» Capítulo 001.
—Se te cae la baba. —dice el de cabello verde, sosteniendo la mandíbula de su amigo para que cerrase la boca.
Jungkook reacciona y le mira con mala cara, y cuando vuelve hacia al frente para seguir disfrutando las vistas, él ya no estaba. Taehyung se había ido y sólo alcanza a ver su mochila desaparecer por la puerta de la cafetería.
Entonces Jungkook vuelve a mirar a Yoongi y se arrepiente de haber sido tan considerado como para acercarse a él a los doce años. El para entonces castaño estaba tan solo en el recreo que no pudo resistirse a ir y entablar una conversación con él. Ahora cree que ha sido una gran equivocación y se lo da a saber mirándole con su mayor desprecio.
—Eres un idiota. Por tu culpa no pude hablar con Taehyung. —le recrimina entre dientes, golpeando y ahogando la nuca del pálido hasta que su frente choca contra la mesa.
El susodicho sólo alcanza a darle un manotazo y frotar la parte dolida, mirándole furioso. —Eso dices siempre y nunca le hablas. Además, yo sólo quería ayudarte, ¿crees que a Taehyung le gustaría verte con la baba cayéndose por tu barbilla? Das asco.
Jeon suspira y apoya el mentón en el dorso de su mano, ignorando los reclamos de su amigo. Sus grandes ojos negros clavados en aquella puerta de entrada como si manifestase que Taehyung pudiera volver a entrar. Suspira, está aburrido, se le comenzaba a hacer demasiada monótona la rutina. Él y Yoongi perseguían al castaño hacia el comedor —este último siendo arrastrado contra su voluntad— conseguían la mesa más alejada al chico para que no pudiera notar cómo Jungkook le mira los pelos de la nuca, tomaban el desayuno con el fin de disimular y eran treinta minutos del peli verde observar las pupilas de su mejor amigo destellando. Apenas intercambiaban más de diez frases en ese transcurso, y cuando lo hacían era para pelear o insultarse, pero es que Jungkook realmente estaba enamorado, o al menos eso es lo que afirma él.
—Deja de mirar la puerta como si fuera a aparecer, Taehyung no va a volver, sabes que siempre entra de los primeros al salón. —recrimina Yoongi, guardando sus cosas en la mochila para reincorporarse y colocarla en su hombro.
Jungkook hace un gesto de desagrado con los labios y le da la razón. Resopla, pronto recoge sus propias cosas y no ve la hora para llegar a clase y ver nuevamente esa bonita cara. Kim Taehyung le gusta demasiado y supone que eso es un gran problema. Su enamoramiento venía desde hacía ya dos años, más específicamente desde que lo defendió de dos compañeros que se metían con él por llevar el pelo más largo de lo normal. Para ser chico, claro. Aquella simpatía, valentía y rostro dulce del mayor por apenas meses habían conquistado su corazón al instante. Después de eso no tuvieron más interacciones, quizá pocas palabras que intercambiaban cuando compartían clases juntos, o cuando trataba de integrar a Jungkook en la conversación porque lo veía demasiado solo. El desinterés del chico llevó al pelinegro a pensar que, a pesar de defenderlo por su cabello, en realidad este sí era un problema. Decidió cortarse el pelo, afeitarse la incipiente barba provocada por la pubertad y esforzarse por mostrarse más atractivo, más activo en clase y un poco más sociable, pero los resultados nunca llegaron.
Él asegura que lo intenta. Se esfuerza por acercarse al mayor lo más que puede, pero cada vez que avanza, algo lo arrastra de vuelta. Aunque no se considera una persona vergonzosa a pesar de su timidez para formar lazos, su comportamiento cambia radicalmente cuando Taehyung está cerca. Se vuelve callado e imbécil, incapaz de resolver una simple ecuación en la pizarra, consciente de que Taehyung observa su espalda. Este contraste con su verdadera personalidad resulta ser una frustración constante. Desearía poder comportarse con Taehyung como lo hace con Yoongi.
Lanza su mochila al hombro, igual que su amigo, y con una expresión de culo por tener que retomar las clases, se dirige hacia la salida del comedor. Yoongi lo sigue por detrás y, al alcanzarlo, pasa su pálido y lánguido brazo por el hombro del pelinegro, aplastándolo contra él.
—Sabes, tal vez deberías confesar tus sentimientos y dejar de actuar desde las sombras. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Que te rechace? Hay muchos chicos en el mundo, y muchos mejores que Taehyung.
—No es lo mismo. Yo... no sé, Taehyung es diferente. Me gusta cómo se comporta. Es un chico de ensueño. —hace una pausa para sonreír y lamerse los labios. Aunque nota la expresión de asco de Yoongi por el rabillo del ojo, prefiere no comentar nada al respecto. —Además, planeo confesarme pronto. Se acerca San Valentín, y pensé que sería romántico hacerlo en esa ocasión. Tal vez así él me acepte.
Yoongi abre un poco más sus ojos, observando a su amigo con pura sorpresa. La emoción en su rostro era evidente, y aunque parecía entusiasmado por la idea, su pensamiento principal era que finalmente podría recuperar una parte de su vida que había estado ausente. Finalmente dejaría de almorzar en el sucio comedor de la escuela junto a la única compañía del silencio y volvería a las gradas del patio, donde solían comer frituras mientras lanzaban comentarios maliciosos a los del equipo de fútbol. Le parecía tan surrealista que le costó creer lo que estaba escuchando, pero el rubor en las mejillas de Jungkook y el temblor en su voz confirmaron que entendió perfectamente.
—Realmente no te imaginé tan valiente. —admite.
—No lo soy, al menos no para confesarme a Taehyung. Pero estoy cansado de esperar sin resultados. Este año nos graduamos y no tendré más oportunidades, es ahora o nunca. —susurra. Aunque Jeon Jungkook no era el tipo de persona que ofrecía flores o bombones, ni mucho menos te cantaba para dormir, cuando se enamoraba, su mundo giraba en torno a esa persona. La calidez de su mano podía reconfortarte y sus suaves besos podían transportarte a otro lugar. Eso era lo que anhelaba hacer con Taehyung. Quería demostrarle que podía ser una buena pareja, y estaba convencido de que, de ese modo, el castaño no dudaría en darle una oportunidad.
—¿Ya tienes algo planeado? Faltan sólo cinco días para San Valentín.
—Quizá cocinar algo... ¿bombones, magdalenas? —da como sugerencia.
—Pero tú no sabes cocinar. ¿Acaso no recuerdas la primera vez que te invité a mi casa? Casi incendias la cocina haciendo espaguetis.
—Cállate, solo intentaba impresionar a tu madre.
—Y acabaste logrando lo contrario.
Jungkook frunce el ceño, rascándose la nuca y mordiendo sus labios mientras recordaba como, cada vez que visitaba la casa de Yoongi, su madre lo recibía con pura maldad en aquellos ojos negros.
—Tienes razón, tu madre me odia. —suspira y niega con la cabeza—. Como sea, esta vez será diferente. Buscaré un tutorial o algo por el estilo. Quiero hacer algo especial para Taehyung y poder ganarme su afecto.
—¿No sería más fácil comprar unos bombones en la pastelería? —sugirió Yoongi.
—No, lo haré yo mismo. Es más romántico y ya está decidido.
El de cabello verde resopla y aprieta el hombro de su amigo en símbolo de apoyo. No podía seguir discutiendo el tema; habían llegado al salón y Taehyung estaba en el mismo lugar que el año anterior. Sentado en uno de los pupitres del centro, balanceaba la punta del lápiz entre sus labios semiabiertos, con la lengua ligeramente fuera, mientras sus ojos color miel se concentraban en una hoja de actividades que parecía no haber completado y que intentaba resolver rápidamente antes de que sonara el timbre.
Jungkook entró al aula con la mirada fija en la nuca de su enamorado, aliviado de que aún no hubiera notado su presencia. Luego miró a Yoongi y, con un gesto de cabeza, se despidió de él, ya que cursaba en otro salón. Le molestaba no tener a Yoongi en su clase, su ausencia le hacía sentir aún más aislado. Su amigo le desea suerte con un ligero movimiento de labios y se marchó, sonriendo levemente y agitando la mano. Oh, cuánto la necesitaría. Aún quedaban cinco minutos para el inicio de la siguiente clase, y se preguntaba si se había adelantado demasiado. Estar en el mismo espacio que Taehyung le emocionaba y aterraba al mismo tiempo. No podía creer la intensidad de las emociones que ese chico le provocaba.
Su corazón latía con tanta rapidez al observarlo desde la distancia que, por un momento, olvidó el miedo que sentía. Conteniendo la respiración, avanza con cuidado y se sienta en su lugar, en una esquina apartada del aula, donde la ventana a su lado solía ofrecerle entretenimiento durante las clases, permitiéndole observar a los equipos deportivos luchar por una pelota. Pero ahora su atención estaba completamente centrada en la cabellera castaña de Taehyung, que se movía cada vez que él levantaba o bajaba la cabeza para leer el papel frente a él. Aunque apenas había pasado un minuto desde que se sentó, y Taehyung aún no había notado su presencia, ya se sentía extremadamente nervioso.
Apoya el mentón en el pupitre y se encorva, sintiendo un dolor creciente en la espalda y la cabeza. Quizás debería acercarse y decirle algo, después de todo, eran compañeros de clase y no sería extraño. Pero ¿qué iba a decir? Probablemente terminaría diciendo tonterías, como aquella vez hace año y medio, cuando Taehyung mencionó su corte de cabello después de meses. Se puso tan nervioso que solo logró musitar que su hermana se lo cortó. Lamentablemente, su hermana tenía tan solo cinco años en ese entonces, y Taehyung lo sabía debido a un proyecto escolar sobre la familia. La respuesta carecía de sentido y lógica, lo que hizo la situación aún más embarazosa.
Pero sin duda, la peor situación fue el baile de primavera del año pasado, cuando consiguió una pareja: Kim Yerin, una chica muy bonita que cursaba en otro salón. Aunque se conocían y se llevaban bien debido a su participación conjunta en un concurso de ciencias, él no sentía más que amistad por ella. Sin embargo, al escuchar el rumor de que el equipo de fútbol se estaba burlando de él por asistir un año más al evento sin un acompañante, decidió pedirle a Yerin que fuera su pareja. Cuando Taehyung se enteró, lo felicitó por su elección, Yerin era alguien popular y simpática, más en un ataque de nervios Jungkook soltó que había pagado a la chica para que asistiera con él, usando las palabras “le pagué” de forma literal.
Desde ese momento Taehyung no volvió a acercarse más a él que no fuera para cosas de clases. No buscaba su amistad y probablemente lo consideraba una persona extraña que pagaba a chicas inocentes para evitar el estar tan solo. Jungkook no podía culparle, él mismo se habría distanciado de alguien así en esa situación.
Ahora, esos recuerdos zumbaban en su mente como un molesto picor. Se inclina sobre el pupitre, dejando caer la frente sobre el mesón. El golpe resuena en el aula y llama la atención de la única persona presente que se gira para mirarlo. Sin embargo, Jungkook tenía los ojos cerrados y no era consciente de que el mismísimo Kim Taehyung lo observaba con atención, acompañado de una leve sonrisa.
—Hola, Jungkook.
Aquella aterciopelada voz despierta sus sentidos. Se incorpora rápidamente. El ardor en su frente le hace gemir mientras se frota el chichón. Probablemente se estaba viendo ridículo.
—Taehyung, hola. —habla nervioso. Advierte como los ojos del mayor se fijaban en el golpe, soltando una risita inocente.
—¿Te dolió? El golpe resonó bastante fuerte. —pregunta, dejando su tarea para acercarse preocupado a él. Apoya sus manos en la mesa de Jungkook y se inclina hacia delante, tocando con el dorso de su diestra el bulto que comenzaba a formarse en la piel morena del pelinegro.
Jungkook no es capaz de articular palabra. Solo abría y cerraba la boca, como si intentara decir algo, pero no podía, especialmente con el chico de sus sueños en contacto físico con él y tomando la iniciativa.
—Yo... estoy bien —logró decir bajo la atenta mirada del castaño. Se sentía pequeño, no solo porque él estaba sentado y Taehyung en pie, sino también por la impresión que le causaba la presencia del chico. Dios, estaba enamoradísimo.
—¿Seguro? Si te duele mucho, puedo acompañarte a la enfermería
Jungkook sonríe con una expresión de ensueño, como si aún no pudiera creer lo que estaba sucediendo. Lo primero que piensa es: «¿Estaré soñando?» Y lo segundo es: «Di algo, idiota, esta es tu oportunidad.»
—¿Jungkook? —cuestiona Taehyung, rompiendo el hechizo en el que se encontraba el susodicho.
Este vio a Taehyung pasar la mano varias veces frente a su rostro, logrando finalmente captar su atención. Entró en pánico, su mente era una maraña de pensamientos que gritaban: «Habla con él, respóndele. No queremos quedar como unos idiotas.»
—No es necesario, yo... estoy bien. —dijo, tragando saliva y mordiéndose los labios—. Vi que estabas haciendo la tarea...
—Oh, sí, de hecho. —da una pausa para ir corriendo a su asiento y tomar la hoja de ejercicios. Después vuelve a donde está el pelinegro, extendiendo el folio en su mesa. Era la tarea de matemáticas que el profesor había asignado el día anterior—. ¿Podrías ayudarme? No entiendo nada y tú eres el mejor del curso.
Jungkook se sonroja hasta las orejas cuando escucha esas últimas palabras salir de los labios del castaño. Aunque sabía que era bastante bueno en matemáticas y no pretendía ser modesto, que Taehyung le considerase el mejor en algo no pasaba todos los días, y como solía mostrarse sumamente torpe en su presencia, le alegraba saber que no lo veía como un completo idiota.
—Oh, claro. ¿Quieres sentarte para que te explique? —ofreció.
En ese momento, el timbre suena y con él la ilusión de Jungkook se desvanece. Taehyung se voltea para saludar y sonreír a sus amigos que entran haciendo escándalo por la puerta. Jung Hoseok le hace un gesto con la mano, invitándolo a acercarse.
—Jungkook, la clase va a comenzar. La de matemáticas es la última del día. ¿Crees que podrás tener la hoja lista para entonces?
El susodicho permanece en silencio. Vale, eso no se lo esperaba. No se esperaba que las intenciones de Taehyung sean que literalmente haga su tarea por él en lugar de solo querer ayuda. Sin embargo, se compromete con una sonrisa.
—Tenlo por hecho. —musita sonriente.
—Muchas gracias, eres el mejor. Hablamos después. —dice antes de correr hacia sus amigos para charlar. No fue hasta que el profesor entra en el aula que Jungkook pudo nuevamente enfocarse en observar la nuca de Taehyung.
Después vuelve su atención a la hoja de ejercicios. La analiza durante unos segundos, Taehyung era demasiado torpe y se siente mal por pensar eso. Sólo había hecho los dos primeros y estaban increíblemente mal, ¿acaso prestaba atención en clase? Igual no se podía quejar, había hablado con él por más de un minuto sin atragantarse en el proceso.
Aunque lamentaba no haber aprovechado mejor la oportunidad para entablar una conversación más sustancial, se sentía orgulloso de sí mismo. Todavía podía sentir la calidez de la mano de su enamorado sobre su herida. La preocupación que mostró le daban ganas de subirse a la mesa y bailar de la emoción. Sus mejillas estaban calientes bajo sus palmas, y si Yoongi estuviera allí, probablemente le daría un golpe en la cabeza para que dejara de comportarse de forma tan ridícula. Pero no podía evitarlo: Taehyung le había hablado. Había tomado la iniciativa de comenzar una conversación, aunque breve, y eso era un comienzo.
¿Que Taehyung quería que le hiciera los ejercicios? Sólo le motivaba más. El chico de sus sueños lo consideraba inteligente y había recurrido a su ayuda. Esto le hacía pensar que podría haber posibilidades entre ellos.
Se muerde los labios para ocultar su sonrisa y baja la mirada. El profesor Hwang estaba explicando un tema interesante de literatura, y aunque deseaba prestarle atención, hacer feliz a Taehyung era más importante. Así que, decidido, se pone a trabajar en la tarea.