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Misión: Jungkook

Summary

Jungkook solo quería ser un idol, pero ahora huye de villanos, tiene una agente secreta demasiado atractiva protegiéndolo y sus amigos están más metidos en el caos de lo que deberían. Entre peleas, disfraces ridículos y coqueteo accidental, solo hay una misión: sobrevivir.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Pantuflas de conejo

La noche en Seúl tenía un brillo peculiar. Las luces de los rascacielos se reflejaban en el pavimento mojado, formando destellos de colores entre los charcos. El aire estaba cargado con la mezcla habitual de contaminación, humedad y el lejano aroma a comida callejera. Era una escena casi poética… hasta que un grito rompió la armonía.

—¡¿Por qué demonios me están persiguiendo?! —Jungkook jadeó, sintiendo su corazón golpeando su pecho como si quisiera escapar antes que él.

Las suelas de sus pantuflas de conejo apenas tenían agarre en el suelo resbaladizo mientras corría a toda velocidad por un callejón oscuro. Su pijama —un conjunto de algodón con pequeños dibujos de Doraemon, su personaje favorito— no ayudaba en lo absoluto. A sus espaldas, el sonido de pasos apresurados y voces murmurando en un idioma que no entendía aumentaban su ansiedad.

Esto no podía estar pasando.

Hace menos de veinte minutos, estaba cómodamente tirado en el sofá de su departamento, disfrutando de una pizza y un nuevo episodio de su anime favorito. Todo estaba bien, todo era normal… hasta que la puerta de su balcón explotó en mil pedazos.

Las imágenes de ese momento seguían destellando en su mente: el sonido del cristal rompiéndose, la brisa helada entrando a su sala, las siluetas vestidas de negro irrumpiendo sin decir palabra. Su cuerpo reaccionó antes que su cerebro, lanzando su pizza al aire y saltando por la ventana al edificio contiguo.

—¡Idiota, agáchate!

Antes de que pudiera reaccionar, alguien lo sujetó del brazo y lo arrastró hacia la oscuridad de un callejón lateral. El impacto de su espalda contra la pared le sacó el aire, pero no tuvo tiempo de protestar antes de que una mano firme cubriera su boca.

—No hagas ruido —susurró una voz femenina.

Jungkook se quedó inmóvil. Su cerebro intentaba procesar la situación, pero estaba demasiado ocupado con la sensación de su respiración descontrolada y el frío de la noche contra su piel expuesta.

La mujer delante de él tenía el rostro cubierto por una máscara negra, dejando al descubierto solo sus ojos oscuros e intensos. Su chaqueta de cuero y el auricular en su oído gritaban “peligro”, pero lo que más le preocupaba era el arma que tenía sujeta en la mano derecha.

Él no estaba listo para morir en pijama de Doraemon.

—Escucha, sé que esto es raro —dijo ella, apartando lentamente la mano de su boca—, pero si quieres vivir, tienes que hacer exactamente lo que yo diga.

Jungkook tragó saliva. Su instinto le decía que debía salir corriendo… pero otra parte de él, la que siempre había tenido una ligera adicción a la adrenalina, estaba intrigada.

—¿Quién eres? —susurró, aún sintiendo la opresión en su pecho.

La mujer sonrió levemente, como si esa pregunta la divirtiera.

—Puedes llamarme Sora —respondió—. Y acabas de meterte en un problema muy, muy grande.

Jungkook soltó una risa nerviosa, sintiendo que el destino tenía un sentido del humor pésimo. —Sí… ya me di cuenta.

Jungkook no podía dejar de escuchar el tamborileo de su propio corazón. La presión en su pecho no cedía, y el aire frío de la noche se sentía como cuchillas contra su piel. Sora seguía sujeta a su brazo, su agarre firme pero no agresivo, como si estuviera preparada para arrastrarlo de nuevo si era necesario.

—Escucha con atención —susurró ella, asomándose apenas por la esquina del callejón—. Hay tres tipos buscándote. Dos están en la calle principal, el otro acaba de entrar en el edificio detrás de nosotros.

Jungkook parpadea. —¿Cómo demonios sabes eso?

Ella señaló su auricular con un gesto impaciente. —Tengo apoyo en la línea.

Jungkook quiso preguntar más, pero su cerebro aún estaba tratando de ponerse al día con el hecho de que alguien lo estaba persiguiendo en primer lugar.

—¿Y quiénes son ellos? —inquirió con un hilo de voz.

Sora se giró hacia él y, por primera vez, Jungkook notó que su mirada no solo era intensa, sino también calculadora. Como si estuviera decidiendo cuánta información darle.

—Los llamamos Sombra. Es una organización que no quieres conocer. Y menos cuando eres su objetivo.

Jungkook sintió un escalofrío recorrer su espalda. —Espera… ¿su objetivo? ¿Por qué?

—Buena pregunta —dijo Sora, como si tampoco tuviera la respuesta completa—. Lo único que sabemos es que te han estado rastreando por meses.

Meses.

Jungkook sintió que el suelo bajo sus pies tambaleaba. Había pasado semanas yendo de conciertos a ensayos, grabaciones y sesiones de fotos, sin notar nada raro. ¿Cómo podía estar ocurriendo esto sin que se diera cuenta?

—Esto no tiene sentido —murmuró, frotándose las sienes—. No he hecho nada sospechoso. Soy un idol. ¡Lo más peligroso que hago es beber café después de las 10 p.m.!

Sora no pudo evitar alzar una ceja. —Créeme, Jungkook, nadie manda un escuadrón de persecución por hábitos de sueño poco saludables.

Jungkook abrió la boca para responder, pero una voz grave resonó de repente en el auricular de Sora.

—Se mueven. Tienes 30 segundos antes de que revisen el callejón.

Sora maldijo por lo bajo. —Bien, cambio de planes. Tenemos que movernos.

—¿Movernos a dónde?

—A un lugar seguro.

Jungkook frunció el ceño. —Eso suena sospechosamente como un secuestro.

Sora chasqueó la lengua con frustración. —Si fuera un secuestro, ya estarías inconsciente y amarrado con cinta adhesiva. ¿Quieres que lo haga oficial?

—¡No, gracias! —Jungkook levantó las manos en señal de rendición—. Pero sigo sin entender por qué debería confiar en ti.

Sora lo miró fijamente, como si estuviera midiendo su nivel de estupidez. —Porque la otra opción es quedarte aquí y averiguarlo por ti mismo.

Como si el destino quisiera subrayar su punto, un ruido metálico resonó a pocos metros. Jungkook giró la cabeza justo a tiempo para ver la sombra de un hombre alto avanzando por el callejón.

Instinto. Adrenalina.

Antes de poder pensarlo más, Jungkook se aferró a la manga de Sora.

—Bien, bien, ¡vámonos!

—Eso pensaba.

Sora tiró de su muñeca y empezó a correr.

Y Jungkook, aún en sus ridículas pantuflas de conejo, corrió con ella.

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