO HAMBRE Y ME PICA TODO EL CUERPO ¿QUÉ DEMONIOS HA PASADO, SILVER?
Por suerte (o desgracia) los gritos atrajeron a Malleus y Lilia a la habitación que empezaron a gritar también celebrando su despertar mientras Sebek seguía con su interrogatorio. Silver solo podía contemplar todo como si fuera una obra de comedia muy extraña. Mientras tenía su momento mental breakdown, Malleus decidió que era un excelente momento para decirle a Sebek que saliera de la bañera para que que fueran al baño para verse. Se permitió por un momento contemplar su cuerpo antes de volver a su agonía mientras le veía posar en el baño mostrando sus nuevas escamas y Malleus y Lilia gritaban con él en son de celebración. Tenía que salir de ahí.
Todo lo que estuvo ignorando a propósito todo este tiempo, fingiendo que realmente no se había dado cuenta, siendo incapaz de aceptar esta situación le había arrollado como un tren en ese mismo momento, dejándole claro que ya no podría ser como antes.
Le gustaba Sebek.
Corrió hasta su habitación donde se encerró dando un fuerte portazo para colocar rápidamente el cerrojo. Necesitaba un momento de soledad.
Que no iba a tener, claro.
Empezó a oír golpes y gritos al otro lado de la puerta.
—SILVER, ABRE. ¡¡SILVER!! ¡¡ABRE!!
Por más que estuviera colapsando, tampoco era sordo y, al final, él era un soldado entrenado. Si no era capaz de enfrentar esto, ¿cómo iba a ser capaz de defender a Malleus?
Aun así, tenía que tomar ciertas medidas antes.
—¿TE HAS PUESTO ROPA YA? —decidió responder gritando de igual manera, necesitaba que le escuchara por encima de sus gritos
—¿QUÉ PASA? ¿AHORA TE DA VERGÜENZA VERME DESNUDO? ¿O ES QUE TE DA ENVIDIA QUE YO HAYA ALCANZADO LA MADUREZ DE MI ESPECIE Y TÚ NO? ¡¡ABRE!!
—NO VOY A ABRIR HASTA QUE NO ME CONFIRMES QUE TE HAS VESTIDO
Esto se les estaba yendo de las manos.
—CLARO QUE ESTOY VESTIDO. ESTOY EN MITAD DEL PASILLO ¿ERES TONTO? ¡¡ABRE!!
Decidió abrir. No porque estuviera preparado ni mucho menos, sino porque prefería abrir a que Sebek tirara su puerta abajo y tuviera que estar sin ella hasta que la arreglaran.
—¿VES? ¡¡ROPA!!
En persona era aún peor.
—Ya me di cuenta. ¿Ahora puedes dejar de gritar? ¿Ha pasado algo?
—¡VAYA QUE SÍ HA PASADO! — dándose cuenta de su error le dedicó una pequeña mirada a Silver, ahora parecía un poco avergonzado — quería agradecerte por todo el esfuerzo que has hecho al cuidarme todo este tiempo. Lilia también me ha explicado que has estado aprendiendo a cocinar por mí, para darme un banquete. Y COMO ME MUERO DE GANAS DE ESE BANQUETE. Además, las galletas que me dejaste estaban muy buenas. ¡¡MUCHAS GRACIAS, SILVER!!
Ahora el que se iba a quedar inconsciente por dos semanas era él. Primero, se quería morir porque Lilia estaba hablando de más de nuevo y segundo porque Sebek le estaba dando las gracias a él. A ÉL. ABIERTAMENTE. TAL CUAL. “MUCHAS GRACIAS, SILVER”.
Y, para colmo, justo en ese momento decidió abrazarlo. Esto era demasiado.
Esperaba sobrevivir al menos hasta el fin del banquete.
EPÍLOGO
Pasados unos días, todo volvió a la normalidad. Su grupo de amigos había halagado mucho el nuevo aspecto de Sebek y él se había puesto de un hermoso color manzana mientras les daba las gracias a todos por sus cumplidos y su preocupación. Tal vez, sí iba a tener que acostumbrarse a este nuevo Sebek que parecía mucho más directo y relajado. El mismo día del banquete lo había entendido.
Habían disfrutado de una riquísima cena y ahora se encontraban cansados, pero Sebek seguía sin tener su cama instalada en la habitación, así que decidió invitarlo a dormir con él. Tampoco tenía otra opción, seguro que estaba aún cansado y necesitaba un sitio cómodo para dormir con todas esas escamas saliendo de su cuerpo ahora mismo. Al acomodarse, esperó que él le diera la espalda, sin embargo, le abrazó fuertemente mientras le volvía a susurrar un “muchas gracias, Silver”. Fue la primera vez en su vida que tuvo problemas para dormir.
Al levantarse al día siguiente, Silver no había pegado ojo, pero bajó animadamente igual con él. Para poder desayunar juntos de nuevo. Extrañamente, le supo a gloria y sonrió al notar que Jamil le había mandado más galletas para desayunar junto con un mensaje de ánimo. Una vez acabaron, al no tener clases, fueron al salón común donde se recostó lentamente, quería dormir un rato aunque fuera.
—Al parecer no ha dormido en toda la noche — susurró de forma no muy discreta Lilia que se encontraba delante de él junto con Malleus
—¿Qué crees que le ha pasado? Pensé que ahora iba a poder dormir tranquilo — respondió Malleus con preocupación
—Creo que le picó un bicho — dijo riéndose mientras se iba, dejando a Malleus desconcertado antes de salir corriendo tras él
¿Y qué pasaba si le gustaba un poco Sebek?