𝐂𝐚𝐩𝐢́𝐭𝐮𝐥𝐨 𝐈
Cuando pienso en un lugar seguro, acogedor y tranquilo, lo primero que se me viene a la mente es el bosque.
Después de todo ahí nadie me molesta, no escucho el ruido de la ciudad y su gente y principalmente nadie me intenta lastimar.
En el bosque puedo correr y saltar y nadie me dirá que me detenga.
Puedo gritar a todo pulmón lo que siento y nadie juzgará lo que digo.
Incluso puedo ver hermosos paisajes que no se pueden ver por las luces de la ciudad.
Es el lugar perfecto.
En la noche...
—Creo que es por aquí —Afirmó nerviosa pasado por unos arbustos—. Entonces no falta mucho para llegar... C-creo.
La chica dudó un poco mientras caminaba entre los arbustos y plantas mientras cargaba su mochila donde lleva cosas simples como una linterna, una navaja, agua, banditas, dinero y uno que otro bocadillo, pero aún así tenía la determinación de seguir continuando hasta que llegar a su destino.
—No hay que dudar, después de todo no es tan fácil perderse —Dijo con confianza mientras seguía el camino.
1 hora después...
—M-mierda... Me perdía.
La chica solo daba vueltas por la misma zona hasta darse cuenta, confundida Se quedó parada pensando en donde se había equivocado a lo que se desesperó después de todo no sabía a donde ir o qué hacer y empezó preguntarse si fue buena idea venir al bosque. Su mente se llenó de preguntas preocupantes mientras se mordía las uñas por la ansiedad hasta que le empezó a dar un sabor raro en su boca por lo que apartó su mano viendo su dedo sangrando.
—No hay que desesperarse —Susurro mientras veía como su dedo sangraba—. Mejor nos sentamos un rato a calmarnos.
Se dejó caer en un costado del árbol poniéndose un bandita en su dedo de paso bebió un poco de agua por el largo camino que había recorrido, miró un momento si entorno después de todo la luz de la luna iluminaba tanto que no utilizó su linterna por lo podía descansar un rato más y mirar la Luna y las estrellas que habían.
—Hacía mucho tiempo no miraba el cielo —Decía mientras cerraba los ojos sintiendo la calidez de la luz—. Pero hay que continuar.
Aguardo la botella y recogió la basura de la bandita y continuó su rumbo, pasó por varios lugares como un pequeño río de agua cristalina, un pequeño acantilado y varios arbustos que al final rasgó un poco su mochila hasta ver algo que le resultaba familiar.
—Este es... —Agarra un flor silvestre y la examina un poco—. Si lo es, esta es la arenaria.
Levantó un poco más su vista logrando ver más flores silvestres de todo tipo.
—También hay lavanda, margaritas, dragoncillos e incluso tomillo —Nombraba mientras iba apuntando a cada flor—. Eso significa...
Se lanzó a correr entre grandes árboles encontrándose en el camino más flores silvestres conforme más corría hasta llegar a un pequeño campo de flores silvestres rodeado de grandes árboles. La chica sonrió al ver la pequeña escena.
—Lo l-logre —Exclamó.
Camino entre las flores lo que la llenaba de nostalgia y tranquilidad provocado que se acostó en el centró del bosque mirando las estrellas después todo era el lugar deseaba llegar. Este campo parecía ser un pequeño jardín oculto entre las profundidades del bosque. El lugar transmitía seguridad, comodidad, calidez y tranquilidad, para la chica era un secreto que la ayudaba a salir de la realidad y la dejaba ser ella misma.
—Hacía mucho que no visitaba este lugar— admitió—. Pero en parte también es mi culpa.
Las palabras que había dicho le daban una punzada en el corazón y con ello surgen recuerdos que ella había olvidado. Volteo la cabeza a un lado encontrándose una pequeña margarita que dependiendo su color podría significar la inocencia o la felicidad pero para ella parecían muy importantes como si le recordaban a alguien. Su mente volvió a ser invadida por preguntas...
Y si en verdad, ¿fue mi culpa?
Si no hubiese insistido tanto ese día.
Tal vez el accidente no hubiese ocurrido.
Tal vez seguiría vivo.
Y nada de esto estaría pasando.
Para ella era algo normal estar sumergida con la duda de “Si no hubiera”y del “Tal vez”, no se sabe si empezó desde ese día o desde mucho antes. Desde su mochila sacó la navaja y jugó con ella un poco.
—Este era nuestro lugar favorito —Decía mientras veía el reflejo de sus ojos en la navaja.
Perdoname por esto... —con lágrimas en los ojos dirigió la navaja a su pecho—. Pero ya no puedo más.
Sabía muy bien lo que iba a doler sin embargo la ansiedad, la tristeza, la ira, la culpa, entre muchas emociones acumulado en su pecho le dolía continuamente todos los días más que cualquier cortara o golpe que se hiciera en el cuerpo, lo único dias que puede calmar ese dolor fue cuando dejó de respirar.
—Perdoname por esto... Hermano —Susurro.
Continuará…