ENTRE CUCHILLOS Y PROMESAS

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Summary

Elena regresa a la academia después de un año, alejada por los asesinatos que marcaron su vida. Pero cuando conoce al nuevo profesor suplente, Ronan Darnell, algo en él la desconcierta. Atractivo, peligroso y con un pasado oscuro, Darnell no solo enseña literatura, sino que parece conocer secretos que deberían permanecer ocultos. Mientras su atracción por él crece, Elena se ve atrapada en una red de mentiras y peligro, donde descubrir la verdad podría costarle más de lo que está dispuesta a perder.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

EL REGRESO

CAPÍTULO 1:

Elena sentía que su madre exageraba. Siempre había sido así.

Desde que tenía memoria, su vida había estado marcada por advertencias y reglas estrictas: “No hables con extraños”, “No salgas de noche”, “Siempre contesta mis llamadas”. Pero cuando los asesinatos ocurrieron en la academia hace un año, su madre cruzó la línea del miedo irracional y la retuvo en casa.

—No volverás a ese lugar hasta que sea seguro —le había dicho con una voz que no admitía discusión.

Elena protestó. Lloró. Suplicó. Pero nada cambió la decisión de su madre.

Así que durante un año entero, su vida se volvió una prisión disfrazada de protección. Estudió desde casa, viendo cómo sus amigos seguían adelante sin ella, cómo la academia lentamente volvía a la normalidad. Con el tiempo, los rumores de los asesinatos se apagaron, las noticias dejaron de hablar del caso y todo el mundo pareció olvidar.

Todo el mundo, excepto su madre.

—¿Estás segura de esto? —preguntó aquella mañana, mientras estacionaba frente a la academia.

Elena miró por la ventana. El edificio estaba exactamente igual: alto, imponente, con su fachada de piedra gris y enredaderas trepando por las paredes. Para cualquiera, parecía un lugar seguro. Pero ella sabía que una vez, no lo fue.

—Sí, mamá —respondió con un suspiro—. Ya pasó un año. Es momento de seguir adelante.

Su madre no parecía convencida, pero no discutió. Se limitó a asentir con el ceño fruncido mientras Elena bajaba del auto.

Con la mochila colgando de un hombro, respiró hondo y cruzó las puertas.

Nada parecía diferente. Los mismos pasillos, los mismos murales de premios académicos… y las mismas miradas furtivas de quienes la recordaban.

Pero entonces, algo sí fue diferente.

Cuando entró a su primera clase, Literatura, el aula estaba en completo silencio. Y al frente, apoyado contra el escritorio con una calma inquietante, estaba él.

No el viejo profesor que recordaba. No el mismo hombre que había estado en la escuela antes de los asesinatos.

Sino el suplente.

Alto. Elegante. Un traje negro impecable. Mirada oscura y afilada. Su simple presencia parecía absorber la luz del aula.

—Buenos días —su voz era un susurro grave, casi hipnótico—. Mi nombre es profesor Deveraux. Y este año, les enseñaré más que literatura.

La piel de Elena se erizó.

No sabía por qué. No sabía cómo. Pero algo dentro de ella gritó que ese hombre traía consigo algo peor que los rumores del pasado.

Algo mucho más oscuro.

Elena no podía apartar la mirada de él.

El profesor Ronan Darnell estaba de pie frente a la clase, imponente y silencioso. Su presencia llenaba la habitación con una calma inquietante, como si todo a su alrededor se detuviera cuando él hablaba. No era como los otros profesores, ni siquiera en apariencia. Tenía una mirada afilada, como si pudiera ver más allá de lo evidente, y sus ojos, de un gris casi plateado o eso es lo que creía, nunca se perdían en las multitudes. Siempre parecían fijos en algo… o alguien.

Elena trató de concentrarse en su lección, pero su voz resonaba en su mente con una claridad que no podía ignorar.

—La literatura es más que palabras en una página. Es un espejo de la humanidad. Pero también es un reflejo de nuestros oscuros deseos, de lo que escondemos de los demás… y de lo que nos empeñamos en ocultar incluso de nosotros mismos.

Elena tembló ligeramente. ¿Por qué esas palabras la afectaban tanto? No podía ser normal sentirse así con un simple discurso sobre literatura. Y menos viniendo de un profesor.

Intentó centrarse en las notas que había tomado, pero no pudo evitar mirar a Darnell de reojo. Él estaba observando a la clase, sí, pero sus ojos… siempre volvían hacia ella.

El aula se llenó de murmullos cuando alguien hizo una pregunta sobre la lectura. Pero Elena notó que Darnell la estaba mirando fijamente, como si esperara una reacción de ella. Como si supiera que ella estaba desconcentrada, que algo no estaba bien.

—¿Elena? —su voz la sacó de su trance.

Su nombre resonó en sus oídos como un eco. Se giró rápidamente, el corazón acelerado.

—Sí… profesor Darnell.

Él la observó un momento, y un destello de algo indescriptible cruzó su mirada.

—¿Sabes de qué estamos hablando? —preguntó, no de una manera severa, sino como si realmente esperara que pudiera ver algo que nadie más entendiera.

Elena asintió, tratando de parecer segura.

—Claro. De los matices oscuros en la literatura.

Darnell sonrió levemente, pero fue suficiente para que un escalofrío recorriera su espalda. No era una sonrisa cálida. Era algo más peligroso, como si hubiera visto a través de ella, como si supiera exactamente qué pensaba.

—Bien. Pero recuerda, Elena… la oscuridad no solo está en los libros. A veces, está en los mismos ojos que te miran. —Su tono se volvió más grave, casi en susurro. Elena se quedó en silencio, intentando interpretar sus palabras. ¿Era una advertencia?

El profesor volvió a girarse hacia el resto de la clase. Elena sentía como si aún la estuviera observando, como si todo en la habitación se hubiera detenido a su alrededor.

El resto de la clase pasó lentamente, pero Elena no pudo concentrarse. La sensación de que Darnell sabía algo sobre ella, algo que ni siquiera ella misma entendía, creció con cada minuto que pasaba.

Después de clase

Elena salió del aula con rapidez, su mente dando vueltas con las palabras de Darnell. Se estaba acercando a su casillero cuando alguien la detuvo. Era Daniel, uno de sus amigos más cercanos.

—¿Qué pasa, Elena? Te vi tensa durante toda la clase. Ese profesor, ¿verdad? Es raro, ¿no?

Elena no pudo evitar mirarlo con un aire de incertidumbre.

—¿Qué quieres decir con “raro”? —preguntó.

—¿No lo has notado? —dijo Daniel en un susurro—. No te fijes solo en su cara. Es su mirada. Hay algo en él… no me gusta.

Elena frunció el ceño.

—Lo sé. Pero tal vez sea solo por lo que pasó aquí el año pasado. Todos estamos un poco nerviosos.

Daniel la miró fijamente, con una expresión que mezclaba advertencia y miedo.

—No es solo eso, Elena. Hay rumores. De que ya estuvo aquí antes, con otro nombre. Y que… algunos de los estudiantes que se fueron no se fueron por voluntad propia.

Elena lo miró, desconcertada.

—¿Qué estás insinuando?

Daniel negó con la cabeza, mirando hacia los pasillos vacíos.

—Nada. Solo… ten cuidado. Algunos secretos no deben descubrirse.

Elena lo miró en silencio mientras se alejaba, sus palabras flotando en el aire como una advertencia. ¿Qué estaba pasando en la academia?

Esa noche

Esa noche, Elena no podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido. El nombre de Ronan Darnell comenzaba a sonar en su cabeza como una pesadilla que no podía despertar. Mientras se preparaba para dormir, algo extraño ocurrió.

Su teléfono vibró con una notificación. Era un mensaje de texto de un número desconocido:

“¿Lo has notado? No es quien dice ser.”

Elena sintió que el aire se le cortaba. ¿Quién había enviado eso?

Miró a su alrededor, pero no había nadie. La habitación estaba vacía. El mensaje, misterioso y aterrador, era todo lo que necesitaba para darse cuenta de que algo mucho más grande estaba ocurriendo en esa escuela… y el profesor Darnell estaba en el centro de todo.