Capítulo 1 - El Regreso
Un día como cualquier otro. Me levanto y miro por la ventana: llueve. La lluvia me eriza la piel. Es tonto, pero me recuerda a mi padre. El último día que lo vi, llovía a cántaros. Mi rostro era inexpresivo, pero las lágrimas caían sin control.
Camino hacia la nevera y, como siempre, está casi vacía. Suspiro. No tengo otra opción que salir a comprar algo. Tomo la sombrilla y salgo al supermercado más cercano.
Estos últimos meses han sido un desastre. Me despidieron, me detectaron problemas de salud e incluso mi gato murió de viejo. Es irónico cómo la vida puede derrumbarse tan rápido. Hace días que no como bien. A veces lo olvido, otras simplemente no tengo ganas.
En el supermercado, camino por los pasillos sin mucho entusiasmo, revisando qué puedo pagar con lo poco que me queda. Entonces, lo veo.
Mi corazón se detiene por un instante. Es él. Mi primer amor. Mi única historia de amor. El chico que me utilizó y luego me desechó.
Aparto la mirada. No vale la pena. Han pasado 15 años.
Todos avanzaron y yo me quedé atrás. No es justo que los malos ganen mientras las víctimas seguimos cargando con el peso del pasado. Pero no hay otro culpable más que yo. No luché por mis sueños y dejé que mis pocas ambiciones se destruyeran en mil pedazos.
Después de comer algo, siento un extraño golpe de energía. Decido empacar. No tengo trabajo y este apartamento es demasiado caro.
Mientras reviso el armario, encuentro algo olvidado: mi antiguo diario. Y me da curiosidad que cosas escribía en esos años. Lo abro y, al hacerlo, una foto cae al suelo.
Mi padre y yo.
Una imagen antigua, borrosa por el tiempo. En ella, él sonríe con tanta felicidad que duele. Yo también sonrío, esbozando una alegría que hoy en día sería imposible de sentir.
Me recuesto en la cama abrazando la foto. Antes de cerrar los ojos, tomo mis pastillas para dormir.
Y entonces, el mundo cambia.
Al despertar, algo no encaja. Me siento… diferente. Miro a mi alrededor y el aire se vuelve pesado.
Reconozco este lugar.
Es mi antigua habitación.
Mi antigua casa.
Hace 15 años.
No puede ser real. No puede estar pasando. Esto no es una película.
Trato de ordenar mis pensamientos cuando la puerta se abre.
—Buenos días, dormilona —dice una voz cálida.
Es mi padre.
El miedo, la confusión, todo desaparece. Solo hay una cosa que puedo hacer.
Lo abrazo con todas mis fuerzas.
Él se sorprende, pero luego sonríe.
Si esto es un sueño, lo voy a aprovechar.
Pero más adelante me daré cuenta que la situación no era tan sencilla como lo pensé.