𝐒𝐖𝐄𝐄𝐓 𝐋𝐎𝐕𝐄

Sweet Love
La penetrante mirada del joven Bakugō Katsuki se desviaba de vez en cuando hacia la pequeña joven que yacía sentada en la fila junto a la suya, unos cuantos bancos por delante. El delicado perfil de Sadashi estaba en su punto de mira, arrancándole unos cuantos suspiros soñadores al estar en las nubes. Hacia meses se preguntaba: ¿Por qué no puedo quitar mis ojos de ella? Había tardado en hallar una respuesta. Cuando el timbre sonó hizo un intento por minimizar el nudo dentro de su estómago que parecía tensarse y revolverse cada vez que cruzaban miradas, negó con la cabeza y observó hacia la ventana, viendo como las ramas desnudas de los árboles chocaban contra el vidrio.
—¡Oe, Kacchan! —el brazo de Kaminari rodeó su cuello, apegando sus cuerpos por medio de un abrazo. La expresión del mencionado se endureció considerablemente al no encontrarse cómodo con las muestras de afecto, chasqueando la lengua para luego aventarlo con fuerza hacia el otro lado—. ¿Me prestas los apuntes? No entendí mucho lo que el profe Aizawa explicó a lo último.
—Decir por favor es de hombres, Kaminari-kun —la calmada voz de Kirishima se dejó oír, llegando acompañado junto a Hanta que parecía divertido con su interacción.
Los dos rubios jalaban de los extremos de una libreta color azul, la cual Katsuki intentaba proteger a toda costa. Por un momento se desconcentró gracias a la presencia de la pelinegra que dejó su silla para hablar con Uraraka, momento que Denki aprovechó para apropiarse del cuaderno. Ignorando los gritos de su amigo comenzó a hojear en busca de la lección del día, encontrándose con que faltaba todo lo dictado hacia unos cuantos minutos atrás. Con la mirada le cuestionó que había pasado, encontrándose con la extraña visión de las mejillas ajenas sonrojándose cada vez más con el pasar de los segundos.
—Algo me dice que Katsuki se concentró en otra cosa durante las clases —se habló a sí mismo Sero, llevándose la mano al mentón a medida que sonreía. El aludido chasqueó la lengua, sintiéndose acorralado.
La mirada del grupito se dirigió hacia la ojiverde que parecía entretenida escuchando la conversación entre Kyōka y Yaoyorozu. Cuando esta sonrió escucharon casi al instante un suave suspiro por parte del rubio ceniza. Sonrieron instantáneamente al entender de que se trataba; Bakugō frunció el ceño al sentir la mirada de sus amigos sobre él, como si estuvieran esperando por una explicación de su parte.
—¿Qué me están viendo? —cuestionó, brusco.
—¿Te gusta Sadashi?
Ni siquiera tuvo que responder a la pregunta, ya que su expresión avergonzada y el rojo de su cara daba a conocer perfectamente la respuesta. Todo el curso se volteó ante los chillidos del grupo de amigos, incluida Sadashi quien frunció el ceño al ver como Katsuki se agarraba de las sienes debido a la pena. Intentaba esconderse de las miradas ajenas, cubriéndose con sus brazos encima de su cabeza. Le pareció tierna dicha reacción y no pudo evitar sonreír levemente, volviendo a lo suyo para no incomodar al rubio.
Para eso decidió salir del salón para poder ir a la cafetería, seguida de Ashido y Kyōka que parecían animadas al mostrarle cosas en su celular mientras caminaban. El cenizo no se perdió ninguno de sus movimientos, regresando la vista a sus manos en cuanto la joven se fue por el pasillo.
—Su cara es un enorme sí —el dedo índice de Kaminari tocó varias veces la mejilla ajena, ganándose un manotazo que le hizo dar unos cuantos pasos hacia atrás.
—¿Piensas decírselo?
La idea nunca había pasado por la mente de Bakugō, tenía la única tarea de convertirse en el héroe número uno, pero su enamoramiento por su compañera era bastante evidente como para ser ignorado. Dio un suspiro leve y terminó por bajar la cabeza, jugando con sus manos en un intento pobre por desviar la atención y así no tener que contestar. Si tuviera el valor de confesarse, ¿sería correspondido?
Tenía un cariño y aprecio bastante grande por aquella joven con la cual, luego de mucho esfuerzo, había logrado entablar una linda amistad. No quería malos entendidos y que su relación se viera afectada en el caso de ser rechazado. Miles de escenarios cruzaron por su mente y cada uno era más desalentador que el anterior, pero existía un rayo de esperanza que le hizo querer despojarse de la pesada mochila que cargaba en su espalda, que incrementaba en pesadez cada vez que la tenía cerca.
—¡El día blanco será en dos semanas, puedes decírselo aprovechando la festividad! —la enorme sonrisa cuadrada de Sero apareció frente a sus ojos, apoyando ambas manos sobre la mesa para así llamar su atención. Bakugō tenía la mirada decaída, y eso era algo a lo que sus amigos no estaban acostumbrados—. No puedes quedarte con la duda del qué pasaría, yo me arriesgaría si fuera tú.
—Exacto, viejo —coreó Kaminari, estando de acuerdo—. Dime, ¿qué puedes perder?
Bakugō pensó durante unos cuantos segundos las palabras de sus amigos, cerrando los ojos ante las posibilidades. Tenía miedo, y mucho. Aunque siempre se mostró seguro de sí mismo esa faceta era una vil mentira, ya que tenía mil y un inseguridades que con el paso de los días se hacían más y más grandes, alargando la lista hasta ser casi interminable. Quiso negarse a la posibilidad, pero cuando las pecas de la joven surcaron su mente como miles de estrellas junto al brillante fulgor de sus ojos verdes terminó por decidirse.
Kaminari, Kirishima y Hanta lo observaron fijamente, impacientes por una respuesta. Tanta atención provocó que se pusiera nervioso inconscientemente y eso lo llevó a chasquear la lengua, sintiéndose acorralado entre la espada y la pared.
—Lo haré.
El trio festejó emocionado alarmando al resto de los presentes dentro del salón, provocando que la impaciencia de Katsuki creciera considerablemente.
—Cállense y ayúdenme, idiotas —murmuró con las mejillas que comenzaban a sonrojarse débilmente hasta expandir el color a la altura de sus orejas.
Sus amigos asintieron emocionados y fue allí cuando el timbre sonó indicándole a los alumnos que debían volver a sus salones. Aizawa ingresó a paso lento y se colocó tras su escritorio con aquel cansancio que lo caracterizaba, frunciendo el ceño al ver que tres asientos seguían vacíos. La puerta se abrió de repente mostrando a las tres jóvenes que faltaban, las cuales se disculparon avergonzadas para correr a sus sillas. Sadashi se dejó caer en su lugar oyendo varias risas detrás de ella, eso provocó que su piel tostada adoptara un color rojizo debido a la vergüenza, obligándola a esconder su rostro en los brazos cruzados sobre la mesa para así evitar la mirada burlona del resto.
Por mero instinto sintió la insistencia detrás suyo, curiosa volteó por sobre su hombro encontrándose con el rojizo mirar de su amigo rubio ceniza. No le pareció extraño ya que lo consideraba alguien observador, además de que no le incomodaba ser observada por él, por eso mismo le sonrió avergonzada por los regaños públicos de Eraseread por haber llegado tarde. Katsuki giró la cabeza hacia la ventana al haberse sonrojado por los hoyuelos en las mejillas ajenas, sintiendo como su corazón latía desbocado dentro de su pecho.
Tendría una semana agitada.