Amigo imaginario

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Summary

Pareciera que Sunan lo perdió todo, hasta que lo conoció a él.

Genre
Romance
Author
Alejandro
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Fue en Marzo cuando la vida de Sunan se vino aún más abajo.

La mayoría de su cuerpo se encontraba sumergida en la pequeña piscina inflable que su madre le había regalado un par de días atrás por su cumpleaños. Ese día, aunque solo lo pasaron ellos dos juntos, fue de lo mejor. Su madre preparó un exquisito Pad Thai y lo dejó dormir hasta tarde viendo dibujos animados. Su madre se quedó sonriendo a su lado hasta que Sunan cayó dormido sobre su hombro.

Abrió los ojos con ligereza, observando como el inmenso azul del cielo se veía adornado por una pequeña nube, quedándose perdido por un largo rato, esto hasta que su madre destruyó el silencio en el que Sunan estaba tan cómodo. Llamándolo desde la pequeña ventana de la cocina que daba directamente al jardín.

Sunan frunció el ceño, sin embargo, salió inmediatamente del agua completamente empapado, dejando pequeñas huellas en las baldosas entre el césped.

Entró a casa medianamente mojado, había olvidado la toalla sobre un banco en el jardín y ahora debía soportar un sermón de su madre sobre por que era importante secarse después de salir de la piscina, pero cuando lo miro no dijo nada al respecto, solamente torció los labios.

—Te preparé limonada.

La mujer extendió el vaso que tenía en su mano y le sonrió.

Aunque solía preparar limonada casi todos los días, dudó si se trataba de una trampa y terminaría con un golpecillo en la cabeza, pero en su lugar solo le dio el vaso de limonada.

Sunan agradeció.

Su madre se acercó a la estufa detrás de ella, sacando del horno una bandeja repleta de galletas de mantequilla. Sabía que esa era una mala señal, dado que siempre que tenía que darle alguna mala noticia la acompañaba con la dulzura de sus galletas.

La primera vez que lo hizo fue cuando ella y su padre divorciaron.

Sunan tenía alrededor de seis años y mientras jugaba con sus muñecos de acción ella se acercó para darle un plato de galletas.

Sunan comenzó a comerlas.

Ella se miraba nerviosa sobando sus manos y acomodando mechones de cabello detrás de su oreja.

—¿Qué pasa, mami?—Inquirió mientras una de las galletas se deshacía en su boca.

Se acercó un poco más a Sunan y le pasó los dedos entre el cabello.

—Mamá, ¿pasa algo?.—preguntó con insistencia corrigiendo su postura y mirándola a los ojos.

Ella dejó caer su mano sobre la espalda del pequeño y se apoyó para sentarse en el suelo, a su lado.

—Tu padre y yo nos vamos a separar.— Confesó.

Sunan no sabía que trataba de decir con eso, creía que tal vez se refería al hecho de que su padre salía de viaje con frecuencia y ahora viviría en otro lugar temporalmente para evitar los largos viajes.

En parte fue cierto, su padre se mudó a otro lugar, pero fue de manera permanente y sin Sunan y su madre. Eventualmente llegaron a un acuerdo: Sunan viviría con su madre, mientras que su padre podría visitarlo siempre y cuando cumpliera con la manutención. A pesar de eso, solo pagaba la manutención, nunca lo volvió a ver.

El único recuerdo que tenía de él era el de un hombre amable, de hombros anchos, pelinegro, con una voz varonil y un aspecto que se veía impecable bajo ese esmoquin de color negro que siempre usaba y contrastaba con el blanco de su piel.

Había sido su ídolo y lentamente dejó de serlo.

La segunda vez que su madre usó las galletas a su favor fue cuando la abuela de Sunan falleció y él solo tenía ocho años.

Después de su divorcio, el padre de Sunan pidió que desalojaran el departamento que siempre había sido de los tres. Su hogar.

Lo hicieron y se mudaron con la abuela. Una mujer que entre más años tenía, más dulce se volvía.

Aunque ya era mayor seguía con su pastelería que había sido popular en su juventud, pero ahora solo era una de las tantas que se encontraban en Pattaya.

Solía trabajar hasta tarde, la madre de Sunan se encargaba de recogerla mientras que el pequeño dormía hasta el amanecer. Cuando los rayos del sol atravesaban el cristal opaco de su ventana, Sunan, salía corriendo a desayunar, vistiendo los típicos pantalones cortos de color azul y su camiseta del uniforme escolar. Después de bajar del auto besaba la mejilla de su abuela, para luego despedirse de ambas y finalmente entrar al colegio.

Una rutina de casi todo los días.

Un par de días bastó para que todo decayera. Su madre recibió una llamada en la tarde, se podía suponer que eran más allá de las seis por los colores naranjas que teñían las paredes en la sala de estar.

La mujer solo le avisó que iría por su abuela, le acarició las mejillas y salió de la casa dando un portazo.

Al día siguiente, al igual que como hizo con su padre, le dio un plato con galletas.

Ya solo se despedía de su madre antes de entrar al colegio.


Ahora tenía de nuevo un plato de galletas justo frente a él y en comparación con la primera vez, no se llevó ninguna a la boca, ni siquiera lo pensó.

Su madre no se veía angustiada. O triste. Se veía tal vez un poco feliz.

—Mamá ¿Pasa algo?— Finalmente se atrevió a preguntar, sintiendo un nudo en la garganta.

—Nan. Querido.— Hizo una pausa para tomar un poco de aire.

Sunan columpiaba sus pies para tratar de calmar sus nervios, sin embargo su madre lo tomó de las manos, masajeándolas.

—Nos mudaremos a Bangkok.

Gracias por leer <3

Espero poder actualizar pronto