Inesperado (Libro1: Ellos)

Summary

Los hombres heterosexuales no se enamoran de otros hombres, ¿verdad? Excepto que mi compañero de cuarto, Jimin, es intrigante, y me encuentro observándolo constantemente. Es un misterio al que no puedo descifrar, y estos sentimientos que estoy teniendo por él son realmente confusos. Luego, una noche, me encuentro envuelto alrededor de él, y después de eso no puedo tener suficiente. Pero Jimin tiene secretos. No deja entrar a la gente, y cuanto más me enamoro, menos sé acerca de él. Sin embargo, no puedo dejarlo ir. Hasta que me doy cuenta de que terminaré con el corazón roto al final de nuestra historia.

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18+

1

Jungkook


En un principio, los dioses crearon a Jimin Park. Y también me crearon a mí, Jungkook Jeon. Dos hombres, ambos de la misma edad, caminando por el mismo campus pero opuestos en casi todos los sentidos.

Sorprendentemente, podemos cohabitar en el mismo espacio sin matarnos el uno al otro.

La mayoría de los días, hago estas cosas para tratar de medirlo a él y a cómo responderá. Aunque no es que quiera lastimarlo, de hecho, solo quiero obtener una reacción de su parte.

Ha sido inútil hasta ahora. No he averiguado mucho sobre él.

Es intrigante de una manera exasperante. Quiero arrastrarme dentro de su mente y echar un vistazo a lo que guarda allí dentro.

Probablemente sea todo agradable y organizado como su vida en general.

Miro a Jimin por el rabillo del ojo y tomo un largo sorbo de mi cerveza. El líquido frío se desliza por mi garganta y me hace cerrar los ojos.

No conozco bien a Jimin en absoluto. De hecho, lo acabo de conocer después de responder a un anuncio de búsqueda de compañero de cuarto hace como dos semanas. Lo que sí sé es que es muy callado, y puedo decir que es brillante. Más inteligente que yo, eso es seguro. Siempre está leyendo; tiene su Kindle en mano en todo momento del día, debe tenerla guardada en un bolsillo oculto en algún lugar de sus característicos jeans oscuros.

Sabes, ahora que lo pienso, nunca lo he visto con otra cosa que no sea ropa oscura. Pantalones negros, henley gris oscuro de manga larga, botas negras. Incluso su pijama es negro. Ayer, en un ataque de severa curiosidad, eché un vistazo a sus cajones en búsqueda de cualquier signo colorido, y no encontré ninguno. Su ropa interior es negra o gris oscuro. Este hijo de puta tiene serios problemas con las paletas de colores.

Tengo el impulso de guardar un par de calcetines coloridos en su cajón para verlo perder la cabeza.

No es que realmente pierda la cabeza. Por lo general, solo frunce el ceño.

Lo miro, y si entrecierro los ojos correctamente, se parece un poco a Ben Barnes en esa película aburrida de Dorian Rapeepong. Todo misterioso y esbelto.

Yo, por otro lado, con la seriedad necesito ayuda. Mi pelo rubio ha crecido demasiado y le vendría bien un corte. Observo mi camisa amarilla brillante y me froto una mancha de aceite que me cruza un costado. Parece un trozo de adhesiva sucia.

Bueno, al diablo. Tendré que ir muy pronto a Walmart y comprarme un nuevo paquete de camisetas. Probablemente debería llevarme dos paquetes, solo por si acaso. Con mi trabajo actual en el depósito de chatarra de mi tío, mi ropa se destroza todos los días.

Pasando una mano por mi cabello desordenado, me recuesto en mi silla y tomo otro trago de cerveza. Me froto la barba que recubre mi mandíbula y noto que necesito una afeitada.

Probablemente mañana, si no me olvido.

O tal vez la próxima semana una vez que mi barba se haya asentado. Hablando de hacer planes.

—Hey, Jimin —digo de repente, haciendo que aparte esos ojos oscuros de su Kindle.

Levanta una ceja y siento que me sonrojo un poco. Dios, este tipo me hace sentir como un tonto simplemente por existir. Ese es un talento fantástico el que tiene. Debería capitalizarlo, ganaría millones.

—Saldré con algunas personas esta noche.

Jimin sigue mirándome, probablemente esperando a que vaya al grano. Probablemente se esté lamentando su decisión de compartir este espacio conmigo. Desde que desempaqué mis cosas, he sentido su decepción por elegirme como su compañero de cuarto. Probablemente no pueda esperar para echarme una vez que finalice mi contrato de arrendamiento.

—¿Quieres unirte? —Finalmente pregunto, y los ojos de Jimin se abren un poco, sin duda sorprendido por la invitación. Nunca lo he invitado a ningún lado. Y nunca había planeado hacerlo. Simplemente acaba de pasar. Me gusta la espontaneidad, y estoy bastante seguro de que Jimin nunca ha sido espontáneo en toda su vida adulta.

No, la espontaneidad requiere un poco de desorden, y Jimin no es desordenado.

Tampoco es un extrovertido. Una de las muchas otras formas en que somos opuestos. Donde él colecciona libros, yo colecciono amigos. Donde él recopila conocimiento, yo recopilo... bueno, no estoy muy seguro. ¿Hechos inútiles y aleatorios, tal vez?

—No, gracias —dice y luego vuelve a su libro.

—Es noche de trivia, amigo. Puede que te guste.

—Lo dudo —responde, sin siquiera mirarme.

Bueno, al diablo.

Pongo los ojos en blanco, termino mi cerveza y golpeo la mesa con la botella con más fuerza de la necesaria. Lo intenté, al menos. Había hecho un esfuerzo con él. Me felicito a mí mismo por haber superado mi zona de confort y luego me pongo de pie, me acerco al bote de basura y arrojo la botella de vidrio dentro.

—Recicla, por favor —dice Jimin en el momento en que se cierra la tapa. Es uno de esos botes bonitos que se cierran lenta y silenciosamente. Lo odio.

Le lanzo una mirada. Este tipo…

Saco la botella de la papelera y la tiro al contenedor de reciclaje que está en el otro extremo de la cocina. Repiquetea ruidosamente en el interior y me siento engreído por un momento. Espero haber arruinado su concentración.

—¿Mejor? —pregunto secamente, y Jimin me mira de soslayo antes de volver a centrar su atención en su libro.

Este tipo es críptico como la mierda. Es una de las razones por las que mis primos querían conocerlo esta noche. Principalmente porque desde que me mudé hace dos semanas, he reflexionado mucho acerca de él, su comportamiento, su actitud… en voz alta. Simplemente porque no puedo descifrarlo. El tema de Jimin ha dominado todas las áreas de conversación. Y mis primos entrometidos están casi tan interesados en descubrirlo como yo.

Dicen que estoy enamorado.

No es eso, es una obsesión.

Porque los hombres heterosexuales no se enamoran de otros tipos. No.

Es solo que... mira, no soy el foco más brillante de todos, pero tengo una gran inteligencia emocional. Por lo general, puedo leer a las personas como si fueran un libro, pero no puedo hacerlo con este tipo. Es como una bóveda sellada en donde no hay nadie, ni dentro ni fuera.

Y créeme, he intentado husmear, he investigado, lo he acechado. Tracé la línea al pedirle a mi primo Namjoon que investigue un poco. Y aún no tengo nada. Lo he visto por el campus, caminando solo o en casa, solo. Nunca lo he visto socializar con nadie, y es más que seguro que no lo he visto coquetear con nadie. Tal vez simplemente no le gusta la gente. Al menos es seguro como la mierda que yo no le gusto.

Eso es un enigma, porque le gusto a todo el mundo.

—Bueno, me voy entonces, a una divertida noche de trivia.

—Bien —dice, sin apartar los ojos de su libro.

Lo miro por un largo y prolongado momento antes de rascarme el estómago y mirar hacia abajo.

Mierda. Probablemente debería cambiarme a algo que no tenga manchas de aceite. Necesito causar una buena impresión, especialmente si quiero, tal vez, posiblemente, obtener algo hoy. Ya ha pasado un tiempo.

Ha pasado mucho tiempo, en realidad. No he sido tocado por nadie en semanas. Y eso incluye platónicamente.

Dios, extraño a mi mamá. Sus abrazos eran los mejores.

Probablemente debería llamar a mi tía y visitarla, ya que ella es la siguiente mejor opción.

Aparto esos pensamientos que se multiplican en mi mente y agarro la parte de atrás de mi camisa, tirando de ella por encima de mi cabeza.

Los ojos de Jimin se clavan en mí y se demoran demasiado tiempo sobre mis abdominales antes de volver a su libro. Un ligero rubor oscurece esas mejillas pálidas, y me encuentro hinchando mi pecho, asegurándome de flexionarme. Trabajo duro en mi cuerpo y me siento orgulloso ya que parece haberlo notado. Por lo general, no sobran las miradas.

Me aseguro de pasar frente a él. Despacio.

Vuelve a mirarme y reprimo una sonrisa antes de caminar hacia la habitación que compartimos y ponerme una camiseta limpia.

Cuando salgo a la sala de estar, Jimin tiene auriculares en los oídos y los ojos cerrados.

Es probable que esté meditando. Lo hace mucho cuando estoy cerca. Bueno, que se joda.






—Mierda —digo, tropezando dentro del apartamento a oscuras. Todavía no me acostumbro a este lugar. Es tan bonito, nuevo y costoso.

Me supera como es que el alquiler sea tan barato, tuve mucha suerte en encontrar este lugar.

Incluso si tengo que compartir una habitación con Jimin.

—Él es tan... esbelto —me quejo, dejando caer mis llaves al suelo. Las miro por un momento y luego me agacho, incapaz de agarrarlas de inmediato ya que el suelo está dando vueltas—. Whoa —murmuro y luego me enderezo.

Hace unos minutos, mi mejor amigo, Tae, dejó mi trasero borracho en la acera antes de alejarse, dejándome a solas para maniobrar la entrada al apartamento por mi propia cuenta. Por lo general, es un mejor amigo que eso, pero creo que está emocionado por ir a la casa de Lin. Estuvo haciéndole ojitos toda la noche, y creo que él sabe que pronto conseguirá algo.

A diferencia de mí, que no conseguiré nada.

No es que no hubiera podido conseguir nada. Si podría, en varias ocasiones. Es solo que no quería. Realmente no. No lo estaba sintiendo, hace un tiempo que no lo hago.

Honestamente, me siento como una mierda esta noche. Mi cabeza está mareada y todo está ligeramente inclinado.

Solo quiero un buen abrazo, alguien que pase sus manos por mi cabello y que tal vez me tome de la mano.

Hago un buen trabajo al no romperme el cuello mientras entro disparado al apartamento y tomo agua de la nevera, bebiéndome la mitad en un tiempo récord.

Demonios, tengo sed.

Y me siento caliente también.

Me quito la camiseta, busco a tientas los botones de mis jeans y logro sacar una pierna antes de enredarme en la otra y estrellarme contra la pared. Sorprendentemente, no lo hago directamente como el hombre de Kool-Aid.

Las luces se encienden y parpadeo rápidamente cuando Jimin entra en mi línea de visión. Es como un espejismo, parece estar borroso en los bordes, enfocándose lentamente.

—Hola —digo arrastrando las palabras. Sé que soy todo un espectáculo para la vista: Namjoon.desnudo con mis pantalones colgando de mi tobillo derecho.

Por otro lado, el cabello de Jimin está ligeramente revuelto y sus ojos están llorosos por el sueño. Se ve más humano en este momento de lo que nunca lo he visto, sin embargo, sigue viéndose demasiado arreglado para mi gusto.

Me gustaría desordenar ese cabello, y tal vez morderle el cuello. Dejar una marca o dos.

Hm.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta, y encuentro su indagamiento tan ridículo, que resoplo una pequeña carcajada.

—Tratando de ir a la cama, aunque tropecé. Y me caí —Hice un gesto dramático alrededor y terminé golpeando mi mano contra la pared.

Ouch.

Jimin se frota la frente antes de agacharse a mi lado. Lleva pantalones de chándal y una camiseta térmica de manga larga, ambos de color gris oscuro.

—Eres tan gótico, chico emo.

—Estás borracho —responde.

—Sherlock —le digo, extendiendo la mano para golpearle la nariz, pero fallando y golpeando su mejilla en su lugar. Su piel es suave. Más suave que la mía. Aquí hay otra forma en la que somos diferentes—. Eres tan jodidamente inteligente.

Suspira y luego tira de los pantalones rebeldes alrededor de mis tobillos, doblándolos. No creo que mis pantalones hayan sido doblados tan bien anteriormente. Es probable que planche su ropa, incluyendo la ropa interior.

Jimin deja los pantalones bien doblados en la mesa auxiliar cerca de mi cabeza. Sin embargo, para hacerlo, tiene que inclinarse sobre mí, y no puedo evitar olisquearlo.

Maldita sea, huele bien.

Estoy bastante seguro de que yo no huelo así de bien. Lo sé, en realidad.

—Vamos a llevarte a la cama —dice y luego me mira como si no quisiera tocarme.

No lo culpo. Soy un desastre, tampoco me gustaría tocarme.

—Puedo levantarme solo —digo y luego uso la pared para ayudarme a poner de pie. Mis muslos se tensan y flexionan bajo mi peso, y cuando finalmente consigo levantarme, Jimin me mira todavía agachado.

Sus mejillas están rosadas de nuevo.

—¿Por qué siempre te sonrojas a mi alrededor? —Pregunto, mi boca no tiene filtros en este momento.

Culpo a la jarra de cerveza que compraron mis primos y que consumí como todo un campeón. Y el hecho de que en estos momentos todo está borroso y dando vueltas.

—Yo no me sonrojo —Refuta y luego entra en la habitación, como si se supusiera que debería seguirlo.

Probablemente debería.

Tal vez me arrope y pase esos delicados dedos por mi cabello. Realmente me gustaría eso.

—Eres muy bonito cuando te sonrojas —le digo a su espalda. Jimin tropieza un poco y yo estiro mi mano para estabilizarlo, pero fallo completamente. Solo termino agarrando el aire como el payaso que soy.

—Entra —me espeta Jimin mientras sostiene las sabanas desordenadas para mí. Su cama siempre está prolijamente hecha mientras que la mía, bueno, nunca. ¿Quién tiene tiempo de hacer la cama cada maldita mañana? Yo no, aparentemente.

Probablemente le cause ansiedad vivir conmigo. Probablemente por eso me odia.

Odia mis sábanas desordenadas y mi ropa desdoblada.

Probablemente tiene ganas de fregarme en el lavabo hasta quedar limpio. No creo que me importe tanto, para ser honestos.

—¿Me arropas? —Pregunto con una pequeña sonrisa, y luego, sin esperar una respuesta, me deslizo dentro de las frías sábanas. Probablemente debería lavarlas, ya han pasado algunas semanas.

Arroja las ofensivas mantas sobre mis hombros y la esquina golpea contra mi mejilla.

La quito y cierro los ojos con un pequeño suspiro.

—¿Vas a vomitar? —pregunta Jimin, con su voz resonando por encima de mí.

Se siente a kilómetros de distancia.

—Estaré bien, hombre —le digo, mirándolo a través de un párpado medio abierto. ¿Cuándo se volvieron tan pesados?

Se cierne sobre mí como una sombra oscura. Tiene los labios entrecerrados y se tira del labio inferior entre sus dientes.

—¿Qué? —Pregunto cuando no regresa a su lado de la habitación como debería haberlo hecho.

—No te creo.

—Créeme, hombre. He estado bebiendo desde que tenía trece años, puedo manejar unas pocas cervezas.

—¿Unas pocas? —pregunta, obviamente sin creerme.

—Bien, más que unas pocas. Estaré bien. Solo vete a dormir, hay un límite de ceños fruncidos que puedo soportar viniendo de ti.

—Yo no frunzo el ceño.

—Sí lo haces —contesto, y de repente siento demasiado calor. Pateo con los pies, haciendo que las sábanas caigan al suelo amontonadas, mientras mi estómago se revuelve.

Jimin las mira y luego a mí.

—Mañana las recogeré —Siento la necesidad de decirle a pesar de que las palabras son pesadas y difíciles de pronunciar.

Se agacha, incapaz de ayudarse a sí mismo, y las coloca al pie de mi cama en el rincón más alejado. Están apiladas, probablemente quiera doblarlas cuidadosamente. Y plancharlas.

—No te atrevas a doblar mis sábanas —Le digo—. Es antinatural.

—No hay nada antinatural en doblar las sábanas.

—Eres raro.

Bufa y cruza los brazos sobre su pecho. Esto es lo más agresivo que he sido con él. Nunca antes habíamos discutido verbalmente, por lo general, solo me frunce el ceño y yo me burlo de él. Y probablemente me arrepienta de esto en la mañana.

—Ugh, me siento como una mierda de repente —gimo, agarrándome el estómago. Se agita como si hubiera estado en un bote a la deriva en el mar, no es que alguna vez antes me haya subido a un bote, pero puedo imaginarlo.

—Vas a vomitar, ¿verdad? —Pregunta.

—Yo nunca vomito —digo mientras me pongo de costado y descargo mi estómago sobre la cama.

Repugnante. Gotea por mi barbilla y se aplasta contra mi brazo.

Jimin se apresura a tomar el bote de basura que está junto a mi cama y lo empuja debajo de mi barbilla mientras vacío el resto del contenido de mi estómago allí dentro.

Dios, soy todo un ganador.

Miro tímidamente hacia Jimin en cuanto termino, sabiendo que ahora toda la habitación tiene mal olor. Que yo huelo mal.

Desde antes lo hacía, pero ahora huelo peor.

—Lo siento, nunca antes había sucedido algo así.

Él resopla, deja el bote de basura en el suelo y luego se mueve hacia la ventana, abriéndola para ventilar el hedor de la habitación. Luego extiende la mano y me levanta, su piel fría contra la mía.

—Ve a darte una ducha,

—Probablemente esa sea una buena idea —murmuro mientras me lleva al baño y abre el grifo.

—¿Podrás seguir de pie mientras voy a limpiar?

—Lo sabrás si no puedo —le digo y luego tropiezo hacia la bañera.

Me ayuda a entrar, y cuando está satisfecho de que no voy a noquearme estrellándome contra el borde de la bañera, cierra la puerta.

Me paro bajo el agua tibia y me obligo a quitarme los calzoncillos ahora mojados y arrojarlos al piso del baño, donde aterrizan con un fuerte plop.

Los recogeré más tarde.

Rápidamente me cepillo los dientes, me lavo el cabello y paso la barra de jabón por mi cara y el cuerpo antes de enjuagarme a medias, alcanzando luego y con torpeza una de las toallas.

Joder, me siento horrible.

Esto es más que una noche de haber bebido demasiado alcohol. Me estoy viniendo abajo por algo.

¿No había dicho mi primo que algo estaba pasando?

—¿Estás bien ahí dentro? —Jimin pregunta con voz preocupada.

Probablemente no debería preocuparse por mí, acabo de vomitar por todas partes y él es quién está limpiando.

Quizás debería esperar con ansias mi muerte para poder regresar a su vida ordenada y limpia. Sin sábanas arrugadas y sin vómito.

—Estoy bien —miento mientras envuelvo una toalla alrededor de mis caderas.

Apenas me cubre el culo. Pero estas toallas son de Jimin, entonces, ¿qué puedo esperar? Es probable que calcen perfectamente bien alrededor de su cintura delgada. Yo soy demasiado voluminoso en comparación a él, como un toro en una tienda de porcelana china.

¿Y qué mierda es una tienda de porcelana china?

—¿Puedo entrar? —pregunta cuando estoy en silencio por mucho tiempo.

—Sí —me las arreglo para decir.

Dios, tengo sed.

Empuja la puerta para abrirla y esos ojos oscuros me evalúan.

—Todavía tienes champú en el pelo —dice, y me encojo de hombros.

—Está bien.

Sacude la cabeza y luego toca mi brazo, empujándome hacia el lavabo.

—Inclínate —Me dice y guía mi cabeza hacia el grifo.

Hago lo que dice porque de repente me siento muy cansado. El agua fría corre por mi cabello, y se siente tan bien contra mi cuero cabelludo caliente que la mano que sostenía la toalla alrededor de mi cintura se resbala.

—Mierda —digo mientras los extremos se separan, dejando mi trasero expuesto. La toalla cuelga ligeramente, cubriendo solamente mi muslo derecho. Buen trabajo, tú.

—Espera —Jimin sisea—. Quédate allí.

Yo, por supuesto, no lo escucho y me pongo de pie, golpeándome la cabeza contra el grifo. Es probable que lo haya desencajado en el proceso, y Jimin tendrá que llamar a un plomero para que venga a arreglarlo.

El dolor rebota en mi cabeza y suelto una maldición. El agua comienza a gotear de mi cabello mojado hacia mi pecho, mientras que Jimin me rodea y rápidamente corrige la posición de la toalla rebelde. Ni siquiera le da un vistazo a mi polla flácida que cuelga impresionante entre mis piernas.

No es que yo quiera que lo haga.

Pero probablemente esa sea mi mejor característica.

—Creo que necesitas toallas más grandes —le digo.

Sus mejillas son de un rojo brillante mientras lo observo a través del espejo.

—Concuerdo.

Se aclara la garganta y toma mi mano, asegurándose de que mis dedos estén bien agarrados a la toalla antes de alejarse.

—Lo siento, hombre —le digo—. Creo que estoy enfermo.

Los ojos de Jimin se encuentran con los míos en el espejo, y esos suaves dedos presionan mi frente y luego se mueven hacia mi mejilla.

—Estás ardiendo.

—Te lo dije. Nunca vomito por beber, es como un superpoder.

Él arquea una ceja hacia mí y luego agarra otra toalla de debajo del lavabo, se estira y seca mi pelo.

Es un poco más bajo que yo, por lo cual lo alcanza con facilidad. Y maldita sea, se siente bien.

Cuando se mueve hacia mi pecho, frotando las gotas que escapan de mí. Dejo que cuide de mí solo por unos instantes.

—Vamos a llevarte a la cama —dice después de unos momentos.

—No tengo sábanas extra, nunca llegué a comprar más.

—Puedes usar algunas de las mías —dice, y cuando entro en el dormitorio, me doy cuenta de que mi cama está tendida con unas de esas sábanas elegantes y sedosas que él utiliza.

Este tipo tiene dinero, en serio. ¿Quién tiene sábanas de seda? Las mías son del estante de descuento en Wal-Mart. Muy ásperas.

Una vez más, dobla las sábanas de mi cama para mí, mientras que yo dejo caer mi toalla y me deslizo adentro. Desnudo como el día en que nací.

—Huelen a ti —murmuro, volviendo la cabeza hacia la almohada. Inhalo profundamente y aplasto mi cara contra la tela, sin poder tener suficiente.

Me arropa suavemente esta vez y luego se va por unos momentos antes de regresar con un vaso de agua y un Tylenol.

—Ten, toma esto.

Agarro el vaso con una mano temblorosa y él me ayuda a meter las pastillas dentro de mi boca. Su pulgar roza mis labios, y definitivamente me queman por el contacto. Culpo a la fiebre; estoy delirando, y aparentemente me vuelvo gay cuando estoy enfermo.

Nunca había sucedido antes, pero supongo que he desarrollado la condición.

—Traga —dice Jimin cuando no he hecho ningún movimiento para hacerlo.

Me obligo a hacer lo que dice y luego me inclino hacia atrás con una exhalación.

—Te compensaré por esto —le digo, y él me remueve el cabello mojado de la frente.

Es un gesto tan tierno que se me llenan los ojos de lágrimas.

Parpadeo para contenerlas, porque me niego a llorar frente a Jimin. Lo verá como una debilidad y la usará en los años venideros.

Probablemente no años. No nos volveremos a encontrar luego de que él me eche. Ambos seguiremos nuestros propios caminos para evitarnos el uno al otro.

—Solo descansa. Estaré justo aquí si me necesitas.

Agarro su mano cuando hace el intento de alejarse, y la llevo de regreso a mi cabeza.

Me arrepentiré de esto más tarde, pero en estos momentos, simplemente lo necesito.

—No te detengas —susurro, y Jimin se congela con su mano en la mía.

—Está bien —dice en voz baja, y luego siento que sus dedos se mueven por mi cabello, masajeando mi cuero cabelludo ligeramente.

Y a través de la neblina de la fiebre, dejo que sus manos me arrullen hasta dormirme.






Me despierto con fiebre y tiritando. Tengo tanto frío. No recuerdo haber tenido fiebre antes, es de lo peor.

¿Cómo lo hacen los niños? Están enfermos todo el tiempo con esta mierda.

Todo lo que quiero es entrar en calor y dejar de temblar tanto. Mis dientes castañetean y chocan entre sí, y todo mi cuerpo duele por la tensión.

Tropiezo fuera de la cama y me muevo hacia la de Jimin. Él está durmiendo en su cama doble, se ve bien en medio de las sombras. Pacífico.

Hasta que lo despierto acercándome como un fenómeno.

—Diablos —murmura, irguiéndose en la cama. Presiona una mano contra su pecho, probablemente para aliviar el casi ataque al corazón que le causé.

Me muevo frente a él, todo mi cuerpo vibra con los escalofríos.

Estoy bastante seguro de que no estoy usando pantalones. Mirando hacia abajo, me doy cuenta de que no lo hago

Estoy demasiado enfermo para preocuparme, sin embargo. ¿Qué es un pene encogido cuando te estás muriendo y tienes frío?

—Jungkook, ¿estás bien? —Jimin pregunta, su voz soñolienta y preocupada.

—Tengo tanto… jodido frío. No puedo... dejar de temblar.

Jimin busca a tientas las sábanas de su cama y las retira.

—Ven aquí.

—Estoy desnudo —protesto a medias, pero me deslizo a su lado de todos modos.

Me arrepentiré de todo esto más tarde, cuando ya no me sienta tan enfermo. Después analizaré el hecho de estar desnudo y abrazado a un hombre que estoy bastante seguro que me odia.

—Estás enfermo —dice, tirando de las mantas sobre los dos, y no dudo en envolverme a su alrededor, como si fuera alguna clase de envoltorio de caramelo humano. Paso mi pierna por encima de su muslo y mis brazos se deslizan alrededor de su torso. Estoy medio encima de él, mi pene aplastado entre nosotros.

Pero estoy tan fuera de sí, que ni siquiera me importa.

En lugar de eso, entierro mi rostro en su cuello y suspiro mientras su calor me impregna.

—¿Por qué hueles tan bien? —Murmuro, y luego, antes de que él pueda responderme, me quedo profundamente dormido.