Capítulo 1
Las vicisitudes de la vida son impredecibles y a veces, extrañas. Puedes tener el plan más minucioso, calculado y practicado que quieras; pero en el momento crucial, todo puede dar un giro.
Ese giro puede ser tan grande, tan rotundo que puede cambiar por completo tu proceder y aun así, llegar al objetivo propuesto. No siempre es algo malo un cambio de plan y, a veces, el giro puede ser tal que cambia incluso la muerte.
Un hombre que tras meses de luchar contra el cáncer da finalmente su último suspiro de vida, solitario en una fría habitación. Un bebe que nace muerto y que la partera intenta hacer que reacciones. Uno, dos chirlos, nada, uno más, él bebe llora. Todos festejan la supervivencia del nacido sin saber la verdad. Por el otro lado, en pleno renacimiento, la primera pregunta del protagonista es “¿Por qué mi madre es tan joven?”
Todas las preguntas obtienen respuesta, pudiendo ver el mundo a su alrededor no tarda en darse cuenta que no solo es otro tiempo, sino también otro mundo. Uno con ligeras diferencias.
Su nuevo nombre es “Claude Barbel Inherdel”, primogénito del Duque Erick Barbel a los 28 años, con su esposa Jeanna Inherdel, de 18.
Desde el inicio, todos a su alrededor se dan cuenta de que él bebe Claude no es un bebe común, no llora como los demás, se hace entender con facilidad y le encanta rondar la biblioteca. Pero su nodriza, una estricta mujer de 42 años insiste en “Hacerlo normal”, casi obligándolo a eso. Si, sus intenciones son buenas, solo que Claude no es un bebe normal.
Solo su madre cumple con sus deseos, sentándolo en su falda dentro de la biblioteca para leerle libros. Historia familiar, la historia de Pruritia, novelas, incluso algunos libros que ni ella conocía. Gracias a esto, Claude aprende a leer con 4 meses.
Un grandioso día, su nodriza se enferma, por lo que él bebe Claude termina en brazos de una sirvienta joven de pelo rojo, de apenas un año mayor que su madre. Al contrario de su nodriza e igual que su madre, ella cumple con los deseos del pequeño.
Hoy, pasean en el patio de la casa, llegado un momento la joven decide sentarse, dejando a Claude a su lado por lo inquieto que es. Sin dejar de serlo, trepa a la sirvienta, gatea, casi cayéndose, todo formando parte de su desesperación por aumentar su motricidad.
-¿Podría quedarse quieto, por favor?- Ella esta reacia a llamarle “señorito” aun, pero mantiene el trato respetuoso.
En su balbuceo, Claude expresa algo similar a un “no”, que todos conocen porque es su respuesta más común.
-Si se queda quieto hasta que baje todos los dedos- Le enseña los diez dedos –Le mostrare algo genial ¿Si?-
La mira con aburrimiento, rodar su cabeza es como si blanqueara los ojos. Pero acepta, quedándose quieto, notando que ella no cuenta con su boca, sino que está diciendo algo más. Así, cuando termina de bajar los dedos, abre las manos, tirándole un poco de nieve a la cara.
Se queda estático, pasmado, regulando, dentro grita con exageración, por fuera su rostro hace una mueca rara, provocando la risa de la sirvienta. Posterior a esto, Claude busca la mano de la sirvienta, revisándola.
-¿Qué sucede?-
Claude la inspecciona, la toca, la analiza, la babea. Ella vuelve a reír, tirándole nieve con la otra mano, pasando Claude a esta. Mira sus propias manos, las abre y cierra, recibiendo una dulce mirada de la sirvienta.
-No funciona así exactamente ¿Quiere que le enseñe?- El rostro de Claude se ilumina y asiente varias veces -Bueno… Es algo que aprendí hace mucho, no sé si…- Claude esta por llorar –No, espere, espere, ahora le explico- La sonrisa de Claude regresa –Cambia muy rápido usted. Está bien, tiene que pensar en la nieve, hacer una muy muy muy clara idea en su cabeza, pensar en lo que hace a la nieve y… Usted no entiende todo eso-
Pero cuando él bebe Claude abre sus manos, ambos ven unos minúsculos copos de nieve flotar en el aire. Ahora es la sirvienta quien hace una expresión exagerada de asombro, tanto o más que la de Claude. Le toma unos cuantos segundos calmarse.
-¿Puede hacerlo de nuevo?-
Lo repite, consiguiendo unos copos más. De inmediato lo lleva con su madre, quien está escribiendo una carta. Con él bebe al frente ella juega con su nariz.
-¿Podría repetirlo para su madre, por favor, señorito?-
Al sentir la nieve en su rostro se tilda, regula lentamente hasta terminar con otra expresión exagerada, para luego levantar a su hijo en el aire.
La noticia recorre toda la casa, sin tardar en llegar a los oídos de los vecinos, tanto que el mismísimo rey Aquila Iphaulder ve el suceso antes que su propio padre. Cuando Erick llega a casa, la noticia la conoce todo el reino y el rey creo varios decretos en torno al bebe Claude, como un lugar fijo en la academia Miktam.
Pero las sorpresas no acabaron ahí, en dos meses más dice sus primeras palabras, al siguiente camina. Se desarrolla más rápido que cualquier otro bebe y se rebela igual de rápido. Tanto que termina dejando en claro que no quiere a su nodriza y que prefiere a Diana, la joven sirvienta. Luego de varios días de protesta, su padre interviene.
-Si mi hijo la quiere a ella, a ella tendrá-
Luego de cumplir los 2 años y mucho antes de lo que es normal, empiezan sus clases con una institutriz. Quien nota que Claude ya conoce las lecciones básicas y los modales. Se supone que es la mejor de todas, la que tiene más experiencia; pero se siente superada, dejando el trabajo apelando a que sus habilidades serán de más utilidad con otro niño. Que Claude es tan educado e inteligente, que no la necesitan a ella.
Así termina con alguien más joven con quien muchas veces solo acaba en una siesta.
A los 4 años, mostrando incluso un tamaño mayor a otros de su edad, empiezan las clases de equitación y combate con estoque, los pilares de la familia Barbel. Cuando está en casa, es el mismo Erick el que dicta las clases.
Alguien que no es del agrado de Claude es su tío Edrian, el hermano de Erick. Su forma de hablar, de comportarse, como se dirige a Jeanna no le gustan para nada. Afortunadamente se la pasa viajando haciendo negocios, así que no pasa mucho tiempo en casa y es solo para saludar.
Y un día, se desata una guerra con un reino vecino, Erick Barbel sale a luchar con su rey como ya lo ha hecho, tal cual es su deber y su derecho. La guerra se extiende y la extensa frontera es presa de encarnizadas batallas.
Una mañana, Edrian llega a casa.
-¿No debería estar junto al rey, Duque Barbel?- Lo recibe Claude.
-Algunos tenemos otros deberes- Se arrodilla a la altura de su sobrino –Además, tu padre me envió para que le lleve noticias de casa-
Claude saca pecho y se retira, no lo soporta; pero debe hacerlo. Algunas horas más tarde, en plena clase de baile, Claude ve como Edrian le susurra al oído de su madre, a quien le había insistió presencia en la clase. Ve el rostro de ella, la mueca de miedo y la forma en que lo sigue.
-¿A dónde vas mama?-
-Tranquilo cariño, termina tu clase- Ella conoce bien la antipatía de Claude por Edrian, así que habla lo más calmada posible.
Tras 2 minutos no aguanta más, huye de clase. La institutriz lo persigue caminando, sin gritar, correr y gritar no es propio de una dama.
-¿Mama y Edrian?-
-Abajo señorito-
-Claude, vuelve a clase-
Pero sigue, alejándose cada vez más, ella apresura el paso. Claude sigue preguntando hasta llegar a la biblioteca, no hay nadie cerca, ni en la antesala. Allí lo encuentra la institutriz, respirando hondo, conteniéndose.
-Señorito, volvamos- Ella también intuye algo malo.
-Mama-
-Estoy segura que su madre se encuentra bien, volvamos-
Al apoyar una mano en su hombro, Claude avanza. Algo que nadie se molestó en saber, es si Claude aprendió algo más que hacer copos de nieve. La institutriz sigue acercándose al pequeño, bajando cada vez más la voz y sin tocarlo, hasta que quedan frente a la puerta.
-No Edrian… No hagas esto por favor-
-Se… Señorito, volvamos ya- No sabe qué hacer, no quiere tener nada que ver en esto.
Sin decir nada, las dos hojas de la biblioteca se abren de par en par. Exponiendo a su madre contra los libros, su falda levantada y Edrian demasiado cerca.
-Cierra la puerta, cuando acabe te la devuelvo- Dice Edrian con un giño y desdén.
Dando un par de pasos hacia el interior de la sala, Claude cierra sus manos, cerrando las hojas, quedando solo ellos 3.
-Suelta. A. Mi. Madre-
La furia en su voz lo hace sonar diferente, Edrian traga saliva y está nervioso, hasta que recuerda que es un niño. Edrian se acomoda los pantalones, cuando suelta a Jeanna ella hace lo mismo con su falda, corriendo detrás de su hijo.
-No quiero lastimarte sobrino-
-Claude Barbel para ti- Edrian se congela un segundo.
-Pero si debo disciplinarte, lo hare. Sin tu padre aquí, es mi deber ocuparme de la casa y de su esposa-
-Deberías cuidarla, no violarla-
-¿Dónde aprendiste esa palabra niño?- No lo llamara por nombre.
-Fuera de mi casa-
-No es tuya, es de la familia-
-Te- Un aura oscura rodea a Claude -Dije- Extendiéndose, el aura forma una imagen humana, demasiado clara, un Avatar -¡Fuera!- El Avatar también grita, con una voz profunda, distorsionada, avanzando hacia Edrian con pasos fuertes.
Los sirvientes ven al galante y valiente Duque Edrian Barbel huir de su sobrino de 5 años. La clase se suspende y su madre se encierra.
Al día siguiente, disfrutando de un desayuno en el patio de la casa llega su madre, ordenando a los siervos que los dejasen solos. Claude le sirve una taza de té.
-No le digas a tu padre, por favor- Su tono de súplica ablanda el corazón de Claude.
-No pensaba hacerlo- Ella se tranquiliza –Por ahora. En el campo de batalla no necesita saber de esto; pero el día que regrese triunfal, sabrá la clase de pérfido que es su hermano-
-Creo… Que así estará bien-
-Mami- Claude sabe bien la debilidad de su madre -¿Ha pasado antes?-
-¿Que? Hijo… Eso…- La voz no sale bien; pero las lágrimas sí.
-¿Hace cuánto?- Un pensamiento turba su mente.
Jeanna, suponiendo lo que su hijo piensa se arrodilla frente a él, abrazando sus piernas.
-No eres hijo de él, eres hijo de tu padre. Eres tan amable, tan bueno y dulce que es imposible que seas hijo de él. Tu padre es Erick-
De momento, eso será suficiente, no quiere que su madre derrame más lágrimas.
Pero su padre no volverá, eso lo entiende 2 años después, cuando ve a su madre llorar frente a un mensajero, al ver el dolor de los siervos y al sentir el abrazo de su madre. El Duque Erick Barbel murió en combate.
El funeral fue sin cuerpo, sin arma, solo una tumba vacía con los recuerdos del dolor y las lágrimas. Ateniéndose a las palabras de su sobrino, Edrian ni siquiera se acerca al funeral, ya que se hace en la casa Barbel tal cual es la costumbre familiar.









Está buena la historia y que le metas tanto diálogo me atrae eh por cierto eso de morir y renacer una persona me recordó a un anime que empieza así