Prólogo
-Vete-
Fue lo primero que hizo cuando todo empezó a ir mal. Sólo corría asustado sintiendo un ardor casi indescriptible en sus pulmones, pero no estaba sólo.
Podía oír las pisadas de quienes lo perseguían mientras el pequeño erizo de ojos dorados solo podía pensar en cuánto necesitaba un abrazo de su papá. Eso no quitaba que había decidido obedecer y salir corriendo cuando su padre se lo indicó. No debía mirar atrás, más no podía evitarlo. Sombras negras persiguiéndolo, con ojos rojos brillantes y paso uniforme.
-Corre-
No podía, no se sentía capaz, cada vez sentía que no podía más, que no había escapatoria.
Sus pies le traicionaron.
Cayó.
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-PIPIPI-
Los mismos ojos dorados se abrieron de golpe con el ruido de la alarma del teléfono. Otra noche con pesadillas o recuerdos, no lo sabe con certeza.
Su infancia siempre será un misterio, incluso para él mismo. No mentiría ni dirá que esto no es algo que desde su adolescencia despertó su curiosidad, pero si tan solo se le ocurría sugerir el tema recibía una mirada mortal de su padre que helaba su sangre y bajaba su presión. -Tu padre no necesitaba liberar sus feromonas para intimidar- o eso es lo que afirma su tía Rouge.
Él no lo entendió del todo hasta que por primera (y única vez) se enfrentó a su padre. Solo fueron unos segundos, todo su cuerpo se sentía pesado, la fuerte sensación de asfixia duró unos segundos hasta que su padre abrió las ventanas -Perdona- dijo su padre tras salir de la habitación sin mirarlo. Al recuperar la respiración pudo entender a lo que se refería su tía. DOMINANCIA. Debería haberlo supuesto.
“La forma de vida definitiva”, como se llamaba a sí mismo cuando pensaba que nadie lo escuchaba o como lo llamaba su tía Rouge en forma de burla, no podía ser más que un alfa dominante, DEMASIADO dominante. Siempre que algún omega intentaba coquetear con su padre este lo espantaba a los segundos, por lo que podía ver solo él podía soportarlo y eso cuando no estaba enfadado. Pero, claro, ¿Cuándo no estaba enfadado? Quería a su padre, pero hasta él sabía lo amargado que podía ser. A saber cómo pudo llegar a tenerlo.
Ese era otro punto que no podía tratar con su padre. El tema de su madre era otro tabú dentro de su pequeña familia. Aunque no tanto como el anterior. Cada vez que preguntaba se llevaba un suspiro o un gruñido y un -Lo sabrás más adelante-, dependía de que tan frustrado se sintiera su padre ese día.
Si, sin duda la relación con su padre no era tan buena como le gustaría. No sabía casi nada de su pasado, tampoco le contaba en qué trabaja actualmente. Intentó preguntarle a su tía Rouge, pero ella solo le dio pequeñas migajas para apaciguar a su “pajarito”. Como que su padre es mayor de lo que aparentaba, que fue agente de G.U.N., donde se conocieron y que ayudó en la derrota contra el doctor Robotnik. Si pedía más información, su tía lo callaba con una manzana mientras le decía -Eso ya se lo tendrás que preguntar a tu papá, pajarito. No querrás que maten a tu tía Rouge ¿No?- Terminado la conversación con un pequeño Silver sacudiendo su cabeza de forma brusca preocupado por su tía.
Por lo que, su padre, solo era un extraño muy conocido al que quería.
Pero albergaba una vana esperanza.
Ese día era su 21 cumpleaños, ya sería considerado como mayor de edad, su padre no tendría más excusas. Puede.... puede que por una vez en su vida su padre lo viera como alguien de suficiente confianza como para decírselo.








