Prólogo
En la ciudad de Rivermount, cada calle bullía de vida incluso bajo la lluvia. Elliot respiró hondo al salir del edificio, dejando que el aire húmedo lo envolviera. Su ropa estaba empapada de sudor tras cargar cajas todo el día, pero la emoción seguía intacta. Un nuevo comienzo, una nueva historia por escribir.
Se quedó un momento en los escalones de la entrada, observando la ciudad que ahora llamaría hogar. Las luces de los autos destellaban en el pavimento mojado, y el murmullo constante de la gente le recordaba por qué amaba lugares así. Siempre había algo sucediendo, siempre había algo por descubrir.
El sonido de una puerta cerrándose con fuerza lo sacó de sus pensamientos. Giró la cabeza y lo vio: un hombre alto, de hombros rígidos y expresión cansada, avanzando sin prisa hacia la calle. Vestía de oscuro, con el ceño fruncido como si el simple hecho de existir le molestara.
Elliot lo observó con la curiosidad de quien encuentra algo intrigante en lo cotidiano. No era raro ver tipos así en la ciudad, pero había algo en él… en su andar metódico, en su mirada analítica, en la manera en que parecía ajeno al caos a su alrededor.
Sin darse cuenta, sonrió.
No sabía quién era, pero algo en su instinto le decía que, tarde o temprano, terminaría conociéndolo.