El Desierto
A lo largo de su turbulento viaje en busca de respuestas sobre su pasado, los susurros acerca de los eventos acaecidos en la Ciudad de Arcadia llegaron hasta sus oídos, transmitidos por los enemigos y los civiles. Tales relatos, saturados de pesadillas y remordimientos, atormentaban la mente de la joven de cabellos dorados y ojos carmesí, envuelta en un aura de misterio y confusión.
¿Qué había sucedido exactamente después de su enigmático despertar? ¿Por qué cada vez que utilizaba su poder sentía un terror abrumador de perder el control?
La pesadilla de Arcadia había comenzado.
“Dios ha muerto, y nosotros lo hemos matado.” —Friedrich Nietzsche
Nisha y N 13 se encontraban en una taberna de Nueva Uruk, celebrando el retorno de la paz mientras conversaban sobre su próxima misión: la búsqueda del infame Cardenal Aleister. Bebían despacio, compartiendo recuerdos y anécdotas mientras la tranquilidad reinaba en la ciudad reconstruida.
Pero en el corazón de la joven monarca, una inquietud persistía. La Ciudad de Arcadia la perseguía en cada conversación. N 13, al escuchar el comentario de su amiga, cerró los puños, el dolor reflejado en su rostro. Miró a Nisha con una tristeza y arrepentimiento profundos.
—Es algo que aún me atormenta al cerrar los ojos —susurró N 13 con una voz quebrada—. El dolor en mi pecho es insoportable cuando recuerdo lo que hice. Dentro de mí habita un ser horrible, cargado de odio y sed de sangre, y temo el día en que tome el control y todos estemos en peligro.
Nunca olvidaré ese día; es mi mayor pecado, una carga que llevo sobre mis hombros. Todo comenzó cuando...
La noche se cernía única sobre el vasto desierto, donde el aire fresco levantaba la fina arena, y la luna llena iluminaba las dunas y las ruinas de una ciudad que alguna vez prosperó en tecnología y vida.
Sin embargo, el lugar no estaba tan desolado como parecía. Una figura encapuchada avanzaba por las dunas, sus huellas marcadas en la arena. El dolor consumía su cuerpo, y en un momento, colapsó de rodillas, sintiendo el tormento en cada fibra de su ser.
Sus ojos carmesí observaron cómo su mano se transformaba en una garra biónica y gris. El terror la invadió, y su respiración se volvió pesada y errática.
Una voz masculina resonó en su mente, intensificando el dolor.
—Sabes bien que tarde o temprano tu cuerpo será mío. Eres débil, pequeña estúpida.
Al despojarse de la capucha, reveló una melena dorada y un rostro de facciones exquisitas. Era una joven, atrapada entre su belleza y su tormento interno.
—¡Ni en tus sueños tendrás el control sobre mi cuerpo, V! —vociferó la joven con firmeza, mientras el sudor corría por su frente.
—Por favor, ni siquiera sabes controlar tu poder. Si supieras lo que este mundo decadente encierra, tal vez seríamos los últimos sobre la faz de la tierra.
El miedo llenó su ser al escuchar tales palabras. Desde que salió del laboratorio, no había visto a nadie más. Su mente cuestionaba la realidad, pero V se reía de su incertidumbre.
Sin embargo, una intuición le decía que V mentía; debía haber más gente en las cercanías.
Usando su voluntad, logró someter su poder, y su brazo volvió a la normalidad, enfureciendo a V.
—¡Jajajaja, tus esfuerzos son patéticos! Sabes que no hay esperanza para ti; solo huyes de tu destino.
—¡Cállate!
Se levantó y continuó su camino, sorprendida por los paisajes místicos del desierto. A lo lejos, se alzaban montañas y estructuras de ciudades abandonadas.
Al explorar una de las ruinas, se acercó a un edificio medio derruido y vio su reflejo en un aparador que una vez fue una tienda. Un recuerdo lejano invadió su mente: un tiempo de prosperidad y tranquilidad, donde dos figuras se destacaban bajo la luz del sol.
Una voz femenina, tierna, le advertía que no podía comprar una muñeca en el aparador, y una mujer la levantaba mientras ambas reían.
N 13 se sacudió de sus pensamientos al escuchar gritos cercanos.
—¿Gritos? No... mi mente debe jugarme una mala pasada.
Sin embargo, al escuchar los gritos nuevamente, decidió investigar.
En una calle de la ciudad en ruinas, una pareja era acosada por grotescas criaturas caninas sin piel, con músculos expuestos y espinas en sus espaldas, y colas que terminaban en cuchillas afiladas. Eran siete en total.
Las criaturas abrían sus bocas como grotescas flores, con lenguas afiladas moviéndose mórbidamente mientras saliva escurría de sus horribles fauces.
La mujer abrazaba al hombre, llorando de impotencia, mientras él sostenía una tubería en un intento desesperado de defensa. Cuando las bestias se lanzaban sobre la pareja, una piedra cayó sobre la cabeza del líder de la manada. Este se giró y vio a N 13 con otra piedra en la mano.
—¡Dejad en paz a esas personas, malditas alimañas! —gritó N 13 con determinación, preparándose para lanzar otra piedra.
—¡¿Estás loca?! ¡Huye, esas cosas te matarán! —exclamó el hombre con terror.
Las criaturas avanzaron hacia ella, pero N 13 dio un gran salto y se posicionó en la cima de un poste. Desenvainó un tubo de su capucha y se lanzó sobre una de las bestias, apuñalándola en la cabeza y provocando una lluvia de sangre.
La pareja observó, atónita, mientras la criatura se retorcía de dolor y moría, enfureciendo al líder de la manada, quien atacó de nuevo a la joven.
Los reflejos de N 13 se activaron mientras esquivaba los ataques de las bestias con precisión, evitando que las cuchillas cortaran sus cabellos dorados.
El combate desató la voracidad de V, que comenzó a manifestarse en el subconsciente de la joven.
—¡Vamos, déjame salir! Sabes que deseas beber su sangre. ¡No niegues tu verdadera naturaleza!
—¡Nunca seré un monstruo como tú!
A medida que las bestias atacaban, N 13 esquivaba con agilidad, utilizando su fuerza sobrehumana para lanzarlas por los aires.
La pareja, sorprendida por el poder de la joven, vio cómo su terror se transformaba en admiración.
N 13 eliminó casi todas las criaturas, quedando solo ella y el líder. La tensión era palpable, el viento soplaba con fuerza, y la pareja sudaba por el clímax de la batalla.
—Querido, esa chica no es ordinaria —dijo la mujer, su voz temblando.
—Lo sé, sus movimientos y destreza no son humanos —respondió el hombre.
La lucha entre N 13 y el alfa se intensificó, pero el alfa, astuto y poderoso, golpeó a la joven con su cola, atravesando su costado. La pareja observó horrorizada mientras la sangre escurría por la capucha de la chica.
—Joder, duele... pero ¿por qué me siento tan tranquila? —murmuró N 13, con un dolor sobrehumano, pero una serenidad inquietante en su mirada.
La joven tomó la cola de la bestia con una determinación frenética, girando su cuerpo con fuerza antes de lanzar al monstruo contra uno de los edificios cercanos. Los escombros llovieron, y una nube de polvo se levantó, ocultando brevemente el caos.
Ella observó su costado, donde la herida se cerraba lentamente ante sus ojos.
—¿Qué demonios...? —murmuró, su voz cargada de incredulidad.
Su asombro fue interrumpido por esferas de energía que emergían del edificio, dirigiéndose hacia ella con una velocidad mortal. N° 13 esquivó el ataque por un suspiro, pero antes de que pudiera recuperar su compostura, la bestia se lanzó sobre ella, mordiendo su brazo derecho y forzándola a soltar el arma.
—¡Mierda!
La pareja observaba la escena con horror, sus corazones golpeando con desesperación mientras buscaban una forma de ayudar.
—¡Mierda, ¿qué hago?! —exclamó N° 13, su voz vibrando con angustia.
Desde las profundidades de su mente, la voz de V retumbó con una ironía cruel.
—¿De verdad vas a dejar que te ayude?
—Si prefieres morir devorada por un perro mutante conmigo, no tengo objeciones —respondió N° 13 con un tono mordaz, su sarcasmo avivando la ira de V.
—Grrr, está bien. Concédele a tu poder el deseo de formar un arma a partir de tu carne.
La chica vio cómo la criatura se preparaba para perforar su cabeza, y en ese instante, el miedo humano se desató dentro de ella. Su instinto primitivo despertó, manifestando su poder de una manera grotesca. Una cuchilla imponente brotó de su carne, atravesando el cráneo de la bestia con un desgarrador grito. La criatura se retorció en agonía antes de caer muerta al suelo.
N° 13 quedó paralizada, su mirada llena de terror mientras sus manos temblaban.
—¿Qué soy? ¡¿Qué demonios soy en realidad?! —preguntó, su voz temblorosa.
—Señorita... ¿está bien? —preguntó el hombre, su preocupación palpablemente temblorosa.
La mordida en su brazo comenzaba a sanar de manera casi sobrenatural. N° 13 se volvió hacia la pareja.
—Sí, estoy bien, no se preocupen. ¿Y ustedes, están bien?
—Si no hubiera sido por ti, estaríamos muertos —dijo la mujer, sus ojos fijos en los de N° 13 con una mezcla de asombro y terror. Su mano temblaba mientras tomaba la de su acompañante.
—¿Qué ocurre, cariño? —preguntó el hombre, confundido.
—Esos ojos... ¡esos ojos! —la mujer balbuceó, una gota de sudor deslizándose por su mejilla.
El hombre, al ver los ojos de la joven, sintió una ola de pánico sin precedentes.
—Tú... tú eres... ahora entiendo por qué tienes esas habilidades.
—¿Ocurre algo? ¿Por qué me miran así? —inquirió N° 13, su voz cargada de desesperación.
—¡Es una Mutant Queen! —exclamó el hombre, su voz temblando de sorpresa y terror, retrocediendo ante la revelación.
Las palabras resonaron en la mente de la rubia, haciendo que su corazón acelerara con una mezcla de miedo y confusión.
—¿Qué significa ser una Mutant Queen? ¡Por favor, díganme qué es eso! —su voz se quebró por la angustia.
La pareja se miró con preocupación.
—¿No sabes qué es una Mutant Queen? —preguntó la mujer, su voz cargada de incredulidad.
—No, yo... miren, no sé qué está pasando. Estoy buscando ayuda, estoy perdida. Desperté en un laboratorio abandonado. No entiendo nada, por favor, díganme qué está ocurriendo.
—Cariño, ella dice la verdad, lo veo en sus ojos. No parece saber lo que es —dijo la mujer, su tono reflejando una mezcla de compasión y preocupación.
—¡¿Pero sabes lo que nos pasaría si la iglesia nos viera con una Mutant Queen?! —exclamó el hombre, su rostro palideciendo.
—Jejejeje, parece que te tienen miedo, jajajaja —se rió V desde las sombras de su mente.
Las palabras de V sumieron a N° 13 en una desesperanza creciente, pero la mujer la interrumpió con un tono decidido.
—Sé que te han asustado, pero ella claramente está perdida. Debemos ayudarla.
—Cariño, estamos en serio peligro si la iglesia nos encuentra con ella. ¿Realmente quieres morir? —dijo el hombre, su voz llena de ansiedad.
—No quiero causarles problemas, pero necesito encontrar gente. Quiero respuestas, saber quién soy en realidad —imploró N° 13.
El hombre, aún reacio, cruzó los brazos y suspiró profundamente antes de aceptar ayudarla.
—Te ayudaré. Hay un pequeño asentamiento en las afueras de Arcadia, pero debes ser discreta. Así que, si puedes, quítate esa parte ensangrentada de la capucha.
N° 13 miró al hombre con una gratitud genuina y lo abrazó, el contacto provocando un rubor en él mientras ella presionaba su cuerpo contra el suyo. La mujer, celosa, tiró del hombre por la oreja.
—Amor, cálmate, no hay necesidad de ponerte celosa. Bien, síguenos.
N° 13 arrancó la parte ensangrentada de su capucha y se unió a la pareja mientras se dirigían al asentamiento.
Durante el camino, la joven rubia preguntó sobre la presencia de la pareja en un lugar tan peligroso.
—¿Por qué estaban en un lugar tan peligroso? —inquirió.
—Fuimos a un pueblo vecino a descansar y vender comida. Perdimos nuestro vehículo debido a esas bestias. Pero Arcadia no está lejos. Por cierto, me llamo Sarah —explicó la mujer.
—Y yo soy Román. ¿Y tú, cómo te llamas? —preguntó el hombre.
N° 13 levantó la vista hacia el cielo, su mirada llena de melancolía.
—En realidad, no tengo nombre. Lo único que recuerdo es que el laboratorio donde desperté tenía el número 13. Así que, pueden llamarme N° 13.
—Curioso nombre, pero respetamos tu decisión, señorita N° 13 —dijo Sarah, su tono conciliador.
La joven rubia observó las ruinas de las ciudades modernas a su alrededor, sintiendo una extraña familiaridad con los lugares, como si su ser reconociera los restos de su pasado. Se acercó más a la pareja, dispuesta a buscar respuestas.
N° 13: —Disculpen, ¿a qué pertenecen esas ruinas?
Sarah: —Es una historia larga, señorita. Esas ruinas son los vestigios de la antigua humanidad.
N° 13: —¿La antigua humanidad?
Román: —Exactamente. Hace más de cien mil años, un cataclismo transformó el mundo para siempre. Un ser colosal, conocido como el Grotesco, descendió de los cielos con la intención de aniquilar todo a su paso. Pero una figura femenina, a quien veneramos como la Santa Petrificada, se levantó para enfrentarlo en una batalla sin igual.
El cielo se tornó carmesí, y la tierra tembló bajo la furia de su combate. Truenos ensordecedores y lluvias torrenciales azotaron el planeta mientras la batalla se desataba. Del cuerpo del Grotesco surgieron horrores indescriptibles, pero la tecnología de la época, aunque primitiva, logró hacerles frente. Estos dos seres, dotados de poderes que desbordaban la comprensión humana, lucharon en un enfrentamiento épico. Al final, ambos perecieron y sus cuerpos fueron petrificados.
Sarah: —Desde entonces, veneramos a la Santa como nuestra salvadora y se fundó su iglesia. Ella es nuestra diosa ahora.
N° 13: —Mencionaron algo sobre la Iglesia. ¿Qué es exactamente?
Román: —Es el régimen que domina casi todo el planeta. Nos han provisto de recursos, pero solo mientras permanezcamos fieles a su doctrina. Ven a tu especie como una amenaza, así como a los herejes y rebeldes que aún se esconden en las sombras del mundo.
Sarah: —Así es. No tienen piedad con quienes intentan romper el orden que han instaurado. Te pido que te comportes con discreción cuando lleguemos.
Román: —Y asegúrate de que nadie vea tus ojos. Ellos son un presagio de calamidad.
V: —Je, me encanta esa palabra.
N° 13: —Cierra la boca.
El grupo avanzó a través del vasto desierto, y al subir una imponente duna, los primeros rayos del sol revelaron una ciudad majestuosa en el horizonte. N° 13 contempló una urbe amurallada con un estilo barroco y árabe, sus edificios adornados con murales y detalles exóticos que se alzaban de manera desafiante. La ciudad estaba rodeada por una muralla de azulejos finos, de un azul pálido que evocaba el cielo, con bordes decorados con flores y un extenso mural que narraba la batalla entre la Santa y el Grotesco.
A las afueras, un asentamiento de casas humildes y calles desoladas contrastaba con el esplendor de la ciudad. El progreso y la belleza parecían inexistentes allí. N° 13 sintió una punzada de indignación al observar las deplorables condiciones en las que vivían.
Sarah: —Hemos llegado, cariño.
Román: —Así es, hogar dulce hogar.
N° 13: —Es una ciudad hermosa, pero... ¿por qué esta división entre la gente?
Román: —La zona del asentamiento alberga a mercaderes y a aquellos que se oponen a la Iglesia. Carecen de recursos y deben tragar su orgullo para sobrevivir.
Sarah: —El duque Lancelot gobierna con mano de hierro. Cualquier muestra de rebeldía es castigada severamente.
Román: —Debes proceder con extrema cautela, señorita N° 13. Los inquisidores de la Iglesia vigilan cada rincón. Si ves a alguien vestido como un paladín con máscaras de plata, ten en cuenta que son inquisidores. No te enfrentes a ellos; su fuerza supera lo común.
N° 13 examinó detenidamente el asentamiento y la ciudad.
N° 13: —Hay un aire de tristeza en este lugar.
Sarah: —Aunque tus intenciones sean puras, no podrás desafiar al Duque Lancelot. Tiene a sus inquisidores, y si ellos fallan, él tiene otros medios para mantener el control.
La mujer miró a N° 13 con seriedad y temor, creando un ambiente cargado de tensión. Justo en ese momento, V interrumpió con su voz sádica.
V: —Siii, hay comida fresca en este lugar, jajajaja. —Su risa cruel resonó con un hambre insaciable.
N° 13: —¿De qué estás hablando?
V: —Pronto lo sentirás en tu piel. Aún estás dormida, pero tarde o temprano, tu verdadera naturaleza se revelará.
Román sintió una mano en su hombro y apartó la vista de N° 13.
Román: —Nuestros caminos se separan aquí, N° 13. Te deseo suerte en tu búsqueda de respuestas.
Se estrecharon la mano, y la joven le agradeció por su guía. Observó cómo la pareja se alejaba mientras el sol iluminaba su figura y el viento movía su larga capucha.








