El diario de secretos

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Summary

Insania, marcada por un traumático secuestro de niña, lucha contra las secuelas de ese pasado. Tras un extraño intento de secuestro, comienza a cuestionar su propia cordura. Un diario encriptado y figuras enigmáticas que solo ella puede ver la persiguen, sembrando la duda sobre la realidad de sus experiencias. ¿Está siendo perseguida por fuerzas oscuras, o su mente fracturada le juega una cruel broma? A medida que la línea entre la realidad y la ficción se difumina, Insania se adentra en un laberinto de secretos y misterios, donde la magia puede ser la única explicación a lo inexplicable.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Renacer del caos era algo difícil. Uno podría dedicar años de sudor y esfuerzo para construir algo en donde no hay nada, pero no importa que tanto lo intentes, hay veces que simplemente no se puede. Para que existan casos de éxito que nos sorprendan, deben existir una mayoría que fracasa y que sea común para sus semejantes. Entre la lista de fracasos que tenía en la cabeza, no ser capitana del equipo era un fracaso.

Pero ser arquera era aún peor. Para sus expectativas, para la única motivación que sembró desde que comenzó el secundario y para su entrenamiento constante. ¿Alguna vez un padre pudo presumir de su hijo arquero? Nunca, jamás. Algunos apenas celebraban, con algo de timidez, que fueran defensores, ella no era digna de ser ni siquiera mencionada. Que la maestra la hubiera visto reaccionar con rapidez a un tiro mal intencionado de uno de sus compañeros no le parecía motivo suficiente para obtener esa posición, no se preparó para ello.

Claro está que la notable falta de un arquero para el equipo femenino no tenía nada que ver en esa situación.

Producto de su malhumor no quiso ir a celebrar con sus amigas y decidió irse caminando sola.

Por ese mismo sentimiento no miró con su habitual paranoia por sobre su hombro, tampoco estuvo alerta a las sombras que aparecían por el rabillo de sus ojos, menos se cercioró que la puerta de su casa estuviera cerrada como correspondía.

Sudando de tanto esfuerzo, con un horrible nudo en la garganta, se sentó en la bañera con la ropa deportiva aún puesta, dejó que el agua recorriera su cuerpo para amortiguar todos los malos pensamientos.

No era una persona que se dejara derribar con facilidad, pero la frustración no era una de las emociones que supiera ocultar. ¿Ira? ¿Tristeza? ¿Júbilo? Las podría contrarrestar con facilidad, pero no sabía cómo contrarrestar el sentimiento de fracaso, de intentar con todas tus fuerzas y notar que, a pesar de eso, no es suficiente. Que no era suficiente.

Cuando la ducha de agua hervida no sirvió, caminó con sus piés húmedos sobre la alfombra, ya vestida, a su refugio.

Una biblioteca con varios pasillos, libreros rebozando de libros que parecían a punto de estallar porque no tenían forma cómoda de quedarse parados. La habitación era alumbrada con un único ventanal al jardín rodeado de cámaras de seguridad para velar por tan imponente colección. Fue hasta la vieja silla de su padre y estuvo a poco de hundirse en ella, cuando trastabilló con un libro en el piso.

Propino tales improperios que una persona de la mala vida podría haberse reformado de solo escucharla, su pie comenzó a sangrar, se hizo un pequeño corte y agarró con fuerza.

Al abrir los ojos notó que, de no haberse golpeado el pié y haber caído, posiblemente estaría inconsciente, ya que un figura borrosa había abanicado el aire con un palo en el lugar que se encontraba su cabeza.

Su pulso se disparó, notó el ventanal abierto, dio una patada con el pie sano a esa horrible mancha y comenzó a correr.

—Y por ese motivo muchachos, no dejamos que las emociones nos controlen —habló para sí misma tratando de, en esa horrible situación, generarse algo de risa.

La adrenalina la inundó, trató de que eso no le permitiera que le nublara el juicio, sintió que estaba huyendo apenas por los pelos, podía sentir en su espalda los ademanes para agarrarla. Gritó con todo el aire que tenía dentro de sus pulmones para tratar de llamar la atención de sus vecinos, con las manos temblorosas apretó el botón de la alarma de seguridad, la puerta principal se abrió con un estruendo y otro manchón se abalanzó sobre ella.

La envolvieron con dos extremidades difusas, volvió a gritar por ayuda y patalear, podía sentir la vena de su cuello palpitar de forma exagerada, empezó a perder la capacidad de escuchar pero sus ojos revoloteaban de un lado al otro, analizando rápidamente toda la situación. Su captor era alto y no podía hacerla pasar por la puerta por la resistencia que estaba generando. Vio a lo lejos el otro manchón acercarse, de por encima de su capa difusa pudo ver un medallón bronce sobresalir, en él estaba tallado una sucesión de símbolos παιδεία.

Los mecanismos de la mente de Insania comenzaron a trabajar a un ritmo impresionante, la situación se había vuelto mucho más peligrosa de un segundo al otro. El medallón de παιδεία, solo había un grupo de personas que podían tenerlo. Su mente generó una lista de tareas concisas.

<> su cuerpo se tiró hacia delante, tocando con los pies el piso y adquiriendo mayor agarre. <<Ahora, desestabilizarlo>> con el pié herido pateó la extremidad inferior de ese manchón, donde asumía que debía haber una pierna. <>

Arremetió como un jugador de rugby contra el manchón que tenía enfrente, cayeron juntos partiendose la ceja contra la esquina de la pared. Siguió corriendo a la cocina, tomó un cuchillo de carnicero y un palo de amasar.

<> pensó al poder procesar lo que estaba pasando.

Se sentía al borde del desmayo, no tenía el valor de ir a buscar la puerta del patio, prefería tener su espalda contra la pared. Clavó sus uñas en el brazo para no perder el conocimiento, el dolor le reavivó la respiración que se realentizaba.

Los manchones no llegaron a volver a atacarla, ya que su cuerpo había sacrificado su capacidad auditiva por la visual, no se había percatado de que los oficiales ya se encontraban afuera. Sentía que su pecho se cerraba sobre sus pulmones, no importaba el dolor que se provocara, su visión se ponía más y más borrosa.

El oficial Paez llegó justo a tiempo para atraparla mientras caía inconsciente.

No importó cuanto buscaran en esa casa, cuanto polvo para huellas gastaron, cuanto manipularon las cámaras.

Aquello que entró no se pudo identificar.