Fuerzas Especiales
El palacio se llenó de nobles, amigos cercanos y familiares lejanos, todos ansiosos de conocer al primogénito del rey, a quien llegaron a apreciar y respetar por la tenacidad de su causa, el valor en sus acciones y el aprecio con el que trataba al pueblo de Joseon
Sin embargo, pocos eran los que realmente conocían la realidad del aparente matrimonio feliz de la corte real.
Ante el mundo debían verse sonreír, tomados de la mano y expresando ese fuerte lazo de amor que llevo la revolución a la victoria, pero puertas para dentro, apenas si comían juntos, las palabras de apreció sonaban frías y sin ese calor que tanto había enamorado al rey en su momento. ¿Dónde quedó esa rebeldía? pensaba ¿Por qué parece faltar algo? meditaba Cheoljong, lamentándose por sentir la pérdida de su amada, aun teniéndola frente a sus ojos, cargando al niño que tanto había esperado, al que prometió proteger del cruel mundo. Pero lo que más odiaba, era que la reina que tanto lo había impresionado, parecía desconocer por completo la personalidad aguerrida, rebelde y fuera de lugar que tanto lo enamoró
– ¿no vas a venir? - pregunto la reina, con ese tono odiosamente perfecto y tan falso - su majestad, es la presentación de su hijo frente al mundo, no puede faltar
– fuerzas especiales - murmuro sin responder a la pregunta de su esposa
–¿perdon?
–¿no lo recuerdas? - cerro de golpe el diccionario de su reina, girando para ver a la mujer de frente - fueron tus palabras, mi reina
No hubo respuesta, solo una disculpa, como si fuera una falta grave el no haber respondido algo tan sencillo, incluso prefería oir un regaño o una queja a otra maldita disculpa
– Olvídalo - dijo con desaire, rendido a seguir intentando recuperar a su reina rebelde - Tengo asuntos que atender, asi que no ire a la presentación
Era cruel, pero quería que ella insistiera. Este, fue su último intento por recibir esos regaños tan característicos, habia estado colmando la paciencia de la reina por semanas, todo con tal de ser reprochado. No fue asi
– Como usted diga majestad - dijo en cambio, rebalsando el vaso de paciencia de Cheoljong
El silencio envolvió la habitación vacia, en la que solo una persona vagaba, regresando el preciado diccionario a su respectivo lugar, mientras el dueño contenia las lagrimas de confusión e ira que amenazaban con brotar de sus ojos cansados
– no es ella - sollozo - no es ella - ladro con un golpe al estante, tirando un par de libros por el impacto
Recuperando la compostura, colocó libro por libro, deteniendose en uno amarillo y desgastado, uno que cargaba con tanto pasado que hasta parecia una reliquia personal
El rey abrazo el libro con cariño, tratando, no por primera vez, convencerse que su reina, la mujer que tanto amo y puso su vida de cabeza, estaba fuera de esas puertas, sufriendo por su culpa y que tal vez, solo tal vez, debía acostumbrarse a esta faceta y volvería a ser como antes
Tras dejar el viejo libro en su estante, salió en busca de su esposa, pero el jefe eunuco le informó que la reina salió a la ceremonia de presentación con el joven principe y que además le pidio que entregara un mensaje: “no se moleste en venir majestad, termine con sus deberes y descanse por favor”
Cheoljong acató el pedido y se alejo del palacio central, vagando en soledad por los pasillos, hasta llegar como por inercia al lago, el mismo en el que rescató a su reina en un momento, mismo en el ella cayó y regreso tan cambiada
¿acaso era eso? ¿el lago tenía alguna energía que llegara a cambiar la personalidad de la gente? Era una locura, So-yong no cambió por el lago sino tras el disparo y el nacimiento de su hijo, era más lógico pensar que el amor maternal la había cambiado y domado la bestia interior de la reina
– Solo debo acostumbrarme a esta, nueva version de ti - declaro al vacio, sonriendo con esfuerzo, como si esto pudiera convencer a su mente de que las cosas volverian a ser como antes
Al girar en dirección al palco, casi podía ver a su reina diciendo “no soy lo que tu crees” o cuando exigió hicieran el “no tocar”, algo que habia ordenado con tal ferocidad en esos días, pero cuando el rey quiso repetir la misma frase, la reina dijo: “- no hace falta que su majestad siga esas órdenes. Perdone mi comportamiento irrespetuoso hacia usted”. La formalidad y claro contraste de palabras, lo tomó por sorpresa, tirando todo el conocimiento que tenía de la reina al “caño” como ella solía decir
Estaba por ir de regreso a palacio, decidido a pedir perdon por su comportamiento pero, una extraña sensación tiro de él hacia el lago, como si una voz inexistente lo estuviera incitando a ver su propio reflejo en las aguas oscuras del agua. Al asomarse, no vió su reflejo, sino la imagen de su reina, hundiéndose en las profundidades
– ¡Mi reina! - grito alterado, tirándose al piso, dispuesto a rescatarla pero, la imagen femenina se difumino, pareciéndose ahora a…¿un hombre?
Pensó que era un espejismo, una alucinación causada por el maldito lago, pero no podía arriesgarse a estar equivocado y perder de nuevo a la mujer que amaba.
Se quitó las ropas de ceremonia y saltó al lago, buscando algun indicio de ella, una sombra, algo. Pero no había nada. No se rindió, no podía dejarla hundirse, debía salvarla de nuevo
Apenas reteniendo el aire en su boca, diviso una figura a lo lejos, algo brillante. Podía estar viendo mal por el agua en sus ojos, pero aún asi se impulso para llegar a ella y. Todo quedo a oscuras
El agua fue expulsada de sus pulmones con fuerza, ayudado por un eunuco que, no reconocía. Supuso que se trataba de algún nuevo o tal vez pertenecia a uno de los invitados
– amigo ¿esta bien? – inquirió el joven, dirigiéndose a él sin honoríficos. Que osadía
Estaba por reclamar tal falta de respeto, pero pronto su mente trajo la preocupación de regreso
– ¿Dónde está la reina? – exigió saber el rey, tomando al eunuco por los hombros – ¿ella está bien?
El sirviente se zafó del agarre, alejándose del monarca, como si fuera un animal salvaje o un loco peligroso
– estas ebrio – sentencio el extraño, antes de alejare al palacio
– ¿ebrio? – repitió el rey, claramente ofendido. Comprobó su propio aliento, pero no apestaba a licor. ¿acaso se veía como uno?
No había tiempo que perder con banalidades, tenía que encontrar a la reina
Se apresuro a regresar a palacio, evadiendo al gentío que se aglomeraba por la celebración, algunos incluso de tierras lejanas por sus vestimentas extravagantes ¿esa mujer estaba mostrando sus piernas? ¿Por qué había occidentales en la fiesta? Luego tendría una seria discusión con su hermano, por permitir estas libertades
La tolerancia fue iniciativa de Cheoljong, pero había limites que respetar, como la ética de vestimenta ¿Por qué habían invitados con ropas de la realeza? Esto era el colmo
– ¡Oiga! – trato de llamar a un hombre que vestía con ropas ceremoniales como si fuera vestimenta casual ¿Qué el mundo estaba loco?
Ya se disponía a detener al insolente cuando, a lo lejos reconoció una figura femenina. Era su ropa. Su peinado. Su manera despreocupada de andar. Sí. Era su reina
Corrió a ella con anhelo, ignorando las quejas de los invitados que se cruzaban. Necesitaba ver su rostro, saber que estaba salvo. Rogarle perdón por su indiferencia y poco amor. Prometerle el amor que se merecía
– mi reina – la detuvo con entusiasmo, dándole vuelta para ver…¡¿un hombre?!
Casi dio un brinco por la sorpresa, al igual que el tipo en cuestión, quien mostro la misma expresión que el eunuco que lo ayudo.
– ¿te conozco? – cuestiono la reina de bigote. En serio, esto era una locura
– No, no lo creo – debería reprenderlo por tal acto. Pero no era momento – ¿ha visto a la reina?
la bigotuda ladeo la cabeza, entrecerrando los ojos como si el rey hubiera dicho algo sinsentido. Elevo su mano y señalo al grupo de…reinas, que se reían y jugaban entre ellas
Solo entonces fue consciente del panorama completo. Había más de una reina, habían cientos de eunucos y ni se diga de reyes. Todos parloteando, caminando y emitiendo luces fuertes de sus manos, como si fuera lo más normal del mundo
– ¿Qué está pasando? – quiso saber un rey perdido, entre tantos
– es el festival de la luna roja – respondió la reina de bigote, antes de dejar al monarca varado. Arrepentido de haberse lanzado al lago, lamentándose por su temprana muerte y descenso a la locura








