El Humano
"Hace mucho tiempo dos razas gobernaban las tierras de Sumeru: Humanos y Monstruos un día una guerra se desató entre ambas razas.
Tras una larga batalla, los humanos se alzaron con la victoria, sellando a los Monstruos bajo tierra con un hechizo por los Dioses”
Tighnari corría por los bastos prados de las montañas de Sumeru, corría adentrándose lo más que podía hasta llegar al monte Vanarana, lugar donde dice la leyenda
"Los que se adentran nunca regresan”
Nari corrió hasta llegar a una cueva, al voltearse pudo ver a lo lejos a los guardias de la Ciudadela, estos enviados por Naphis, uno de los sabios de Sumeru. Como pudo este se adentro más en la cueva para poder esconderse detrás de un montículo de rocas.
- Búsquenlo, esta vez no se saldrá con la suya.- Ordeno Naphis a los guardias.
Los guardias avanzaban por los intrincados pasadizos de la antigua cueva, con antorchas en mano que proyectaban sombras danzantes en las paredes de piedra. Su misión era clara: encontrar al Zorro Fennec que se había adentrado en el laberinto subterráneo tras cometer un acto de traición contra su facultad.
El sonido de las botas de los guardias resonaba cada vez más cerca, obligando al Tighnari esconderse detrás de una gran columna de piedra cubierta de musgo. Su corazón le latía con fuerza en el pecho, mientras observaba con cautela a través de una rendija el avance de los soldados, cuyas voces resonaban en el estrecho pasillo.
Los guardias pasaron de largo, sin notar la presencia del Tighnari que se mantenía inmóvil y en silencio detrás de la columna. Un suspiro de alivio escapó de sus labios, pero sabía que su escondite era temporal y que debía encontrar una salida de la cueva antes de que fuera descubierto.
Con cuidado, Tighnari se deslizó por un estrecho pasadizo lateral, buscando una ruta de escape que lo llevara lejos de los guardias y la cueva parecía cerrarle el paso en cada esquina.
Asique suspiro hondo y sacando fuerzas de donde pudo, se dispuso a escalar el gran muro que le bloqueaba el paso.
- Ahí esta!.- Gritó uno de los guardias a todo pulmón, todos corrieron detrás del chico por la cueva tratando de capturarlo.
Tighnari se aferraba a las grietas y salientes del muro con determinación, buscando cada pequeño punto de apoyo con sus manos y pies. Su cuerpo se movía con cansancio intentando esquivar las rocas que los guardias le lanzaban.
Uno de estos ataques logró desequilibrarle haciendo que cayera al gran agujero a los pies del muro.
-S-Señor,Deberíamosbajar?.- pregunto uno de los guardias a Naphis.
-No.-Naphis poso su mano en el hombro de guardia. -Deja que se lo coman los monstruos.-Dio la orden de retirada y salieron de la cueva.
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El pobre chico despertó de su caída adolorido trató de levantarse para buscar alguna herida sin éxito, este se percató de que no cayó directamente contra el piso.
Noto que un manto de flores doradas amortiguaron su posible muerte dolorosa.
“Son tan suaves”Se dijo a sí mismo en su mente
-T-tu.-Tighnari volteo de donde provino la voz.-Eres H-humano!?
Tighnari asintió ante la pregunta.
-N-no deberías estar aquí...-continuó la voz misteriosa
-Porque no?.-
-Si ellos teencuentran.-su tono era más nervioso.-T-te llevarán con Él.
Tighnari estaba más confundido, trato de acercarse poco a poco a la portadora de la voz.
-Quien eres,porque
me dices todo esto?.-
- S-soy Collei, Collei la flor.-
-Tighnari, un placer...








