Disciplina: Condena

Summary

🤍Minsung ⭐️BDSM

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

En un dormitorio con apenas el espacio suficiente para una cama individual, un escritorio abarrotado de apuntes y una silla que nunca encontraba su sitio; se encontraban un par de jeans arrugados bloqueando el paso: hoodies colgadas del respaldo de la silla; a medio camino entre caer al suelo y quedarse ahí de forma permanente junto con el resto de ropa recién lavada que el universitario que ahí dormía no se dignaba a ordenar; playeras de distintos colores yacían sobre la colcha desordenada y sobre el escritorio, entre latas vacías de café y papeles garabateados, un calcetín solitario descansaba sin lógica aparente.

Han Jisung se apoyó en el marco de la puerta y soltó un resoplido. Tenía que lidiar con el desastre en cuanto él y Felix, su mejor amigo y compañero de piso regresaran de lo que les gustaba llamar “noche de desconexión”.

Después de un estresante periodo de evaluaciones finales es normal que su grupo de amigos busque una distracción para su mente, razón por la cual su habitación estaba más desordenada que de costumbre, y es que pasó los últimos sesenta minutos buscando algo para ponerse.

–¡Han Jisung! - gritó su mejor amigo. – Si no sales en cinco minutos vas a irte por tu cuenta.

Jisung optó por rodar los ojos con molestia y tomo del suelo los vaqueros negros que descartó al inicio, sus viejos converse negros y se vio rapidamente al espejo para comprobar que su aspecto fuera decente. –¡Solo estoy agarrando mi cartera! - respondió en el mismo tono en el que fue llamado, antes de finalmente salir.

–Estás jodidamente bromeando, Han - Su compañero hizo una pausa para observar al castaño,– es la misma estúpida ropa que te probaste hace más de una hora. - Un encogimiento de hombros fue la única respuesta que obtuvo.

Han Jisung es un estudiante de veintitrés años que actualmente estudia su último semestre en comunicación y periodismo en la prestigiosa Universidad Yonsei, una institución privada fundada en 1885, reconocida como una de las más prestigiosas de Corea del Sur; se dice que los egresados de esa institución tienen asegurado un puesto en las mejores empresas del país, lo que llevó a los padres del chico a hacer sus mejores esfuerzos para pagar los casi seis mil dólares anuales de la matrícula y, a su vez, llevó a Han a vivir en un departamento para estudiantes que estaba lo suficientemente cerca de la universidad como para hacerlo olvidar que era tan pequeño como una caja de cereal.

El mantenimiento del lugar estaba tan olvidado que la pintura que recubría las paredes se descarapelaba en donde la humedad y el paso del tiempo buscaban dejar evidencia y por si fuera poco, se ubicaba entre dos grandes edificios comerciales de microemprendedores.

El casero le advirtió que solo era apto para una persona adulta y por mucho un niño como acompañante, pero sin más dinero que el de pobres trabajos de universitario y cuotas mensuales de sus padres, él y Felix; su mejor amigo, tomaron el lugar como suyo.

Su departamento constaba de cocina, comedor y baño; la “sala de estar” era un espacio donde apenas entró un sofá para dos personas y una mesa de centro, no había televisores porque el costo aumentaba quince dólares que dos estudiantes no se podían permitir y dos medias habitaciones que complicaron los planes de su mejor amigo de llevar a alguien a dormir ahí en varias ocasiones.

–Ya están aquí.- anunció al escuchar su celular sonar con el tono personalizado de Changbin, otro de sus mejores amigos. Espero a que su compañero tome sus cosas y ambos salieron del departamento.

—Nunca entenderé por qué solo se quedan afuera —comentó el rubio, después de varios minutos de silencio en el taxi que pidieron —. Podrían pasar al departamento, tienen llaves.

—Eso mismo me pregunto yo —intervino Sunoo, sacudiendo la cabeza—. Estamos a principios de invierno y la temperatura es baja, pero Changbin no quiso subir.

—Su departamento me da claustrofobia —respondió Changbin, encogiéndose de hombros.

—¿Y vivir con seis personas no? —replicó Jisung con una ceja alzada.

Antes de que pudiera responder, el taxista interrumpió la conversación, anunciando que habían llegado cuando el vehículo se detuvo frente a un gran bar ubicado en los límites de la ciudad.

Discipline destacaba por su fachada antigua e intrigante, no había miles de luces neón o música estridente, más bien daba un aura de exclusividad que era poco común en esa parte de la ciudad.

Una entrada principal amplia y bien iluminada, con una puerta de cristal de gran tamaño. Sobre la entrada, se encuentra un letrero prominente con letras blancas que indica el nombre y lo único que realmente lo hacía parecer un bar era el cartel de “Barra libre los viernes” en luces intermitentes. Bueno, eso y la cantidad de personas ebrias rondando por ahí.

–¿Esto de verdad pertenece a las recomendaciones de Tik Tok?- pregunto Sunoo un poco desanimado. – Les dije que fuéramos a “Unloved” ahí siempre hay barra libre.

—No juzgues un libro por su portada —regañó Felix antes de avanzar hacia la fila del acceso—. Si no nos gusta, podemos salir e ir a cualquier otro bar. Pero hoy, chicos, no regresamos a casa antes de las cuatro de la mañana.

Sin más opción, el grupo de amigos se alineó tras él y las decenas de personas que esperaban para entrar.

Cuando lograron ingresar, fueron golpeados por un cambio de ambiente casi brutal: luces parpadeando en sincronía con la música, una nube de humo artificial flotaba en el aire y el fuerte aroma a perfume y alcohol impregnaba cada rincón.

La pista de baile era un mar de cuerpos en movimiento, celulares capturando la euforia de la noche en fotografías y videos, haciendo que los recién llegados se miraran entre sí con una sonrisa cómplice.

Quizás no fue una mala idea elegir ese lugar.


Con veintisiete años, abogado de prestigio y socio clave de Discipline, Lee Minho sabía exactamente cómo ejercer control en cualquier situación. En los tribunales, su astucia y dominio de la palabra lo habían convertido en una amenaza para cualquiera que buscará enfrentarse al bufet de su padre.

Actualmente se encontraba en los pisos superiores del bar, al frente de una escena de castigo por desobediencia a uno de sus compañeros de juego.

A diferencia del espacio inferior en el edificio, el ambiente era mucho más sofisticado, como el punto de reunión que aparecía en las películas cuando los mafiosos entraban en escena: paredes cubiertas de tablones de madera oscura decorados con terciopelo rojo; luz tenue proveniente de los modernos candelabros del techo. Las personas ahí, andaban con disfraces alocados e incluso muchos paseaban desnudos, algunos aparentaban ser más pudorosos y cubrían partes específicas con tela, cadenas o sus propias manos.

El aire tenía una mezcla de aromas: cuero, humo de cigarro y un leve toque a incienso de sándalo que se filtraba en cada respiro. Minho se encontraba en el centro de la plataforma, un lugar de privilegio reservado solo para los dominantes más respetados del club. Frente a él, su sumiso estaba arrodillado sobre una alfombra gruesa de terciopelo negro, su respiración entrecortada mientras esperaba el siguiente movimiento de su Dom.

—Un sumiso —comenzó a decir, su tono sereno y firme—, es lo más preciado para nosotros. No existe un Dom sin un sub, pero a veces estos últimos olvidan que la obediencia es la base de la sumisión.–Hizo una pausa, dejando que el silencio reforzará el peso de sus palabras.

Algunos doms presentes voltearon a ver a sus sumisos tras las últimas palabras, sintiéndose identificados.

El hombre continuó con sus palabras a la vez que sus manos iniciaron un recorrido sutil; comenzando en la cabeza del chico arrodillado frente a él. Sus dedos se deslizaron con suavidad hasta sus hombros, apenas un roce que causó estremecimiento en el chico. La tensión en el joven era evidente; su respiración se volvió entrecortada, como si anhelara más contacto, como si su piel reclamara que aquel toque no fuera tan esquivo.

Minho sonrió levemente al percibir su necesidad. sus yemas explorando el contorno de su pecho, hasta que sus pulgares encontraron sus pezones y comenzaron a girar sobre ellos en círculos perezosos. —Nuestro trabajo es premiar y adorar —murmuró, su voz grave y seductora, casi un susurro contra la piel del chico.

La dulce caricia, sin embargo, no duró mucho. En un instante, la ternura se esfumó. La presión de sus dedos cambió de un roce placentero a un pellizco repentino, firme, casi cruel. Y cuando el chico se movió para alejarse del doloroso contacto, fue corregido con una bofetada. ––Quédate quieto.

Y Jungwoo; el sumiso castaño de mirada dulce y mejillas sonrojadas no tuvo más opción que obedecer. Se esforzó en permanecer inmóvil pese a que aquellas protuberancias que sufrían el castigo ahora tomaban un color rojo, seguramente arderían mucho al día siguiente. –El castigo de hoy,– hablo el mayor, –será breve, pero bastante efectivo si al igual que este patético intento de sumiso, los suyos son malcriados y desagradecidos.

No era inusual ver escenas como aquella en Discipline, sin embargo, cuando Lee Minho tomaba el centro del escenario, incluso los más experimentados no podían evitar detenerse a observar ya que no solo es un Dom experimentado, también es una leyenda dentro y fuera de esas paredes.

Minho se puso de pie y tiró del cabello del chico, quien permaneció en silencio y se mordió el labio en un intento de ocultar el placer, tintado de cierto temor que le causaban sus palabras y se movió gateando en dirección a un sofá, acción que fue aprovechada por Lee para azotar un par de veces el trasero de Jungwoo antes de recoger un par de cuerdas de la mesa.

–¡Eres tan teatral! – gritó con diversión Hyunjin; su mejor amigo, apoyado despreocupadamente contra una de las columnas del salón, apenas prestaba atención. Con un vaso de whisky en mano y el ceño ligeramente fruncido, observaba la escena con una expresión neutra.

Lee solo atino a reír, ¿en qué momento el rey de la teatralidad lo llamaba teatral?

Hyunjin terminó de un trago su whisky, pudiendo beber ya que no tendría ninguna sesión esa noche y decidió bajar al bar.

Quizás era momento de conocer a alguien nuevo