Chapter 1
El sigilo de la noche termino en el momento en el que el sonido de una ambulancia inundaba el lugar apenas iluminado por los tenues rayos de luz de la luna que lograban colarse en el lugar, dejando ver una silueta recostada cubierta por una manta blanca simulando un cuerpo inerte después de un horrible accidente.
Finalmente el incesante sonido se detuvo cuando la mano de aquella silueta tocó el pequeño botón rojo de lo que al parecer no era una ambulancia sino su despertador, que ahora anunciaba la noche.
8 PM.
La mujer de cabello corto lentamente se levantó de su cama dejando que la manta se deslizara por su femenina silueta.
Ya era hora de alistarse. Tomo los zapatos a los pies de la cama, botas negras y largas que llegaban hasta sus rodillas. Con un taladro dio vuelta a los pequeños tornillos al costado de estos.
Los olanes en su blusa negra se movían al ritmo en el que aseguraba su corset de metal con una llave inglesa al rededor de su ya de por si pequeña cintura hasta el punto de sentir como abrazaba su cuerpo de manera asfixiante, camino hacia el pequeño tocador donde un viejo espejo descansaba junto a varios marcos vacíos a su alrededor.
Abrió la pequeña urna con el nombre de “mamá” para tomar un poco de su contenido con una brocha y aplicar lo en sus párpados, de igual manera tomo con otra brocha más polvo pero está ves de la urna de “papá” esparciendo lo por su pálido rostro en el que solo resaltaban sus labios rojos. Una vez el maquillaje estuvo listo solo faltaban los accesorios, con una engrapadora hizo unos brillantes aretes.
Tomo el ramo cortado de su pequeña mesa antes de emerger de las profundidades, saliendo a las calles del pueblo caminando de manera tranquila y rítmica mientras dos mujeres la seguían con antorchas en sus manos escoltando la.
El sonido de sus pasos resonaban conforme avanzaba y con ello el sonido de las ventanas cerrarse con fuerza y desagrado como si su presencia fuera un mal presagio para las personas del lugar. Pero eso no detuvo su andar ni afecto su estado de ánimo.
Un grupo de hombres que se encontraban en el camino veían con enojo al grupo de mujeres caminar pero grande fue el susto que obtuvo uno de ellos cuando casi era mordido por el pequeño cocodrilo en el cuello de una de las mujeres.
Su camino se extendió hasta lo más profundo del bosque, casi al final de su trayecto debían cruzar un puente de madera donde al otro lado iluminado por más antorchas esperaban su llegada, que rápidamente fue anunciada por la música característica de una boda, su boda solo que el tono de la música era más lúgubre. Los presentes se levantaron de sus asientos y entre ellos se encontraba su prometido.
Morticia: amado mío- dijo con una sonrisa al estar casi frente a el.
Homero: cara mia- suspiro con sus manos en su pecho pero fue entonces que recordo algo importante- ¡El anillo! ¿Y el anillo? No, no ,no- dijo entrando en pánico, buscando en su torso la joya. Y de entre la multitud una mano con un moño negro se acercó rápidamente hasta el subiendo hasta su hombro mostrándole la joya que tanto buscaba- ha dedos, el padrino siempre lo tiene a la mano- tras unas palmadas Dedos se retiró de regreso a su lugar.
Finalmente estando frente del otro se sonrieron.
-¡Abominable parentela! Es un privilegio realmente raro ver a la familia reunida para esta tradición de los Addams, para dar inicio a la ceremonia y entregar a esta pareja al soporifero vacío del matrimonio- saco un coco y lo preparo- preparamos el coco loco y hasta el fondo los dos.
Todos los presentes bebieron sus cocos antes que la pareja que aún se veían con sus cocos en mano.
- Y ahora los declaro-
-¡Monstruos! ¡No queremos Addams aquí!
Los gritos de un grupo furioso de pueblerinos se acercaban con antorchas y más objetos amenazantes.
-¡Los declaro marido y mujer! Rápido el coco loco hasta el fondo- les dijo antes de irse corriendo.
Ambos bebieron rápidamente sus cocos y se dieron un pequeño beso pero antes de que la peli negra pudiera alejarse corriendo el más bajo la tomo de su mano para hacerla regresar y sumergirse en un beso más apasionado.
Homero: perdón, no pude contenerme- pero su felicidad se vio interrumpida por el grupo de aldeanos que cada vez se acercaba más- ¡Todos rápido, hacia el puente!
La familia corrió tan rápido como podían pero una bola de fuego los hizo detenerse en seco al destruir su única vía de escape, ya no tenían opciones debían abrirse paso para huir, y así lo hicieron con espadas en mano lograron alejarse un poco de la zona campal pero sinestar completamente a salvo.
-¡Ustedes dos murciélagitos huyan de aquí yo los distraigo! ¡Mazurka!- dijo la mujer mayor mientras corría amenazando a todos con su espada.
Lucas: ¡Agarrense de los pelos de mi joroba!- le indico a la pareja de recién casados mientras se subían a su espalda, escalo la montaña con facilidad: ¡Oigan creo que desde aquí puedo ver mi casa! A no, es una cárcel de mujeres.
Morticia: Homero, ¿Porqué nos persiguen aldeanos furiosos a dónde quiera que vayamos?- pregunto afligida.
Homero: estamos a salvo amada mía, es lo único que importa- dijo intentando darle consuelo.
Morticia: quiero encontrar un nuevo hogar que nos cobije del mundo que sea realmente como nosotros- le propuso.
Homero:Si, ¡Un lugar horrible, un lugar putrefacto, uno en el que nadie en su sano juicio se atrevería a ir ni muerto!- declaro emocionado.
El letrero puesto en la carretera anuncio su próximo destino.
“Bienvenidos a nueva Jersey
¿Qué me ves?”
Dentro de la carroza la pareja viajaba sin rumbo fijo mientras disfrutaban de su momento de tranquilidad mientras Dedos conducía.
Homero: ¿Eres infeliz querida?
Morticia: si completamente- suspiro- ay Homero, has derribado mis murallas y apuñalado tu nombre en mi corazón.
Homero: mi lánguida seductora tu mano está tan fría como un pez muerto- dijo mientras exparcia besos por la “mano” de su amada.
Morticia: amor mío eso es un pez muerto- le dijo con una sonrisa divertida.
Homero abrió los ojos sorprendido antes de guardar el pez en el bolsillo interno de su chaleco: ya decía yo.
La pálida mujer miro hacía la ventana admirando el paisaje nocturno con cierta tristeza.
Homero: querida, ¿Acaso... Veo que frunces tu pálido entrecejo?¿Qué sucede?- pregunto preocupado.
Morticia: no podemos huir siempre amor mío, quisiera tener un hogar, quiero que nuestros hijos puedan crecer en paz- dijo con anhelo- quiero que elijamos lotes en el cementerio.
Homero: Morticia juro por mi vida que nos encotrare un nuevo hogar y todos tus deseos serán cumplidos- juro.
Morticia lo miro pícaramente: mon amour.
Homero: ¿Francés? Sabes lo que me hace el francés- advirtió mientras besaba con más pasión la mano de su esposa.
Esto solo incito aún más a que Morticia continuara y hablara en aquel romántico idioma segando a su esposo en un éxtasis placentero. Mientras que al frente del vehículo Dedos no tardo en encender el radio y subir su volumen para darles privacidad a la joven pareja, distrayendo se por un momento del camino.
Cuando volvió al volante vio una figura centímetros delante, el impacto fue inevitable. Esto causo que la carroza derrapar unos metros antes de detenerse por completo.
-¡Le dimos a algo!- dijo la pareja emocionada.
Bajaron del vehículo para acercarse a lo que parecía ser la persona a la que habían atropellado.
Morticia:¿Se encuentra bien?
Homero: No, párese estar perfectamente demente “manicomio estatal para criminales en agendados”- leyó lo que estaba escrito en la camisa de fuerza.
Morticia: Homero- llamo a su esposo para que viera aquella estructura que se asomaba de entre la niebla a la lejanía.
Homero: ese debe ser el manicomio- supuso.
Morticia: que maravilla, un lugar decente para pasar la noche- dijo aliviada.
Detrás de ellos aquel hombre con apariencia similar a la del monstruo de Frankenstein gruñía mientras se liberaba de la camisa de fuerza y extendía sus manos de manera amenazante hacia ellos pero en vez de recibir gritos de horror o miedo solo recibió en sus manos las maletas de la pareja que habían salido volando.
Homero: gracias Larguirucho, dinos por dónde- dijo mientras volvían a la carroza.
Se detuvieron frente a aquel edificio y caminaron hacia la entrada, notando lo viejo que se veía.
Homero: un manicomio bastante silencioso.
Morticia: debe ser temporada baja- intuyo.
Se adentraron en el lugar, estaba abandonado eso explicaba el porque de su silencio y aspecto descuidado, además de las cintas policiales en la entrada.
Homero: es lúgubre, inquietante.
Morticia: misterioso, espeluznante.
“FUERA DE AQUÍ”
Se escuchó desde los adentros del edificio junto a un aire amenazante que les daba advertencia.
Morticia: es terrible- dijo viendo a su esposo.
Homero: es horrible- continuo tomando las manos de su amada.
-es nuestro hogar- dijeron ambos encantados.
Así fue como la joven pareja había encontrado el tan anhelado refugio que buscaban para iniciar con un nuevo legado Addams.
Pj-san