Pechos | Chestappen

Summary

Checo es un omega embarazado y su cuerpo se está preparando para el proceso de lactancia. Y Max no puede evitar sentirse caliente a cada minuto por eso.

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Hace oficialmente siete meses, la pareja enlazada de alfa y omega recibió la noticia más hermosa y emocionante de sus vidas; Checo estaba esperando no uno, sino que dos bebés.

El embarazo de Checo fue inesperado, pues ellos no buscaron a los cachorros realmente. Eran jóvenes. Max apenas tenía 21 y Checo 23. Todo se debió a un descuido en el celo del alfa.

Pero definitivamente nunca agradecieron tanto descuidarse; fue lo mejor que les pudo haber pasado.

Ambos estaban totalmente emocionados por la llegada de sus dos cachorritos, que, por cierto, son dos niños. No aguantaban más sin tenerlos en sus brazos.

Por la parte de Max, no había cambiado mucho por el embarazo de su omega, simplemente se puso el doble de protector y posesivo. Y mucho más amoroso de lo que era. Checo la verdad no podía pedir un alfa mejor, Max era el ejemplar.

Pero por parte del embarazado, o sea Checo, la verdad es que todo cambio obviamente.

El chico en sus primeros meses fue atacado por las náuseas que no lo dejaban en paz, incluso había perdido la cuenta de las veces que vomitó encima de Max para luego llorar por horas avergonzado, siendo consolado claramente por el que era vomitado.

Luego en su segunda parte del embarazo, la cual estaba viviendo a medias ya que ahora estaba entre la segunda y tercera, fue todo un caos.

Las hormonas se revolucionaron y los cambios de humor atroces que el mexicano sufría aterraban al alfa. Por un momento el omega estaba enojado y a los minutos estaba mimoso, luego se ponía cachondo y mientras follaban se largaba a llorar. Max a veces no entendía y sufría.

También estaban los antojos, y vaya, Max enserio no podía odiarlos tanto. El alfa no sabe cuántas veces salió de la casa a las dos de la mañana para ir a una tienda a comprar comidas demasiado extrañas y asquerosas. Pero Checo las disfrutaba mucho, entonces valía la pena.

Y, por último, pero no menos importante, los cambios en el cuerpo del mexicano. El cuerpo del chico había cambiado mucho; quizás demasiado.

Su delgada y esbelta figura ya no existía, claro que no. Ahora tenía un enorme y redondito vientre el cual era adorable, sus caderas estaban más anchas, sus muslos estaban regordetes, su culo también había crecido -Max definitivamente se lo agradecía a dios cada noche- y, por último, sus pechos.

Sus enormes y rellenos pechos.

Checo ya no contaba con su pecho plano el cual simplemente tenía sus rosados pezones, no, ahora tenía dos enormes bolas de grasa, las cuales estaban rellenas de leche para amamantar.

Al omega no le gustaban mucho ya que a su parecer el pecho le había crecido más de lo que debía, pero a su alfa le volvía loco, totalmente loco.

Max no podía evitar calentarse cada vez que veía a su hermoso omega con esas deliciosas tetas colgar; le excitaba tanto que no podía controlarse. Gracias a eso andaba con una erección casi todo el día, y Checo estaba tan en la suya que casi nunca se daba cuenta.

Y para su mala suerte, desde los tres meses de embarazo del mayor el obstetra les había prohibido el sexo en su totalidad. Por lo que Max era un pobre alfa frustrado que vivía a base de pajas.

Y sumándole todo, Checo desde que descubrió el fetiche de Max con sus pechos le prohibió tocarlos. El alfa jamás pudo tocar esas rellenas tetas que tanto deseaba probar.

En ese momento la pareja se encontraba sobre la cama, ambos estaban semidesnudos debido al calor que hacia ese día; estaban en verano y justo hoy era uno de los días más acalorados.

Checo estaba recostado en el respaldar de la cama mientras que su alfa le llenaba de besitos el vientre, dándole amor a sus cachorritos. Estos estaban muy movedizos.

—Están bastante activos hoy —murmuró Max, mirando a su omega con una sonrisa—. Me gusta eso, así puedo interactuar con ellos —admite con un leve sonrojo, estrujando el corazón de Checo.

—Pues la verdad que si... Hoy están movedizos —responde el chico, devolviéndole la sonrisa a su alfa—. Yo creo que les gusta que les hables y mimes, siempre que lo haces se ponen así —Checo ya veía en un futuro a sus hijos siendo totalmente apegados a su alfa. Era una imagen mental que le hacía sentir mariposas en el vientre.

El alfa ante eso sonríe, dejando un último beso en el vientre de su omega para luego ponerse a la altura de este, hundiendo su cuello en la glándula de olor del chico. El olor normal de Checo era a caramelo, pero gracias a la lactancia y a sus cachorros ahora también olía a leche materna.

Y otra vez, pensar en la leche materna le hizo dirigir su mirada a los pechos del chico los cuales estaban totalmente desnudos y sueltos. Se veían tan grandes y jugosos. Max enserio deseaba probarlos.

El omega se gira y enarca su ceja al ver hacía donde está dirigida la mirada del alfa; no le sorprende la verdad, Max vivía mirándole las tetas cómo si fuera un bebé hambriento.

—Amor... —llama el omega en un tono medio cansado, recibiendo la atención de su alfa enseguida—, ya deja de mirarlos o me pondré el sostén maternal —advirtió Checo, oyendo un suspiro apenado salir del menor.

La verdad es que el omega no quería que Max toque sus pechos por el miedo a ponerse cachondo y poner cachondo al menor, muy bien sabían que no podían tener nada de sexo a esa altura; podría afectar su embarazo.

Pero se puso a pensar... ¿Y si le permitía beber la leche? No que toqué sus tetas ni eso, directamente que se ponga a amamantar. Muchas veces oyó que la leche materna relajaba a los alfas.

Checo volvió a mirar al neerlandés, el cual tenía un puchero en su rostro mientras miraba la televisión; tierno, pudo pensar.

—Alfa... —lo llamó otra vez, captando por segunda vez la atención de su novio—. Tú uhm... ¿Quisieras probar mi leche? —le preguntó, observando cómo la cara de Max se iluminaba. Tal como si le hubiesen dicho lo mejor del mundo; aunque en la mente del alfa, en ese momento lo era—. Pero nada de manoseos y eso, ya sabes las órdenes del médico —lo vio asentir frenéticamente, y en menos de un segundo ya lo tenía con la cabeza casi pegada a una de sus tetas.

Ambos se acomodaron para que no aplasten a sus bebés, por lo que Checo se puso de costado y Max se puso en frente, quedando su boca muy cerca del pezón el cual goteaba. Max no tardó en succionarlo.

Los dos gimieron al mismo tiempo, Checo por lo bien que se sentía que su alfa le succioné y Max por lo deliciosa que sabía la leche maternal de su precioso omega.

Checo empezó a dejar caricias en el cuero cabelludo de su pareja, el cual estaba con sus ojitos cerrados mientras tragaba la leche maternal que su omega le proporcionaba.

Y sorprendentemente ninguno estaba excitado, ambos estaban en un momento tan relajante; sus feromonas se mezclaban en el aire, ambos se proporcionaban caricias y se sentían tan cálidos con el otro. Era un ambiente tan lindo entre alfa y omega, además que resaltaba muchísimo la maternidad de Checo.

Al rato, cuando el alfa sintió que no salía más leche, se separó del pezón de su omega, subiendo la mirada amorosamente. Checo se la devolvió con una sonrisa, acariciando la mejilla del menor.

—Gracias mi vida —Max se sentía demasiado agradecido, había cumplido uno de sus sueños gracias al maravilloso omega que tenía—, no solo por esto, si no por ser mi omega y por darme una preciosa familia. Nunca voy a saber cómo agradecerte del todo, eres tan maravilloso —acabó diciendo, notándose el amor en cada palabra.

Los ojos de Checo se cristalizaron y seguido a eso rompió en llanto con su corazón apachurrado. Su alfa era lo mejor del mundo, nunca supo que hizo para encontrarlo, pero enserio lo agradecía tanto.

No dijo nada, pero si lo abrazó con fuerza -cuidando de su pancita, claro- y lo lleno de besos en el rostro y en sus labios, haciendo morir de la ternura a Max, quien sonreía cómo un tonto enamorado.

Bueno, era un tonto enamorado. Estaba tontamente enamorado de su perfecto omega y no podía estar más agradecido por eso.




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