EL PRÍNCIPE SONG (MINYUN)/SAGA SWEET MOON (B.1)

Summary

𝐈. YunHo era un Omega cuyo objetivo era cuidar de los más vulnerables, omegas igual que él. Su pasión era el tiro con arco y quería ser cazador del grupo que pertenecía al palacio. Su sueño tenía que ver con el palacio, sin embargo nunca pensó que terminaría dentro del palacio, tal como soñó, pero siendo esposo del príncipe Song MinGi, el Alfa más frío, tosco, grosero, antipático y salvaje que pudo haber conocido.

Status
Complete
Chapters
34
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. Omega Salvaje

Ante los ojos de cualquier persona podría decir que los árboles por dónde cruzaba eran todos iguales, pero sabía que no podían estar más equivocados. Conocía el bosque a la perfección, cada árbol lo tenía grabado en su memoria, sabía cuando una flor nueva crecía, cuando talaban árboles, cuando movían rocas. Lo sabía todo, a él no podían engañarlo con respecto al bosque porque se atrevía a decir que ese era su verdadero hogar y no dónde se suponía que estaba su familia y dormía casi todas las noches, porque también se permitía acampar en el bosque.


Era peligroso y su padre se lo había dicho un millón de veces, pero no podía importarle menos porque él era uno con el bosque, hasta aseguraba que los animales ya le tenían más confianza que los perros a sus dueños.


Aspiró el aroma del bosque, su frescura con dulzura lo fascinaba, la madera fresca siempre olía estupendo y el efluvio del césped eran de sus cosas favoritas, más cuando llovía y la tierra olía de manera peculiar y deliciosa. Montado en su caballo dejó que algunas hojas cayeran en sus hebras castañas, los árboles fueron pasando a su lado mientras guiaba a su mejor amigo Marcus, un caballo blanco con manchas café como una vaca.


Y cuando vio la primera diana a la lejanía, sonrió como si ya se hubiera ganado la loteria. Su mano derecha tanteó donde guardaba las flechas hasta tomar una y alzarla al mismo tiempo que su arco, la posicionó en su lugar, estiró la cuerda de su arco hecho por él mismo y cerró un ojo para apuntar hacia la diana, Marcus se acercaba, galopando a toda velocidad alzando con sus patas la tierra detrás suyo, la diana más cerca, el viento revolviendo sus cabellos, los árboles sin ser un impedimento y los insectos acompañándolo en todo momento. Su sonrisa se amplió, tomó una respiración pausada para calmar su agitado corazón, y disparó.


La flecha apuntó en el centro.


Bajó el arco para controlar a su caballo cuando pasó a un lado de la diana colgada en una de las ramas de un árbol grande, vio con victoria su flecha efectivamente en el centro y echó la carcajada levantando la barbilla hacia el viento cuando otro caballo llegó justo atrás.


—Muy bien YunHo, lo hiciste mejor que ayer — el jinete que lo seguía desde atrás lo felicitó aplaudiendo con orgullo. YunHo se giró para ver a su amigo y maestro, el hombre que le enseñó tiro con arco desde un inicio.


JungKook, su maestro, había sido cazador del palacio hace años antes de perder a su pareja tras una amenaza directa, estuvo de luto por muchos años hasta que pudo superarlo y decidió salirse del grupo de cazadores. YunHo recuerda que ese grupo era problemático porque no tenían un orden y seguían sus propias reglas, la corona no podía hacer mucho por ellos. Los cazadores siempre estaban vestidos de negro y eran más bien verdugos que andaban por ahí tomando justicia por su propia mano y protegiendo a la gente de peligros mínimos como ladrones hasta mayores como grupos organizados.


Admiraba a JungKook, y lo admiraba muchísimo más por mantenerse cuerdo aún después de haber perdido al que creía era el amor de su vida y aún así, aquí seguía. En su opinión, JungKook era demasiado para ser un cazador y le dijo que debería meterse al ejército como debía, ser un caballero para proteger a la corona, pero él se negó y ahora vive de sembradíos y pinturas con oleo, además de que gana algunas monedas por enseñarle tiro con arco al segundo hijo de una familia de prestigio.


Le sonrió en agradecimiento, intentando recuperar el ritmo de su respiración. JungKook se veía relajado, a comparación suya, su cabello oscuro no estaba revuelto y sus ropas de hombre humilde no estaban llenas de tierra como las suyas, su caballo negro también se veía tranquilo, no como el pobre Marcus que seguro ya exigía agua.


—¿Cuánto tiempo hice?


—Menos que ayer, de hecho conseguiste un récord — revisó nuevamente su reloj de bolsillo, alzando una ceja curioso cuando levantó la vista nuevamente hacia él —Quince minutos con treinta segundos, nuevo récord YunHo, felicidades.


El Omega sonrió feliz, festejando en sus adentros mientras miraba nuevamente la diana con su última flecha.


Aún recordaba cuando era apenas un crío, había conocido a JungKook cuando se retiró del grupo de cazadores, YunHo tenía unos siete años en ese entonces y su padre había llevado al joven JungKook de veinte a su casa para comer algo, su padre les platicó que era un cliente suyo que lo había buscado para resolver unos asuntos legales que surgieron tras la muerte de su esposo, el señor Park, su padre, se esforzó demasiado, como siempre siendo el mejor abogado de todo el pueblo, y lo ayudó con mucho gusto. Tomó su confianza y le presentó a su familia y fue ahí que YunHo lo conoció, le contó sobre su experiencia con el arco y el pequeño YunHo quiso saber a qué se refería, espiando a JungKook un día lo descubrió y, desde entonces, se convirtió en su pasión.


YunHo quería ser cazador como su maestro, sabía de los peligros que correría pero quería intentarlo, quería montar a Marcus teniendo su armadura obsidiana y él una capa que lo cubría de pies a cabeza, alzando su arco para acabar con todos aquellos hombres que se metían con los más indefensos, además quería terminar lo que JungKook no pudo por el luto: tomar venganza.


No se lo había dicho, al menos no pensaba decírselo por ahora, si se lo decía a su pobre maestro de treinta y tantos años le daría un infarto. Tan joven y muriendo por algo así.


YunHo alzó más la vista, encontrando el cielo en sus tonos anaranjados y soltó un jadeo, dirigiendo su atención de inmediato a su mayor el cual le vió sorprendido.


—¿Qué hora es?


JungKook frunció el entrecejo, sacando su confiable y viejo reloj de bolsillo, YunHo no recordaba un solo momento en el que JungKook no anduviera con esa cosa obsoleta, teniendo ya relojes de muñeca.


—Las 5:15 ¿Por qué?


—Mierda — jaló a Marcus para redirigirlo por el camino que habían recorrido, sintiéndose nervioso —Le prometí a mamá que llegaría para la cena.


—¿Desde cuándo le haces caso a tu madre? Ah, y cuida el lenguaje por favor.


Rodó los ojos, soltando una risita —Sabes que detesto hacerle caso, me dan flojera sus sermones, pero hoy nos visitaría un nuevo pretendiente para YeoSang y él me pidió que estuviera ahí, así que no puedo dejarlo solo.


—¿Tu madre sigue llevando hombres a su casa para YeoSang? — hizo una mueca, aunque YunHo quiso replicar, JungKook lo hizo sonar mas horrible de lo que parecía pese a que sabía que era cierto —Debe tener cuidado, un día de estos alguien va a sobrepasarse, YeoSang tiene apenas diecisiete.


—Ya se lo he dicho, incluso SeongHwa se lo dijo, pero es su pequeña monedita de oro y tiene que presumirlo — bufó, comenzando a cabalgar con tranquilidad —No deja de decir que YeoSang es el único decente de los cuatro y que lo quiere casado antes de que arruinemos la reputación de la familia.


—En lugar de apoyarlos, prefiere mantener la reputación de su familia — negó en desacuerdo —Saluda a SeongHwa de mi parte.


—Mmm no lo sé — le miró juguetón, mofandose de la forma en la que su mayor se avergonzaba y su rostro se comenzaba a teñir de rojo —¿Por qué no lo saludas en persona?


—T-tengo algo que hacer.


—No te creo, eres un miedoso.


—¿No que tenías que irte? Deja de ser un mocoso insolente y largo. Yo recojo las flechas.


—Gracias — le sonrió dulce, como si JungKook no supiera que estaba a punto de soltar el comentario más vergonzoso del planeta —Hasta luego, cuñado.


Y se fue echando carcajadas mientras la voz de JungKook se escuchaba a sus espaldas insultandolo con sus palabras de anciano, seguramente con el rostro rojo de vergüenza.


Andó por el bosque hacia la salida, disfrutando de sus últimos ápices antes de decirle adiós hasta el día siguiente. No le gustaba estar presente en las cenas donde le presentaban pretendientes a YeoSang, detestaba ver a su hermanito muerto de nervios e incómodo hasta los huesos por un hombre desconocido mientras su madre lo describía como el mejor de los partidos en todo el pueblo, luego sentía que su corazón se aceleraba cuando su madre los mandaba a pasear a solas para que se conocieran.


Siempre salía mal.


Su madre decía que había alguna maldición o YeoSang le había aprendido mañas a su hermano menor: WooYoung, porque por alguna razón todos los hombres que llegaban como pretendientes no aceptaban a YeoSang como su Omega. Así que su madre se sumía en otra búsqueda por un noble para su hijo maravilla, el perfecto de los cuatro Omegas que vivían en esa casa.


En su opinión, sus hermanos y él tenían sus encantos, cada uno por separado. Pero su madre no lo veía así. Para ella, SeongHwa era la desgracia de la familia en persona, siendo un Omega viudo con una hija de un año y medio, su madre decía que de haberle hecho caso no estaría de luto y siendo repelente de Alfas. Además, según ella, SeongHwa tenía prohibido casarse otra vez porque ya lo había hecho, y ningún Alfa aceptaría un Omega usado y con un hijo ajeno.


Por otro lado estaba WooYoung, mellizo de YeoSang, ambos eran como uña y mugre, siendo WooYoung el que nació al último unas cuantas horas después de YeoSang. WooYoung era un Omega libertino, demasiado, siempre se le veía del brazo de un Alfa diferente y había sido la razón de varios engaños de Alfas del pueblo, las Omegas lo odiaban por quitarles a sus esposos, y en un bar en específico lo conocían como “El diamante negro” por su belleza y a la vez valentía, porque WooYoung tenía demasiada experiencia en defensa personal, llevando una daga entre su lencería.


No había nada que su madre detestara más que a las golfas, y su esposo se burlaba de ella porque uno de sus hijos resultó ser así, sin embargo habría de admitir que su madre le tenía cierta paciencia a WooYoung porque al menos era educado y se vestia “como Omega”, usando vestidos de alta costura, teniendo modales en la mesa y usando un vocabulario perfecto solo en presencia de ella, además era educado cuando le convenía y no era un desastre en eventos sociales donde tenían que atrapar a un noble para casarse.


A diferencia suya, que estaba seguro que su madre lo odiaba.


Ya había perdido la cuenta de las veces que su madre le gritó por ser un salvaje, o de aquellas ocasiones donde lo comparaba con un hombre de las cavernas por ser demasiado brusco y sucio. Le gritaba cuando llegaba a casa con la ropa llena de tierra, le insultaba cuando salía con JungKook a montar a caballo, siempre soltaba algún comentario sobre su actitud “egoísta” porque nunca pensaba en la imagen de la familia.


YunHo era un desastre y no lo negaba, pero tampoco es que le importará. A él le importaba poco lo que la gente pensará de él, y si, podían decirle que era un salvaje, pero no le afectaba. ¿Y qué si lo era? Todavía recordaba que ese apodo salió desde aquel día donde un hombre se metió con SeongHwa, gritándole cosas horribles. O de aquella vez que un par de hombres se quisieron sobrepasar con sus hermanitos, y a los tres hombres los golpeó hasta dejarlos moribundos, los tres siendo alfas y él siendo Omega.


¡¿Pero por qué culparlo?! ¡Si él había defendido a sus hermanos! Podían decirle salvaje por eso, no le importaba, la seguridad de sus hermanos siempre sería su prioridad.


Por eso detestaba a los Alfas, esos tipos arrogantes que se pensaban que podían tener todo a su alcance y como ellos lo quisieran, sin importarles a quienes afectaban en su camino.


No estaba interesado en ningún Alfa, los odiaba a morir, y si se llegaba a casar definitivamente sería con un beta, y si es otro Omega muchísimo mejor.


Cuando llegó a casa y llevó a Marcus a su establo, ya podía escuchar los sermones y gritos histéricos de su madre mientras intentaba peinar a su hermano YeoSang, y solo pudo suspirar con fuerza, diciéndose una y otra vez que ya no le afectaba, a pesar de que ella era su madre y que esperaba un poquito de apoyo de su parte, no le afectaba.


O al menos no como antes.


Entró y encontró a SeongHwa ya listo con su tipico vestido negro de luto, todavía, porque su madre le había dicho que todos tenían que saber que estaba de luto para que nadie se le acercara porque era, a palabras de ella “como el fruto prohibido”. SeongHwa se resignó a aceptar solo porque seguía sintiéndose mal tras la muerte de su marido.


Su hermano mayor alzó la cabeza apenas lo vió entrar y su maravillosa sonrisa lo recibió. Se levantó y extendió los brazos para tomarlo por detrás de las orejas y besarle su frente. SeongHwa siempre actuaría como una madre con ellos, así pasara lo que pasara.


—¿Dónde estabas? Mamá está que echa fuego.


—¿Cuando no? — bromeó, ganándose un golpe leve en el hombro.


—Ve a arreglarte antes de que ella te vea, tenemos que estar presentables. Al parecer es un duque de alto prestigio o algo así, no le entendí.


—Siempre dice eso — rodó los ojos, buscando con la mirada algo por el interior de la casa —¿Y WooYoung?


—Quitandose el olor a Alfa y sexo — suspiró exhausto, cerrando los ojos —Que bueno que no estuviste, mamá se puso como histérica y WooYoung solo pudo callarse porque YeoSang estaba presente, y ya sabes como se pone cuando estamos peleando. No quería causarle un colapso nervioso o algo parecido.


—Es que ella no tiene que opinar de nuestras vidas — gruñó, hablando más alto pese a que SeongHwa le hizo una seña para que bajara la voz —No me importa, ella no tiene derecho.


—Son menores de edad, lo tiene, YunHo.


—Pero a ti te hace lo mismo y tú ya eres mayor de edad.


SeongHwa se quedó callado, mirándolo con una intensidad enfermiza que YunHo deseó desaparecer. Vio los ojos tristes de su hermano, aquellos que desde la muerte de su cuñado no volvieron a brillar.


SeongHwa sufría en silencio porque lo prefería así, recibió la lástima de la gente por un año entero y decidió que no quería vivir así, su Omega seguía triste, muy oculto en su interior, provocando que su humano soltara feromonas agrias y desagradables como fruta echada a perder, provocando que su cachorra saliera afectada. Ya no podía transformarse, ya no tenía celos, no tenía a esa segunda voz que lo seguía siempre, no tenía aroma, marca, no tenía nada, solo a su bebé que apenas y podía reconocerlo si no fuera por su voz.


Por eso quería que JungKook se acercara, pero SeongHwa no quería, se negaba rotundamente a arrastrar a otros a su miseria.


Su esposo no había sido su destinado, pero su Omega lo estaba extrañando como si lo fuera.


—Perdóname — dijo después de un rato, cuando SeongHwa bajó la mirada y limpió de forma disimulada una lágrima que se le había escapado.


—No te preocupes, Yuyu, ve a bañarte y yo iré a ver a Hanni, ¿De acuerdo?


Asintió en silencio, recibiendo una última caricia por detrás de la oreja por parte de su hermano antes de que este desapareciera por el pasillo directo a las escaleras del segundo piso.


Suspiró, recordando que no le dijo que había visto a JungKook hoy.


Siguió el camino de SeongHwa pero dirigiéndose a su habitación para comenzar a vestirse justo cuando vio a WooYoung salir de su habitación con un vestido a medio poner.


—¡Yuyu! ¡Súbeme el cierre porfis!


Negó riendo, ayudando a su hermano cuando le dio la espalda para ayudarle, notando un moretón del tamaño de una taza en la parte trasera de su cuello, uno que apenas y el cuello del vestido podía tapar. Lo acarició con los dedos, provocando un jadeo en su hermano.


—El tipo de ayer se emocionó, le dije sin marcas y me ignoró completamente.


—Debes tener cuidado, Woonie — le dijo cuando su hermano se dio la vuelta para mirarlo de frente —Son alfas que no conoces, ¿Y si alguno te llega a morder?


—Le pateo los huevos, tal como me enseñaste— le regaló una sonrisa bonita —Relajate, tengo controlado esto. Por cierto, gracias guapo, te amo.


Y se fue a su habitación de nuevo después de lanzarle un beso, seguramente ignorando su comentario.


YunHo ya tenía demasiada mierda mental como para preocuparse y ahora lo importante era que YeoSang no tuviera un ataque de pánico. Así que entró a su habitación para bañarse y se vistió con algo que no fuera un vestido pero sí lo suficientemente elegante.


{...}


La noche llegó a Horizon en menos de lo que se esperaban, todos ya estaban sentados en la mesa, incluido su padre quien leía sin interés un periódico. Su madre por otra parte le dio una mirada amenazante cuando lo vió entrar con ropa que “no era apta para un Omega” pero ya no le dijo nada, de todas formas no había tiempo para cambiarse.


YeoSang por otra parte se veía precioso como siempre, su cabello rubio estaba decorado por broches de plata con forma de mariposas, sus párpados tenían brillos rosas y una sombra café muy tenue en las esquinas mientras que sus labios y mejillas eran como fresas, lindas y adorables. Portaba un vestido digno de su edad, de corte recto con mangas amponas y guantes blancos.


Luego estaba SeongHwa a su lado, quien se había peinado diferente dejando que su cabello largo y rubio cubriera su frente y un arete alargado colgara de su oído izquierdo. WooYoung al otro lado tenía el vestido que le había visto hace un rato, no tenía guantes, en su lugar tenía las muñecas llenas de joyería dorada y su cintura se marcaba por un corsé café muy ajustado.


Él solo vestía un traje y ya, igual que su padre.


Su madre siguió viendo a sus tres hijos con una decepción notoria en sus ojos, sus hermanos la ignoraban con facilidad a diferencia suya que podía sentir el fuego de esa mirada en su frente, hasta que el contacto se rompió cuando sonó el timbre de la casa y su madre fue abrir.


WooYoung tomó la mano de su mellizo y su padre carraspeó cuando todos escucharon la voz chillona de su madre recibiendo a alguien completamente desconocido.


Lo único que sabían es que ella lo había conocido en la iglesia y que era un noble, pero nada más de eso.


Todos se levantaron arrastrando sus sillas cuando su madre apareció con el noble, y la mayoría se quisieron echar para atrás.


Era un hombre mayor.


Tendría como cuarenta y tantos años a juzgar por la barba poblada que tenía, sus ojos mostraban notorias arrugas y no era tan atractivo como para considerarse.


Pero se quedaron callados.


—Les presento al Duque Choi Hyunsik.


Su madre lo presentó y enseguida el hombre se inclinó hacia adelante con una galantería que todos los nobles tenían. Vio de reojo a YeoSang temblar.


—Es un gusto, estoy realmente complacido de que hayan aceptado mi visita — vio a cada Omega, alzando las cejas cuando vio en su dirección —Señora Park, no me había dicho que tenía un hijo Alfa.


—Ah… — el tono de su madre bajó, mirándolo a él con una decepción notoria y una mueca de asco —No es Alfa, es Omega solo que le gusta vestirse… así.


—Oh, ya veo — sonrió galante, pero YunHo ya sabía lo que seguía después de eso —Es raro ver a un Omega con pantalón, por no decir… inadecuado, lo siento.


—Espero también sientas mi puño — todos hicieron un escándalo cuando YunHo se acercó amenazante directo a golpear a ese Alfa pretencioso. SeongHwa y WooYoung lo tomaron de los brazos mientras que YeoSang se había puesto enfrente para cubrirlo del Alfa. Su madre hizo lo mismo, pero con ese tipo, mientras que su padre no se había movido de su lugar.


—¡YunHo! ¡Educación!


—¡La educación se la pueden meter por el culo! ¡Ese Alfa no tuvo ningún tipo de educación cuando soltó su comentario estúpido!


—¡Tiene razón, mira como te vistes!


YunHo rió, aunque parecía carecer de gracia.


—Mira come visto, ¡¿”Mira como me visto” dijiste?! ¡Mierda mamá! ¡Ese tipo es un Alfa viejo que seguro solo quiere a mi hermano para tener sexo! ¡Abre los putos ojos, estás poniendo en peligro a tu propio hijo!


—¡Basta! ¡Lárgate de aquí, no te quiero ver! ¡Vete!


Su madre le señaló el pasillo que dirigía a las escaleras, pero YunHo ni siquiera se fue por ahí. Obligó a sus hermanos a que lo soltaran y pasó a un lado del Alfa al cual vio con odio, y él, como si tuviera un bicho enfrente, le vió con asco y lo ignoró.


Solo atinó a negar con enojo, retirándose para ir al establo para dormir con Marcus, su único amigo coherente ademas de JungKook.


Llegó refunfuñando, abriendo el establo con violencia y llenándose los zapatos de tierra, entró con su caballo y se acostó a su lado cuando el caballo lo recibió con un movimiento de su cola. YunHo suspiró para calmarse, levantando la vista hacia el techo aunque tenía los ojos cerrados, aguantando las ganas de llorar.


Ya sabía que su madre lo odiaba, y que siempre lo pondría de último lugar, pero aún así dolía que ella prefiriera defender a un Alfa desconocido en lugar de a su hijo, le dolía que pusiera en peligro a su hermanito, le dolía que insultara a SeongHwa por elegir amar con el corazón y no como ella que se guío por el dinero, le dolía que hablara sobre WooYoung a sus espaldas y le viera con asco, pero más le dolía que ella no pudiera mostrarle ni una pizca de cariño.


No supo cuando tiempo había pasado sentado en el suelo a un lado de Marcus cuando escuchó el seguro y al puerta del establo abrirse, enseguida unos pasos rápidos por la tierra y a los segundos vio la cabellera rubia de su hermano asomarse.


YeoSang se veía asustado, cambiando su expresión a una de alivio cuando lo vio y entró para estar con él. Sus pies se movieron rápido para tumbarse frente suyo, abrazándolo por el cuello y respirando con una velocidad preocupante. YunHo se asustó, pero solo acarició la espalda de su hermano y esperó a que este hablara.


—Gracias — murmuró con voz entrecortada y amortiguada cuando ocultó su rostro en su cuello, llenándolo de lágrimas —Gracias por defenderme, tenía mucho miedo y ese Alfa era muchísimo mayor que yo y no pude decir que no y…


—YeoSang, ¿Ese Alfa te hizo algo?


YeoSang se apartó de inmediato para mirarlo frente a frente, limpiando sus lágrimas mientras negaba varias veces, como si una no pudiera ser suficiente para convencerlo.


—No, solo hicimos la rutina de siempre; mi mamá hablando como loca, SeongHwa callado, WooYoung tarareando y papá en su periódico; luego nos mandó al jardín a hablar a solas y pues… le tuve que enseñar mi marca para que se fuera, me dijo que eso era del demonio y quién sabe qué — subió la nariz —Pero no me molesta, ya estoy acostumbrado.


YunHo sabía a qué marca se refería. YeoSang tenía una marca de nacimiento en la sien que toda la gente detestaba. Su madre lo había obligado a ocultarla luego de que le dijeran que era feo por eso, que le habían hecho brujería y demás. YeoSang al principio se cohibio tanto que no quería mostrar por ningún motivo esa parte de su cara, luego utilizó eso de excusa para ahuyentar a los Alfas y todos, hasta el momento, se habían ido.


En su opinión no era fea, parecía una manchita rojita como si se hubiera ensuciado de pintura o algo así, pero la gente de su amada Horizon era retraída y odiaban cualquier cosa que estuviera fuera de lo común o que consideraran “normal”.


Además, YeoSang estaba reacio a casarse porque era un lector obsesivo, quería a su Alfa destinado.


—¿Seguro que estás bien? — su hermano asintió —¿Y SeongHwa y WooYoung?


—SeongHwa estaba dándole de comer a Hanni y WooYoung salió al mismo bar de siempre, dijo que tenía que desestresarse.


—Maldita sea…


—Lo intenté detener pero no pude, ¿Me perdonas?


—No es tu culpa bebé — le besó la frente, ganándose un ronroneo de su hermano —Hace frío, ¿Por qué no regresas a tu habitación?


—Lo haré si regresas conmigo — se acurrucó contra su pecho, igual que un gatito en busca de calor —No quiero dormir solo.


—Bien, tú ganas — lo abrazó para levantarlo, ganándose una sonrisa hermosa de su hermano —Pero es la última vez, Sangie, pateas mientras duermes.


—Prometo que si — le guiñó un ojo, y YunHo no tuvo que preguntar que significaba eso.


YeoSang le estaba mintiendo en la cara, pero la sonrisa que le dio fue mejor que nada.