Capitulo 1
Corea del Sur.
Un nuevo país, una nueva vida… y las mismas reglas de siempre.
Desde que tengo memoria, mi vida ha girado en torno a mantener la imagen perfecta de mi familia. No importa lo que yo quiera, lo que sienta o lo que sueñe. Lo único que importa es el apellido que llevo y cómo lo represento.
—Recuerda, TN —la voz de mi madre me sacó de mis pensamientos mientras nos bajábamos del auto—. Esta gala es importante. Mantén la postura recta, sonríe lo justo y habla solo cuando sea necesario.
—Lo sé, mamá —susurré, alisando la falda de mi vestido.
Mi padre caminaba unos pasos adelante con la seguridad de siempre, saludando a otros diplomáticos y personas influyentes. Mi madre, a su lado, con una elegancia intocable. Y yo… yo era solo su sombra.
El salón estaba iluminado con lámparas de cristal y un enorme escenario en el centro. Un evento lleno de políticos, empresarios y celebridades. Todo perfectamente calculado.
—Ve, socializa con algunas personas. —Mi madre me tomó del brazo con suavidad, pero su tono no dejaba espacio para objeciones.
Asentí sin decir nada, siguiendo su paso. Como siempre.
—TN, por fin llegaste. —La voz de Cha Eunwoo me hizo girar la cabeza.
Un alivio sutil recorrió mi cuerpo y el de mi madre quien me dejo con el.
Eunwoo era, probablemente, la única persona con la que mis padres me dejaban pasar tiempo sin dudarlo. Nuestras familias se conocían desde hace años. Si mi vida fuera una historia de cuento de hadas, probablemente él sería mi príncipe azul. Y aunque al principio nuestra amistad fue impuesta, con el tiempo me di cuenta de que era alguien con quien realmente podía hablar.
—Hola, Eunwoo. —Sonreí, esta vez sin fingir y juntos nos dirigimos a la barra.
—Espero que te estés adaptando bien a Corea —comentó con amabilidad—. Si necesitas algo, dime. Puedo mostrarte la ciudad cuando quieras.
—Gracias, lo tendré en cuenta.
Y esta vez no mentía. Hasta ahora, él era mi única conexión con algo familiar.
Pero entonces, algo llamó mi atención.
O mejor dicho, alguien.
Un hombre de cabello castaño oscuro, con un esmoquin ligeramente desordenado y una sonrisa descarada, me observaba desde no muy lejos de nosotros. Sus ojos tenían un brillo travieso, como si acabara de descubrir algo interesante.
—¿Quién es él? —pregunté sin pensar.
Eunwoo siguió mi mirada y suspiró.
—Kim Taehyung. Cantante. Mi madre dice que su grupo es famoso internacionalmente.
Kim Taehyung.
El nombre no me decía mucho, pero su expresión sí. Me miraba con curiosidad, como si pudiera ver más allá de la imagen perfecta que intentaba mantener.
No debería mirarlo. No debería interesarme.
Pero cuando él alzó su copa en mi dirección con una sonrisa ladina, me senti extraña, algo que nunca antes habia sentido y no podua explicarlo.
—¿Quieres un trago? —La voz de Taehyung me sacó de mis pensamientos. No me había dado cuenta de que ya estaba delante de mí.
Su tono era despreocupado, como si ofrecerle una copa a la hija de un diplomático en medio de un evento político fuera lo más normal del mundo.
—No bebo, gracias—respondí automáticamente.
—¿Nunca? —Levantó una ceja, claramente entretenido por mi respuesta.
—No en eventos como este —me corregí, sintiendo la mirada de Eunwoo sobre mí.
—Lástima. —Se encogió de hombros, dejando su vaso en la barra—. Aunque, con ese ambiente tan serio, tal vez deberías considerar romper las reglas por una noche.
Su descaro me tomó por sorpresa.
—No rompo reglas.
—Entonces es hora de empezar. —Sonrió, inclinándose un poco hacia mí—. Aunque sea con algo pequeño.
Mi pulso se aceleró. No sabía si era por sus palabras, su tono o el hecho de que nunca había hablado con alguien como él antes.
—TN —intervino Eunwoo, su tono tranquilo pero firme—, deberíamos volver con los demás.
—Claro. —Bajé la mirada, sintiéndome extrañamente decepcionada.
Antes de que pudiera girarme, Taehyung habló de nuevo.
—Nos vemos, princesa.
El apodo me tomó desprevenida, y cuando levanté la vista, él ya se alejaba con esa misma sonrisa traviesa en los labios.
Y yo me quedé ahí, con un extraño cosquilleo en el pecho y la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, alguien me había visto más allá de mi apellido.