Prólogo
La Marea Roja
El olor a sal y carne mojada lo cubría todo. Las olas iban y venían, arrastrando escombros y cuerpos inertes a la orilla. No había gritos. No había llamadas de auxilio. Solo el murmullo del viento y el rumor del mar golpeando la arena.
El cielo estaba nublado, un gris denso que amenazaba con tormenta. Sobre la playa, la marea había dejado su rastro: pedazos de madera astillada, mochilas destrozadas, ropa empapada… y cuerpos. Algunos comenzaban a moverse, otros yacían inmóviles, como si la isla los hubiera reclamado.
Desde la selva cercana, el eco de hojas agitadas rompió el silencio. No estaban solos. Algo, o alguien, los observaba.
Y así comenzó su lucha. No solo contra la naturaleza… sino entre ellos mismos.