Confundida, confundido
Querida Lili,
Me ha costado muchísimo encontrarte, y sé que no quieres hablar conmigo. Solo te pido, por favor, que me devuelvas mi cuerpo. No entiendo por qué tomaste la decisión de desaparecer, pero siendo sincera sincero, ¡maldita sea! Esto me está destrozando la cabeza. Estoy muy confundida confundido, y necesito, por favor, hablar contigo.
Es una mierda que me hayas bloqueado de todo y que ahora tenga que escribirte por carta, pero estoy desesperado. Necesito que hablemos, aunque sea cinco minutos. Te aseguro que he cuidado tu cuerpo con el mayor esmero. Lo mantengo limpio, sano, intacto. Espero que tú también estés haciendo lo mismo con el mío.
Entiendo si quisiste experimentar algo nuevo, no sé, explorar o vivir algo diferente. Puedo ser comprensivo, pero tenemos que resolver esto cuanto antes. Te voy a esperar en el parque Forestal, donde nos conocimos. Iré sola solo. Estaré ahí todos los días a las cinco de la tarde.
Si decides no ir, pero estás dispuesto dispuesta a hablar conmigo, puedes enviarme una carta a la dirección que aparece en el sobre. Cuéntame cómo has estado, qué ha sido de tu vida, cómo te sientes… cualquier cosa. De verdad quiero escucharte, pero, por favor, no vuelvas a huir. No sabes todo lo que he tenido que pasar para dar contigo y, aunque sea difícil, no dudaré en volver a intentarlo.
Atentamente,
Kai
Seis meses atrás
No era un buen día para Lili. Acababa de recibir la noticia de que no había forma de salvar una de sus materias en la universidad. Aunque la idea de repetir la clase no le preocupaba demasiado, el verdadero problema era que perdería la beca, y su situación económica no le permitía cubrir el costo total de sus estudios. Sin embargo, lo que más le dolía era reconocer que había llegado a este punto por culpa de las continuas escapadas con su novio… bueno, su exnovio. Él la había dejado apenas una semana atrás, y ahora, siete días después, sentía que su mundo se desmoronaba. Al menos, el problema académico la mantenía distraída de su desamor; después de todo, uno de los dos asuntos era más real y urgente que el otro.
No sabía cómo enfrentarse a su mamá y contarle lo que estaba sucediendo. “¿Cómo pude ser tan pendeja?”, se repetía con rabia. Sabía que el amor podía cegar, pero nunca imaginó que también la haría actuar de manera tan insensata. No quiso regresar a casa; no estaba lista para enfrentarse a la realidad. En su lugar, decidió caminar sin rumbo fijo por el centro de la ciudad. Así llegó al parque Forestal. Se sentó en una banca y dejó que el olor a tierra húmeda la envolviera. De alguna manera, ese aroma tenía un efecto calmante en ella.
Sacó un cuaderno de su bolso y comenzó a escribir. Necesitaba idear un plan, algo que pudiera transformar su situación. Si había algo de lo que Lili se sentía orgullosa, era de su optimismo. Muchas veces ese rasgo la llevaba a cometer locuras, pero siempre las enfrentaba con valentía. “Bruta pero decidida”, se repetía como un mantra, y con esa misma determinación se dispuso a enfrentar la vida una vez más.
“Si consigo un trabajo y vendo portarretratos, quizá con eso pueda pagarme la universidad”, escribió en la hoja en blanco. En otro rincón anotó “OnlyFans”, pero lo tachó de inmediato. Pasó la tarde haciendo cálculos, revisando su aplicación bancaria y evaluando cuánto le faltaría para cubrir un semestre más. Lili tenía la habilidad de desmenuzar los grandes problemas en partes más pequeñas. Decidió no enfocarse en el total necesario para todo el semestre, sino en calcular el mínimo de materias que podía cursar y cuánto costaría eso.
Poco a poco fue ideando un plan que le permitiera solucionar su situación. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar a su madre, algo que no le agradaba en absoluto. Aunque era incapaz de mentirle, decidió omitir lo que le estaba ocurriendo hasta que la situación se volviera realmente crítica. Para no angustiarse más, optó por enfocarse en lo que tenía planeado. Sacó su celular del bolsillo, se tomó una selfie sosteniendo su libreta, abrió la aplicación de Instagram y creó una nueva cuenta, donde dedicaría todo su tiempo a compartir sus dibujos. Subió la foto con un mensaje anunciando que aceptaba pedidos para retratos personalizados.
Con eso listo, dedicó el resto del día a dibujar. Elaboró una lista de microinfluencers locales que podrían entusiasmarse al verse retratados, revisó sus cuentas en busca de fotos interesantes y organizó una pequeña carpeta en su celular con las imágenes seleccionadas. Se propuso dibujar a cada una de esas personas, convencida de que ese sería el primer paso hacia algo más grande.
El sol se ocultaba lentamente, tiñendo el cielo con tonos dorados que atravesaban las ramas de los árboles y creaban un ambiente romántico y artístico. Sin embargo, Lili sabía que debía regresar pronto a casa. No estaba tan cerca, y la idea de caminar a oscuras por el centro no le resultaba nada agradable. Recogió sus cosas con prisa y se dirigió apresurada hacia la salida del parque. Al cruzar un pequeño puente que atravesaba el lago, iba tan absorta en sus pensamientos que no vio a la persona que venía en dirección contraria. El choque fue inevitable: la mitad de su cuerpo se impactó contra el extraño.
Lili hizo un esfuerzo por mantenerse de pie mientras sujetaba con fuerza su libreta, evitando que saliera volando. Por su parte, el joven reaccionó rápido, agarrándola del hombro para estabilizarla. Una vez que comprobó que no había peligro, la soltó con suavidad.
—Perdón —dijo Lili, esbozando una sonrisa nerviosa.
—No te preocupes, fue mi culpa. No estaba prestando atención —respondió él, devolviéndole la sonrisa.
Lili quedó cautivada al instante. Sus ojos se fijaron en los de él, ligeramente achinados. Observó su rostro, su cabello lacio, y no pudo evitar notar sus brazos, que destacaban gracias a la camiseta sin mangas que llevaba. Por un momento, pensó en pedirle que posara para dibujarlo. Pero justo cuando se armaba de valor para hacerlo, él extendió su brazo izquierdo en un gesto de despedida, se colocó los audífonos y se marchó. Lili se quedó inmóvil, sintiéndose un poco ridícula. En el fondo, agradeció no haberle pedido que posara; probablemente habría parecido una loca.
Cuando finalmente llegó al departamento que compartía con su madre, intentó escabullirse directo a su cuarto, pero su mamá la detuvo para conversar. Nerviosa, Lili mantuvo la charla sin revelar su secreto. Más tarde cenaron juntas, y tras lavar los platos, Lili se retiró a su habitación mientras su madre veía televisión en la sala. Exhausta por el día, se dejó caer sobre la cama, cerró los ojos y suspiró profundamente.
De pronto, una sensación extraña la envolvió. Abrió los ojos, desconcertada, y se incorporó con lentitud. Con las manos sobre la frente, intentó descifrar lo que ocurría. Su mente parecía jugarle una mala pasada: un recuerdo que no era de ella se había instalado en su cabeza. Podía visualizarse claramente en el gimnasio aquel día, pero sabía con absoluta certeza que jamás en su vida había cruzado la puerta de uno.