Nuevamente en verano

All Rights Reserved ©

Summary

Blair pensó que, después de tantas relaciones fallidas, por fin había aprendido la lección que tanto le repitió su abuela: “No tropieces dos veces con la misma piedra”. Sin embargo, al regresar a la ciudad en la que creció y reencontrarse con Bradley Morrison, ahora convertido en el modelo más popular del lugar, se da cuenta de que algunas piedras parecen demasiado atractivas como para ignorarlas. Él no ha cambiado; sigue siendo el mismo hombre irritante y peligrosamente atractivo que sacude su paz mental. Por lo que evitarlo resulta ser... casi imposible, llevándola a preguntarse una y otra vez:“¿te puedes enamorar dos veces del mismo idiota?”

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Quizás había hecho el ridículo o, peor aún, había dado alas a quien no debía.

Maldecí mentalmente y, más que nada, me reprendí por dejarme influenciar tan fácilmente por Charlotte. Podía jurar que escuchaba su risa diabólica, arrasando por todo Nueva York, porque eso es lo que ella era, un mini diablo en mi hombro izquierdo. Y si preguntan por mi angelito en mi hombro derecho, ella lo había enviado al infierno en cuanto me conoció.

Remy me observó casi sonrojado y llevó el dorso de mi mano a sus labios, plantando un beso en él.

¿Ahora cómo demonios iba a salir de esto?

Me levanté con brusquedad e intenté que no se notara cuando apresuré el retiro de mi mano de la suya. Necesitaba un poco de espacio y dejar atrás ese empalago de él.

Debí haber llegado sola, y si después de esta terrible noche me quedaba solterona para toda la vida, la verdad no me importaba mucho. Pensar en que Lupi y quizás mil gatos más se conviertan en mi única familia, o tal vez convertirme en la señora loca por los gatos cuando fuera una viejecilla e incluso que los niños contaran historias de terror sobre mí cuando pasaran por mi casa, no era una idea taaan terrible, ¿verdad? Por supuesto que tenía los ovarios bien puestos como para quedarme sola. Sin embargo, no podía negar lo horrible que me sentía al ver a la mayoría de mis excompañeros tan enamorados de sus parejas, bailando y bebiendo, algo que no podía hacer con Remy.

Me acerqué a la barra a pedir otro trago y, girando para regresar a la mesa con los demás, choqué torpemente con alguien, derramando mi bebida y, como si fuera poco, derramando la suya sobre mí.

¡Genial, Dios! ¿Qué más? ¿Un espectáculo de magia en el que desaparezco, no te apetece?

—¿Por qué no te fijas por dónde caminas? —solté, casi gritando.

Remy estuvo a mi lado en segundos, dándome un pañuelo para limpiarme el vestido y el brazo empapado.

Definitivamente, había sido un error venir aquí, pero un enorme punto en mí contra era que ya había utilizado mil excusas para evitar cada reunión a la que había sido invitada, y Charlotte me lavó el cerebro cuando dijo que no podía seguir así para siempre.

—¿Y tú quién eres? No eres de la promoción, no que yo recuerde.

Casi ni parpadeé al escuchar su voz. No podía ser peor. Dios, ya mejor llévate mi alma, ¿no crees? ¿O soy tu programa de entretenimiento favorito?

Dirigí mi atención hacia él. Hacía seis años que no lo veía, pero, por supuesto, la vida se había encariñado tanto con él como para seguir favoreciéndolo.

Su cabello rubio había crecido un poco y ya no estaba desordenado como cuando aún íbamos a la escuela. Ahora caía perfectamente sobre su frente; sus inigualables ojos verdes, brillantes y penetrantes, me escanearon con esa maldita confianza que siempre lo había caracterizado. Y lo que más destacaba era que se encontraba vestido con un traje negro que marcaba su cuerpo bien entrenado y...

¡Blair, quita esa mirada de allí!

Recuerda, es tu exnovio. Con su imponente arrogancia, unas orejas de gato y un maldito cascabel colgando de su cuello.

—¿Blair? —preguntó con ironía, como si no supiera quién era.

Rodé los ojos y solté un resoplido.

Hasta su voz era irritante.

—¿Ustedes se conocen? —preguntó Remy, observándonos con una notoria incomodidad.

—No —aseguré.

—Soy su exnovio. Creo que la conozco más que tú —respondió él con su sonrisa arrogante, mientras lo señalaba con el dedo.

—¡Ya cállate! —aparté su dedo de un golpe.

—Miau, alguien está feroz esta noche. —Solo faltaba que comenzara a ronronear.

Perfecto, ya no había ninguna forma de quedarme en la reunión de exalumnos, especialmente con la presencia del odioso Bradley disfrazado de gato negro y lo peor de todo es que se veía jodidamente atractivo.