Prólogo
Vervaleh es la correa que nos jala constantemente y aunque le servimos día y noche, somos todo gracias a ella. Es nuestra fuente de poder y sin su gran resplandor perecemos como un largo caudal sin agua. Estaremos ahí hasta que un día sólo quedarán rastros y aquellos que tuvieron la fuerza para conocernos, sabrán que siempre estuvimos ahí; ocultos, pero a la espera.
Por años hemos coexistido con nuestros hermanos débiles como solemos llamarlos en nuestro dialecto cotidiano. Nacimos del mismo vientre, pero a diferencia de ellos, nosotros fuimos dotados de este gran poder capaz de superar las más increíbles y magníficas hazañas que el mundo no está preparado para ver. Por ellos, cada noche alzamos nuestras copas de cristal y rogamos que nuestros actos sean recordados por décadas y que no sean un mal cuento de terror para los niños en las noches.
Nuestra historia y de cómo fuimos creados es un libro sin terminar, sólo sabemos las diez primeras páginas y en ella conocemos la existencia de una familia exiliada de su pueblo natal formada por Ankör, Lirial y su hija, Thanika. Aquel clan rogaba a sus dioses mantenerlos despiertos aquella tormentosa noche porque al cerrar sus ojos, la muerte recaería sobre ellos y la familia no estaba dispuesta a terminar con su historia, aún había cuentas pendientes contra aquellos que los traicionaron; la sed de venganza de los padres de Thanika eran tan oscura que no anticiparon lo que vendría después. Aquella misma noche, la más joven de la familia, temerosa de lo que podrían hacerle sus dioses a ella y a su familia por sus pecados, salió de la cueva con la esperanza de volver a vivir en paz, borrando todo su pasado y aunque al principio su larga caminata fue tranquila, luego de un par de metros, la montaña rugió. Pensando lo peor, corrió hacia la cueva y al llegar, vio a sus padres rodeando una figura encapuchada. Según los ancianos, aquel extraño era un mensajero de algún desconocido Dios, quién prometió a la familia riqueza y todo el poder para acabar con sus enemigos y por sobre todo, un legado. Aquel detonante de la ira de los Dioses de la familia, aunque hay teorías que dicen que no fue así y que el legado fue nuestra especie.
En fin jamás lo sabremos y creo que es mejor que aquella historia quede en el olvido como todas las cosas del mundo antiguo. Como también, la nueva era que nos tocaría vivir a toda la humanidad donde los seres de la noche y la luz se unirán con sólo un propósito, destruir la raza humana. Exterminio y destrucción, un letargo sueño plagado de oscuridad.