𝐀́𝐆𝐀𝐏𝐄: Arcane.

Summary

❥- Arcane Facfiction. ❥- Jinx x Fem! Oc. Los capítulos subirán de palabras a medida que avance la historia.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

CHAPTER IV





Paula estaba preocupada, ella empezó toda esta travesía únicamente por curiosidad pero en los pocos días que había permanecido cerca de Jinx se había dado cuenta lo verdaderamente sola que estaban, ambas. Así que no pudo evitar preocuparse en cuanto la de coletas azules le entregó con una sonrisa tosca aquel catalejo prometiéndole un pequeño espectáculo.






                 CAPÍTULO IV
               CENIZAS Y SANGRE.



Paula miraba con curiosidad cada pilar con dibujos perturbadores, estaba segura que debían tener algún significado para Jinx.

Apretó contra su pecho el catalejo decorado con dibujos torpes de colmillos y monos que ella misma había hecho.

— Todo está listo. — Afirmó Jinx al sacudirse las manos después de haber plantado todas las bombas — Paula, tú solo vigila y asegúrate de esconderte bien. — Murmuro cerca de la rubia antes de darse la vuelta.











Su mirada siguió con lentitud la figura femenina que se abría paso en el lugar, era una Vigilante con cabello corto y de color rosa.

— ¡Jinx! — Gritó.

— Por fin dijiste bien mi nombre. — Le respondió Jinx con un tono burlesco mientras permanecía oculta y aprovechaba el eco del lugar para camuflarse.

La tensión entre ambas era clara, Paula no sabía decir si estaban conectadas por sangre ya que la información que le dieron fue escasa.

Ajustó la cinta azul de su cuello y luego giró la cabeza para ver a Sevika tras de ella en busca de su reacción, algo que le diera una pista sobre la situación pero fue inútil.

— . . . Pero publicar mi cara por todas partes para que alguien más hiciera tu trabajo sucio. — Silbó — Sin duda cambiaste hermana. —

“Son hermanas.” Pensó con un levé jadeo de sorpresa, esto hacía las cosas aún más preocupantes, ¿Que había pasado entre ellas para llegar al punto de querer matarse?

— Ya estoy cansada de culparme por tus errores, de pretender que eres mi hermana, no lo eres, tú la mataste, ya no permitiré que manches su recuerdo. — Expresó la Vigilante apretando los puños.

— Entonces detenme, porque no importa lo que haga, parece que no puedo morir. — Dijo mientras en la bruma aparecia la figura de Jinx.

— Lo siento. —

— Yo también lo siento. —

Eso fue lo último que se dijeron antes de que se vislumbrara un destello azul desde la oscuridad.

Paula noto la pequeña y veloz bala cruzar toda la plaza hasta impactar contra el reflejo de Jinx.

La peliazul solo carcajeó y la tensión en el aire incrementó aun más cuando Sevika se alejó del escondite en busca de la compañera de Vi quien había estado escondida y ahora se movia de posición entre la oscuridad.

Todo empezó de forma rápida y difusa, en un momento los ecos de los disparos continuos era todo lo que se podía escuchar y al otro las piezas destrozadas del arma de Jinx estaban esparcidas en el suelo gracias los fuertes guanteletes de su hermana.

Las armas de ambas vigilantes empezaron a fallar envueltas en colores vibrantes y distorsionados. Aprovechando esta distracción la de trenzas se acercó y disparó una bomba en dirección a Vi con Fishbones, ella nisiquiera dudó.

La explosión dejó escombros y fue seguida de explosiones más pequeñas que mandaron a volar a las vigilantes.

Paula veía todo esto, se sentía impotente con solo mirar por lo que al ver como Jinx era arrojada contra una columna haciendo que por consecuencia su arma escapara de sus manos, ella frunció el ceño se levantó del suelo y usó los escombros acumulados para bajar más rápido, decidia a ayudar se apresuró.

Se congeló horrorizada en su sitio en cuanto vio como el dedo de Jinx fue arrancado de su mano con un disparo, sintió arcadas por todas las sensaciones que está situación le traía.



— ¡Hazlo! Estoy lista. — Exclamó cuando fue acorralado contra una especie de lápida. Su hermana estaba sobre ella sosteniendo su delgado cuello con el guantelete — Me alegra que seas tú. . . Tenias que serlo. —

Paula corrió, jadeaba y con un movimiento rápido recogio el arma, Vi no tuvo oprtunidad de golpear ya que la rubia se interpuso entre ambas.

— ¡No! — Gritó Jinx cuando la menor se posicionó entre ambas haciendo retroceder a la de cabello rosa al tener el arma amenazadoramente frente a ella.

Paula respiraba agitadamente intentando recuperar el aliento mientras giraba su cabeza viendo a la Vigilante con el ceño fruncido en ira. Una vez calmó su respiración movio su dedo pero no pudo presionar el gatillo ya que la pistola salió bruscamente de sus manos cuando la Vigilante de cabello oscuro disparó contra ella.

— ¿Que haces? — Exclamó desconcertada en cuanto la chica de rizos se apresuró a abrazarla aferrándose a ella en busca de protegerla. — ¡Suéltame! ¡Lárgate Paula! —

— No, no. — Murmuró Paula de forma entrecortada. Jinx se quedó congelada en su lugar al escucharla, probablemente estaba sorprendida por escucharla hablar.

— Pau. . . — Murmuro devuelta contra su oído hundiendo suavemente sus dedos en los hombros de la contraria, dejo de forzejear y en su lugar la sostuvo contra ella. — No, ¡No! ¡Así no tenía que pasar! — Gritó una vez más abrazando más fuerte a la rubia entre sus brazos para protegerla. Luego de eso siguió una fuerte explosión y ráfaga de viento que se llevaron volando a las dos Vigilantes cubriendo la entrada con escombros.












No tuvieron tiempo de hablar, en cuanto la adrenalina pasó Jinx empezó a quejarse del dolor por su dedo faltante.

Sevika la cargo sobre su hombro como costal de papas ya que la chica estaba siendo muy dramática a su parecer, ella no se había quejado tanto cuando perdió el brazo.

La última gota fue el lugar en donde terminaron para poder darle primeros auxilios a la peliazul.

— Paula, ven aquí. — Llamó Sevika.

La morena le indicó paso a paso como curar la mano herida de la chica quien estaba tendida sobre un escritorio viendo en la dirección contraria.

Terminado su trabajo la mayor se retira anunciando algo sobre que necesitaba una cerveza, la habitación quedó silenciosa. La rubia miro a cualquier otro lado que no fuera Jinx.

Observo el ventanal redondo que daba vista a la ciudad.

— Entonces puedes hablar. — Dijo rompiendo el silencio inesperadamente.

Paula trago saliva, estaba nerviosa mientras jugaba con sus rizos — Si. — Murmuró — ¿Estas molesta? — Preguntó.


— ¿Por qué? —

— ¿No arruine tu plan? — Cuestionó carraspeando la garganta — Y nunca te había hablado, estuvimos juntas una semana. —

Jinx guardó silencio por varios minutos antes de suspirar y responder.

— No me importa. — Aseguró con indiferencia dejando caer su brazo por el costado del escritorio. — Si no querías hablar, no tenías que hacerlo. En cuanto al plan. . . No salió como lo tenía planeado. — Resopló. — ¿Por qué hiciste eso? —

La menor se acercó un par de pasos, miró desde arriba el rostro impasible de Jinx. Sus ojos magenta estaban cerrados.

— No quería que murieras. — Fue lo que respondió.

La de trenzas abrió lentamente los ojos, parpadeo mirando a Paula con aquellos orbes brillantes. Se levantó de repente quedando sentada y con las rodillas pegadas al pecho.

— Probablemente sea la primera vez que escucho eso en mucho tiempo. — Afirmó en un murmullo junto con una risa sin gracia, giró su cabeza y volvió a hacer contacto visual con Paula.

La rubia arqueó las cejas hacia abajo — Entonces, ¿Se acabó? Supongo que. . . ¿Tendremos que despedirnos? —

La mayor chasqueo la lengua haciendo una mueca con los labios.

Salto del escritorio, plantó los pies en el suelo, sus botas emitieron un suave tintineo y sus largas trenzas se balancearon como si tuvieran vida propia.

Sus manos se posaron es su cintura.

— Paula.— Llamó.

— ¿Si? —

— Solo maldigo a quienes se acercan a mi. — Dijo. — Esta noche, creí que morirías pero no fue así. Sin embargo no puedo asegurar que continue de esa forma. — Finalizó con un suspiro, estaba de espaldas así que no podía ver la reacción de la rubia.

Sin embargo su cuerpo se tensó al sentir unos tibios y delgados dedos rodear su brazo frío.

— Está bien. — Aseguró Paula, una suave sonrisa se asentó en su rostro, sus ojos se entrecerraron. — Porque yo no creo en esas cosas. —