Prologo
Era un portal extraño; su color gris intentaba asimilar al celeste característico de cada puerta, pero de una forma deslavada y turbia. Los detectores lo catalogaron como un portal nivel C. Sin embargo, su energía era completamente diferente.
Un grupo de fuertes hombres y mujeres entró, ordenado por uno de los gremios más poderosos de ese país, esperando obtener información de la extraña mazmorra, pero ninguno salió. Un segundo grupo fue enviado; en él, dos cazadores clase S, quienes se unieron “solo para ver”, confiados de que el antiguo grupo había sido solamente muy débil, entraron de forma desordenada, dejando atrás a sus acompañantes. Todo pasó demasiado rápido. Sólo uno de los compañeros, un joven cazador clase C, logró salir corriendo del lugar; su piel ni siquiera podía decirse que estaba pálida, respiraba agitadamente y sólo lograba balbucear cosas extrañas que los monitores no lograron comprender del todo. Sin embargo, no necesitaron escuchar más para entender que los dos cazadores clase S y todo el resto del equipo habían sido masacrados dentro de ese portal.
—¿Qué sucede? —preguntó acercándose a los monitores una delicada y elegante chica. Los hombres hicieron una reverencia demostrando el mayor respeto posible hacia ella.
—Señorita… —El encargado no se atrevió a levantar su mirada, no porque ella fuera peligrosa, sino porque su aura era demasiado poderosa como para hacerlo.
—¿Qué sucedió con ellos? —preguntó mirando hacia la extraña puerta; podía sentir el olor a sangre emanando del portal y un extraño y repulsivo aroma que no pudo entender muy bien, pero si podía describirlo de alguna forma, era “el olor de un psicópata”.
Los hombres negaron con la cabeza, bajando la mirada. Era la señal de que las cosas habían salido mal.
—Sólo él logró salir con vida —le respondió señalando al joven cazador, que parecía completamente ensimismado en lo que había visto dentro de la mazmorra.
Le tomó un segundo analizar lo que haría a continuación; si entraba sola, probablemente moriría, pero ¿acaso tenía otra opción? Miró al encargado con una expresión seria.
—Dos cazadores clase S murieron junto a un grupo de ataque; avisa a la asociación de cazadores y diles que este portal se romperá. —Su voz era seria. No había mucho más que pudieran hacer; era un país con pocos cazadores clase S y, sumándola, sólo quedaban dos.
Los hombres asintieron, sabiendo que las palabras de la chica eran inevitables.
—Ganaré algo de tiempo —dijo, comenzando a caminar hacia la puerta. El encargado intentó detenerla, pero ella estaba decidida; si podía evitar que el portal se rompiera, entonces muchas vidas serían salvadas y las que ya se habían sacrificado, entonces, valdrían la pena.
—¡Señorita, no puede! —El hombre intentó tomar su brazo. Si entraba ahí, entonces perderían al cazador clase S más fuerte en su país.
Ella iba a objetarle, pero antes de poder hacerlo sintió una fuerte energía viniendo desde el portal y luego, como por arte de magia, desapareció. Los presentes quedaron atónitos, jamás habían presenciado algo así; no había registros de mazmorras que aparecieran y desaparecieran de repente.
—¿Qué acaba de…?
…
…
…
En su vida, muchas veces se encontró en situaciones difíciles, situaciones en donde pensó que no podría salir con vida. Durante su tiempo como cazador clase E, recibió órdenes injustas, maltratos, soportó la enfermedad de su madre y su propia muerte en el templo de Cartenon. Mientras entrenaba y crecía como el monarca de las sombras, tuvo que acabar con la vida de aquellas personas que quisieron herirlo, tuvo que alejarse de sus seres queridos y descubrió que su pasado tenía más secretos de los que él pudo haber pensado. Sin embargo, ya nada de eso parecía afectarle realmente; su capacidad de angustiarse y de estresarse se había reducido de forma proporcional al nivel que tenía. Pensó que ya nada podría sorprenderlo hasta que el email del presidente en su correo hizo que soltara su bebida y sus ojos se abrieran a su máximo.
—¿Qué demonios? —se preguntó reproduciendo el video una y otra vez.
En él se podía observar un grupo de cazadores coreanos entrando a un portal nivel C. Un periodista los acompañaba, documentando todo lo ocurrido para un en vivo de una de las promesas del gremio White Tiger. Todo iba bien, como siempre; al inicio de la mazmorra no había monstruos y solo se escuchaban las voces y risas de los miembros del equipo, pero de repente, la sangre comenzó a salpicar por todos lados.
—¡¿Qué está sucediendo?! —se escuchó el grito desesperado de una chica y luego, un sonido metálico atravesándola.
El periodista intentó correr, junto con el resto de sobrevivientes, buscando la salida, pero no había un portal de regreso en donde debía haber estado; en cambio, una sombra humanoide se presentó frente a sus ojos.
—No son dignos —habló con un tono difícil de comprender; no era femenina, no era masculina, no era humana. Sin embargo, más importante que eso, fue lo que ocurrió después: en la espalda de aquel ente se formaron lanzas metálicas que bailaron por el aire atravesando los cuerpos de los supervivientes y luego la cámara cayó al piso, mojándose con la sangre de lo que habían sido unos buenos cazadores. Lo último que grabó fueron los pies de aquella sombra alejándose del lugar.
Jinwoo apoyó su espalda contra la silla mirando el techo. Aquella mazmorra le recordaba inevitablemente al templo de Cartenon, haciendo que un escalofrío recorriera su espalda.
—¿Qué significa esto? —fue lo único que pudo decir.








