BESTIA | YOONMIN¹⁸

Summary

En un mundo donde los hombres lobo y los humanos coexisten en aparente armonía, las tensiones ocultas entre ambas especies acechan bajo la superficie. Jimin, un humano doncel, enfrenta una dura etapa de su vida tras divorciarse de Taemin, su pareja que le fue infiel. Marcado por su anhelo de formar una familia, decide recurrir a la inseminación artificial para cumplir su sueño de ser padre.

Genre
Romance
Author
Lizzvet
Status
Complete
Chapters
42
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capitulo 1


El ambiente en la habitación estaba impregnado por el inconfundible aroma a medicina y cloro, un olor que siempre había puesto nervioso a Jimin. Sin embargo, en esta ocasión, no era el entorno lo que lo inquietaba, sino lo que estaba a punto de suceder. Su corazón latía con fuerza, golpeando una y otra vez contra su pecho como si quisiera escapar. Se encontraba acostado sobre la camilla, con el vientre descubierto, mientras era observado por una mujer frente a él.

—¿Listo? —preguntó ella con una sonrisa llena de confianza y ternura.

El pelirosa asintió lentamente, esforzándose por contener el temblor en su voz.

—Sí.

La mujer tomó un frasco de gel transparente y lo vertió sobre su abdomen. El contacto frío de la consistencia lo hizo estremecer, pero no apartó la mirada de la pantalla junto a él. Respiró profundo, intentando relajarse mientras la mujer colocaba el transductor sobre su piel y lo deslizaba con cuidado.

—Muy bien, veamos —dijo ella, concentrándose en la pantalla mientras las imágenes comenzaban a formarse. El silencio que siguió fue tan profundo que Jimin podía escuchar el sonido de su respiración mezclado con el suave zumbido del aparato.

De pronto, la mujer señaló un punto en la pantalla, su sonrisa se ensancho con alegría.

—Aquí está. Felicidades, Jimin. Ahora eres padre.

Ante aquella noticia, el mundo del pelirosa pareció detenerse por unos instantes. Su respiración quedó atrapada en su pecho y sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. Varias de ellas comenzaron a descender por sus mejillas, dejando rastros húmedos que no se molestó en limpiar.

—Ahí está... —repitió con la voz temblorosa, como si apenas pudiera creer lo que veía.

En la pantalla, un pequeño punto destacaba entre las sombras. Insignificante para otros, pero para el doncel significaba todo. Era el inicio de una nueva etapa en su vida, aquello con lo que siempre había soñado desde que era pequeño y que hasta ese momento, parecía inalcanzable. Pero ahora, se volvía realidad..

—Gracias... —susurró emocionado. Su mano temblorosa se posó sobre su vientre, justo donde sabía que esa pequeña vida crecía.

La mujer sonrió con calidez, comprendiendo la magnitud del momento. Mientras Jimin seguía mirando la pantalla, las lágrimas continuaron rodando por su rostro. Cada una de ellas era de pura felicidad. Por un instante, olvidó por completo el engaño de su ex pareja y se permitió enfocarse únicamente en su futuro hijo.

Sin embargo, el momento se vio interrumpido cuando la mujer frunció el ceño al observar algo en la pantalla. Con una mueca de sorpresa, se levantó bruscamente de su asiento y caminó hacia el refrigerador donde guardaba las muestras.

—¿Sucede algo malo, Meli? —preguntó Jimin, incorporándose un poco, con la inquietud reflejada en su rostro

La pelinegra abrió los ojos con incredulidad, llevándose una mano a la boca al leer el nombre de la muestra.

—Jimin, ¿te gustan los hombres lobo?

El pelirosa la miró con desconcierto.

—No, los detesto.





En un lujoso edificio en el centro de Seúl, un pelinegro de presencia imponente revisaba unos documentos de suma importancia. A su lado estaban Namjoon y Taehyung, ambos observaban en silencio, al hombre a su lado.

De repente, la puerta se abrió con brusquedad, rompiendo la calma del momento. Por el umbral entró una joven de cabellos negros, sus manos temblorosas sujetaban una carpeta con fuerza y su rostro reflejaba miedo y preocupación.

—Lo... lo siento —balbuceó con voz temblorosa—, pero... pero nos hablaron de la clínica y parece que hubo un error.

El pelinegro levantó la mirada, su expresión se endureció al enfocarse en las palabras de la mujer.

—¿Qué clase de error? —preguntó con frialdad, su tono fue tan helado que la chica retrocedió asustada.

La joven tragó saliva con dificultad, esforzándose a sí misma por no derrumbarse.

—Inseminaron a uno de los pacientes... por error.

El silencio que siguió fue sofocante. De pronto, un gruñido profundo escapó de los labios del pelinegro. Se levantó bruscamente de la silla y arrojo los documentos al suelo en un movimiento cargado de furia.

—Yoongi, tranquilízate —intervino Namjoon, con la voz cargada de preocupación.

—¿Tranquilizarme? ¿Estás bromeando? —bramó el pelinegro furioso.

—Estás asustando a tu secretaria —añadió Taehyung, quien observaba la situación con seriedad.

Al escuchar esto, Yoongi dirigió su mirada hacia la joven, quién temblaba de pies a cabeza. Sin decir una palabra más, comenzó a caminar en su dirección.

Pero antes de que pudiera acercarse más, Taehyung dio un paso al frente, colocándose entre Yoongi y la joven.

—Quédate ahí —ordenó el castaño, con un tono de voz firme mientras extendía una mano hacia adelante para bloquear el paso del Lycan.

El ambiente se tensó aún más. Los ojos del pelinegro ardían con ira, pero Taehyung no mostró señales de retroceder si no por el contrario, se mantuvo firme en su posición. Mientras la joven, aún detrás del castaño, apenas y podía contener las lágrimas ante el miedo que sentía.

Yoongi gruño, desajustando el cuello de su camisa con un gesto brusco, con sus ojos aún fijos en la joven que se refugiaba detrás del alfa menor. Su mirada era afilada, llena de una mezcla de furia y frustración.

—Cancela todas mis citas de hoy y cuando regrese no quiero verte —ordenó con voz firme antes de girarse y salir de la oficina, cerrando la puerta con un golpe seco.

La chica permaneció inmóvil, clavando la mirada al suelo mientras murmuraba débilmente.

—Sí...

Taehyung se giró hacia ella, intentando suavizar el ambiente con un tono más relajado.

—No te preocupes, está enojado, pero no contigo directamente —dijo con calma.

La joven simplemente asintió, incapaz de articular una respuesta, salió de la oficina, dejando a los dos alfas a solas.

Namjoon soltó un largo suspiro, llevándose una mano a las sienes para masajearlas en un intento de aliviar la tensión.

—Esto va a ser un caos —comentó con resignación.

—Ni que lo digas —respondió Taehyung mientras se dejaba caer en el sillón más cercano.






—Meli, ¿por qué me preguntaste si me gustan los lobos? —preguntó Jimin con el ceño se fruncido mientras observaba a la castaña, quien apretaba nerviosamente el frasco entre sus manos.

Pero antes de que ella pudiera responder, la puerta se abrió de golpe, haciendo que ambos se sobresaltaran. Un hombre alto, de cabello negro y mirada intensa, irrumpió en la sala, irradiando autoridad. Meli dio un paso atrás, murmurando sorprendida.

—Señor Min...

El recién llegado no le prestó atención. Su mirada se clavó directamente en el pelirosa.

—¿Este es el chico que lleva a mi cachorro? —preguntó, con un tono bajo pero cargado de firmeza.

Jimin lo miró perplejo, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.

—¿Qué? —balbuceó confundido.

El hombre dio un paso adelante, acercándose al pelirosa.

—Llevas en tu vientre a mi cachorro —afirmó, su voz se escuchó más profunda de lo habitual, como si fuera una declaración irrefutable.

Jimin abrió y cerró la boca varias veces, completamente sorprendido. Finalmente, logró responder con la voz temblorosa pero firme.

—Está equivocado. No llevo a su cachorro, ¡Es mi hijo, ¿entiende?!

El ambiente en la sala se volvió tenso, como si el aire mismo esperara el desenlace del enfrentamiento. Meli permanecía inmóvil, sus ojos se alternaban entre ambos hombres, temerosa de intervenir.

—El feto que está dentro de ti es mío. Puedo olerlo, no hay ninguna duda —exclamó Yoongi, con la voz llena de enfado mientras sus ojos centelleaban con intensidad.

Jimin negó con la cabeza, negándose a aceptar lo que acababa de escuchar. Sus manos temblaban mientras giraba la mirada hacia la doctora, quien estaba prácticamente paralizada por el miedo. Meli tragó saliva con dificultad, incapaz de sostenerle la mirada al pelirosa. Apretó el frasco entre sus manos con más fuerza, como si eso pudiera calmar los nervios que amenazaban con paralizarla. Finalmente, respiró hondo y con voz temblorosa, empezó a explicar.

—Hubo... un error en los registros de la clínica. Las muestras de ADN fueron intercambiadas por accidente durante el procedimiento de inseminación. La muestra que debía ser utilizada no coincidía con la que finalmente se aplicó.

Jimin sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Su mente se esforzaba por procesar cada palabra, pero la respuesta era clara.

—¿Estás diciendo que... el padre biológico de mi bebé no es quien debería ser? —preguntó, su voz salió en un susurro cargado de incredulidad.

Meli asintió lentamente, evitando el contacto visual mientras continuaba.

—La muestra que se usó... pertenece al señor Min. Su nombre estaba en el registro equivocado. Y ahora... el bebé que llevas en tu vientre es suyo.

El silencio que siguió fue ensordecedor. Jimin miró a Meli con los ojos abiertos de par en par, luchando por controlar las emociones que lo invadían: confusión, incredulidad, rabia y sobre todo, miedo.

Yoongi, por otro lado, permanecía inmóvil, pero sus ojos seguían fijos en el pelirosa como si cada palabra de la doctora solo confirmara lo que ya sabía.

—Te lo dije —interrumpió el pelinegro con voz grave—. Lo supe en cuanto entré aquí. Puedo olerlo. Ese cachorro es mío, no hay error en eso.

Jimin giró hacia él, su mirada estaba llena de desafío y desconcierto.

—Esto no puede estar pasando —murmuró, más para sí mismo que para los demás.

Meli intentó intervenir, con voz débil.

—Jimin, yo... lo siento mucho. No fue algo intencional, pero... entiendo que esto es algo difícil de aceptar.

—¿Difícil? —replicó Jimin con un tono que empezaba a quebrarse—. ¡Esto no es solo difícil, es una pesadilla! —el pelirosa apretó los puños con fuerza, tratando de mantener la compostura mientras su mente se llenaba de preguntas y emociones contradictorias. —¿Cómo pudo suceder algo así? —exclamó, dirigiéndose a Meli con una mezcla de frustración y desesperación—. ¡Esto es tu culpa! ¡Deberías haberlo revisado!

La doctora retrocedió un paso, claramente afectada por las palabras del doncel.

—Lo sé... lo sé, Jimin. No hay excusas para lo que pasó. La clínica ya está investigando cómo ocurrió, pero ahora lo más importante es asegurarnos de que tú y... el bebé del señor Min estén bien.

—¡El bebé es mío! —gritó Jimin, girándose hacia Yoongi, cuya expresión permanecía impasible pero intensa—. No tienes derecho a reclamar nada.

El pelinegro cruzó los brazos a la altura de su pecho, su postura era firme y dominante.

—No me interesa discutir tus derechos o los míos. Los hechos no cambian nada. Ese cachorro es mío y no voy a quedarme de brazos cruzados.

El pelirosa sintió que su respiración se aceleraba. Toda su vida se estaba desmoronando en un instante y ahora tenía que lidiar con un extraño que afirmaba tener derechos sobre su hijo.

—No necesito tu ayuda. No quiero nada de ti —dijo Jimin, tratando de sonar firme, aunque su voz temblará ligeramente.

Yoongi arqueó una ceja, avanzando un paso hacia él.

—Esto no es una cuestión de lo que tú quieras. Se trata de lo que es correcto. No voy a ignorar a mi cachorro y no importa lo que digas, estaré involucrado en esta situación.

—¡No soy un lobo, no entiendo cómo funcionan sus... sus cosas! —gritó Jimin, dando un paso atrás—. Solo quiero que me dejes en paz.

—Eso no va a pasar —respondió Yoongi con un tono bajo pero decisivo—. Te guste o no, ahora estás ligado a mí.

El pelirosa sintió que las lágrimas amenazaban con salir, pero se negó a mostrar debilidad frente a ellos. Tragó el nudo en su garganta y levantó la barbilla, tratando de mantenerse firme.

—Retírate. Necesito hablar con él a solas —ordenó Yoongi a la doctora con un tono autoritario que no admitía discusión.

Meli asintió rápidamente, con los ojos aún llenos de preocupación, salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Ahora, Jimin y Yoongi estaban solos.

El silencio inicial era opresivo, cargado de tensión, hasta que Yoongi, con una expresión fría y calculadora, habló.

—¿Cuánto quieres por el cachorro?

Jimin abrió los ojos de par en par, la incredulidad se reflejaba en su rostro.

—¿Disculpa? —su voz sonó casi como un gruñido, una mezcla de rabia e indignación.

Yoongi suspiró, como si estuviera lidiando con un niño.

—Dije que cuánto quieres. No importa la cantidad. Lo que pidas, lo pagaré.

La declaración fue como una bofetada para Jimin. Su cuerpo entero tembló, pero no de miedo, sino de coraje. Dio un paso hacia el pelinegro, sin apartar la mirada.

—Mi bebé no está a la venta. No me importa quién seas ni cuánto dinero tengas. Este bebé es mío, ¿entiendes? Mío.

Yoongi arqueó una ceja, sorprendido por la intensidad de la respuesta, pero su rostro permaneció impasible.

—Deja de jugar, niño y di una maldita cantidad —espetó, con un tono más grave, como alguien que está a punto de llegar a su límite de paciencia.

Jimin cerró los puños a los costados, su pecho subía y bajaba con fuerza mientras intentaba controlar su temperamento.

—Ya te lo dije, mi bebé no está a la venta —repitió, cada palabra cargada de veneno—. Y no soy ningún niño. Soy Park Jimin.

El nombre resonó en la habitación con una determinación que no se podía ignorar. Yoongi lo observó detenidamente, como si estuviera evaluándolo, buscando debilidades en esa mirada desafiante.

—Park Jimin —repitió seco y sin emoción—. No entiendes en qué te estás metiendo. Ese bebé es mío también y no voy a permitir que lo críes tú solo.

—¿Mío también? —Jimin soltó una risa sarcástica, pero sus ojos brillaron con rabia—. ¡Tú no tienes ningún derecho sobre este bebé! Pedí que me inseminaran, pero yo no te elegí, que lo hayan hecho fue un error. Así que, si tienes algún problema, arréglalo con la clínica, pero no te voy a dar a mi hijo.

Yoongi avanzó un paso, acortando la distancia entre ellos.

—Escúchame bien, Jimin. No me importa cómo pasó, ni quién cometió el error. Lo único que importa es que ese cachorro lleva mi sangre y no voy a quedarme sin hacer nada.

—¡No necesito tu ayuda! —gritó el pelirosa, dando un paso atrás, aunque su voz no perdió fuerza—. Este bebé es lo único bueno que ha pasado en mi vida y no voy a dejar que alguien como tú lo arruine.

La dureza en sus palabras hizo que los ojos de Yoongi brillaran con emoción, como si algo en su interior hubiera despertado. Pero rápidamente volvió a su máscara fría e inquebrantable.

—Esto no es una negociación —dijo con un tono más firme—. Más vale que te acostumbres a mi presencia, porque no voy a desaparecer.

Jimin apretó los dientes, su mirada estaba fija en el hombre frente a él. No estaba dispuesto a ceder, no cuando se trataba de su bebé.

—Y yo no voy a permitir que interfieras en mi vida. Así que haz lo que quieras, pero mi respuesta no va a cambiar. Este bebé es mío.

Ambos permanecieron en silencio por unos minutos, sus miradas eran como cuchillas chocando en un duelo por quien saldría victorioso. Finalmente, Jimin se dio la vuelta y salió de la habitación. Yoongi en cambio permaneció en ella y sacó su celular del bolsillo. Su mandíbula estaba tensa y cada movimiento que hacía reflejaba su furia contenida. Marcó un número con precisión, esperando solo un par de tonos antes de que una voz familiar respondiera al otro lado de la línea.

—¿Qué pasa? —preguntó un pelirrojo, con voz despreocupada.

—Escucha con atención, Hoseok —ordenó Yoongi, con un tono tan frío como el hielo—. Necesito que investigues todo lo que puedas sobre Park Jimin. Absolutamente todo: sus registros médicos, financieros, familiares... No dejes ninguna piedra sin voltear.

—¿Park Jimin? —preguntó Hoseok, intrigado.

—Exacto —confirmó Yoongi—. Y una vez que tengas toda la información, asegúrate de borrar cada rastro de su existencia como humano. No quiero que quede ninguna evidencia.

Hoseok se quedó en silencio por un momento, procesando las órdenes inusuales de su jefe.

—¿Borrar toda la evidencia? —repitió, con un tono ahora más serio—. ¿Por qué querrías hacer eso?

Yoongi apretó los dientes, su paciencia estaba a nada de terminar.

—Porque ese humano lleva a mi cachorro en su vientre —soltó con frustración—. No necesito que nadie más lo descubra.

Hoseok dejó escapar un silbido bajo, impresionado por la revelación.

—Entendido —respondió finalmente—. Pero esto no será fácil. Los registros humanos no son simples de manipular.

—No me importa cómo lo hagas, te pago bastante bien, como para que puedas hacerlo —cortó Yoongi—. Y asegúrate de hacerlo rápido y bien. No puedo arriesgarme a que alguien se entere de esto antes de que lo controle.

—Lo haré. Pero te cobrare más.

Yoongi miró por la ventana, sus pensamientos revolvían su mente como una tormenta. Sabía que estaba entrando en un terreno peligroso, pero no le importaba. Ese cachorro era suyo y no iba a permitir que nada ni nadie lo pusiera en peligro y mucho menos un tonto humano.

—Hazlo, Hoseok. No importa el dinero, solo no quiero que haya errores —dijo finalmente antes de colgar, dejando al otro alfa con la palabra en la boca.

Guardó el celular en su bolsillo y respiró profundamente, intentando calmarse.

«No será fácil» pensó Yoongi.

—pero tampoco imposible.

.

.

.