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Cuando vio la puerta, las emociones en sus ojitos se notaron. Lloró por mucho tiempo y estaba tan emocionada que finalmente pudo ir a su primera clase de ballet. Parecía que su sueño se estaba haciendo realidad.
-si necesitas algo dile a tu maestra que me llame por favor - le volvió a recordar su madre
-no te preocupes ma estaré bien
Respondió la pequeña de solo 8 años mientras caminaba hacia aquel edificio donde conocería su sueño. Pasó con una serenidad abrumadora por los pasillos aun cuando sus entrañas estallaban de alegría. Al final no sería un sueño simple. más un deseo que está decidida a hacer
Estaba apunto de tocar la puerta de su aula hasta que escucho una voz detrás de ella
-tu debes de ser mi nueva florcita en el lago, me dijeron que eras una niña muy linda pero se quedaron cortos- dijo una voz atrás de la pequeña que suponía era su nueva maestra -mucho gusto pequeña soy Amahi pero puedes llamarme señorita mehi- sonrió con una calidez nata mientras se postraba a la altura de la pequeña.
-mucho gusto señorita, yo soy Dahlia Montezco- se presento la pequeña con una reverencia mientras su maestra se conmovía por sus modales
-pasemos al salón para presentarse vamos.
El salón en el que estaban varias niñas calentando para la primera clase del día se volvió silencioso al ver a su maestra llegar, se formaron en una línea ha esperar las siguientes órdenes
-buejos días niñas hoy tenemos una nueva compañera tratenla bien- la maestra anuncio emocionada mientras le señalaba a Dahlia dónde colocarse para ensayar los primeros pasos.
Después de una hora las niñas pudieron salir a tomar un descanso para relajarse y conversar, lo cual a Dahlia no le gustó mucho ya que quería seguir practicando sus pasos de ballet.
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Dahlia escapó de la curiosidad de sus compañeras para poder merendar tranquila en una zona de la academia que parecía pacífica. Al sentarse bajo un árbol de melocotones, sacó una pequeña libreta y escribió lo que debía mejorar en su baile y lo que debía practicar para las siguientes clases. Mientras comía, estaba tan absorta que no notó cuándo una bella melodía empezó a sonar. Pasó un rato hasta que por fin levantó la mirada; sus ojos azul y avellana se encontraron en una danza con melodía suave. Era como si se conocieran desde hace mucho tiempo atrás. Sin notar la noción del tiempo, fueron explorando inconscientemente lo más profundo que sus ojos curiosos les permitían ver, hasta que sonó la campana para volver a sus salones.
Las pequeñas aún no entendían el significado de esas miradas, pero si algo tenían seguro es que solo con verse a los ojos pudieron saber la historia de la otra sin preguntar sus nombres o lo que hacían en ese lugar. Se sentían tranquilas con solo esa mirada.
Después de esa interacción, no volvieron a cruzarse por el camino la una de la otra; solo escuchaban los rumores de la bella flor talentosa, con belleza genuina, que se ganaba el corazón de los apasionados, y la gema que transmitía sentimientos a base de melodías suaves y claras. Pasaron los años y ambas crecieron, y se hicieron resaltar más que nadie en toda la academia.