Rosas rojas.
-¡Kacchan! Ven acá, por favor.
Katsuki volteó a ver a su pareja, el peliverde estaba sobre la cama que compartían, desnudo como el día que vino al mundo.
Lo que dejaba a la vista sus múltiples flores, que en esta ocasión, eran rosas rojas.
Ese era el don de Izuku, su piel era un lienzo de tatuajes cambiantes, donde florecían flores con cada cambio de humor del pecoso. Desde el cuello hasta sus pies, pasando por sus manos y espalda, todo florecía según los deseos de Izuku.
Y en estos momentos, que Katsuki estaba alistando las maletas para salir en una misión que realmente no sabía cuánto duraría, su pareja tenía coloreado todo su cuerpo con rosas de un intenso color rojo. Eso significaba que su pareja sentía deseo por él, lo estaba invitando a unirse a la cama y compartir un último momento de placer.
Ambos se conocían desde pequeños, sus madres eran amigas y por ende, sus hijos los amigos de juegos del otro. Habían estado juntos cuando ambos obtuvieron sus Quirks, cuando Katsuki había entrado a la UA y su posterior graduación, que fue cuando comenzaron oficialmente su relación de noviazgo.
Ahora, un año después y recién mudados juntos, aún disfrutaban de la libertad de pasar tiempo juntos pero descubriendo aún su dinámica de pareja, lo que los lleva a momentos como este.
Aún no habían tenido sexo. O al menos, no hasta el final. El sexo anal necesitaba tiempo, paciencia y ánimos, cosas que de alguna manera u otra, Katsuki nunca lograba tener los tres juntos.
Katsuki caminó hasta la cama, dónde Izuku lo esperaba con ojos lleno de deseo, sonrisa juguetona y un pene completamente erecto esperando caricias. Al llegar, Katsuki beso al amor de su vida.
Los besos entre ellos eran tan conocidos como respirar. Los movimientos suaves de fricción de los labios, las mordidas pasionales y la guerra entre sus lenguas eran cosas que ya sabían pero que nunca podrían aburrirlos.
Manos vagando sobre el cuerpo del otro sin miedo ni apuros era lo nuevo. El rubio aún no se acostumbraba a sentir la piel suave del vientre de Izuku en su mano, o poder chupar sin descanso los pezones rosados. El rubio bajó sus besos hasta el pene de Izuku, coronado por un mechón de vello verde, decorado de pequeños capullos de rosas, las que terminaban de florecer en su vientre y muslos.
Izuku suelta un leve jadeo al sentir la cálida boca de su pareja sobre sí mismo. Sus manos encuentran el camino al cabello rubio cenizo, para tener donde sostener, tomando el placer adicional de pasar sus dedos a través de los mechones de cabello.
El rubio estaba haciendo su trabajo sin prisas, pasando la lengua burlonamente por la raja, limpiando el líquido preseminal que encontraba antes de tomar dentro de su boca toda la cabeza y dar un par de chupadas largas. Sus manos se encargaban de sostener firmemente el falo y la otra pellizcaba suavemente las bolas cubiertas de pelusa verde.
-Kacchan... Prepárame, por favor... Antes de irte...
Con una última pasada de lengua, Katsuki se enderezó, siendo recibido por la cara sonrojada de Izuku y un espectáculo que hasta hace poco comenzó a ver, las flores de su amor moviéndose.
Izuku estaba haciendo ligeros rebotes de su cadera, para que Katsuki lo preparará, pero lo realmente fascinante era ver cómo las rosas se movían, desapareciendo de la parte superior del cuerpo y concentrándose en los muslos y posiblemente, en el trasero pecoso.
Las flores se veían tan reales en la piel pecosa que daba la impresión de poder tocarlas si pasabas la mano, pero solo se sentiría más piel. Katsuki lo había visto toda su vida ese movimiento en los brazos, pero tener a su pecoso rogando por ser tomado, no solo por sus palabras, si no incluso por su propio Quirks, era algo poderoso.
A lo que tendría que decir que no por el momento.
-’Zuku, ya lo hablamos, cuando vuelva de esta misión me darán vacaciones. Y entonces... -El rubio comenzó a mover con ahínco la mano, apretando la punta y luego soltandola. -Nada en este mundo podrá separar mi verga de tu culo virgen, amor.
Izuku tuvo una punzada de decepción, floreciendole una pequeña caléndula en el pecho, sobre el corazón. Pero así como floreció en su piel, se marchito con la inminente llegada de su orgasmo, el cual, Katsuki lo ordeño hasta la última gota, dejando que el peliverde hiciera un desastre sobre todo su estómago y sobre la mano que lo masturbo.
El rubio soltó la polla flácida de su pareja, hecho un desastre de jadeos, sonrojos y de rosas rojas marchitas que daban a lugar narcisos amarillos sobre el pecho pecoso y sonrojado.
Los narcisos amarillos significaban amor correspondido, que solían florecer en momentos íntimos. Katsuki, ignorando olímpicamente su propia erección, decidió limpiar a Izuku con su propia lengua, bebiendo diligentemente cada porción de semen que encontraba.
-Como me encantaría encontrarte así cuando vuelva. -Subio a gatas por la cama hasta poder besar los suaves labios de Izuku en despedida.
-Te voy a extrañar Kacchan.
-Y yo a ti ’Zuku.